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Charles
Émile Carré (1863-1909)
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Ornamentación interior en
la sección transversal de la catedral, diseñada con mosaicos de colores. Fue eliminada
para dejar la presencia del ladrillo en el abside ejecutada pieza por pieza.
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JOHN ARISTIZÁBAL D.
ALEJANDRO DEL VALLE A.
GABRIEL J. GÓMEZ C.
SERGIO JARAMILLO J.
MARÍA VICTORIA MESA R.
Trabajo fotográfico: Gabriel J. Gómez C.
TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
CATEDRAL METROPOLITANA (1874-1924)
IGLESIA DE SAN JOSE (1874-1901)
(MARINILLA [ANTIOQUIA])
TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
(CATEDRAL DE GIRARDOTA) (1890-1922)
PALACIO AMADOR (1892-1972) (DEMOLIDO)
QUIOSCO MIRAFLORES (1892)
EDIFICIO COMERCIAL (1892)
MERCADO CUBIERTO DE
GUAYAQUIL (1892-1894) (DEMOLIDO)
TEMPLO DE SAN JOSÉ (1893)
EDIFICIOS CARRÉ Y VASQUEZ (1895-1906)
CASA
DE EJERCICIOS ESPIRITUALES DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAUL (1895-1901) (DEMOLIDA)
CASA DEL PADRE ENRIQUE
URIBE (1895-1900) (DEMOLIDA)
CASA BARRIENTOS (1895-1900)
EDIFICIO COMERCIAL
CONTIGUO A LA PLAZA DE FLORES (1895-1900)
El motivo principal para
traer al arquitecto Charles E. Carré a Medellín se atribuye básicamente a la
construcción de la catedral de Villanueva, en Antioquia.
El primer intento de edificar la sede
eclesiástica se encomendó al arquitecto italiano Felipe Crosti, obra que fue suspendida
prácticamente en seguida de su inicio. En diciembre de 1887, el obispo de la ciudad en
ese entonces consultó con al obispo parisiense A. L. Douillard, arquitecto, quien,
después de estudiar los planos del proyecto anterior, propuso "como el mejor medio
para llegar a edificar [...] hacer venir a Medellín un arquitecto concienzudo"
1
que dirija y realice el nuevo edificio preparado desde París. Así
es como Charles E. Carré es contratado por la iglesia, que había de consentir los
contratos particulares que a la postre le fueron ofrecidos.
El 1o. de julio de 1889 Charles Carré
incursionó en el interior del continente, luego de arribar al puerto de Barranquilla;
recorrió en barco de vapor el río Magdalena, en ferrocarril las tierras de Antioquia, y
finalizó su viaje a lomo de mula en el valle que sostiene la ciudad de Medellín.
Trajo consigo, y como garantía de su
validez profesional, el haber sido el inspector de los trabajos de la iglesia del Sagrado
Corazón, en Montmartre, París (1888); un año antes, fue recomendado como cristiano
modelo, "que además está intacto", y nombrado como uno de los alumnos más
lúcidos de la escuela de bellas artes. Credenciales que anunciarían el alto nombre que
dejaría su labor a su paso por tierras colombianas.
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Diseño original de la
planta de la catedral de Villanueva.
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Demostró la consagración y el
juicio profesado por su tutor, al dar comienzo inmediato a su labor organizando reuniones
con la junta encargada de la aprobación del templo e iniciar la construcción de la magna
obra, cuya realización fue impecable. De esta manera, el juicioso arquitecto se hizo
acreedor a numerosos contratos para diseñar diferentes edificios y casas solicitados por
los personajes que en la Medellín de finales de siglo enaltecían su nombre con los lujos
que el dinero permitía. Y qué mejor que sus casas, edificios y quintas para destacarse,
más aún si el diseñador era un extranjero tan bien ponderado como este francés.
Empresarios como Carlos C. Amador,
Vicente Villa, Eduardo Vásquez, entre otros, fueron los propietarios de varios de los
edificios de Carré.
