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Medellín
bioclimático:
su edificio de oficinas a través del siglo
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SMECANO
Fotografías: SmeCano y Centro de Memoria Visual Faes - .
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Edificio Henry construido en
1928 por G. Herrera, Boyacá con Bolívar. Primer rascacielos de Medellín, actualmente
afectado por el deterioro de su entorno a causa de los vendedores ambulantes y por la
construcción de la estación Parque Berrío del metropolitano.
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TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
EL EDIFICIO DE OFICINAS
ENTRE 1900 Y 1930
ENTRE 1930 Y 1960
EL PERÍODO ENTRE 1960 Y 1980
DE 1980 EN ADELANTE
EL EMPUJE PAISA
A MANERA DE CONCLUSIÓN
La situación económica
y ecológica actual en Colombia y las condiciones de bienestar psicológico y fisiológico
de los habitantes de su arquitectura hacen pensar en la necesidad de implementar la
arquitectura bioclimática en nuestro medio, como componente arquitectónico fundamental
para lograr avances significativos en la obtención de ahorro energético por medio del
uso racional de las energías tradicionales y de la utilización de energías alternativas
cuyas fuentes sean abundantes, en la conservación de nuestro deteriorado medio ambiente y
en el mejoramiento de las condiciones de habitabilidad de nuestras edificaciones.
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El centro de Medellín en
1994
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Aunque este texto no discurre
exclusivamente sobre arquitectura bioclimática, tiene como propósito interesar al lector
en ella y contribuir a la formación de una conciencia colectiva acerca de la necesidad de
incorporarla en el quehacer arquitectónico colombiano.
La metodología que se empleará
consistirá en hacer notar, de manera un tanto general, la presencia de elementos de la
arquitectura bioclimática dentro de la arquitectura de una tipología, un lugar y un
tiempo específicos: el edificio de oficinas en Medellín en el siglo XX, razón por la
cual se dará un vistazo a la incursión y desarrollo de este tipo de edificaciones en la
historia reciente de la ciudad. Por último, se hablará sobre el desarrollo físico de
Medellín en función de su patrimonio arquitectónico y cultural.
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Edificio
Naviera Colombiana (1946) en Palacé con la avenida 1º de Mayo, Vieira Vásquez Dothee.
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Edificio Miguel de Aguinaga
(1956), Carabobo con avenida De Greiff, A. González. Protecciones solares verticales en
concreto en la fachada sur y ventanas profundas en la fachada oriental.
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EL EDIFICIO DE OFICINAS
La siguiente es una lectura del edificio
de oficinas en Medellín en el siglo XX. De cómo va apareciendo en el panorama
arquitectónico de Medellín, cómo evoluciona su presencia física, en dónde se va
ubicando en el tiempo según el desarrollo urbano de la ciudad, y algunos detalles
generales del manejo de su espacio interior y de los arquitectos que se han encargado de
darle una imagen tangible a la idea de edificio de oficinas.
Al notarse claramente momentos de
unificación de conceptos en el diseño y construcción de estos edificios, la
descripción se hace a partir de períodos específicamente definidos en el tiempo.
ENTRE
1900 Y 1930
En este periodo, la ciudad es pequeña y
muy concentrada. El desarrollo urbano se propaga concéntricamente. Los edificios de
oficinas se localizan en las inmediaciones del parque de Berrío, sobre las calles
Bolívar, Boyacá, Palacé, Colombia, y sobre Carabobo, como nexo con el foco de la plaza
de mercado y la estación del ferrocarril.
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Edificio Beneficencia de
Antioquia (1967), Sucre con Ayacucho, J.J. Posada. Los balcones y las ventanas retrasadas
sirven de protección solar al interior.
