Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 34. Volumen XXX - 1993 - editado en 1995

 

Charles Émile Carré (1863-1909)


Ornamentación interior en la sección transversal de la catedral, diseñada con mosaicos de colores. Fue eliminada para dejar la presencia del ladrillo en el abside ejecutada pieza por pieza.


JOHN ARISTIZÁBAL D.
ALEJANDRO DEL VALLE A.
GABRIEL J. GÓMEZ C.
SERGIO JARAMILLO J.
MARÍA VICTORIA MESA R.
Trabajo fotográfico: Gabriel J. Gómez C.

 

 

TABLA DE CONTENIDO

INTRODUCCIÓN
CATEDRAL METROPOLITANA (1874-1924)
IGLESIA DE SAN JOSE (1874-1901) (MARINILLA [ANTIOQUIA])
TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO (CATEDRAL DE GIRARDOTA) (1890-1922)
PALACIO AMADOR (1892-1972) (DEMOLIDO)
QUIOSCO MIRAFLORES (1892)
EDIFICIO COMERCIAL (1892)
MERCADO CUBIERTO DE GUAYAQUIL (1892-1894) (DEMOLIDO)
TEMPLO DE SAN JOSÉ (1893)
EDIFICIOS CARRÉ Y VASQUEZ (1895-1906)
CASA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAUL (1895-1901) (DEMOLIDA)
CASA DEL PADRE ENRIQUE URIBE (1895-1900) (DEMOLIDA)
CASA BARRIENTOS (1895-1900)
EDIFICIO COMERCIAL CONTIGUO A LA PLAZA DE FLORES (1895-1900)

 

El motivo principal para traer al arquitecto Charles E. Carré a Medellín se atribuye básicamente a la construcción de la catedral de Villanueva, en Antioquia.

El primer intento de edificar la sede eclesiástica se encomendó al arquitecto italiano Felipe Crosti, obra que fue suspendida prácticamente en seguida de su inicio. En diciembre de 1887, el obispo de la ciudad en ese entonces consultó con al obispo parisiense A. L. Douillard, arquitecto, quien, después de estudiar los planos del proyecto anterior, propuso "como el mejor medio para llegar a edificar [...] hacer venir a Medellín un arquitecto concienzudo" 1 que dirija y realice el nuevo edificio preparado desde París. Así es como Charles E. Carré es contratado por la iglesia, que había de consentir los contratos particulares que a la postre le fueron ofrecidos.

El 1o. de julio de 1889 Charles Carré incursionó en el interior del continente, luego de arribar al puerto de Barranquilla; recorrió en barco de vapor el río Magdalena, en ferrocarril las tierras de Antioquia, y finalizó su viaje a lomo de mula en el valle que sostiene la ciudad de Medellín.

Trajo consigo, y como garantía de su validez profesional, el haber sido el inspector de los trabajos de la iglesia del Sagrado Corazón, en Montmartre, París (1888); un año antes, fue recomendado como cristiano modelo, "que además está intacto", y nombrado como uno de los alumnos más lúcidos de la escuela de bellas artes. Credenciales que anunciarían el alto nombre que dejaría su labor a su paso por tierras colombianas.

Diseño original de la planta de la catedral de Villanueva.

Demostró la consagración y el juicio profesado por su tutor, al dar comienzo inmediato a su labor organizando reuniones con la junta encargada de la aprobación del templo e iniciar la construcción de la magna obra, cuya realización fue impecable. De esta manera, el juicioso arquitecto se hizo acreedor a numerosos contratos para diseñar diferentes edificios y casas solicitados por los personajes que en la Medellín de finales de siglo enaltecían su nombre con los lujos que el dinero permitía. Y qué mejor que sus casas, edificios y quintas para destacarse, más aún si el diseñador era un extranjero tan bien ponderado como este francés.

Empresarios como Carlos C. Amador, Vicente Villa, Eduardo Vásquez, entre otros, fueron los propietarios de varios de los edificios de Carré.

