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Cuando los muiscas diversificaron la agricultura y crearon el intercambio
CARL HENRIK LANGABAEK Antropólogo, trabaja
en el Museo del Oro.
FOTOGRAFÍAS: MARIO RIVERA
TABLA DE CONTENIDO
VARIEDAD EN CLIMAS, DIVERSIDAD EN
LA SIEMBRA
DEL AUTOABASTECIMIENTO AL
EXEDENTE Y AL INTERCAMBIO
SE ORGANIZAN LOS MERCADOS
EL INTERCAMBIO DE LO NECESARIO
EL REINADO DE LOS ESPECIALISTAS
EL MERCADO DE LOS SUEÑOS
CUANDO EL ORO VALIA LEÑA
Al comienzo, del siglo XVI y de
la conquista del centro de la actual Colombia, los españoles encontraron un grupo
indígena, los muiscas, que habitaba en los valles interandinos fríos y en las tierras
adyacentes de la cordillera Oriental. Su territorio abarcaba una amplia porción del ramal
andino, desde los páramos de Sumapaz, al sur, hasta el valle transversal del Chicamocha,
al norte, en los actuales departamentos de Cundinamarca y Boyacá.
Hablaban chibcha y estaban organizados en cacicazgos formados por pequeñas aldeas
compuestas por bohíos y parcelas agrícolas y al mando de un cacique. Este patrón de
organización social les permitió diversificar de manera sorprendente su agricultura,
ajustándola a las variadas condiciones ambientales existentes, a la par que expandir su
actividad de intercambio,
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Recipientes
de cerámica como esta vasija muisca se intercambiaban en los diferentes mercados del
terrotorio.
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VARIEDAD EN CLIMAS, DIVERSIDAD EN LA SIEMBRA
La región se caracterizaba por la gran
diversidad de nichos ambientales ubicados en un espacio relativamente limitado, lo cual
fue aprovechado por los muiscas para obtener una variadísima producción agrícola. Esta
multiplicidad se daba en el territorio de cada cacicazgo, que llegaba a tener labranzas en
tierra templada o de páramo, a las cuales se desplazaban en temporadas de siembra y de
cosecha, para regresar luego a las tierras frías donde tenían su habitación habitual.
En los páramos se intensificó el
cultivo de tubérculos de altura, principalmente chuguas, hibias y cubios. En los valles
interandinos se centralizó el cultivo de maíz y papa, en tanto en las zonas de clima
templado había sembrados de maíz, yuca, batatas, ahuyamas y árboles frutales.
De acuerdo con datos de archivo, el maíz fue el producto alimenticio más popular,
debido, sin duda, a sus cualidades nutritivas, al uso de sus grano tanto verdes como
maduros, a su adaptabilidad a diferentes pisos térmicos y a su facilidad para el
almacenamiento, siembra y cosecha. A pesar de se las tierras templadas las más aptas para
su cultivo, pudiéndose recoger allí dos cosechas anuales, los muiscas prefirieron
habitar los valles fríos, probablemente por facilidad en el almacenamiento del grano,
pues las plagas que lo atacan abundan más en los climas templados y porque allí podían
aprovechar las ricas fuentes de agua salada.
DEL AUTOABASTECIMIENTO AL
EXCEDENTE Y AL INTERCAMBIO
La disponibilidad de parcelas en
diferentes pisos térmicos les permitió también variar su dieta alimenticia y obtener
cosechas durante todo el año escapando así a los inconvenientes de una agricultura
sometida a las helada y granizadas. Cada cacicazgo contaba entonces con una producción
agrícola variada y abundante que permitía autoabastecerse en las necesidades
alimentarias básicas y producir excedentes de comida, disponibles para el intercambio:
maíz, papa, ají, yuca, piña y cubios se intercambiaban por oro, sal, mantas,
principalmente.
Pero los cacicazgos no eran solamente autosuficientes en productos agrícolas, sino
también en proteínas provenientes de la pesca y la caza, actividades generalizadas en
todo el territorio muisca
1
.
Igualmente, cada uno producía utensilios necesarios para el trabajo en los distintos
campos.