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La altura promedio de estos
edificios está entre los dos y los cuatro pisos, a excepción del edificio Henry, un
rascacielos para su época, que cuenta con seis pisos y un pequeño séptimo piso que
sobresale como remate sobre la cubierta. En cuestión de volumetría, los edificios están
contenidos por volúmenes puros con fachadas muy planas, en las que en ocasiones se
destacan pequeños balcones. Se encuentran entre muros medianeros y se ciñen a ellos. Las
cubiertas surgen detrás de altas cornisas, que no se ven, por lo cual la imagen del
edificio tiene una unidad volumétrica impecable.
Podría hablarse de una unidad
estilística. Los edificios se inscriben dentro de un estilo influenciado por la estética
europea de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La ornamentación de sus
fachadas es espléndida, con una factura magistral en revoques y acabados.
Para mediados de la década de los
veinte, comienza a aparecer en ellas un accesorio que transforma un poco su imagen. Se
trata del parasol móvil con mecanismos retráctiles escualizables, o bien enrollables que
protege el interior de la incursión solar no deseada y proporciona una sombra fresca,
además de tamizar la iluminación natural intensa y a veces deslumbrante. Adicionalmente,
tiene la ventaja de poder recogerse si no se requiere en algunos momentos del día o
épocas del año. Este elemento desaparece, sin explicación aparente, antes de la mitad
del siglo.
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Edificio Vicente Uribe
Rendón (1978), avenida Oriental de La Playa, A. González. Integra el espacio público al
edificio, posee un volumen que sirve de protección solar a la fachada retrasada, el que,
a su vez, contiene parasoles verticales en concreto adosados a su fachada flotante.
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Los usos que generalmente se les
dan a estas edificaciones, además del de oficinas, son el comercio o la atención al
público (cuando se trata de bancos, se utiliza el primer piso). Los interiores de las
oficinas son amplios, con una altura libre de 3,5 metros, con abundante iluminación y
ventilación natural gracias a las grandes ventanas; la iluminación artificial llega por
medio de lámparas eléctricas incandescentes. Las oficinas, usualmente individuales,
tienen en su interior una amplia sala de recibo, ya que cuentan con un área generosa no
menor a los 30 metros cuadrados.
En la actualidad el sistema de
ventilación natural en estos edificios, a través de las ventanas, comienza a ser poco
funcional, por cuanto la contaminación atmosférica del entorno no permite un intercambio
sano entre el aire interior y el exterior. Sucede, entonces, que los alergenos y las
partículas de arena y polvo y demás contaminantes viajan con el viento que entra por las
ventanas, contaminando el aire en el interior del edificio.
El registro de contaminación del aire en
el centro de Medellín, según reportes del Estado de los recursos naturales y del
medio ambiente (Contraloría General de Medellín, 1992), se encuentra en las
siguientes condiciones: material particulado 246 Ugm3 el límite permisible es de
84 ugm3 ; monóxido de carbono, 30,3 partes por millón el límite
permisible es de 13 partes por millón ; dióxido de azufre: 58 partes por millón,
y dióxido de nitrógeno: 46 partes por millón, sin que se tenga el dato de la cantidad
máxima permisible de estos dos últimos. También se presentan otros elementos
contaminantes, de cuya identificación y medición no se tienen datos oficiales.
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Edificio Grupo Colombia de
1980, avenida Oriental con la Playa, Fajardo Vélez. Combinación de diferentes vidrios en
su fachada flotante.
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Edificio la
Compañía (1990), avenida El Poblado, L. Forero: En el diseño de su entorno inmediato se
incluye vegetación.
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Para principios de la década de
los veinte, con el edificio Olano llega el primer ascensor, lo que permite pensar en
aumentar la altura de los edificios de oficinas.
Entre los arquitectos y oficinas de
arquitectura que diseñan y construyen edificios de oficinas en este período están:
Antonio Duque y Dionisio Lalinde, Enrique Olarte, Agustín Goovaerts, H.M. Rodríguez e
Hijos y Guillermo Herrera Carrizosa.
