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Ella
pintaba insectos y plantas
Flora de Indias
Pavco
Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1984
María Sybilla Merian (1647-1717)
1
,
llamada por
José Celestino Mutis 'la madama Merian', fue una naturalista autodidacta y artista
grabadora, antecesora de Linneo, el padre de la taxonomía y pionera en el estudio de los
insectos. Apoyada en sus conocimientos artísticos e impulsada por su pasión naturalista,
realizó una empresa que tuvo los ribetes de una fantástica aventura que Carlos Valencia
viene a revivir con la publicación Flora de Indias, que presenta treinta y cuatro
de las sesenta y cuatro reproducciones de láminas entomológicas y botánicas elaboradas
por ella misma.
Su biografía es similar a la de aquellas viajeras del Caribe, valientes ante los peligros
que implicaba la navegación de ultramar: piratas, naufragios, enfermedades e inclemencias
del tiempo. Si a la mayoría de ellas las movía el amor y la fidelidad a su esposo, a
María Merian, quien viajo a los 52 años, la animó el amor por la ciencia y el afán
enciclopedista.
Había nacido en Francfort en el seno de una familia de grabadores, consagrados a trabajar
con el buril sobre lámina de metal para imprimir ilustraciones de libros de viajes, lo
que conformó su visión desde que nació. Su padre era el famoso Matthäus Merian, el
Viejo (1593- 1651), mencionado en todas las historias del grabado universal por haber
vertido al buril La danza macabra, que pertenecía a la iglesia de los dominicos de
Basilea. El éxito lo llevó a la corte de Lorena, donde grabó La pompa fúnebre de
Carlos III (1608) y La entrada de Enrique II (1609)
2
. Fue cronista de ciudades, viajes y
descubrimientos; como un buen reportero moderno, estampó la imagen de las principales
ciudades alemanas. María, orgullosa de su padre, firmaba sus obras como "María
Sybilla Merian, la hija de Matthäus el Viejo". La inició en el arte su padrastro
Jacob Marrel (1614-81), pintor perteneciente a la escuela bodegonista de Utrecht.
Contemporáneo de Vermeer de Delft y Rembrandt, trajo a Francfort rasgos del esplendor del
siglo de oro holandés. Pintaba grandes floreros en los que aparecían insectos, los
mismos que María observaba en la vida real desde niña.
Contrajo matrimonio con Johan Andres Graff (1637-1701), discípulo también de Marrel,
originario de Nüremberg, donde se establecieron y nacieron sus dos hijas. Johan fue
editor desde su primer libro, La asombrosa metamorfosis de los gusanos..., que
contenía cincuenta grabados en lámina de cobre y coloreados a mano.
A partir de cierto momento su vida sufrió cambios: se convirtió a una secta protestante
fundada por el jesuita Jean de Labadie (1610-74) en un castillo holandés de Bosch, donde
se trasladó con su madre y sus dos hijas. En medio de las obras de arte que cubrían las
paredes, descubrió una maravillosa colección de mariposas de Surinam (Guayana
holandesa). Convencida de la necesidad de estudiar los insectos en el propio medio, dejó
la vida simple y piadosa de la comunidad para viajar a Amsterdam con el fin de conseguir
ayuda de las autoridades y de los científicos. A mediados de 1699 se embarcó acompañada
de su hija menor con destino a Paramaribo, capital de Surinam, una de las más descuidadas
colonias holandesas. Allí permaneció durante dos años, dibujando y clasificando plantas
e insectos. El producto de esta aventura fue el libro que acaba de ser reimpreso. José
Celestino Mutis, quien "poseía la biblioteca botánica más grande -sólo inferior a
la de Joseph Banks en Londres
"
3
, apreciaba mucho esta obra.
La descripción de plantas y animales se complicó a partir del descubrimiento de
América. Ya no era sencillo clasificar; las narraciones verbales abundaban, como es el
caso de José Joaquín García, quien, desde Cuba, a finales del siglo XVI, pretendía
hacer comprender a sus corresponsales de ultramar el aspecto de frutas como la guanábana:
"Tan grandes como melones, pero prolongados, por encima tienen unas labores sueltas
que parecen que señalan escamas, pero no son ni se abren"
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. Los envíos de semillas, plantas vivas o
disecadas constituían una forma de conocimiento. La proeza de Carlos Linneo (1707-1778)
desde la Academia de Ciencias de Suecia consistió en dar a través de su obra un orden y
alertar acerca de la necesidad de comunicarse todos los naturalistas para no reclasificar
las especies. Centralizó la información en el Jardín Botánico de Upsala en un momento
en que todo el mundo intelectual era naturalista.