Sus trabajos cubrieron desde remodelaciones de iglesias y casas fincas (quioscos) hasta el diseño de la más importante plaza de mercado de la ciudad, que incluyó la propuesta urbana de desarrollo para el sector que hoy es Guayaquil, motor comercial por excelencia de la ciudad de Medellín.

Esta "bonanza laboral" fue aprovechada de manera inmejorable por el arquitecto, quien en principio propuso como estilo el producto del caos estilístico reinante en la Europa del siglo XIX (removiendo el ejercicio limitado que se daba a la arquitectura), y posteriormente logró conciliar la función predominante en el construir antioqueño con la forma elegante del europeo que él importó a nuestro país.

El tipo de lenguaje que impuso Carré se reconoce hoy como sobrio y equilibrado.

En su tiempo fue quien promovió la cultura del ladrillo – que tanto nos caracteriza hoy –, ofreciendo con virtuosismo una técnica nueva y una imagen "moderna" a una ciudad amiga del progreso que lo asimiló plausiblemente.

Construcción de la catedral de Villanueva. Fotografía de Melitón Rodríguez.

Pese a vivir en estos lugares sólo cinco años – como se anunció de antemano en el contrato –, su legado fue proyectado en el tiempo por los numerosos discípulos y alarifes que educó en su estancia, y que plasmaron el sello de este buen arquitecto en la ciudad pujante, y en su memoria el orgullo de la solemnidad de sus obras.

Monsieur Carré, como se le conoció, fue tema, nueva y tristemente, a causa de su inesperada muerte ocurrida en 1909, de las páginas de los diarios locales, quince años después de su partida de la ciudad de Medellín, que en todo momento profesó respeto y admiración y a quien "se le debe [...] el habernos mostrado que [...] el ladrillo cocido no es piedra [...], que cualquier barro cocido no es ladrillo y [...] que en artes de construir no es el renacimiento ni la última ni la mejor de las palabras" 2 .

A continuación hacemos una relación cronológica de las obras de Charles Carré en Antioquia:

CATEDRAL METROPOLITANA (1874-1924)

Un monumento que transmita a las futuras generaciones la memoria de nuestra religiosidad y piedad a la par que un ornato digno de esta ciudad, símbolo de su progreso y prueba de su cristiana ilustración 3 .

Fue así como, en marzo del año 1871, manifestaba el obispo encargado de iniciar los trabajos de este templo, luego de una ágil consecución de terrenos, de la organización de una junta administradora y de crear en el ambiente de la ciudad el suficiente estupor que la obra, sin duda, habría de merecer. La organización del edificio más importante de la ciudad naciente de entonces incluyó la "consecución de una máquina exclusiva para fabricar ladrillo y teja 4 " y "de un constructor arquitecto capacitado para el efecto [...] en el país o fuera de él". Tres años después, el 14 de agosto de 1874, llegó el italiano Felipe Crosti para responder al requerimiento mencionado.

El 17 de mayo de 1875 se comenzaron los trabajos de un templo cuya memoria sería bochornosa para su autor; las proporciones del primer diseño son casi imposibles de descubrir, pues fue desechado por descomunal, mientras el segundo – su frontis y acceso – llegaba hasta la mitad de la plaza de Villanueva donde hoy se erige la estatua del Libertador. Para fortuna del actual templo – orgullo antioqueño –, esta segunda propuesta fue detenida por perturbación del orden público antes que su volumen superara el nivel del suelo.

Arcada principal de la catedral de Villanueva. Fotografía de Melitón Rodríguez

Años más tarde, la llegada del nuevo obispo a la diócesis de la ciudad – el reconocido monseñor Bernardo Herrera Restrepo – cambió el rumbo del edificio. Este obispo, basado en su experiencia cultural, cuestionó la eficiencia de los planos, asesorándose de los arquitectos Mariano Santamaría y A.L. Douillard, el obispo de París, quienes, por separado, coincidieron en la imposibilidad de terminar los planos en lar condiciones establecidas. Y, como ya se dijo, el obispo francés propuso al colombiano el envío de un encargado idóneo, de lo cual resultó la llegada de Carré a nuestro territorio.

