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ILUSTRACIONES: ADRIANA
ESPINOSA
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El camino de las tres culturas
JUAN MANUEL OSPINA
Economista, realizó estudios de postrado en historia.
Subgerente Cultural del Banco de la República
LEOPOLDO SÉDAR SENHGOR era un recuerdo
claro del revuelo político-periodístico cuando en el período 72-76 llegaba todos los
años, cumplido, a realizar una visita oficial a Francia, como presidente del Senegal.
Entonces, ritualmente, Le Monde le dedicaba primera plana y una larga entrevista,
generalmente de página entera.
Para un latinoamericano que tiene del África negra algo menos que una corazonada, el
dirigente africano aparecía paradójico, indescifrable: político y literato,
"padre" del Senegal, es decir anticolonialista y a la vez cercano, casi que
sospechosamente cercano (por qué no lo sabría decir, pero así lo percibía) al poder
metropolitano, al gobierno gaullista de Pompidou y luego al de Giscard; alto heliotropo de
la Internacional socialdemócrata; literato, más precisamente poeta, afrancesado,
académico y defensor de Francia, al tiempo que padre y principal impulsor de la negritud,
concepto ambiguo pero con claros aires tercermundistas y de búsqueda de una identidad
cultural confrontada a un eurocentrismo o, más precisamente, a un galocentrismo
chauvinista en alto grado.
Una figura confusa, por no decir
contradictoria, con telón de fondo senegalés, un país exhibido por los franceses como
su obra maestra en la colonización africana.
Los años pasaron y a Senghor lo fui sepultando en la indiferencia hasta que en octubre
pasado tuve el privilegio de acompañar a Leopoldo Sédar Senghor por tres días durante
su visita a Cartagena de Indias.
Fue una revelación encontrar a un hombre pequeño, de apariencia frágil, en sus setenta
años, sencillo, evangélicamente sencillo -es católico practicante: uno de los momentos
emotivos del viaje fue su visita a los restos de San Pedro Claver, del cual es gran
admirador y profundo conocedor-; un hombre abierto, comunicativo sin ser locuaz, con sano
sentido del humor e infinita capacidad para el asombro, para relacionar hechos, para sacar
conclusiones y para transmitirlas. No en vano su vida toda, aun su fase propiamente
política, es una gigantesca tarea pedagógica, como él mismo define su vocación
primera. Un hombre exuberante en el espíritu, parco y disciplinado en el cuerpo: a sus
setenta años practica dos horas diarias de natación, como bien lo demostró en la casa
de huéspedes ilustres del gobierno colombiano.
Viéndolo, oyéndolo, recordé mis
impresiones parisinas y entendí que la confusión, o aun la contradicción, tenían su
origen y solución en la riqueza humana de Leopoldo Sédar Senghor. Pensé que muchos tal
vez podrían estar en las mismas condiciones que yo, o ni siquiera sabrían de su
existencia y no lo lograrían, pues la prensa colombiana, encerrada una vez más en su
provincialismo, dejaba pasar inédita a una auténtica figura de África y del siglo XX .
Por ello me decidí a solicitarle el reportaje que leerán a continuación.
Creo que el mismo da luces para entender el proceso cultural colombiano, latinoamericano y
mundial, que es uno de los propósitos de este Boletín.
Allí hay puntos para una polémica, hay
planteamientos apenas esbozados, que exigirán ampliación. Pero creo que todo el material
es pertinente, da claridad, está en la línea de lo que acá hemos propuesto y muestra
cómo es posible y necesario abrirse a lo universal sin perder las raíces, sin caer en la
vacuidad de lo internacional.
LA CULTURA Y LA POLITICA
Al abandonar
voluntariamente la presidencia de Senegal, ¿considera usted que termina su actividad
política o que simplemente comienza a realizar ésta por medios distintos de los
propiamente políticos, a saber, los que ofrece el campo de la cultura?
Un recuento histórico del problema será
mi mejor respuesta.
Estudiantes de bachillerato, en el liceo parisiense Louis le Grand, éramos, mi amigo
Georges Pompidou y yo, muy ambiciosos. Nuestra mayor ambición no consistía en querer ser
parlamentarios, ni siquiera ministros, sino profesores universitarios. En mi caso,
profesor en el Colegio de Francia y poeta.
Por azar "caí en la política". Sucedió en el verano de 1945. Después de
enseñar francés, latín y griego durante diez años en los liceos, fui nombrado profesor
de lenguas y civilizaciones negroafricanas en la Escuela Nacional de la Francia de
Ultramar, de París. Pasaba mis vacaciones en Senegal, efectuando una investigación sobre
la poesía popular de mi etnia, la serere, cuando la Federación Socialista de mi país,
el cual era por entonces colonia francesa, me pidió ser su segundo candidato en las
elecciones para la asamblea constituyente, que acababa de crear el general De Gaulle.
Vacilé durante un mes, pues, lo repito, los honores políticos no me seducían. Fue la
miseria de los campesinos senegaleses, agravada por la segunda guerra mundial, la que me
decidió a aceptar.