Sus trabajos cubrieron desde
remodelaciones de iglesias y casas fincas (quioscos) hasta el diseño de la más
importante plaza de mercado de la ciudad, que incluyó la propuesta urbana de desarrollo
para el sector que hoy es Guayaquil, motor comercial por excelencia de la ciudad de
Medellín.
Esta "bonanza laboral" fue
aprovechada de manera inmejorable por el arquitecto, quien en principio propuso como
estilo el producto del caos estilístico reinante en la Europa del siglo XIX (removiendo
el ejercicio limitado que se daba a la arquitectura), y posteriormente logró conciliar la
función predominante en el construir antioqueño con la forma elegante del europeo que
él importó a nuestro país.
El tipo de lenguaje que impuso Carré se
reconoce hoy como sobrio y equilibrado.
En su tiempo fue quien promovió la
cultura del ladrillo que tanto nos caracteriza hoy , ofreciendo con
virtuosismo una técnica nueva y una imagen "moderna" a una ciudad amiga del
progreso que lo asimiló plausiblemente.
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Construcción de la catedral
de Villanueva. Fotografía de Melitón Rodríguez.
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Pese a vivir en estos lugares sólo
cinco años como se anunció de antemano en el contrato , su legado fue
proyectado en el tiempo por los numerosos discípulos y alarifes que educó en su
estancia, y que plasmaron el sello de este buen arquitecto en la ciudad pujante, y en su
memoria el orgullo de la solemnidad de sus obras.
Monsieur Carré, como se le conoció, fue
tema, nueva y tristemente, a causa de su inesperada muerte ocurrida en 1909, de las
páginas de los diarios locales, quince años después de su partida de la ciudad de
Medellín, que en todo momento profesó respeto y admiración y a quien "se le debe
[...] el habernos mostrado que [...] el ladrillo cocido no es piedra [...], que cualquier
barro cocido no es ladrillo y [...] que en artes de construir no es el renacimiento ni la
última ni la mejor de las palabras"
2
.
A continuación hacemos una relación
cronológica de las obras de Charles Carré en Antioquia:
CATEDRAL METROPOLITANA (1874-1924)
Un monumento que transmita a las
futuras generaciones la memoria de nuestra religiosidad y piedad a la par que un ornato
digno de esta ciudad, símbolo de su progreso y prueba de su cristiana ilustración
3
.
Fue así como, en marzo del año 1871,
manifestaba el obispo encargado de iniciar los trabajos de este templo, luego de una ágil
consecución de terrenos, de la organización de una junta administradora y de crear en el
ambiente de la ciudad el suficiente estupor que la obra, sin duda, habría de merecer. La
organización del edificio más importante de la ciudad naciente de entonces incluyó la
"consecución de una máquina exclusiva para fabricar ladrillo y teja
4
" y "de un constructor arquitecto capacitado para el efecto
[...] en el país o fuera de él". Tres años después, el 14 de agosto de 1874,
llegó el italiano Felipe Crosti para responder al requerimiento mencionado.
El 17 de mayo de 1875 se comenzaron los
trabajos de un templo cuya memoria sería bochornosa para su autor; las proporciones del
primer diseño son casi imposibles de descubrir, pues fue desechado por descomunal,
mientras el segundo su frontis y acceso llegaba hasta la mitad de la plaza
de Villanueva donde hoy se erige la estatua del Libertador. Para fortuna del actual templo
orgullo antioqueño , esta segunda propuesta fue detenida por perturbación
del orden público antes que su volumen superara el nivel del suelo.
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Arcada principal de la
catedral de Villanueva. Fotografía de Melitón Rodríguez
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Años más tarde, la llegada del
nuevo obispo a la diócesis de la ciudad el reconocido monseñor Bernardo Herrera
Restrepo cambió el rumbo del edificio. Este obispo, basado en su experiencia
cultural, cuestionó la eficiencia de los planos, asesorándose de los arquitectos Mariano
Santamaría y A.L. Douillard, el obispo de París, quienes, por separado, coincidieron en
la imposibilidad de terminar los planos en lar condiciones establecidas. Y, como ya se
dijo, el obispo francés propuso al colombiano el envío de un encargado idóneo, de lo
cual resultó la llegada de Carré a nuestro territorio.