La primera propuesta, preparada desde Francia, fue concluida en Medellín, en el seminario de la ciudad, donde el arquitecto ubicó su estudio y residencia.

El diseño final, ultimado con la ayuda del libro Églises de bourgs et villages, fue aprobado por los interesados el 19 de enero de 1890. Éstos, a su vez, consiguieron el apoyo económico de toda Antioquia y hasta del viejo Caldas. Al momento de partir Carré, en junio de 1894, dejó gran parte de las arcadas centrales y de la sacristía (que en el último período le sirvió de estudio), los planos y las suficientes directrices a los constructores empleados para dar buen fin al edificio, como sucedió. La obra negra fue concluida en 1917, y el 24 de mayo se celebró la primera misa pontifical. Dos años más tarde, se gestarían los últimos detalles de la iglesia, bajo la dirección del arquitecto salesiano Giovanni Buscaglioni, autor, entre otros ornamentos, del imponente baldaquino que sumaría otro destello a esta joya arquitectónica.

Costado occidental de la catedral de Villanueva. Fachada principal del Mercado cubierto de Guayaquil. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1895.

Edificio Comercial Vicente B. Villa e Hijos. Fotografía de Melitón Rodríguez.


La obra, acompañada de una valiosa controversia suscitada por el temor absurdo de su desplome, fue inaugurada el 11 de marzo de 1924. Cuatro años más tarde, tuvo lugar un incendio en el crucero de la iglesia, y en 1925 fue desviado el cauce de la quebrada La Loca, que pasaba bajo sus cimientos. El 9 de abril de 1948 le fue concedido el título de basílica, hecho que proclamó el 13 de agosto del mismo año.

Fue así como la catedral de Villanueva (como popularmente se la llamó) se convirtió en la materialización del sueño paisa de ver representada su ferviente fe y su empuje con un notable edificio que dominaría por muchos años los cielos antioqueños.


IGLESIA DE SAN JOSE (1874-1901) (MARINILLA [ANTIOQUIA])

Hacia 1650 existió en el valle de San José una ermita construida de bahareque, la primera de que se tenga noticia. En 1662 fue reedificada y en 1664 reformada.

Para 1750 se reemplazó por un templo de tapia en el lugar que hoy ocupa la iglesia, en terrenos donados por un parroquiano que puso como condición que fuera dedicada a san José. En 1802 se reconstruyó el templo en adobe, tapia y teja, y en 1874, aprovechando la estadía en Antioquia del tristemente célebre Felipe Crosti, se reformó la iglesia. La propuesta del italiano incluía un esquema de cinco naves, frontis con dos torres laterales unidas por un pórtico con balaustrada y una cúpula de cobre.

En 1891, ante la necesidad de reparar el frontis que amenazaba desplomarse, el obispo de Medellín envía a Ch. E. Carré. Éste, después de haber analizado el estado de la obra, propuso reducir el templo de cinco a tres naves, rediseñó el frontis con una sola torre, que parte de la nave central enmarcando el acceso principal, y cambió la cúpula ya vencida por una sutil aguja de ladrillo.

Desde la concepción del templo, Carré definió el acabado de éste en pañete y con paredes blanqueadas, por lo cual este edificio no cuenta con el manejo detallado y artístico del ladrillo, propio de la obra del extranjero. A excepción de la aguja de ladrillo en el crucero de la iglesia, ésta se conserva hoy como el arquitecto la creó, siendo el orgullo y símbolo de este pueblo en el oriente antioqueño.

TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
(CATEDRAL DE GIRARDOTA) (1890-1922)

Fue edificado en terrenos donados en 1880 ante la necesidad de un templo que albergase al gran número de peregrinos que rendían culto a la imagen del Señor caído.

El señor obispo de la diócesis de Medellín, que ya conocía el trabajo del arquitecto francés, por las obras de la catedral de Villanueva, lo contrata para que realice los planos de esta nueva iglesia.

