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La humanidad, el periódico obrero de los años veinte
MAURICIO ARCHILA N.
Profesor asistente, departamento de historia, Universidad Nacional.
TABLA DE CONTENIDO
CAMBIOS EN EL OBRERISMO,
ANTICIPAN LOS POLITICOS
LOS PROBLEMAS PRÁCTICOS DE UNA
PERSONA OBRERA
POR LA CREACION DE UNA
CONTRACULTURA OBRERA
LA CONFIANZA EN LA RAZON Y LA
FE EN EL PROGRESO
EL
ALCOHOLISMO ADORMECE AL PUEBLO
LA
CONTINUIDAD ENTRE EL "CRISTIANISMO PURO" Y EL SOCIALISMO
LA
CLASE OBRERA BUSCA SU INDEPENDENCIA POLITICA
LA
MUJER DOBLEMENTE TIRANIZADA, DOBLEMENTE REBELDE
COLABORADORES
DE LA HUMANIDAD
Nuestra Bandera es la
Humanidad. Limpios de odios bajuno Y muy libres de Prejuicios atávicos, tenemos la
filosofía de Cristo en el apostolado y también el gesto vindicador de Bakunin. Somos del
espíritu de Kempis frente a los débiles y hambrientos (...). Luchamos por los tristes y
los pobres porque, bebimos el agua de la justicia e la fuente viva de León Tolstói
(...).
Hemos renunciado a nuestra herencia
política para servir el evangelio de la Humanidad: todos los trabajadores son nuestros
hermanos; queremos que todos los hombres trabajen para que ninguno deje de ser hermano
nuestro; queremos que lo, hombres sean libres, pero antes queremos que se eduquen, que
piensen, porque nunca es libre el hombre que no piensa. (Primer editorial de La
Humanidad [16, IV, 19251]).
El 16 DE MAYO de 1925, un tipógrafo de
Cali, Ignacio Torres Giraldo, junto con un grupo de intelectuales, artesanos y obreros,
casi todos integrantes de la Cooperativa Obrera de Producción y Consumo de la ciudad,
inició La Humanidad, que habría de publicarse semanalmente hasta 1928, cuando pretendió
aparecer díariamente, constituyéndose en apoyo fundamental del proceso social vivido por
el mundo obrero en la década del veinte, concomitante con el fuerte avance que conoció
entonces la economía nacional
1
.
Por aquella época soplaban vientos
renovadores para la clase obrera colombiana. El general Pedro Nel Ospina culminaba su
período presidencial con los mayores índices de crecimiento económico registrados hasta
ese entonces en el país. Los buenos precios del café, junto con la afluencia de
capitales externos invertidos en obras públicas, conformarían la bonanza económica
conocida luego como "la danza de los millones"
2
. La inflación galopante que presenciaba el país exigía
de los asalariados la defensa de sus ingresos. Núcleos de la naciente clase obrera
consolidaban lentamente su organización gremial, a la par que comenzaban a exigir la
constitución de un partido independiente.
CAMBIOS EN EL OBRERISMO,
ANTICIPAN LOS POLÍTICOS
En julio de 1924 se habían reunido
simultáneamente en Bogotá el Primer Congreso Obrero y la Conferencia Socialista
Nacional. En aquel, surgió la necesidad de una organización nacional para la defensa
gremial del "obrerismo". De la segunda salieron resultados menos concretos, pues
la división entre los socialistas moderados y el naciente núcleo comunista agrupado en
torno a Luis Tejada dio al traste con la pretensión de formar una agrupación obrera
independiente. Al año siguiente, en el Segundo Congreso Obrero (julio de 1925), se
concretaría el primer anhelo de estos núcleos de trabajadores: conformar la
Confederación Obrera Nacional (CON), tarea en la cual La Humanidad pondría gran empeño.
No es extraño, por tanto, que Torres Giraldo haya sido nombrado secretario de la naciente
confederación, y que La Humanidad fuese designada su órgano oficial.
"No hace aún un año -decía en
1925 Evaristo Priftis, en una colaboración para el periódico- que empezó la evolución
radical del obrerismo en Colombia y, sin embargo, en tan corto tiempo, las ideas
libertarlas se han formado por Completo"
3
.