La primera propuesta, preparada desde
Francia, fue concluida en Medellín, en el seminario de la ciudad, donde el arquitecto
ubicó su estudio y residencia.
El diseño final, ultimado con la ayuda
del libro Églises de bourgs et villages, fue aprobado por los interesados el 19 de
enero de 1890. Éstos, a su vez, consiguieron el apoyo económico de toda Antioquia y
hasta del viejo Caldas. Al momento de partir Carré, en junio de 1894, dejó gran parte de
las arcadas centrales y de la sacristía (que en el último período le sirvió de
estudio), los planos y las suficientes directrices a los constructores empleados para dar
buen fin al edificio, como sucedió. La obra negra fue concluida en 1917, y el 24 de mayo
se celebró la primera misa pontifical. Dos años más tarde, se gestarían los últimos
detalles de la iglesia, bajo la dirección del arquitecto salesiano Giovanni Buscaglioni,
autor, entre otros ornamentos, del imponente baldaquino que sumaría otro destello a esta
joya arquitectónica.
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Costado
occidental de la catedral de Villanueva.
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Fachada principal del
Mercado cubierto de Guayaquil. Fotografía de Melitón Rodríguez, 1895.
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Edificio Comercial Vicente
B. Villa e Hijos. Fotografía de Melitón Rodríguez.
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La obra, acompañada de una valiosa controversia suscitada por el temor absurdo de su
desplome, fue inaugurada el 11 de marzo de 1924. Cuatro años más tarde, tuvo lugar un
incendio en el crucero de la iglesia, y en 1925 fue desviado el cauce de la quebrada La
Loca, que pasaba bajo sus cimientos. El 9 de abril de 1948 le fue concedido el título de
basílica, hecho que proclamó el 13 de agosto del mismo año.
Fue así como la catedral de Villanueva
(como popularmente se la llamó) se convirtió en la materialización del sueño paisa de
ver representada su ferviente fe y su empuje con un notable edificio que dominaría por
muchos años los cielos antioqueños.
IGLESIA DE SAN JOSE (1874-1901)
(MARINILLA [ANTIOQUIA])
Hacia 1650 existió en el valle de San
José una ermita construida de bahareque, la primera de que se tenga noticia. En 1662 fue
reedificada y en 1664 reformada.
Para 1750 se reemplazó por un templo de
tapia en el lugar que hoy ocupa la iglesia, en terrenos donados por un parroquiano que
puso como condición que fuera dedicada a san José. En 1802 se reconstruyó el templo en
adobe, tapia y teja, y en 1874, aprovechando la estadía en Antioquia del tristemente
célebre Felipe Crosti, se reformó la iglesia. La propuesta del italiano incluía un
esquema de cinco naves, frontis con dos torres laterales unidas por un pórtico con
balaustrada y una cúpula de cobre.
En 1891, ante la necesidad de reparar el
frontis que amenazaba desplomarse, el obispo de Medellín envía a Ch. E. Carré. Éste,
después de haber analizado el estado de la obra, propuso reducir el templo de cinco a
tres naves, rediseñó el frontis con una sola torre, que parte de la nave central
enmarcando el acceso principal, y cambió la cúpula ya vencida por una sutil aguja de
ladrillo.
Desde la concepción del templo, Carré
definió el acabado de éste en pañete y con paredes blanqueadas, por lo cual este
edificio no cuenta con el manejo detallado y artístico del ladrillo, propio de la obra
del extranjero. A excepción de la aguja de ladrillo en el crucero de la iglesia, ésta se
conserva hoy como el arquitecto la creó, siendo el orgullo y símbolo de este pueblo en
el oriente antioqueño.
TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
(CATEDRAL DE GIRARDOTA) (1890-1922)
Fue edificado en terrenos donados en 1880
ante la necesidad de un templo que albergase al gran número de peregrinos que rendían
culto a la imagen del Señor caído.
El señor obispo de la diócesis de
Medellín, que ya conocía el trabajo del arquitecto francés, por las obras de la
catedral de Villanueva, lo contrata para que realice los planos de esta nueva iglesia.
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Fachada principal de la
Catedral de Girardota; nótense las reformas en el atrio principal.
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El 10 de marzo de 1890 se iniciaron
labores; para 1902 se realizaron los cimientos y se comenzaron a construir los muros; y en
1907 se logró ofrecer culto en el interior de la iglesia, que se trasladó
definitivamente en 1910. En 1918, el señor obispo afirmó que el templo estaba a punto de
concluirse y cuatro años después ordenó la consecución de vitrales y órgano, pues ya
contaba con gran parte de la ornamentación; le siguieron a este hecho la consecución de
campanas y adornos de mármol que prácticamente dejaron concluida la catedral.
Se realizaron dos intervenciones en el
templo. La primera de ellas consistió en cubrir el artesonado del techo con cielo raso de
latón troquelado, decorado con colores locales. A raíz de un temblor de tierra en 1979,
la iglesia sufrió serias averías. Entonces fue sometida a reparaciones que incluyeron el
amarre de toda su estructura con hormigón armado, intervención que duró siete años y
que la dejaron con el aspecto que hoy presenta.
PALACIO AMADOR (1892-1972) (DEMOLIDO)
Arquitectura: entra la ciudad en la
vía del embellecimiento, indudablemente; y como el natural no es de los peores, con poco
tendrá para ser una segunda Florencia, una segunda Milán
5
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Palacio Amador: aspecto
original según diseño de Ch. Carré (Tomada de Excursiones presidenciales de P.A.
Pedraza, 1908).
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El Medellín del último decenio
del siglo pasado presentaba una silueta de edificios de carácter austero, poco valorados
entre la sociedad de ese tiempo. Nació, entonces, la idea de convertir la tradicional
villa blanca en un ciudad que desarrollase el sentir estético moderno.
Fue así como, alrededor de 1891, la
ciudad "se vería engalanada con las quintas que en el paseo de la playa se habían
construido
6
; [...] incluyéndose entre éstas el palacete del
señor José María Amador, contratado por su padre con el extranjero Carré, del que de
antemano se decía tenía condiciones artísticas propias de los campos Elíseos".
Terminado en ladrillo rojo y con dos
fachadas lisas; simetría estricta, porche levantado, arcos rebajados, esquinas ochavadas,
y una fina filigrana en acabados y omamentos, resumían la propuesta del joven extranjero
Carré, que comenzaba a forjar su exitoso camino, enseñando a la ciudad un nuevo estilo.
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El palacio Amador ya
revocado tapando el ladrillo (Fotografía de Melitón Rodríguez).
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Ante la muerte repentina de su
dueño, esta obra fue adquirida por la curia, y desde entonces se llamó Palacio
Arzobispal. Bajo esta administración, su fachada fue sometida a las "bondades"
del revoque en el segundo decenio del naciente siglo.
Entre 1925 y 1931 tuvo lugar una última
intervención, en la que las esquinas del inmueble enfatizarían la fachada hacia la
quebrada con sendos bonetes, corona de dos torres proyectadas al exterior.
La modernidad antioqueña le fue llegando
al Palacio Arzobispal, con la transformación que ésta supone. Luego de numerosos
acreedores y de perder sus singulares cúpulas, pasó a ser recuerdo, sin argumento
lógico alguno:
Aquel que otrora fuese página
obligada de todas las guías turísticas de la Bella Villa, terminó siendo el espacio
físico del sólido y gigantesco edificio Vicente Uribe Rendón
7
.