Fachada principal de la Catedral de Girardota; nótense las reformas en el atrio principal.

El 10 de marzo de 1890 se iniciaron labores; para 1902 se realizaron los cimientos y se comenzaron a construir los muros; y en 1907 se logró ofrecer culto en el interior de la iglesia, que se trasladó definitivamente en 1910. En 1918, el señor obispo afirmó que el templo estaba a punto de concluirse y cuatro años después ordenó la consecución de vitrales y órgano, pues ya contaba con gran parte de la ornamentación; le siguieron a este hecho la consecución de campanas y adornos de mármol que prácticamente dejaron concluida la catedral.

Se realizaron dos intervenciones en el templo. La primera de ellas consistió en cubrir el artesonado del techo con cielo raso de latón troquelado, decorado con colores locales. A raíz de un temblor de tierra en 1979, la iglesia sufrió serias averías. Entonces fue sometida a reparaciones que incluyeron el amarre de toda su estructura con hormigón armado, intervención que duró siete años y que la dejaron con el aspecto que hoy presenta.

PALACIO AMADOR (1892-1972) (DEMOLIDO)

Arquitectura: entra la ciudad en la vía del embellecimiento, indudablemente; y como el natural no es de los peores, con poco tendrá para ser una segunda Florencia, una segunda Milán 5 .

Palacio Amador: aspecto original según diseño de Ch. Carré (Tomada de Excursiones presidenciales de P.A. Pedraza, 1908).

El Medellín del último decenio del siglo pasado presentaba una silueta de edificios de carácter austero, poco valorados entre la sociedad de ese tiempo. Nació, entonces, la idea de convertir la tradicional villa blanca en un ciudad que desarrollase el sentir estético moderno.

Fue así como, alrededor de 1891, la ciudad "se vería engalanada con las quintas que en el paseo de la playa se habían construido 6 ; [...] incluyéndose entre éstas el palacete del señor José María Amador, contratado por su padre con el extranjero Carré, del que de antemano se decía tenía condiciones artísticas propias de los campos Elíseos".

Terminado en ladrillo rojo y con dos fachadas lisas; simetría estricta, porche levantado, arcos rebajados, esquinas ochavadas, y una fina filigrana en acabados y omamentos, resumían la propuesta del joven extranjero Carré, que comenzaba a forjar su exitoso camino, enseñando a la ciudad un nuevo estilo.

El palacio Amador ya revocado tapando el ladrillo (Fotografía de Melitón Rodríguez).

Ante la muerte repentina de su dueño, esta obra fue adquirida por la curia, y desde entonces se llamó Palacio Arzobispal. Bajo esta administración, su fachada fue sometida a las "bondades" del revoque en el segundo decenio del naciente siglo.

Entre 1925 y 1931 tuvo lugar una última intervención, en la que las esquinas del inmueble enfatizarían la fachada hacia la quebrada con sendos bonetes, corona de dos torres proyectadas al exterior.

La modernidad antioqueña le fue llegando al Palacio Arzobispal, con la transformación que ésta supone. Luego de numerosos acreedores y de perder sus singulares cúpulas, pasó a ser recuerdo, sin argumento lógico alguno:

Aquel que otrora fuese página obligada de todas las guías turísticas de la Bella Villa, terminó siendo el espacio físico del sólido y gigantesco edificio Vicente Uribe Rendón 7 .

QUIOSCO MIRAFLORES (1892)

En la hacienda Miraflores, antes Salina de la "Bocana"; […], localizada en la margen izquierda de la quebrada Santa Elena, en el perímetro del valle […] y en las estribaciones de sus montañas orientales […] se levantó un mirador entre los jardines, en torno inmediato de esta casa de recreo 8 .

Quiosco mirador, Finca Miraflores. Fotografía de Francisco Mejía, 1934.