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Calle Boyacá, Medellín,
fotografía de Francisco Mejía, Centro de Memoria Visual Faes . Nótese al
fondo la iglesia de La Candelaria y el parque Berrío (ca 1919).
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Es importante anotar que gran parte
de estos edificios (once entre los diecisiete registrados por esta investigación) han
sido demolidos en años posteriores, por la creación o ensanchamiento de algunos ejes
viales, o por la necesidad de utilizar su terreno para construir edificaciones de mayor
altura. Entre los pocos que han sobrevivido, algunos han sido reformados y reciclados,
después de ser sometidos a un proceso de restauración (es difícil hablar de
restauración en edificaciones que tienen menos de cien años, pero su nulo o casi nulo
mantenimiento causa un deterioro tan extremo que hace necesaria su
"restauración" ), y sólo el Henry permanece en su estado original, aunque
actualmente se esté cambiando el piso de sus corredores comunes.
ENTRE 1930 Y 1960
Durante estos años, el crecimiento de la
ciudad favorece la extensión del centro y su prolongación hacia el occidente. Por esto,
el emplazamiento de los edificios de oficinas se extiende desde la calle Colombia hasta el
río, y sobre Junín hacia la avenida 10 de Mayo. Es la época de la profusión de
construcciones bancarias.
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Calle Boyacá (1994). En
primer plano la estación de Berrio del metropolitano.
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La altura de estos edificios oscila
entre los siete y los quince pisos, con muy pocas excepciones de menos de siete pisos. En
el volumen, aunque permanece muy macizo, se generaliza el concepto de rascacielos
"clásico": basamento, cuerpo y remate, interpretado de una manera particular,
con materiales de construcción macizos y recubrimientos con piedras de enchape en las
fachadas. Se tiene en cuenta el sol y se diseñan fachadas con quiebrasoles fijos o
móviles sobre un eje, de materiales pesados, algunos sin contar con mucha fortuna en el
resultado esperado, por su equivocada orientación.
En algunos casos, aunque se sitúan entre
muros medianeros, se piensa en quebrar el paramento y, al montar el cuerpo central del
edificio sobre una plataforma en el segundo piso, existe la libertad de obtener mayor
número de fachadas al despegarse de la medianería, o de zigzaguear la fachada en
función de su orientación más favorable con respecto al asoleamiento. En otros casos se
utiliza la ventana retrasada o el balcón, como elementos formales y funcionales (para
controlar la incursión solar) importantes en la imagen del edificio.
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Fachada del Edificio Olano
en 1932, fotografía de Francisco Mejía, Centro de Memoria Visual Faes .
Diseñado por E. Olarte y construido en 1919. Unidad estilística de las fachadas con la
red del tranvía.
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Parque Berrío
al norte; bajo la estructura del metropolitano estará ubicado el edificio Olano.
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El uso del primer piso, a
excepción de los bancos, se privatiza o se abre al comercio con locales consecutivos.
Aparecen con mucha fuerza simbólica elementos espaciales y decorativos, como el
vestíbulo de acceso a escaleras y ascensores, con rica ornamentación representativa de
la compañía a la que pertenece el edificio.
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Parque Berrío, Censos
Nacionales, Medellín. Fotografías de Carlos Rodríguez, Centro de Memoria Visual
Faes . Calle Colombia hacia el río, 1994.
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El interior de las oficinas sigue
conservando una altura generosa, 3 m en promedio, pero crecen en área y dejan de ser
individuales a consecuencia del crecimiento de las compañías, lo que hace necesaria la
combinación de iluminación natural y artificial (es en esta época cuando se generaliza
el concepto de "empleado"). Los espacios de trabajo se convierten en salones
comunes (con el consiguiente incremento de ruido en el lugar de trabajo que a veces supera
el nivel admisible, causando contaminación auditiva), con mobiliario variado:
escritorios, mesas de mecanografía, archivadores, guardarropas, que ordenan y diferencian
el espacio de trabajo y el de circulación.