QUIOSCO
MIRAFLORES (1892)
En la hacienda Miraflores, antes
Salina de la "Bocana"; [
], localizada en la margen izquierda de la
quebrada Santa Elena, en el perímetro del valle [
] y en las estribaciones de sus
montañas orientales [
] se levantó un mirador entre los jardines, en torno
inmediato de esta casa de recreo
8
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Quiosco mirador, Finca
Miraflores. Fotografía de Francisco Mejía, 1934.
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El año 1892 fue en el que
Carré aportó este pequeño edificio, más definido por los gustos del contratante que
por la madurez estética del proyectista: dibujó un cuadrado y un octágono en primer y
segundo nivel, para coronar con una pirámide, que a su vez lo fue con una veleta en forma
de águila. Centrada en cada cara del octágono, hubo una ventana en forma de círculo o
cuadro alternados; en las canoas y en cada vértice del mismo fue el remate un puntal por
cada uno. Estuvo terminado con la baranda que, diferente en cada piso, en cada lado se
distinguía de su vecina. Este estilo diverso incluía bastantes más detalles.
La suerte de esta particular obra
después de pasar por no pocos dueños, entre los que se cuenta la primaria de un colegio
jesuita, fue su desaparición.
EDIFICIO
COMERCIAL (1892)
Edificio comercial: con este nombre se
acaba de inaugurar en la calle Colombia un hermoso edificio de tres pisos, con todos los
adelantos modernos [
] estará asistido por un portero de notoria probidad y buena
conducta, que velará día y noche por la seguridad. Los que necesiten locales pueden
entenderse con los señores Vicente B. Villa e hijos
9
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Edificio Comercial Plaza de
las Flores. Fotografía de Melitón Rodríguez.
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Este lote entre medianeros se
localizó en el centro comercial de la ciudad y tuvo la primera idea que ya caracterizaba
las decisiones del francés: simetría reforzada, vanos detallados y acceso en cuya clave
marcaría las letras que nombrarían el inmueble. Fue en esta expresión donde el
arquitecto europeo dio comienzo a la síntesis estilística que incorporó el pasado
antioqueño, pues incluyó revoques, detalles y aleros típicos del legado paisa.
Poco fue el tiempo, sin embargo, que se
pudo disfrutar de esta obra, pues fue la primera en caer en las manos de los ensanches
viales.
MERCADO CUBIERTO DE GUAYAQUIL (1892-1894)
(DEMOLIDO)
El Mercado Cubierto de Flores fue un
fracaso, por múltiples razones, lo que obligó al consejo municipal a abrir una nueva
licitación, el 25 de abril de 1892, para la construcción de uno nuevo. A ella se
presentaron dos propuestas de reconocidos comerciantes locales: Charles Petin, quien
presentó un proyecto al norte de la ciudad, basado en una gran estructura de hierro
forrada en cristal al estilo de la vanguardia europea, y Carlos C. Amador, quien localizó
la propuesta en su finca de Guayaquil, al sur para lo cual contrató como arquitecto al ya
afamado extranjero Charles Carré.
Después de duros debates, se comunicó
la decisión, el 17 de junio de 1892, en favor del proyecto presentado por Amador,
prefiriendo "la construcción más sólida y elegante"
10
.
No había corrido un mes de haber sido
adjudicado el contrato, cuando ya se había colocado la primera piedra, en junio de 1892.
Para su ejecución, Amador creó una
empresa dedicada exclusivamente al desarrollo del proyecto, una junta administradora, un
tranvía para cargar materiales y un tejar para su entera disposición. Con sólo cinco
meses de trabajo, ya la estructura estaba prácticamente concluida y se comenzaban los
detalles de ornamentación. La obra era, por su gran tamaño, tema obligado en las
tertulias locales. Con la plaza, Amador desarrolló todo el sector de Guayaquil, vendiendo
lotes a acaudalados comerciantes, que confiaban en el éxito de sus empresas.