El año 1892 fue en el que Carré aportó este pequeño edificio, más definido por los gustos del contratante que por la madurez estética del proyectista: dibujó un cuadrado y un octágono en primer y segundo nivel, para coronar con una pirámide, que a su vez lo fue con una veleta en forma de águila. Centrada en cada cara del octágono, hubo una ventana en forma de círculo o cuadro alternados; en las canoas y en cada vértice del mismo fue el remate un puntal por cada uno. Estuvo terminado con la baranda que, diferente en cada piso, en cada lado se distinguía de su vecina. Este estilo diverso incluía bastantes más detalles.

La suerte de esta particular obra después de pasar por no pocos dueños, entre los que se cuenta la primaria de un colegio jesuita, fue su desaparición.

EDIFICIO COMERCIAL (1892)

Edificio comercial: con este nombre se acaba de inaugurar en la calle Colombia un hermoso edificio de tres pisos, con todos los adelantos modernos […] estará asistido por un portero de notoria probidad y buena conducta, que velará día y noche por la seguridad. Los que necesiten locales pueden entenderse con los señores Vicente B. Villa e hijos 9 .

Edificio Comercial Plaza de las Flores. Fotografía de Melitón Rodríguez.

Este lote entre medianeros se localizó en el centro comercial de la ciudad y tuvo la primera idea que ya caracterizaba las decisiones del francés: simetría reforzada, vanos detallados y acceso en cuya clave marcaría las letras que nombrarían el inmueble. Fue en esta expresión donde el arquitecto europeo dio comienzo a la síntesis estilística que incorporó el pasado antioqueño, pues incluyó revoques, detalles y aleros típicos del legado paisa.

Poco fue el tiempo, sin embargo, que se pudo disfrutar de esta obra, pues fue la primera en caer en las manos de los ensanches viales.

MERCADO CUBIERTO DE GUAYAQUIL (1892-1894) (DEMOLIDO)

El Mercado Cubierto de Flores fue un fracaso, por múltiples razones, lo que obligó al consejo municipal a abrir una nueva licitación, el 25 de abril de 1892, para la construcción de uno nuevo. A ella se presentaron dos propuestas de reconocidos comerciantes locales: Charles Petin, quien presentó un proyecto al norte de la ciudad, basado en una gran estructura de hierro forrada en cristal al estilo de la vanguardia europea, y Carlos C. Amador, quien localizó la propuesta en su finca de Guayaquil, al sur para lo cual contrató como arquitecto al ya afamado extranjero Charles Carré.

Después de duros debates, se comunicó la decisión, el 17 de junio de 1892, en favor del proyecto presentado por Amador, prefiriendo "la construcción más sólida y elegante" 10 .

No había corrido un mes de haber sido adjudicado el contrato, cuando ya se había colocado la primera piedra, en junio de 1892.

Para su ejecución, Amador creó una empresa dedicada exclusivamente al desarrollo del proyecto, una junta administradora, un tranvía para cargar materiales y un tejar para su entera disposición. Con sólo cinco meses de trabajo, ya la estructura estaba prácticamente concluida y se comenzaban los detalles de ornamentación. La obra era, por su gran tamaño, tema obligado en las tertulias locales. Con la plaza, Amador desarrolló todo el sector de Guayaquil, vendiendo lotes a acaudalados comerciantes, que confiaban en el éxito de sus empresas.

Los 9.847 metros cuadrados estaban delimitados por un muro de cal y ladrillo fundado en piedra, y descansaban sobre él verjas de hierro y madera. El interior estuvo compuesto por cinco galerías de oriente y occidente y tres de norte a sur conformándose, al cruzarse, ocho patios. En todo el centro de la plaza, el cruce de las dos galerías principales poseyó un gran quiosco de hierro y un camino, dotados de sillas para el descanso. Para el ingreso existieron 31 puertas, ocho de ellas para la entrada de las bestias, y una gran puerta metálica para el acceso principal. El piso, pavimentado con pequeñas piedras, tuvo un diseño geométrico que facilitaba la ubicación de los puestos de venta.

