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Boletín Cultural y
Bibliográfico
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Número 34.
Volumen XXX - 1993 - editado en 1995
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¿Divagar
por la piel de la escritura?
Así hablaba Sara, y otras máscaras demasiado humanas
Alejandra Sánchez
Santafé de Bogotá, 1992, 83 págs.
Componen este libro diez textos cortos. Son búsquedas que quieren penetrar en
lo simple o en lo insondable de diferentes maneras. Los temas que ocupa la voz de
Alejandra Sánchez son: la sinsalida, la oscuridad, la vida, la sociedad, la pareja, el
amor, el sexo, el miedo. Extraña literatura, así como los títulos. Uno en latín,
Lapsus calami, otros sugestivos, A la mañana siguiente tomé el veneno o
Calíope o un monólogo para sordos. El título escogido Así hablaba Sara, y otras
máscaras demasiado humanas, retrata la manera como la autora expresa en estas
páginas su turbulencia interna.
En la contracubierta nos ofrecen una literatura diferente y nos invitan a
"dejarnos seducir por esos sueños y divagar por la piel de la escritura" . Por
la piel de la escritura vagué, y no sólo por allí, también por entre la sangre erré.
Una vez terminada la lectura, sólo me invadían sensaciones. " Partamos de la regla
de que al arte no se lo analiza. El arte se hace vivencia en cada individuo-receptor. Es
de esta manera como se vive la lectura de estos textos". Esto nos dice, también, la
contracubierta. Difícil tarea la de reseñar este libro, donde se cita a Joyce, donde se
encuentra esa manera de escoger el vocabulario que ha de expresar, donde la limitación se
expande, donde a veces la fuerza se oculta en el lenguaje. Un acto de fe me anima. Me lo
presentan como una obra de arte.
Las palabras son para jugar. Es juego peligroso cuando no dicen lo indispensable
sino que, por el contrario, hablan de todo lo otro y aún así, en la ausencia, tampoco
alumbran lo esencial. Esto se puede decir de algunas de estas prosas poéticas, como
Eclipse rojo. Unas son narraciones de episodios como el encuentro de Castor con su
miedo: Castor y su miedo a que se haga de noche. Otras son simplemente una
sucesión de imágenes, o de frases, o de palabras, como en Camino a El Cairo.
Escasas dos páginas de frases cortas, de imágenes, una tras otra, hasta hacernos sentir
su camino a El Cairo. "La piel enredada. Voy junto al río, siguiendo el rayo que
cubre series desérticas. Huellas de polvo, de greda agrietada. El tiempo señalado por
mujeres de velo enlutado, plañideras dándome de beber de sus cántaros de hamamelis,
fruta de olor. Beduino. Tuareg. Perro de agua" (pág. 72).
Su voz angustiosa no se ha decantado;
arrastra de todo como un vendaval. Habla de lo obvio: ¿para qué otra vez...?, si ya lo
hemos leído, ya lo conocemos, ya lo vivimos, ya ha sido escrito. En Solario, una
voz en primera persona narra un encuentro con Melania. Melania es una mujer con una
angustia existencial desesperada. Una voz le habla. Nada que hacer... vivir aquí y ahora.
Es un texto breve y real, no obstante se lee más como un discurso que como una vivencia.
"Llore Melania, arránquese el pelo, dése golpes de pecho como su mamá para
combatir la culpa, tómese otro calmante para complacer a los facultativos que creen que
con ello podrá aliviar su ansiosa existencia" (pág. 45).
Igual impresión me dejó el texto titulado En el estudio de Petra y sus
amargas lágrimas. Una mujer narra en primera persona un drama de pareja, la violencia
que se genera, las lágrimas que ruedan, lo que deja el amor cuando pasa, eso que ya no es
más amor. Texto que no alcanza a lograr que lo trivial y cotidiano, tanto de la manera
narrativa como del cuento mismo, lleguen a alcanzar una credibilidad digna de la fe de los
lectores y de las lectoras
" ...colibrí y flor entre el tesoro que es su deseo sospechar de la
osadía descubierta a tiempo y seguir sospechando del ojo delator una secuencia de telones
que suben y bajan entre uno y otro no hay nada que se oculte masas pesadas destruyen lo
ingrávido el cuerpo carga el peso de eso que no se sabe que es tiene forma y quizá color
pero no puede imaginarse Dios omnipotente cuando cae el último metro de tela... [pág.
58]
Aparte de Rondó en la esfera, donde imágenes veloces se suceden en las
12 páginas de este texto, apretado, sin puntuación y con muy pocos artículos. Es una
historia que se hace difícil seguirla, donde intervienen varios personajes que llevan
nombres extravagantes. El ritmo fluye; sin embargo, no encuentro el rondó por algún
lado. La lectura se logra pero se va perdiendo toda emoción, especialmente la sentirán
aquellas personas que leen solamente por el goce de leer.
En Así hablaba Sara, el último de los textos del libro, la
representación final del teatro, la caída de la máscara, se siente demasiada frescura,
en el sentido de acto inacabado, como si aún no le hubiera llegado el tiempo de la
maduración, o se hubiera precipitado a la luz. Esta recopilación de escritos de
Alejandra Sánchez tiene de valioso el rastreo por entre el lenguaje, el arduo ejercicio
de encontrar la palabra precisa, y el ensayo de contar los sucesos interiores.
DORA CECILIA RAMÍREZ
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