Los 9.847 metros cuadrados estaban
delimitados por un muro de cal y ladrillo fundado en piedra, y descansaban sobre él
verjas de hierro y madera. El interior estuvo compuesto por cinco galerías de oriente y
occidente y tres de norte a sur conformándose, al cruzarse, ocho patios. En todo el
centro de la plaza, el cruce de las dos galerías principales poseyó un gran quiosco de
hierro y un camino, dotados de sillas para el descanso. Para el ingreso existieron 31
puertas, ocho de ellas para la entrada de las bestias, y una gran puerta metálica para el
acceso principal. El piso, pavimentado con pequeñas piedras, tuvo un diseño geométrico
que facilitaba la ubicación de los puestos de venta.
El edificio formaba parte de un generoso
planteamiento vial que comunicaba la plaza con la alejada ciudad. En su fachada oriental
existió, justo en el centro, el gran acceso con un frontis estilo neoclásico, frente al
cual se proyectó una plazoleta de acceso que nunca se realizó.
En tan sólo un año de uso, la plaza se
transformó en una "cocina emanadora de humo"
11
,
completamente invadida por muebles de madera que alteraron sus facultades de ventilación,
iluminación y amplitud, situación que nunca cambio.
Con menos de dos años de construcción,
fue inaugurada el 27 de junio de 1894. En 1919 Carlos Amador vendió el edificio al
municipio, que se hace cargo de la plaza desde entonces.
En la década de los 30, sufre
transformaciones que cambiaron definitivamente su apariencia. Tras la reconstrucción,
después de un voraz incendio, se decide cubrir los ocho patios, habilitando cuatro nuevas
galerías. Además, en el exterior le fueron reemplazados el alero antioqueño por una
marquesina y un ático, el frontis fue transformado, y en las esquinas se construyeron
desacertados torreones, alterando por completo la imagen del edificio.
A raíz del plan piloto para Medellín
(1952) que propuso la reorganización de la ciudad, la administración municipal se vio en
la difícil tarea de retirar la plaza del sector. Un sospechoso incendio, el 7 de abril de
1968, destruyó gran parte de ésta y dio comienzo al lento desalojo que traería como
consecuencia la triste y ruinosa apariencia actual del edificio, desapareciendo así, para
las nuevas generaciones, el vestigio del edificio civil más grande construido en
Medellín por Charles Carré.
TEMPLO
DE SAN JOSÉ (1893)
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Frontis de la catedral de
Villanueva (Tomada de: Álbum de Medellín, para el 20 de julio de 1910).
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El primer templo localizado allí
fue una pequeña iglesia pajiza, dedicada a san Lorenzo y posiblemente la primera en el
valle de Aburrá. En 1845 ésta fue reemplazada por un templo más sólido, obra iniciada
por los padres jesuitas, quienes, a causa de su expulsión, debieron abandonarla
dejándola inconclusa. En 1892 se revisó y fue indispensable demoler la armazón de los
techos; una junta reunida el 7 de junio de 1893 dispuso llevar a cabo la obra. Para su
reconstrucción, una vez más el señor obispo solicitó al arquitecto Ch. E. Carré que
realizara la obra dejando de lado por unos días los trabajos de la catedral. En junio se
dio comienzo a los trabajos, y a éstos se le sumo el reemplazo de las columnas y la
elevación de los muros laterales.
El 7 de agosto de 1896 se comenzó la
construcción del actual frontis, obra del padre salesiano Félix Pereira, arquitecto
nicaragüense, quien lo diseñó aprovechando detalles y molduras proyectadas
anteriormente por Carré para los edificios Carré y Vásquez. Las reformas realizadas por
Carré fueron transformadas más adelante entre 1920 y 1928 por el arquitecto belga
Agustín Goovaerts quien dejó la iglesia con la imagen que se conserva hoy.
EDIFICIOS CARRÉ Y VASQUEZ (1895-1906)
Como complemento al mercado cubierto de
Guayaquil, C.C. Amador vendió una serie de lotes de su finca aledaños a la plaza, dos de
los cuales fueron adquiridos por el señor Eduardo Vásquez el 22 de febrero de 1893, el
primero de 1.560 varas cuadradas y el segundo de 1.564.