El edificio formaba parte de un generoso planteamiento vial que comunicaba la plaza con la alejada ciudad. En su fachada oriental existió, justo en el centro, el gran acceso con un frontis estilo neoclásico, frente al cual se proyectó una plazoleta de acceso que nunca se realizó.

En tan sólo un año de uso, la plaza se transformó en una "cocina emanadora de humo" 11 , completamente invadida por muebles de madera que alteraron sus facultades de ventilación, iluminación y amplitud, situación que nunca cambio.

Con menos de dos años de construcción, fue inaugurada el 27 de junio de 1894. En 1919 Carlos Amador vendió el edificio al municipio, que se hace cargo de la plaza desde entonces.

En la década de los 30, sufre transformaciones que cambiaron definitivamente su apariencia. Tras la reconstrucción, después de un voraz incendio, se decide cubrir los ocho patios, habilitando cuatro nuevas galerías. Además, en el exterior le fueron reemplazados el alero antioqueño por una marquesina y un ático, el frontis fue transformado, y en las esquinas se construyeron desacertados torreones, alterando por completo la imagen del edificio.

A raíz del plan piloto para Medellín (1952) que propuso la reorganización de la ciudad, la administración municipal se vio en la difícil tarea de retirar la plaza del sector. Un sospechoso incendio, el 7 de abril de 1968, destruyó gran parte de ésta y dio comienzo al lento desalojo que traería como consecuencia la triste y ruinosa apariencia actual del edificio, desapareciendo así, para las nuevas generaciones, el vestigio del edificio civil más grande construido en Medellín por Charles Carré.

TEMPLO DE SAN JOSÉ (1893)

Frontis de la catedral de Villanueva (Tomada de: Álbum de Medellín, para el 20 de julio de 1910).

El primer templo localizado allí fue una pequeña iglesia pajiza, dedicada a san Lorenzo y posiblemente la primera en el valle de Aburrá. En 1845 ésta fue reemplazada por un templo más sólido, obra iniciada por los padres jesuitas, quienes, a causa de su expulsión, debieron abandonarla dejándola inconclusa. En 1892 se revisó y fue indispensable demoler la armazón de los techos; una junta reunida el 7 de junio de 1893 dispuso llevar a cabo la obra. Para su reconstrucción, una vez más el señor obispo solicitó al arquitecto Ch. E. Carré que realizara la obra dejando de lado por unos días los trabajos de la catedral. En junio se dio comienzo a los trabajos, y a éstos se le sumo el reemplazo de las columnas y la elevación de los muros laterales.

El 7 de agosto de 1896 se comenzó la construcción del actual frontis, obra del padre salesiano Félix Pereira, arquitecto nicaragüense, quien lo diseñó aprovechando detalles y molduras proyectadas anteriormente por Carré para los edificios Carré y Vásquez. Las reformas realizadas por Carré fueron transformadas más adelante entre 1920 y 1928 por el arquitecto belga Agustín Goovaerts quien dejó la iglesia con la imagen que se conserva hoy.

EDIFICIOS CARRÉ Y VASQUEZ (1895-1906)

Como complemento al mercado cubierto de Guayaquil, C.C. Amador vendió una serie de lotes de su finca aledaños a la plaza, dos de los cuales fueron adquiridos por el señor Eduardo Vásquez el 22 de febrero de 1893, el primero de 1.560 varas cuadradas y el segundo de 1.564.

Aprovechando la estadía de Carré en la ciudad, es contratado para que realice en esos lotes grandes edificios complementarios a la plaza, con usos, características físicas y sistema constructivo similares, con la sola diferencia de algunos detalles de ornato.

Edificio Carré: Fue el primero en construirse y contó por escasos meses con la dirección de su arquitecto proyectista. Concluido en el siglo pasado e inicialmente reconocido como el más alto de la época, es la síntesis parcial que el arquitecto hace de los conceptos locales (patio central descubierto, aleros, balcones y corredores de chambrana). Posee, además, un sistema estructural de gran similitud con el de los secaderos de café en las haciendas antioqueñas.