SE ORGANIZAN LOS MERCADOS
Gracias al alto grado de especialización
y diversificación, los cacicazgos pudieron superar sus límites territoriales
expandiéndose mediante el trueque, realizado en las ferias y mercados. Los más
concurridos eran los de los caciques de Tunja, Duitama y Sogamoso; de menor importancia
eran las ferias de Chocontá, Fusagasugá, Pasca, Saboyá, Sorocotá y Tinjacá, así como
las de los centros productores de sal y coca, entre otros. Eran ferias que no estaban
abiertas a la participación indiscriminada de cualquier tribu. La participación se
hallaba restringida a los grupos de lengua chibcha que habitaban la cordillera Oriental de
Colombia. Guanes y laches procedentes del norte asistían a los mercados de Sorocotá y
Pisba para realizar sus intercambios y, a la inversa, los muiscas iban a Oiba y Charalá,
en territorio guane, y hacia Chiscas y Pamplona, en dominios de los laches y chitareros, respectivamente
2
. Las diferencias culturales obstaculizaron el
desplazamiento, pues no hay datos de que individuos que no hablaran lengua chibcha como
los panches y muzos, en el valle del Magdalena, o los grupos de los Llanos Orientales,
entraran a los mercados del altiplano. Como quien dice los muiscas respetaban una
territorialidad lingüística, cultural, más que geográfica o regional y esa variable
cultural definía las características de 11 actividad de intercambio, variable
económica.
Los intercambios entre muiscas y grupos de lengua no chibcha se realizaban en sitios
fronterizos y en días específicos, ahorrando desplazamientos a tierras extrañas, con el
consiguiente riesgo de conflictos interétnicos. A pesar de esto, los artículos del
altiplano circulaban hasta regiones bastante apartadas por conducto de grupos
intermediarios, los cuales, a su vez, hacían llegar a territorio muisca productos
elaborados en tierras muy alejadas.
EL
INTERCAMBIO DE LO NECESARIO
Respetando los patrones de trueque, los
productos más solicitados fueron las mantas y el algodón, intercambiables por
prácticamente cualquier artículo, especialmente sal, oro y alimentos excedentes. El
algodón provenía en su mayor parte del húmeda piedemonte llanero, donde lo cultivaban
algunas comunidades dependientes de Sogamoso y Tota, indígenas teguas y de otros grupos
colindantes. Así mismo,
el producto se podía conseguir en las partes bajas y
templadas de los ríos Garagoa, y Negro, términos de Vélez, al noroeste del territorio,
Subachoque, cuyos indígenas lo cultivaban en tierra templada, y por conducto de panches y
muzos.
El intercambio de mantas muiscas por algodón de los Llanos Orientales parece haber sido
común. Algunas poblaciones, como Cuítiva e Iza, conseguían la fibra en esa región y la
llevaban al mercado de Sogamoso, donde la adquirían indígenas del interior de la
cordillera. En algunos casos, incluso, los muiscas actuaron como intermediarios entre los
Llanos y otras regiones; los miembros del "cacicazgo" de Pisba, por ejemplo,
cambiaban loza en los Llanos, y con el algodón que les daban a cambio hacían trueque con
los taches. Por otra parte, textiles del altiplano circulaban también por el territorio
panche y muzo hasta el curso medio del río Magdalena, aunque su acarreo no parece haber
estado a cargo de muiscas sino de indígenas de otras etnias.
Después del algodón y las mantas, los
artículos más importantes en el trueque fueron el oro, la coca y la sal. El oro
provenía casi exclusivamente de territorio panche, donde existían yacimientos auríferos
de importancia, aunque también se adquiría mediante intercambios con los muzos y
probablemente con los chitareros. Una vez en territorio muisca, los indígenas hacían
llegar el oro a todo; los "cacicazgos", e incluso a los dominios de los teguas
en el piedemonte y tierras de los sutagaos, quienes lo conseguían en los mercados de
Fusagasugá y Pasca.
Para los muiscas, al igual que para muchos grupos indígenas que habitaban el país antes
de la conquista, la coca tenía gran significado ritual, lo cual la convirtió en
importante elemento de intercambio. Se cultivaba en las laderas templadas y secas del río
Chicamocha, donde los "cacicazgos" de Soatá, Susacón y Chicamocha, sujetos a
Duitama, intensificaron su producción, incluso mediante sistemas de riego. De esos
lugares, la hoja llegaba a los mercados de Sogamoso, Tunja, Beteitiva, Paipa y Duitama,
donde se la intercambiaba por oro y mantas. Algunas cantidades de coca, sin embargo, se
producían en el bajo valle del río Garagoa, en el cual los indígenas de Somondoco y
Súnuba tenían cultivos, así como en el piedemonte llanero, el valle bajo y templado del
río Negro, territorio tegua y las parcelas que dominaba Subachoque en la vertiente de la
cordillera. Por otra parte, los sutagaos, en el extremo sur del territorio, y los laches,
al norte, también producían coca y la intercambiaban con los muiscas.
