Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 34. Volumen XXX - 1993 - editado en 1995

 

El énfasis literario es responsabilidad del autor


Desierto en sol mayor
Alvaro Medina
Colcultura. Bogotá. 1993. 138 págs.


El autor, nacido en Barranquilla en 1942, es conocido como crítico de arte, por su libro Procesos del arte en Colombia (1978) y por una monografía sobre el escultor Edgar Negret. Desierto en sol mayor es su primera novela publicada. Se trata de una obra corta que presenta ciertas propuestas experimentales, a tono con las que estuvieron de moda en la década de 1970. Tales propuestas giran alrededor de una anécdota simple: hacia 1950, unos adolescentes barranquilleros descubren en su vecindario a Julia, una joven retrasada mental, pero dueña de esplendorosos atributos corporales. Julia es prostituida por su madrastra, Berta Ronderos, una antioqueña desplazada del interior del país por la violencia, quien les exige a los jóvenes dinero y frutas por el goce de la retrasada. Éstos despliegan entonces su iniciativa: se organizan en turnos, roban frutas y dinero en sus casas y en las tiendas del barrio y llevan a cabo otras pilatunas para satisfacer las exigencias crecientes de la celestina. Berta, por su parte, los observa hacer el amor rezando de rodillas frente a una imagen sagrada, que tiene un orificio convenientemente dispuesto. La situación se prolonga por meses, hasta que los padres descubren el juego de los muchachos y se disponen también a participar.

Los adolescentes, para evitar los celos y las rencillas entre ellos mismos, y para conservar lo que consideran su paraíso, juran que "Julia era la novia de todos... o no era la novia de nadie". Con el fin de dejar constancia de los acuerdos y compromisos, uno de ellos, Toro, "empezó a apuntar en hojas sueltas lo dicho y lo aprobado". Estos apuntes fueron hechos con rótulos o " frases descomplicadas, breves, flexibles; sugerencias, prohibiciones, consejos, recomendaciones y advertencias sobre el buen uso y disfrute del chichisbeo".

Al avanzar el relato, el centro de la atención se desplaza gradualmente de aquellos eventos de sexo comunitario hacia el contenido y la forma de los apuntes y hacia ciertas conversaciones de adultos que habrían de ocurrir treinta años más tarde.

De esta manera, lo novedoso de la novela tiene que ver, no tanto con los hechos objetivos, sino con el tratamiento de éstos en la escritura y la memoria y con el manejo del tiempo.

La obra está organizada en fragmentos narrativos a manera de capítulos cortos. A veces, un mismo hecho se narra desde distintas perspectivas. Hay, por ejemplo, "una segunda versión de Eduardito". Los diálogos son directos y están representados en un lenguaje simple; se evita la forma descriptiva: se alude a ambientes y situaciones también de manera directa y simple, con admirable economía de adjetivos y metáforas. Al comienzo de la obra, la perspectiva es inmediatista, muchas veces con el uso del presente de indicativo; al avanzar la trama, los hechos comienzan a aparecer en un pasado cada vez más remoto. También al comienzo de la obra, se incluyen definiciones de los conceptos de eternidad e infinito tomadas del diccionario, definiciones que dan pie a una conversación y a un juramento de los muchachos. Se produce un juego de palabras alrededor de la frase "siempre iba a ser así, sin variar, como no varían los diamantes".

Cuando pierden a Julia comienza "el desierto", imagen aludida en el título y con la cual se establece un contrapunto con el paraíso prostibulario. Contrapunto también entre el presente de los adultos que recuerdan y su pasado feliz. Entonces les "llegó el desierto... se hundirían en la arena, dejando fugaz huella en el inconmensurable mar de dunas que calentaba el sol". En otro lugar se afirma que, al recordar el pasado, " estaríamos en el paraíso en lugar de deambular por el desierto".

Los recursos que se utilizan para darle forma a la narración conllevan una autoconciencia experimental: la atención del lector se vuelca, no sobre un mundo realista o histórico, sino sobre las paradojas de la escritura y de la creación artística. En las páginas intermedias de la novela se ha incluido una selección de la " Rotulata", es decir, la colección de rótulos del cuaderno de notas. Hay titulillos, colofones y fechas, como si tal selección hubiese sido impresa por aparte. Se incluyen frases como "el énfasis literario es responsabilidad del autor". Hay notas marginales que ponen en duda los hechos narrados y anuncian revelaciones sorprendentes; se dejan páginas en blanco "para tener en donde escribir mientras estemos vivos".

Otras formas de la experimentación son: abundancia de espacios en blanco intercalados, fines de párrafos o capítulos con palabras incompletas y sin punto final; uso de signos algebraicos: "Julia, te presiento en E, +, X y te sueño en tanto que R".

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Se trata, pues, de una novela experimental en la que la prevalece la forma sobre el contenido. Al leerla, no pude dejar de recordar la obra de Alvaro Cepeda Samudio y en especial Los cuentos de Juana (1972), que en su momento fueron mal recibidos por la crítica: deliberado desdén por todo lo que es orden o desarrollo de personajes y preferencia por lo desligado y lo fragmentario. El producto de estas preferencias es una especie de esquema o proyecto, un "plano a mano alzadas" o colage o protonovela que podría ser desarrollado posteriormente. Ambas conllevan propuestas sobre la organización del argumento y de las situaciones dramáticas; enfatizan la materialidad del texto, los juegos entre lo dicho y lo callado, entre el centro y el margen. Se juega también con los títulos, los espacios en blanco, las notas de pie de página. Hay cambio de estilos y de lenguajes: se pasa de la prosa narrativa al diálogo o a la sentencia. Todos estos procedimientos implican una visión escéptica del mundo, búsqueda del silencio como medio de sugerencia, pérdida de confianza en las formas tradicionales del lenguaje y del género para mimetizar hechos objetivos; implican, además, juego, humor, irreverencia y carnaval.

ÁLVARO PINEDA - BOTERO