La ventilación sigue produciéndose por
corrientes de aire captadas desde el exterior a través de las ventanas (solución que en
la actualidad, y como se decía con respecto al período anterior, resulta inconveniente
por la ubicación de estos edificios en el centro de la ciudad).
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Calle Colombia hacia el río
(1994), desde el mismo ángulo.
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La mayoría de los edificios de
este período se conservan aún; algunos de ellos en un estado de deterioro que evidencia
su deficiente mantenimiento. Sin embargo, funcionan para el mismo uso que fueron
diseñados. Sólo el edificio de la Compañía Colombiana de Tabaco situado en el costado
occidental del parque de Berrío (recuérdese que su construcción se realizó en este
período y que por lo tanto, en este mismo siglo y previo a él existía otra
edificación), se derribó para erigir sobre su terreno y el aledaño el nuevo edificio de
la compañía.
Entre los arquitectos y oficinas de
arquitectura que más se destacan en el diseño y construcción de edificios de oficinas
entre 1930 y 1960 están: H.M. Rodríguez e Hijos, Vieira Vásquez Dothee, Tulio Ospina y
Compañía, Arquitectura y Construcciones, Alberto Mesa Jaramillo, Augusto González,
Ingeniería y Construcciones.
EL
PERIODO ENTRE 1960 Y 1980
Tras el caos que produce la alta
concentración de actividades en el centro de Medellín, la congestión peatonal y
vehicular y la contaminación ambiental, se crea la necesidad de expandir el centro.
Los edificios de oficinas de este
período comienzan a aparecer como tensores que colaboran con la ampliación del radio del
centro y con su final explosión. Se ubican sobre la avenida La Playa y Colombia hacia la
avenida Oriental, sobre Sucre hacia Ayacucho y, un hecho de expansión importante, se
traspasa el río.
Éste es un período de transición
estilística, pues, al igual que se encuentran edificios con características del período
inmediatamente anterior, se encuentran también edificios con propuestas volumétricas
audaces, y otros cuya estética se inscribe dentro de las tendencias de moda en otras
latitudes.
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Parque Berrío, Medellín
(1950), fotografía de Carlos Rodríguez, Centro de Memoria Visual Faes.
Costado occidental del parque, carrera Bolívar.
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En su gran mayoría se sitúan
entre muros medianeros, con dos excepciones que vale la pena mencionar por el especial
tratamiento de su entorno: el edificio de Camacol y su vecino, el edificio de Suramericana
de Seguros.
El vidrio, la fachada flotante y las
grandes áreas de oficinas hacen necesario tanto la iluminación como la climatización
(por medio de aire acondicionado central). La iluminación artificial es de ubicación
estandarizada e indiscriminada dentro del espacio, sin tener en cuenta los lugares
específicos de trabajo, respondiendo a un diseño de instalaciones eléctricas uniforme,
razón por la cual no es controlada la cantidad de luz que llega a la zona de trabajo,
afectando en ocasiones la salud, por contaminación visual.
Generalmente los espacios son alfombrados
y como consecuencia de esto, hay una mayor producción de alergenos y de partículas
contaminantes del aire que, sumadas al aire viciado que producen los fumadores, pueden
originar afecciones respiratorias entre los habitantes del edificio.
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Costado occidental del
parque Berrío, carrera Bolívar, 1994.
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Las alturas interiores se reducen
y, siguiendo el concepto de oficina como gran espacio único, se introduce la propuesta de
modulación del espacio con paneles bajos, de materiales ligeros, que amortiguan un poco
el ruido en el área de trabajo. Todos los edificios construidos en este período existen
en la actualidad.
Entre los arquitectos y las oficinas de
arquitectura que más se destacan en el diseño y la construcción de edificios de
oficinas en este período están: Juan José Posada, Suárez Ramírez Arango, AIA,
Ingeniería y Construcciones, Jaramillo y Uribe, Hernán Vieira y Asociados, Germán
Samper, Fajardo Vélez, Londoño y Vayda, Augusto González.