La fundación del partido obrero tardaría otro año más. A fines de 1926, durante el
Tercer Congreso Obrero, se organizó el partido socialista revolucionario (PSR), del cual
Ignacio Torres y su grupo de colaboradores serían prestantes figuras.
No fue, pues, La Humanidad un órgano insignificante en la formación de una cultura
obrera de los años veinte. Desde sus páginas se libraron importantes batallas en defensa
del ideario socialista. Este núcleo caleño, junto con otros de Bogotá, Barrancabermeja
y el río Magdalena, eran la avanzada de la clase obrera del momento.
La Humanidad pretendía ser más un
periódico político que uno simplemente descriptivo de la situación obrero-artesanal. En
este sentido no fue un periódico típicamente "obrero". Por ello en sus
páginas tuvieron cabida ciertos intelectuales de la época. Sin embargo, era una
expresión de la prensa obrera, no sólo por su intencionalidad política, sino porque el
grueso de sus colaboradores lo constituían trabajadores manuales, proletarios o en vías
de proletarización. "Los redactores de planta de La Humanidad - diría
posteriormente Torres Giraldo- éramos todos trabajadores manuales(...). He aquí esa
redacción: Enrique Ramírez, albañil de Cali; Agustín Morales, sastre de Buenaventura;
Julio Jiménez, carpintero de Palmira; Miguel Ángel Quintero, sastre de Pradera; y
Lisímaco Espinosa y Eloy Figueroa, dos campesinos aparceros también del municipio de
Pradera. Desde luego, el fuerte del periódico estuvo en el ferrocarril del Pacífico, de
donde se nutría con materiales de escritores permanentes que no firmaban sus producciones
o lo hacían con nombres opuestos
.
4
LOS PROBLEMAS PRÁCTICOS DE UNA PRENSA OBRERA
La tarea más ardua en la gestación de
La Humanidad no fue la búsqueda de colaboradores: intelectuales y obreros de Cali, como
también corresponsales en las ciudades y poblaciones vecinas, espontáneamente se
ofrecieron a apoyar el periódico. Las dificultades reales yacían en la falta de
financiamiento y en el aislamiento político del núcleo de dirección. El costo del
periódico entre 1925 y 1927 fue de cinco centavos, que era el costo normal de la prensa
en ese momento. La Humanidad contó con pocas propagandas -más que todo de cooperativas
obreras y pequeños comerciantes, salvo las de gaseosas Postobón-. Por ello, debía
ahorrar al máximo en espacio, publicando pocas fotos, por ejemplo. Como no se pudieron
contratar servicios telegráficos nacionales e internacionales, el periódico informaba
poco, dedicándose más bien al análisis crítico de noticias ya publicadas por la gran
prensa.
Desde un principio La Humanidad
pretendió romper el regionalismo proyectándose en una perspectiva nacional. Al lado de
esta tendencia, se observa su universalidad evidenciada desde su mismo nombre. Citas de
Víctor Hugo, Schiller y Voltaire formaban parte del cabezote. Permanentemente aparecían
cuentos de Anatole France, León Tolstói y Máximo Gorki; poemas de Víctor Hugo, piezas
cortas de Cervantes y Shakespeare, y referencias a textos de Tomás Moro, Bossuet, Tomás
de Aquino, Proudhon, Kropotkin, León XIII,
Marx. No se defendía a ultranza la
cultura europea, pero sí un uso de ella acorde con el ideario socialista predicado por el
periódico. Otro tanto puede decirse sobre las expresiones culturales colombianas. No
faltaron en las páginas de La Humanidad poemas de Guillermo Valencia y Julio Flórez, por
ejemplo, o textos de Miguel Antonio Caro o Rafael Núñez, para no mencionar sino unos
pocos.
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Ignacio
torres Giraldo fue reclutado en 1925, apesar de tener hijos "y con más enredos que
un colchón de crín". En el cuartel lo reseñaron, le tomaron esta foto y se
dedicó a hacer propaganda socialista entre los soldados. Lo declararón inhábil
esa misma noche.