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Los muiscas cultivaban en
diferentes pisos términcos; piña, auyama, y yuca dulce en tierra templadas, y
tubérculos de clima frío como hibias, chuguas, cubios y ullucos. La sal la
evaporaban de corrientes que atravesaban mantos salinos solidificados como la muestra de
la fografía
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EL REINADO DE LOS ESPECIALISTAS
La sal también adquirió gran valor en
términos de trueque, no sólo por su utilidad, sino por ser un recurso natural exclusivo
de ciertas regiones, dándose así un monopolio natural. Era evaporada a partir de aguasal
proveniente de fuentes situadas en Zipaquirá, Nemocón, Tausa, Gachetá y Vijua,
principalmente, las tres primeras situadas en la sabana de Bogotá. Gachetá era un
cacicazgo dependiente de Guatavita, como Vijua lo era de Tota. a explotación de la sal
evidenciaba el nivel de especialización a que llegaron los muiscas en su trabajo. Los
individuos de los cacicazgos que elaboraban la sal no se encargaban de su acarreo. Este
recaía sobre las comunidades que no disponían de fuentes de aguasal, y su trabajo no se
limitaba a transportarla hasta cacicazgos como los de Ubaté, Cajicá y Cerinza, que
carecían de fuentes de aguasal, sino que la llevaban a lugares tan alejados como Pamplona,
Vélez, Tunja o Fusagasugá.
Al igual que las mantas, la sal del
altiplano llegaba hasta el valle del río Magdalena. Es probable que las fuentes de agua
salada de Vijua abastecieran parte de las necesidades de los indígenas de los Llanos,
aunque la información indica que éstos acostumbraban consumir sal extraída de ceniza
vegetal y que existían fuentes en territorio de los laches y en Venezuela que producían
excedentes, los cuales circulaban en esa región.
En otras ocasiones también
intercambiaban la sal por recipientes de cerámica. La producción más importante se
llevaba a cabo en Busbánzá, Pisba y Mona, tres "cacicazgos" dependientes del
cacique de Sogamoso; en Tutasá, sujeta a Duitama, y en Ráquira, Tinjacá y Sutamarchán,
al noroeste del territorio. En cercanías de Bogotá, se elaboraban vasijas en Soacha,
Gachancipá, Tocancipá y Sesquilé. Parte sustancial de las ollas de los dos primeros
sitios se llevaba a los centros productores de sal, pero también llegaba a los mercados
de Tunja, Pacho,y Fusagasugá. En el norte del territorio, la loza se intercambiaba no
sólo en Tunja sino, igualmente, en Duitama y Sogamoso. Además, las vasijas que
fabricaban los muiscas podían llegar a territorio de las etnias de las tierras bajas; los
indígenas de Pisba llevaban ollas a los Llanos para conseguir algodón, y los de Cajicá
iban a territorio panche para realizar el mismo tipo de trueque.
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Vasija antropomorfa con
decoración pintada típica muisca, de las utilizadas en todo el territorio
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Volantes de huso de piedra
utilizados para hilar algodón. La materia prima se conseguía en las tierras bajas
de su propio terrotorio y en las etnias vecinas
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EL MERCADO DE LOS SUEÑOS
Aparte de los artículos mencionados, los
muiscas intercambiaban yopo (Anadenanthera peregrina), tabaco, leña, totumos, miel
y cera de abeja, cal, aves de plumería, cuentas de collar, esmeraldas, figuras de oro y
caracoles. Los totumos aprovechados como recipientes de tabaco o coca y como utensilios
domésticos, provenían en su mayor parte de Támara y Tecasquirá -en el piedemonte
llanero, donde era usual adquirirlos a cambio de mantas-. Miel y cera, por su parte, se
conseguían en esta misma región, aun cuando los sutagaos también la producían y
canjeaban con los muiscas.
En el oriente, algunas comunidades dedicaban parte de su tiempo a conseguir papagayos y
guacamayos que daban a los indígenas del altiplano a cambio de textiles. Los muiscas
destinaban las aves al sacrificio y usaban las plumas para decorar santuarios o como
adorno personal. Muchas veces los españoles denominaron los templos indígenas
"casas de plumerías" y, aún en 1595, los funcionarios de la corona encontraron
que los habitantes del altiplano persistían en el uso ritual de las plumas provenientes
de las tierras bajas.