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Teatro Junín, Medellín,
1960. Fotografía de Carlos Rodríguez, Centro de Memoria Visual Faes -. Además,
Hotel Europa, avenida La Playa con Junín, diseñado por A. Goovaerts y construido en
1924.
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DE
1980 EN ADELANTE
Durante este período el centro de
gravedad del centro urbano se desplaza, y la avenida Oriental cobra singular importancia.
Sobre su eje, pero completamente hacia el sur, se genera otro centro con características
físicas y de uso diferentes. Este nuevo centro se extiende linealmente sobre la avenida
El Poblado y se constituye en foco empresarial y financiero.
En términos generales, los edificios de
oficinas en la década de los 80 se sitúan sobre la avenida Oriental o la sobrepasan o,
los más recientes, se sitúan sobre la avenida El Poblado.
Se unifica el estilo; los volúmenes son
puros, las fachadas absolutamente planas o con tímidas insinuaciones de volumen y algunas
con volúmenes que se entrecruzan. Se generaliza el vidrio como casi exclusivo
recubrimiento de la fachada con la subsecuente rerradiación de la radiación solar
a los edificios y demás elementos vecinos , lo cual significa un aporte extra de
luz y calor solar al vecindario.
El edificio, en el caso de los de la
avenida El Poblado, ya no se encuentra entre muros medianeros; cuenta con fachadas por
todos sus costados y el entorno inmediato comienza a ser diseñado.
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Edificio Erlinda ca.1905,
Palacé entre Boyacá y Colombia. Remodelado por A. Duque y D. Lalinde. Los voladizos
sobre el andén protegen al peatón de la intemperie.
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En el interior de las oficinas,
como consecuencia del uso del vidrio (pero con una mejor elección de éste y una mayor
sofisticación en su puesta en obra), que comienza a ser coloreado con tonos oscuros, y de
las grandes áreas de oficinas, como se observa en el período anterior, se hace
indispensable el uso de iluminación artificial, con el inconveniente mencionado acerca de
su ubicación. La demanda de climatización artificial se ve reducida, como resultado del
uso de vidrios con coeficientes de sombra altos, trayendo como efecto el aporte de
radiación extra a las superficies que circundan la edificación. También se desarrolla
un mayor refinamiento al encontrarse la zona de aparcamiento de vehículos en el sótano,
lo que ocasiona la necesidad de mecanismos de medición y control sobre las cantidades de
monóxido de carbono presentes en el aire interior del edificio.
Los espacios de oficinas también son
alfombrados con las dificultades anotadas anteriormente y modulados con
paneles bajos.
Entre las firmas arquitectónicas y los
arquitectos más destacados en el diseño y construcción de edificios de oficinas en este
período están: Fajardo Vélez, Londoño y Vayda, Augusto González, Laureano Forero,
Conconcreto, AIA, Coninsa, Convel, Carlos Julio Calle, Juan B. Castrillón, Sergio Gómez,
Oscar Mesa, entre otros.
EL
EMPUJE PAISA
Yo me he propuesto salir de la rutina;
me formé un propósito de hacer a un lado la tradición y empezar nuevamente de cero.
Tengo fe y estoy casi convencido de que algún día no muy lejano veremos a Medellín
sobre un plan de desarrollo moderno.
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Edificio Palacio Municipal
(1931), carrera Carabobo con la avenida de Greiff, H. M. Rodríguez e Hijos. Elementos
macizos en las fachadas como protecciones solares de las ventanas. Se ve afectado por la
alta congestión peatonal y vehicular de la carrera Carabobo.