Poco a poco se fue determinando la manera apropiada de presentar las láminas. La
necesidad de dibujar las plantas a tamaño natural impuesta por botánicos anteriores a
Linneo, dio lugar a esos libros descomunales tan poco prácticos para ser llevados por
caminos y barsales, como lo hacía Mutis. A pesar del acuerdo en cuanto a tamaño,
presentación y técnicas, hay un abismo entre los iconos de la Expedición Botánica
colombiana y la Flora de Merian. Las conclusiones de perfección a las que llegó el sabio
español con sus dibujantes lo llevaron a buscar que quien tuviera la lámina en la mano,
pensara que tenía la planta viva.
La respuesta que dio Merian a los ingentes problemas de ciencia-arte consistió en
elaborar iconos que tenían que ver con la botánica y con la entomología. Los identifica
con el nombre científico de la planta e incluyen los insectos que nacen, crecen, se
reproducen y mueren en las hojas de los tallos, las flores y los frutos. Ello plantea el
problema de saber cuál es el sujeto. Las plantas de Mutis, en cambio, parecen aisladas en
el momento clásico de su desarrollo.
La posibilidad de enfrentar estos dos productos de la botánica del siglo XVIII permite a
la luz de la historia del arte llegar a conclusiones de tipo estético: la obra de María
Merian fue realizada al comenzar el siglo y la de Mutis en sus postrimerías. Entre las
dos obras median ochenta años y se puede vislumbrar una dimensión estilística. El
universo cerrado, el drama de vida o muerte de los iconos de la notable botánica
corresponden al barroco tardío y remiten por su forma al origen del nombre de este
estilo: voz portuguesa que designa perlas irregulares.
Los iconos de la empresa de Mutis representaban las relaciones del espíritu neociásico
con la verdad, estilo que se denominó originalmente "verdadero". El equilibrio
y la serenidad con que los artistas de la Expedición Botánica llevaron a cabo su obra
científica los relaciona con su contemporáneo Jacques Louis David (1748-1825), el pintor
de ese tratado de ética que se llama Los Horacios.
El libro La Flora de Indias consta de sesenta láminas grabadas en concavidad sobre
metal y coloreadas a mano por la autora y sus dos hijas. Mutis no alcanzó a ver impresa
su obra botánica; es posible que los habitantes de Colombia del año 2000 lo logren. Sin
embargo los tomos realizados a partir del año cincuenta por el Instituto de Cultura
Hispánica permiten comparar la obra de estos dos naturalistas.
Pavco, con la impresión de La Flora de Indias, hace un llamado de atención con
nuestro patrimonio y ayuda a proteger las fuentes de investigación. Lástima que la
introducción tan corta y la no inclusión de una cronología de la artista y que no sea
un libro comercial. Es imperdonable en la edición del libro la reducción de las láminas
del tamaño original, no obstante que el formato hubiera permitido la dimensión adecuada.
Este criterio equivocado, desafortunadamente le resta méritos a la empresa y a los
aportes a nuestra verdad científica.
BEATRIZ GONZÁLEZ
1. Las noticias
biográficas de María Merian del presente artículo fueron obtenidas del libro de
William Stearn, María Sybilla Merian (1647-1717), Enthomological and Botanical
Artist. London, Scholar Press, 1978.
(regresar1)
2. Michel Melot,
Aniony Griffiths y Richard S. Field, Historia de un arte: el grabado. Ediciones Skira.
Ginebra, 1981, págs. 27, 72 y 81. (regresar2)
3. Douglas
Botting, Humboldt y el cosmos. Vida,.obra y viajes de un hombre universal (1769-1859).
Ediciones Serbal, S.A. Barcelona, 1981, pág. 130. (regresar3)
4. José Lezama Lima, La
cantidad hechizada. Ediciones Jucar. Madrid, 1974, pág. 15. (regresar4)
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