A causa de la crisis económica mundial, el local debió arrendarse a una clientela cuestionable, que le ocasionó notorio deterioro; tanto, que para 1916 se encontraba inhabilitado. Tras las reparaciones, el edificio fue dividido en ocho casas, cuatro por piso, y se le adicionó en el portón principal el nombre, Edificio Carré, en letras de cemento.

Ninguno de estos esfuerzos logró que el edificio albergara una actividad digna, pues fue sitio de inquilinatos, burdeles y casas de juego, y atrajo a personajes amigos del vandalismo. Por último, en la década de los 30, se produjo un incendio que dejó la obra en estado lamentable. Y en la década de los 60 fue clausurado el tercer piso debido a problemas de salubridad no resueltos. Su uso degradante permanece hasta nuestros días.

Edificio Vásquez: Construido por maestros educados por Carré, se comenzó a edificar a fines del siglo pasado. Aunque el lote, los materiales, la función y el número de pisos son prácticamente iguales a los del Carré, lo cual lo hace ver como el mellizo de éste, fue concebido de modo diferente: tendencia a lo republicano con influencia neoclasicista francesa, evidenciada por el muro ático, los sillares (de mampostería), el patio cubierto y, por último, la eliminación de los balcones, lo que deja plana su fachada.

Edificio Vásquez, reformado y reconstruido después del incendio de 1912. ca 1920.

Concluido a principios del siglo, se incendia en 1906 y prácticamente queda en ruinas; por esto, y por mucho tiempo, se le conoció como "el quemao".

Lo reconstruyó Dionisio Lalinde entre 1912 y 1917, conservando su diseño original. Su fachada se cubrió de ladrillo rojo con un parcial revoque. Y se le sumaron las letras Edificio Vásquez.

Tuvo los mismos problemas que cayeron sobre el edificio Carré, lo que motivó a don Eduardo Vásquez a venderlo en 1925. Pasando más tarde por varios dueños, cambios que no beneficiaron al edificio, pues su tradicional uso perdura hoy, igual que el interés teórico de rescatarlo.

CASA DE EJERCICIOS ESPIRITUALES DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAUL (1895-1901) (DEMOLIDA)

En marzo de 1889, la Sociedad de san Vicente de Paúl comenzó con los ejercicios espirituales que a su juicio la ciudad necesitaba. En vista de la ausencia de un sitio especializado para ejercer esta función, dio comienzo a la campaña de conseguir fondos para edificar la sede de esta actividad.

La iniciativa toma forma el 19 de junio de 1889, cuando el obispo de entonces dona un terreno aparentemente inservible, detrás de la catedral de Villanueva para que se construya la casa. Para la elaboración de los planos se contrata al arquitecto francés, que por aquel entonces estaba a disposición de la diócesis. Éste concibió un proyecto de características muy austeras y con un fiel lenguaje local.

Esta casa fue un conjunto rodeado por muros de tapia, que la independizaban por completo del exterior. Estaba dotada de generosos jardines en el interior, que dividían el edificio en galerías, todo esto en beneficio de su función. Se accedía a través de un delicado portón de ladrillo. Era de aspecto sencillo, con muros blanqueados, corredores y aleros. Fue inaugurada en 1901 y dada al servicio de inmediato.

El rápido crecimiento de la ciudad absorbió la casa incluyéndola dentro del perímetro urbano y más adelante en el propio centro. Este desarrollo desenfrenado quiso ser corregido por el plan piloto para Medellín, que entre otras de sus recomendaciones proyectó el planteamiento vial que trajo consigo la avenida Oriental.

El 27 de agosto de 1975, entre clérigos y municipio se cierra el negocio de venta del lote, para dar paso a los diez carriles de esta avenida, lo cual constituye el fin útil de esta casa, última de las obras de Charles E. Carré demolidas.

CASA DEL PADRE ENRIQUE URIBE (1895-1900) (DEMOLIDA)

Se localiza en el paseo La Playa en la esquina noroccidental con la carrera Sucre, y fue construida a partir de 1895 por encargo de don Alejandro Angel.