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El descubrimiento de cementos más
duros que la piedra es suficiente por sí solo para transformar todo el sistema de
construcción; los arcos quedan prácticamente eliminados, los techos cambian por
terrazas, siendo esta una reforma sustancial; ya los muros no tienen la función de antes,
es decir, no soportan la cubierta.
El método, el problema de estética,
está resuelto; falta aceptar como estético el resultado directo sin tapadijos ni a
aditamentos de dicho sistema.
¿Para qué criticar la mayor o menor
pureza de estilo? Sería como si nos pusiéramos a discutir si instalamos en la nueva casa
el alumbrado con candil de aceite o con lámparas de petróleo.
No aceptar el arte nuevo, hacer a un
lado el confort que nos da una construcción moderna, por seguir la rutina, por el solo
hecho de que así lo hicieron nuestros antepasados, sería denigrar y rehusar al más
grande de los sentidos, el que nos diferencia del resto de los animales: el sentido del
progreso
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Edificio Constain de 1915,
Palacé con Boyacá. Remodelado por H.M. Rodríguez e Hijos. Sus andenes se encuentran
invadidos por vendedores ambulantes.
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He aquí lo que en 1929 decía Nel
Rodríguez a propósito del progreso.
El "empuje paisa" no sólo es
una frase que nos llena de identidad.
Esta realidad, de la que nos sentimos
ciegamente orgullosos, a la cual rendimos culto, que adoramos y practicamos a como dé
lugar, nos ha hecho irracionalmente competitivos, provocando que organicemos una escala de
valores con la cantidad a la cabeza y la calidad en los pies. "El empuje paisa",
entendido a la manera de don Nel Rodríguez, es una de las realidades responsables del
frenesí con que ha crecido y se ha desarrollado esta ciudad en todos sus ámbitos.
En menos de cien años Medellín ha
alcanzado a colmar hasta el agotamiento, el espacio físico del valle (de Aburrá) y cada
vez trepa con más velocidad y desconsideración la montaña. Ha levantado y derribado
testimonios físicos de su paso por la historia, con una simultaneidad sorprendente.
Ante la encrucijada entre la tradición y
el progreso, la elección está hecha y la suerte está echada. En lo que va corrido de
este anciano siglo, y probablemente suponiendo que de otra manera nos estaríamos
perdiendo de algo interesante de la vida actual, hemos elegido ser
"progresistas", decidiendo desconocer, no que todo tiempo pasado fue mejor, sino
más bien que de todo tiempo pasado se aprenden lecciones.
Hemos confundido el significado real del
progreso con la asimilación acrítica de elementos foráneos (arquitectónicamente
hablando, lenguajes formales, elementos técnicos, soluciones espaciales), que funcionan
muy bien en sus lugares de origen, pero que a la hora de establecerlos aquí, no sólo
funcionan mal o no funcionan, sino que también el precio por instalarlos se le cobra a la
memoria urbana, a la historia y a la cultura de la sociedad que ha fallado en el intento
de ir componiendo el patrimonio al cual pertenecen las señales que han sido borradas en
aras del " progreso".
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Avenida La Playa con Junín
(1994), edificio Coltejer diseñado por G. Samper y construido a finales del decenio del
60.
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Estamos sufriendo de amnesia total
colectiva. Nos estamos quedando sin memoria. Esta sociedad, ante el juego de olvido que
imponen quienes determinan el curso físico de la ciudad, se está cansando de trabajar
por la infructuosa empresa de tratar de dejar huella y de consolidar un patrimonio
arquitectónico, urbano, cultural.
El panorama es ahora advenedizo,
anónimo, desconocido, no identificado. Vivimos en una ciudad que hay que estar revisando
constantemente para no perdernos en algún sector que hace cinco años no visitamos,
porque está lleno de imágenes distintas: edificios nuevos, calles nuevas, aromas a
escombro y a revoque físico.
