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La
vida cotidiana vuelta cuentos
Historia de vecinos
Sergio Viera
Editorial JJW. Medellín, 1984
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Son cuentos divididos en tres partes
claramente diferentes y con un elemento común: se deben leer de una sentada, porque son
sencillos, porque nos son familiares, porque tienen vida, hasta en su diversidad misma,
pues por momentos llega uno a preguntarse como un mismo autor pudo haber escrito
materiales tan distintos. Eso sólo los une: el autor.
El primer bloque, Historia de vecinos, lo componen ocho cuentos que se meten sin
pudor en la cama, en el mal aliento, en el camisón roto, en un amor de buseta, en un
deseo inconfeso. Son relatos donde no hay superhombres vencedores de batallas, ni héroes
enigmáticos que son por sí solos una novela. Aquí los personajes son hijos de vecinos.
Cualquier Pedro Pérez que protagoniza el drama más universal y más encarnado: librar la
batalla cotidiana del afecto y el miedo.
Con precisión milimétrica, Sergio Viera, logra detenerse en esos resquicios de la
realidad que permiten ver en su dimensión exacta los oscuros y revueltos personajes que
la protagonizan. Y lo hace sin pretensiones. Con la seguridad que da el hablar en
términos conocidos, moviéndose en el espacio urbano con la experiencia de quien lo
maneja. Descubriendo aquí una historia de amor que duró diez minutos y allá un en
cuentro inesperado, montar en bus y comer hamburguesas o reírse de estupideces o hacer
declaraciones amorosas. Todo como sucede de verdad, sin quitarle ni ponerle. Eso es
justamente lo que se roba al lector en esos ocho cuentos que empiezan de pronto y terminan
un ratico después, sin que pase nada grave, pero dejando el sabor entre dulce y amargo de
las cosas conocidas.
En las Fábulas y alegorías el tono cambia y uno salta de la alcoba al castillo.
Los ambientes se tapizan de turquesas, los espacios se llenan de emperadores y los
diálogos se vuelven contundentes como enseñanzas del Corán. Y si el espacio vuelve a
ser la ciudad, los argumentos se tornan oscuros, los personajes silenciosos y extraños.
Se encuentran saurios recorriendo las venas, reflexiones sobre los edificios, biografías
fantásticas y niños solitarios.
Sergio Viera se vale de los espacios físicos del texto y los utiliza como significantes.
Intercala poemas, se detiene en particularidades como retractando las escenas. Dejando
escurrir por las rendijas de lo descrito reflexiones interiores hechas con "minucioso
bisturí", diálogos solitarios y recurrentes que hacen al lector encontrarse de
frente, otra vez, con la propia historia. De nuevo verse ahí, en esa fantasía que
empieza teniendo visos de situación conocida y termina pareciéndose con impudor a la
cotidianidad.
Hablar ahora de
mi sueño vivo en un lugar sin vivos regresando a la noche para perseguir una substancia
que caliente mi sangre, que alimente un músculo, que se niegue a caminar en esta ciudad,
que presione los nervios a excitarse, a recordar un lugar menos quemado (pág. 132).
Cuando se termina esta serie de otros
ocho cuentos, uno pasa la hoja y se encuentra una cita de Octavio Paz y cuatro frases una
debajo de la otra que dicen: Oh Freud - Oh Freud - Oh Freud- Oh Freud, y lo que
sigue es justamente eso, un lamento, un ay por un interior atormentado, un quejido por
cada cosa que define la precariedad de lo humano, por cada situación que nos recuerda
nuestra circunstancia. Con expresiones finas, se habla del amor, del odio y de la muerte.
Se evocan los olores, los recuerdos, las infantiles nostalgias. En cada página hay tres o
cuatro renglones que empiezan sin mayúscula y terminan sin punto. Tan redondas, tan
perfectas, tan universales como esta:
amor
soñé que te asesinaba amor (pág. 158)
Tal vez lo más revelador para
reseñar, no es que el escritor sea un estudiante de medicina, que participó en el taller
de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín y que con sólo 25 años tiene tres premios
a cuestas y un segundo libro en la imprenta, y que Historias de vecinos fue premio
nacional de libros de cuentos Jorge Gaitán Durán en 1983. Lo que realmente lo define es
lo que alguien anotaba como el secreto para escribir: Sergio Viera ha conseguido un tono
para contar hasta aquello de lo que uno se avergüenza.
ÁNGELA MARÍA PÉREZ
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