Al igual que la mayoría de las quintas de La Playa, estaba antecedida por un generoso antejardín limitado por una verja de hierro y ladrillo; desarrollaba en un solo piso detalles interiores de fina factura y, junto con el edificio Gonzalo Mejía (teatro Junín), constituían las dos únicas fachadas de esta gran manzana que daba al malecón de La Playa.

Pasado el siglo fue adquirida por el presbítero Enrique Uribe, quien, por habitarla largo tiempo, hizo que así se reconociera popularmente.

A causa de la afanosa modernidad, esta casa engrosó la lista de obras Carré demolidas: en 1956, permitió observar un predio fraccionado en varios locales, unificado más tarde por el elegante edificio La Ceiba, construido a finales de la década de los 60 y pieza clave en la arquitectura contemporánea local.

CASA BARRIENTOS (1895-1900)

Construida con posterioridad a la partida de Carré para Francia, se alzó esta quinta en el costado izquierdo del arroyo Santa Elena, dentro del ya famoso paseo La Playa haciéndole compañía a otras quintas unas diseñadas por él y otras de arquitectos locales.

Carré dejó indicado en los planos que se debía construir con los materiales de la región de la más alta calidad y, en lo posible, importar exquisitos accesorios para decorarla.

Estaba constituida por espacios generosos los cuales se forraron con finos papeles, entre los cuales el más destacado era el gran salón del segundo piso, donde se realizaron concurridas reuniones de la alta sociedad medellinense.

La torre de la casa Barrientos muestra los detalles; calados, vitrales, hierro forjado, molduras y mosaicos. Fachada principal de la Casa Barrientos, aspecto actual.

Hoy, presentando alto grado de deterioro, es la única pieza viva de este famoso paseo y una de las muy pocas de aquella floreciente época que aún se conservan en la ciudad.

EDIFICIO COMERCIAL CONTIGUO A LA PLAZA DE FLORES (1895-1900)

Cuando se inauguró la plaza de Flores, en 1891, se desarrollaba urbanísticamente todo este sector de la ciudad, formándose numerosos nuevos barrios. Estos dos hechos convierten el sector en un temporal centro de comercio, motivando a sus vecinos a darle carácter y prestigio.

El edificio comercial nace como resultado de estas dos circunstancias. Al parecer, se aprovecharon las estructuras existentes – casas de estilo antioqueño –, dándoles unidad y elegancia por medio de la fachada principal. Con pocos detalles y utilizando elementos locales de arquitectura, Carré diseña un edificio sobrio y sencillo, demostrando con ello la habilidad y el virtuosismo para solucionar, con diferentes opciones sus diferentes proyectos. Como función, se destinó el primer piso al comercio y el segundo a vivienda.

En vista del fracaso comercial del sector, éste evolucionó permitiendo una bondadosa mezcla de usos que garantizó la permanencia en el tiempo del Edificio comercial Plaza de Flores.

 

 

 

 

NOTAS:

1 Isidoro Silva, Primer directorio general de la ciudad de Medellín para el año 1906, Medellín, 1906, pág. 125.

2 Francisco Cano, "Crónica, Monsieur Carré", en La Organización, Medellín, 12 de marzo de 1909, pág. 3.

3 Carta de Valerio Antonio Jiménez, obispo de Medellín, a Guillermo Restrepo E., Medellín, 10 de febrero de 1871.

4 Ibíd.

5 Fidel Cano, "Arquitectura", en El Espectador, Medellín, núm. 130, 14 de septiembre de 1891, pág.126.

6 Ibíd., pág. 126.

7 John Aristizábal, Carlos Carré, arquitecto, tesis de grado, Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, 1993.

8 Ibíd., pág. 126.

9 Fidel Cano, "Edificio Comercial", en El Espectador, núm. 170, 18 de junio de 1892, pág. 332.

10 Sesión del consejo de Medellín del 25 de abril de 1892.

11 "Plaza de mercado", en Los Tiempos, Medellín, 3 de octubre de 1895, pág. 106.