Este fin de milenio, en el que se acusan
la escasez de recursos y las deplorables condiciones de nuestro medio ambiente, es buen
momento para replantear los términos en que asumiremos el hasta ahora desenfrenado
concepto de "empuje paisa", no para dejar de avanzar en el tiempo, sino para
avanzar con una idea más clara de progreso que tenga en cuenta tanto el pasado como el
medio físico, para encontrar puntos de partida que nos ayuden a recomponer la imagen de
esta ciudad tan desdibujada y turbia, en la que ya desde principios de siglo se
evidenciaba la miopía con que se miraba a la ciudad y al progreso. Es necesario revisar
el pasado para que su lectura conduzca a enriquecer el conocimiento que crea y desarrolla
hechos físicos; es necesario considerar el medio físico donde se producen generadores de
ese avance, no sólo por respeto al entorno, sino también por estrategia de progreso.
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Edificio nueva sede Empresas
Públicas de Medellín, 1994. Avenida del Río, C. Calle, C.E. Calle, M. Baquero
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A MANERA DE CONCLUSIÓN
El futuro del edificio de oficinas en
Medellín con el edificio de la nueva sede de Empresas Públicas Municipales a la cabeza
de una nueva manera de llevar a cabo esta tipología arquitectónica parece estar
signado por algunas de las siguientes características: autosuficiencia con respecto al
lugar donde se emplaza; automatización de los sistemas de control de las condiciones
climáticas interiores (mediante consolas que regulen el aire acondicionado, detecten
cambios bruscos de temperatura, escapes de gas, variaciones del voltaje, fallas en el
suministro de energía eléctrica o de otro tipo), que buscan contribuir con el ahorro de
energía, pero que, contradictoriamente, generan un consumo exagerado de la misma;
especificaciones técnicas de construcción, de instalación, y de sostenimiento de estos
sistemas que demandan un consumo enorme de energías no renovables, tanto por el aumento
en la capacidad de albergar gente (en el caso que se menciona, el edificio de la nueva
sede de EPM tendrá dieciséis ascensores para transportar 320 personas a una velocidad de
150 metros por minuto), como por la necesidad creada de exigencias técnicas que demandan
mayores esfuerzos a la artesanal tecnología constructiva existente en Medellín;
automatización de los sistemas de seguridad, cada vez más necesarios en esta ciudad y en
este tiempo (de un lado por razones de orden público, y de otro lado, por los fenómenos
naturales excepcionales y extremos); incorporación de espacios públicos al edificio;
sofisticación de la conocida propuesta de espacio interior de oficina como gran salón
común; conservación del concepto de flexibilidad espacial, que permite que el edificio
crezca o se transforme según las necesidades espaciales que vayan apareciendo.
Es necesario que quienes tengan la
expectativa y la capacidad económica de encargar a un arquitecto el diseño de un
edificio de oficinas, así como el de cualquier otro tipo de edificación, piensen antes
que nada en la responsabilidad del arquitecto frente a la arquitectura, al medio físico y
a los futuros habitantes de esa edificación.
Es responsabilidad del arquitecto que
diseña estos lugares de trabajo brindar ambientes agradables, confortables, pero sobre
todo sanos, a quienes los habitan por períodos de tiempo significativos cada día.
Es también su responsabilidad, y no
menos importante, tender a que sus creaciones procuren el uso más racionalmente posible
de los recursos energéticos que demanden. En caso de utilizar nuevas tecnologías, se
trata entonces de procurar establecerlas teniendo en cuenta que se deben utilizar primero
los recursos de que se disponga más inmediatamente, además de apropiar coherente y
sensatamente estas nuevas tecnologías. Finalmente, el arquitecto debe buscar que, lejos
de violentar el entorno, sus edificaciones se comuniquen armónicamente con las
edificaciones vecinas, al igual que con el clima y la naturaleza del lugar donde se
encuentran.
Conociendo la situación puede ser
nuestra la elección o, por lo menos, la conciencia responsable de lo que sucede a nuestro
alrededor.
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