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Nuestro
propio Matiz
Leo Matiz
Textos: Attilio Colombo, Edgardo Pellegrini. Alvaro Mutis, José Font Castro,
Plinio Apuleyo Mendoza.
Art Estudio Edizione, Milán (Italia), 1992, 143 págs.
Aún aceptando que la historia requiere
ser escrita todos los días puede decirse que la historia de las diferentes artes está
escrita en Colombia. Las diez o veinte historias de la literatura existentes desde cuando,
Vergara y Vergara escribió la suya en el siglo XIX, aún historias parciales como la del
teatro de González Cajiao, la de la novela de Raymond Williams o la de poesía publicada
por la Casa Silva, incluso se han escrito diferentes historias del arte, en varios
volúmenes, como la de Salvat Editores, en pequeñas monografías enciclopédicas.
Lo que es importante de esto es que
están codificados, identificados los nombres principales que protagonizan cada historia.
Con nuestra historia de la fotografía no sucede lo mismo. La exposición pionera Cien
años de la fotografía en Antioquia y la posterior exposición nacional del Museo de
Arte Moderno Cien años de fotografía en Colombia con el volumen publicado como
catálogo, una primera historia de la fotografía en Colombia de Eduardo Serrano; fueron
apenas el abrebocas para iniciar la investigación. Si bien ese libro, que apenas fue en
tanteo, tuvo algunos aciertos; su mayor mérito consiste en ser un balance de lo que no
sabíamos. Lo que vino después fue mucho más grande. Se hicieron exposiciones de
historias locales de la fotografía en más de 10 ciudades, que aportaron nuevos
descubrimientos y de las que quedaron catálogos publicados, en su mayoría, por el Banco
de la República. El resultado de toda esta efervescencia es que, a pesar de que se
conocen muchos de los nombres principales Benjamín de la Calle, Melitón
Rodríguez, Jorge Obando, Gavassa, Luis B. Ramos, hasta llegar a Hernán Díaz a
estas alturas no podemos decir que esté escrita la historia de la fotografía en
Colombia. No tenemos la lista completa de fotógrafos, ni ha sido fijada una cronología
que cuente todo el proceso. El libro editado en Milán con las fotografías de Leo Matiz
consagra un nombre capital, un clásico de la fotografía colombiana.
Leo Matiz nació en Aracataca en
1917 y su vida ha estado vinculada con colombianos de primera línea. Alberto Lleras,
quien escribió una nota sobre él dice: "Leo Matiz es un literato en vacaciones
metido a fotógrafo"; Alvaro Mutis fue su compañero de trabajo. La primera
exposición que hizo el maestro Fernando Botero, a los 19 años de edad, fue organizada
por Leo Matiz en su propia galería y en la página 135 de este libro aparece una
caricatura del fotógrafo realizada por el artista colombiano. Plinio Apuleyo Mendoza
escribió un juicio que dimensiona el valor de su obra: "Leo Matiz es un eje
fundamental de la fotografía en Colombia, una referencia obligada cuando se haga la
historia de este arte entre nosotros".
Los temas de las fotografías de Matiz lo
convierten en el más internacional de nuestros fotógrafos; basta enumerar algunos
personajes que retrató para medir esta dimensión. Louis Armstrong, Pablo Neruda, Diego
Rivera, Frida Kahlo, Luis Buñuel, Pablo Casals, Manolote, Juan Domingo Perón, Fidel
Castro, Golda Meier. Fotografías que son mucho más que nombres. Que revelan es el
verbo preciso para un fotógrafo un artista de finísima sensibilidad. Leo Matiz es
un retratista desdoblado en reportero y las fotografías añaden algo más que el
semblante del personaje, ya sea éste una celebridad o ese maravilloso conjunto de
retratos anónimos de personas o grupos de México, Colombia, Venezuela, Perú, Argentina.
Buena parte de la sensibilidad
latinoamericana fue fundada por el cine mexicano. Como quien dice, que los grandes
fotógrafos que trabajaron en su época dorada, son en cierto modo, los autores de la
imagen, de la estética que los latinoamericanos tenemos de nosotros mismos. No sólo como
latinoamericano universal, sino como discípulo directo de ellos, en concreto de Manuel
Álvarez Bravo y de Gabriel Figueroa, la fotografía de Leo Matiz se identifica con la
imaginería de estos clásicos y al mismo tiempo se desdobla reproduciendo su arquetipo
con imágenes de todo el continente.
Este libro es, sin duda, el mejor que se
ha publicado sobre un fotógrafo colombiano, y es un acontecimiento muy importante en la
historia de la fotografía de nuestro país.
JUAN SIERRA
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