Aprovechando la estadía de Carré en la
ciudad, es contratado para que realice en esos lotes grandes edificios complementarios a
la plaza, con usos, características físicas y sistema constructivo similares, con la
sola diferencia de algunos detalles de ornato.
Edificio Carré: Fue el primero en
construirse y contó por escasos meses con la dirección de su arquitecto proyectista.
Concluido en el siglo pasado e inicialmente reconocido como el más alto de la época, es
la síntesis parcial que el arquitecto hace de los conceptos locales (patio central
descubierto, aleros, balcones y corredores de chambrana). Posee, además, un sistema
estructural de gran similitud con el de los secaderos de café en las haciendas
antioqueñas.
A causa de la crisis económica mundial,
el local debió arrendarse a una clientela cuestionable, que le ocasionó notorio
deterioro; tanto, que para 1916 se encontraba inhabilitado. Tras las reparaciones, el
edificio fue dividido en ocho casas, cuatro por piso, y se le adicionó en el portón
principal el nombre, Edificio Carré, en letras de cemento.
Ninguno de estos esfuerzos logró que el
edificio albergara una actividad digna, pues fue sitio de inquilinatos, burdeles y casas
de juego, y atrajo a personajes amigos del vandalismo. Por último, en la década de los
30, se produjo un incendio que dejó la obra en estado lamentable. Y en la década de los
60 fue clausurado el tercer piso debido a problemas de salubridad no resueltos. Su uso
degradante permanece hasta nuestros días.
Edificio Vásquez: Construido por
maestros educados por Carré, se comenzó a edificar a fines del siglo pasado. Aunque el
lote, los materiales, la función y el número de pisos son prácticamente iguales a los
del Carré, lo cual lo hace ver como el mellizo de éste, fue concebido de modo diferente:
tendencia a lo republicano con influencia neoclasicista francesa, evidenciada por el muro
ático, los sillares (de mampostería), el patio cubierto y, por último, la eliminación
de los balcones, lo que deja plana su fachada.
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Edificio Vásquez, reformado
y reconstruido después del incendio de 1912. ca 1920.
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Concluido a principios del siglo,
se incendia en 1906 y prácticamente queda en ruinas; por esto, y por mucho tiempo, se le
conoció como "el quemao".
Lo reconstruyó Dionisio Lalinde entre
1912 y 1917, conservando su diseño original. Su fachada se cubrió de ladrillo rojo con
un parcial revoque. Y se le sumaron las letras Edificio Vásquez.
Tuvo los mismos problemas que cayeron
sobre el edificio Carré, lo que motivó a don Eduardo Vásquez a venderlo en 1925.
Pasando más tarde por varios dueños, cambios que no beneficiaron al edificio, pues su
tradicional uso perdura hoy, igual que el interés teórico de rescatarlo.
CASA
DE EJERCICIOS ESPIRITUALES DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAUL (1895-1901)
(DEMOLIDA)
En marzo de 1889, la Sociedad de san
Vicente de Paúl comenzó con los ejercicios espirituales que a su juicio la ciudad
necesitaba. En vista de la ausencia de un sitio especializado para ejercer esta función,
dio comienzo a la campaña de conseguir fondos para edificar la sede de esta actividad.
La iniciativa toma forma el 19 de junio
de 1889, cuando el obispo de entonces dona un terreno aparentemente inservible, detrás de
la catedral de Villanueva para que se construya la casa. Para la elaboración de los
planos se contrata al arquitecto francés, que por aquel entonces estaba a disposición de
la diócesis. Éste concibió un proyecto de características muy austeras y con un fiel
lenguaje local.
Esta casa fue un conjunto rodeado por
muros de tapia, que la independizaban por completo del exterior. Estaba dotada de
generosos jardines en el interior, que dividían el edificio en galerías, todo esto en
beneficio de su función. Se accedía a través de un delicado portón de ladrillo. Era de
aspecto sencillo, con muros blanqueados, corredores y aleros. Fue inaugurada en 1901 y
dada al servicio de inmediato.