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Constante
colaboradora de la Humanidad y activistas socialista, fue designada María Cano "Flor
del trabajo" en Antioquia
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POR LA CREACIÓN DE UNA CONTRACULTURA
OBRERA
Ahora bien, la intención de los
orientadores de La Humanidad no era sacar a luz un órgano publicitario de los valores
culturales dominantes, sino aportar elementos para elaborar una contracultura que fuese
expresión del movimiento obrero, en vías de organizarse. Se han agrupado dichos
elementos en cinco aspectos principales: su confianza en la razón y en el progreso; su
lucha contra el alcoholismo, visto como el gran obstáculo para la emancipación del
pueblo; su concepción religiosa que oscilaba entre el rescate de un cristianismo
"puro" y el establecimiento de formas de religión laica; un discurso
ideológico pluralista que sustentaba la necesidad de la independencia política de la
clase obrera; y algunas consideraciones contradictorias sobre el papel de la mujer en la
sociedad.
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El periódico
no solo pronunciaba publicidad sino que invitaba gente a colaborar
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LA CONFIANZA EN LA RAZÓN Y LA FE EN EL PROGRESO
La Humanidad aceptaba cierta concepción
de la ciencia como construcción neutra de la humanidad, en su avance inexorable hacia el
progreso. La ciencia contribuía a desmitificar lo que antes se consideraba fenómenos
sobrenaturales, como sucedió en el caso del terremoto de Manizales en junio de 1925 (20,
VI, 1925)
*
. Consideraba que la
ciencia era una herramienta útil para el avance de la causa obrera. Era tal la
importancia que se le veía a la ciencia, y a la técnica derivada de esta, que se
intentó, sin mucho éxito, establecer una sección especial dedicada a divulgar avances
científicos y técnicos a partir del número 18 (12, IX,
1925).
La concepción básica que se entreveía
en sus páginas era que el género humano marchaba evolutivamente hacia el socialismo. El
capital, la propiedad privada y la burguesía, como clase social, constituían estorbos en
esa evolución y la clase obrera debía desecharlos (13, VI,
1925). Era la razón
la que, presidía esa evolución. "Todo se precipita -decía Evaristo Priftis- hacia
el allá de la armonía universal; es decir, hacia las ideas modernas" (23, V, 1925).
La confianza en la razón era un elemento de la cultura del núcleo obrero de La
Humanidad. Explícitamente decían: "tenemos amor al humano linaje y (...) tenemos el
sentido de lógica en el templo de la diosa Razón" (4 VII,
1925). No es de
extrañar que ello fuera así, puesto que las tradiciones que nutrían al naciente
proletariado colombiano compartían la confianza en la razón y la fe en el progreso. Nos
referimos tanto al liberalismo clásico que, desde mediados del siglo XIX se implantó en
la Nueva Granada
5
, como al anarquismo y al socialismo evolucionista que
tuvieron impacto en la clase obrera de los años veinte
6
.
Por tal motivo, la educación de la clase obrera era tarea prioritaria. Esta educación
debía estar libre de todo fanatismo, profundizando en las ciencias exactas y en las
sociales y con capacidad para transmitir las ideas socialistas. La educación haría
desaparecer los odios, los vicios y suavizaría las costumbres (3, X, 1925 y 28, XI,
1925).
Si el pueblo colombiano, y en concreto su proletariado, no entendía lo que le sucedía,
era por falta de educación o porque la educación que se te había dado no era suficiente
y lo había desorientado. "Las clases sociales -decía un editorial del 27 de junio
de 1925-, tienen su origen en la enseñanza (...) los maestros tuercen el espíritu de la
juventud al lugar indicado por el amo".