El yopo, otro artículo asociado a prácticas rituales que a los españoles les interesaba
extirpar, era producido en los Llanos orientales, donde su consumo parece haber sido
generalizado. Su demanda era corriente especialmente en el norte del territorio, en donde,
hasta bien entrado el siglo XVII,
los españoles se quejaron de que los indígenas
lo seguían utilizando
3
. El tabaco, en cambio, se cultivaba en los
"cacicazgos" de Icaga, Oicatá y Samacá, situados en la región de clima frío
y seco de los alrededores de Tunja.
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Martillo lítico utilizado
para trabajar el oro hecho en piedra volcánica, que provenía de etnias del valles del
río Magdalena
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CUANDO EL ORO VALIA LEÑA
Actividad muy usual de los miembros de
las comunidades residentes cerca de Tunja, era ir a esta población para conseguir oro a
cambio de leña, pero no está claro si antes de la llegada de los conquistadores el
intercambio de leña era necesario debido al agotamiento de las fuentes locales en ciertos
lugares del altiplano o si más bien el proceso de erosión y escasez de árboles se
inició en el siglo XVI, con la conquista.
La cal se utilizaba como reactivo
alcalino en la masticación de hojas de coca. Según la información disponible, sólo los
indígenas de Cucunubá, en el norte de Cundinamarca, la producían, aunque no se sabe con
certeza de qué fuente extraían el mineral. Probablemente se trataba de rocas calcáreas,
puesto que hoy en día abundan en la región correspondiente al municipio de Cucunubá.
El principal yacimiento de esmeraldas se hallaba situado a un día de camino de la sede
del cacique de Somondoco, tal vez en el actual municipio de Chivor. Resulta plausible, sin
embargo, que los muiscas conocieran y explotaran muchos de los afloramientos de esmeraldas
comunes que existen en la cordillera Oriental. En el momento de la conquista, los miembros
del "cacicazgo" de Somondoco conseguían mantas, oro y cuentas de collar a
cambio del producto. Así mismo, las fuentes etnohistóricas indican que éste llegaba a
territorio panche y que algunas comunidades muiscas adquirían esmeraldas provenientes de
los dominios de los muzos.
Las figuras de oro, especialmente las elaboradas en Guatavita, son otro artículo cuyo
intercambio está documentado, si bien otros lugares del territorio muisca, como Pasca,
parecen haber sido centros productores. Es probable, además, que obras de la orfebrería
del altiplano llegaran al valle del río Magdalena y al occidente del país y que, en
sentido contrario, artículos de oro hechos por indígenas del litoral atlántico se
consiguieran en el altiplano.
El hallazgo en la cordillera Central de
cuentas de collar hechas de caracol o de concha marina indica que los muiscas adquirían
productos de procedencia costeña. En 1572, los indígenas de Chuymite todavía afirmaban
haber ofrendado cuentas de "Santa Marta de las amarillas" en tributo al
cacique de Sogamoso. De acuerdo con la información disponible, las cuentas se
intercambiaban por esmeraldas y mantas. Además de cuentas, los muiscas conseguían
caracoles marinos completos, con el fin de utilizarlos como instrumentos musicales,
ofrendas o para extraer cal para acompañar la masticación de hojas de coca.
En fin, cuando los españoles llegaron al
altiplano cundiboyacense encontraron una sociedad con una organización que permitió una
variada producción agrícola, la autosuficiencia alimentarla y un complejo y floreciente
sistema de intercambio en ferias y mercados. Y fue precisamente esta sólida
organización, la que, en la dialéctica de la conquista, les abonó el terreno a los
españoles para lograr la rápida dominación y subyugación de los autosuficientes
cacicazgos muiscas.
1 Según datos de
archivo, la caza era especialmente abundante en los páramos del sur del territorio y en
dominios de los sutagaos, quienes llevaban carne de venado y curí a los mercados de
Fusagasugá y Pasca. La pesca se practicaba en forma particularmente intensa en Bosa,
Cajicá, Fontibón, Madrid, Sisativa y Tiba buyes, en la sabana de Bogotá, así como en
los ríos Suárez y Chicamocha, en los lagos de
Fúquene y Tota y en el pie de
monte llanero. (regresar1)
2. Carl Henrik Langabaek,
Mercados y circulación de productos en el altiplano cundiboyacense. Tesis de
grado, Universidad de Los Andes.(regresar2)
3. Germán Colmenares, La
provincia de Tunja en el Nuevo Reino de de Granada. Departamento de Historia, Facultad de
Artes y Ciencias, Universidad de los Andes, Bogotá 1970. (regresar3)
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