El rápido crecimiento de la ciudad
absorbió la casa incluyéndola dentro del perímetro urbano y más adelante en el propio
centro. Este desarrollo desenfrenado quiso ser corregido por el plan piloto para
Medellín, que entre otras de sus recomendaciones proyectó el planteamiento vial que
trajo consigo la avenida Oriental.
El 27 de agosto de 1975, entre clérigos
y municipio se cierra el negocio de venta del lote, para dar paso a los diez carriles de
esta avenida, lo cual constituye el fin útil de esta casa, última de las obras de
Charles E. Carré demolidas.
CASA DEL PADRE ENRIQUE URIBE (1895-1900)
(DEMOLIDA)
Se localiza en el paseo La Playa en la
esquina noroccidental con la carrera Sucre, y fue construida a partir de 1895 por encargo
de don Alejandro Angel.
Al igual que la mayoría de las quintas
de La Playa, estaba antecedida por un generoso antejardín limitado por una verja de
hierro y ladrillo; desarrollaba en un solo piso detalles interiores de fina factura y,
junto con el edificio Gonzalo Mejía (teatro Junín), constituían las dos únicas
fachadas de esta gran manzana que daba al malecón de La Playa.
Pasado el siglo fue adquirida por el
presbítero Enrique Uribe, quien, por habitarla largo tiempo, hizo que así se reconociera
popularmente.
A causa de la afanosa modernidad, esta
casa engrosó la lista de obras Carré demolidas: en 1956, permitió observar un predio
fraccionado en varios locales, unificado más tarde por el elegante edificio La Ceiba,
construido a finales de la década de los 60 y pieza clave en la arquitectura
contemporánea local.
CASA
BARRIENTOS (1895-1900)
Construida con posterioridad a la partida
de Carré para Francia, se alzó esta quinta en el costado izquierdo del arroyo Santa
Elena, dentro del ya famoso paseo La Playa haciéndole compañía a otras quintas unas
diseñadas por él y otras de arquitectos locales.
Carré dejó indicado en los planos que
se debía construir con los materiales de la región de la más alta calidad y, en lo
posible, importar exquisitos accesorios para decorarla.
Estaba constituida por espacios generosos
los cuales se forraron con finos papeles, entre los cuales el más destacado era el gran
salón del segundo piso, donde se realizaron concurridas reuniones de la alta sociedad
medellinense.
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La torre de la casa
Barrientos muestra los detalles; calados, vitrales, hierro forjado, molduras y mosaicos.
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Fachada
principal de la Casa Barrientos, aspecto actual.
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Hoy, presentando alto
grado de deterioro, es la única pieza viva de este famoso paseo y una de las muy pocas de
aquella floreciente época que aún se conservan en la ciudad.
EDIFICIO COMERCIAL CONTIGUO A LA PLAZA DE
FLORES (1895-1900)
Cuando se inauguró la plaza de Flores,
en 1891, se desarrollaba urbanísticamente todo este sector de la ciudad, formándose
numerosos nuevos barrios. Estos dos hechos convierten el sector en un temporal centro de
comercio, motivando a sus vecinos a darle carácter y prestigio.
El edificio comercial nace como resultado
de estas dos circunstancias. Al parecer, se aprovecharon las estructuras existentes
casas de estilo antioqueño , dándoles unidad y elegancia por medio de la fachada
principal. Con pocos detalles y utilizando elementos locales de arquitectura, Carré
diseña un edificio sobrio y sencillo, demostrando con ello la habilidad y el virtuosismo
para solucionar, con diferentes opciones sus diferentes proyectos. Como función, se
destinó el primer piso al comercio y el segundo a vivienda.
En vista del fracaso comercial del
sector, éste evolucionó permitiendo una bondadosa mezcla de usos que garantizó la
permanencia en el tiempo del Edificio comercial Plaza de Flores.
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