"Como todo es un producto del
régimen burgués y la mentalidad del pueblo es hechura burguesa", no se creía que
dicho pueblo pudiera conseguir la libertad por sí mismo (20, III, 1926). En aras de
atacar a los que habían esclavizado a ese pueblo, se terminaba prácticamente condenando
a quienes se pretendía redimir, al caer en una visión elitista del proceso social. Esto
era manifestación del mesianismo existente entonces entre sectores dirigentes del
proletariado colombiano. Esta actitud se halla perfectamente ilustrada en un editorial
escrito por Torres Giraldo a propósito de las elecciones de 1925: "el pueblo que
hizo cuanto existe sobre la faz de la tierra no debe, no puede vivir con su miseria,
besando sus cadenas y adulando a sus amos. Que se rebele. La esclavitud voluntaria no
sólo es un crimen, es también una vergüenza: quien pudiendo no rompe sus cadenas, no
sólo es un cobarde sino que las merece (...)el pueblo colombiano es un esclavo
culpable, porque no se rebela" (s.n., 12, IX,
1925).
En la sección Femeninas, de la que se
hablará más adelante, la columnista con el seudónimo de Clara Luna llegó a decir:
Difícilmente se
conocerá un pueblo más incapaz. La pereza le ha creado una carroña que lo hizo
insensible a la luz de su miseria. Cobarde para pensar e impotente para obrar. Un pueblo
que no estudia es un cretino que no piensa(...). Espíritus serviles, almas de esclavos
(...) tristes con la rara tristeza de los idiotas(...). El pueblo colombiano no quiere
sembrar, no quiere caminar, no quiere vivir. Qué triste es la realidad (14, IX,
1925).
Por último, en una nota titulada
"El Hombre", se decía: "He ahí el animal más cobarde en el reino animal:
se le roba y no protesta; se le esclaviza y calla; se le hambrea y adula; se le ahorca y
pide perdón" (10, VII,
1926).
Estas expresiones, más extremas que de costumbre, las cuales pretendían ser llamados al
pueblo para que tomara conciencia de su situación y de sus posibilidades históricas,
dicen más de quienes las proferían, del afán con que buscaban el cambio social, que del
llamado "pueblo".
En síntesis, el discurso sobre la razón, cuyo real impacto desconocemos, tendía a
legitimar tanto la existencia de núcleos de avanzada en el combate obrero, entre los que
se contaba éste de La Humanidad, como la función educadora por ellos enarbolada.
*
Las referencias a las ediciones del periódico se harán
mencionando el día, el mes (en romanos) y el año del correspondiente número. (regresar*)
1. El autor del presente
trabajo tuvo acceso a los cien primeros números del periódico, publicados entre mayo de
1925 y noviembre de 1927, los cuales reposan en una colección privada facilitada
gentilmente por el profesor Medófilo Medina. Parece que después se convirtió en diario,
por lo menos hasta entrado 1930. Tanto este exclusivo material, como otros que constituyen
el acervo documental del partido comunista de Colombia, se están microfilmando y se
hallan en el Centro de Estudios e Investigaciones Sociales (CEIS). Todo parece indicar que
esta es la única colección de La Humanidad que se conserva. (regresar1)
2. Véase Jesús A.
Bejarano, "El fin de la economía exportadora y los orígenes del problema
agrario", Cuadernos Colombianos, núms. 6-8, 1975, y Hugo López, "La Inflación
en Colombia en la década de los veintes". Cuadernos Colombianos, núm. 5, 1975. (regrsar2)
3. Número 2 del 23 de
mayo de 1925. Para los congresos obreros, véase Medófilo Medina, Historia del partido
comunista de Colombia. Bogotá, Ed. Ceis, 1980, págs. 73-92 y 99- 107. (regresar3)
4. Ignacio Torres
Giraldo, Los inconformes, vol. 111, Bogotá, Ed. Latina, 1978, págs. 798- 799.(regresar4)
5. Sobre las ideas
liberales en Colombia, véase el libro de Gerardo Molina del mismo título, tomo 1,
Bogotá, Ed. Tercer Mundo, 1979. En La Humanidad alguna vez se mencionó la apropiación,
por los obreros, de la tradición radical liberal (20, VII, 1925). (regresar5)
6. Alfredo Gómez (Anarquismo
y Anarcosindicalismo en América Latina, Barcelona, Ed. Ruedo Ibérico, 1980,
Introducción) señala cómo el anarquismo en general tuvo una confianza ciega en la
razón y en la ciencia como instancias neutras de la humanidad. Algo similar le ocurrió
al socialismo de la Segunda Internacional con su evolucionismo patente. (regresar6)
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