En 1946, un año después de mi
elección, en una entrevista a un semanario francés, declaré que mi objetivo era llevar
a Senegal, sin violencia, a la independencia en amistad con Francia. De hecho, luego del
referendo que aprobó la Constitución de 1958, fui, exceptuando el caso de Guinea, el
primer parlamentario africano que demandó la independencia de su país. Mi conversación
con el general De Gaulle no duró una hora. ¡Qué gran hombre era!
Elegido presidente de la República de
Senegal en 1960, decidí no presentarme nuevamente como candidato a las elecciones
presidenciales de 1965. Sin embargo, en la noche del 16 al 17 de diciembre de 1962, el
presidente de mi consejo de ministros y jefe del gobierno intentó dar un golpe de estado,
que se superó sin ordenar un disparo. Naturalmente, se necesitaron muchos años para
encontrar un hombre en capacidad de sucederme, para formarlo y reconstituir el cargo de
jefe de gobierno, que en adelante se denominó primer ministro.
Tras renunciar, el 31 de diciembre de 1980, a mis funciones de presidente de la República
de Senegal, no he abandonado del todo la actividad política,
sino que la he
transferido de la esfera puramente senegalesa a la africana. En efecto, soy presidente de
la Interafricana Socialista y uno de los vicepresidentes de la Internacional Socialista.
Espero, sin embargo, que se me sustituya
en estas últimas funciones, a fin de consagrarme únicamente al campo cultural. En éste
permanezco activo. En efecto, he creado en Dakar una fundación que lleva mi nombre y que
busca dos objetivos: 1. Ayudar a la formación de profesores e investigadores africanos
calificados, para las universidades africanas. 2. Ayudar al florecimiento de las letras y
las artes africanas confiriendo un premio anual, sea a un escritor, sea a un artista. Por
otra parte, soy vicepresidente del Alto Consejo Internacional de la Francofonía y
presidente de la Asociación Miguel Ángel Asturias que reúne escritores e intelectuales
de Latinoamérica, el Caribe y África.
¿Obedece esto a una concepción suya
de la cultura, que acepta las íntimas y dinámicas relaciones entre ella y la política?
Es evidente que, en la vida de una
nación, especialmente de una nación en vías de desarrollo, no cabe separar los campos
de la política, de la cultura, de la economía y de lo social. Sobre todo los dos
primeros. Como acostumbro decirlo, la cultura, como medio principal y objetivo final,
está al comienzo y al fin del desarrollo. Por ello, desde 1960, fecha de nuestra
independencia, hasta 1980, fecha de mi renuncia, el estado senegalés consagró, en
promedio, el 33% de su presupuesto a la educación, la formación y la cultura, y
solamente un 15% a las fuerzas armadas. El resultado es que en esos veinte años, a pesar
de haberse duplicado la población, el ingreso por habitante pasó de 163 a 450 dólares,
y el número de asalariados se triplicó.
¿Cómo considera usted que la
política y la cultura se interrelacionan? En ese sentido, ¿cuál sería el significado y
la trascendencia profunda de la cultura?
Como se sabe, la cultura es el conjunto
de conocimientos que nos permiten tener, sobre las cosas, los sucesos y los hombres una
opinión y un juicio seguros. Los historiadores han anotado cómo los más importantes
políticos, si no han sido en todos los casos los más cultivados, al menos han sabido
rodearse de hombres de cultura. Si observamos el siglo XX europeo, comprobamos que los
más grandes estadistas, Churchill, De Gaulle, Lenin -cito en orden alfabético- eran
hombres de elevada cultura.
SOBRE EL FUNDAMENTO, SENTIDO Y
PROYECCION DEL DIÁLOGO EUROPA LATINA-ÁFRICA-AMÉRICA LATINA
Usted plantea una especie de triple
alianza cultural entre estos grandes grupos humanos. ¿Cuál es para usted el fundamento
de la propuesta, su coherencia y su campo específico de aporte al desarrollo de la
cultura de lo universal?
Seré más extenso aquí, puesto que es
el punto central de esta entrevista.
El profesor Paul Rivet, quien creó el
Instituto de Etnología de París, nos enseñaba en los años treinta que las primeras y
más importantes civilizaciones humanas nacieron en las costas del Mediterráneo, del
mestizaje entre amarillos, blancos y negros - sigo citando en orden alfabético-.
Mencionaba las civilizaciones egipcia, sumeria e india, griega y latina, judía y árabe.
Hoy los más grandes biólogos -pienso en Jean Bernard y en Jaeques Ruffié- defienden
esta tesis apoyándose en datos numéricos. Lo remito al best seller de este
último, De la biología a la cultura.
Resulta que en Europa son sobre todo los
países latinos, a los cuales es necesario agregar a Grecia, los que defienden esta tesis,
que es hoy tesis oficial en países como Francia y Portugal. No es por azar si, en 1980,
inauguré, en la universidad portuguesa de Evora un coloquio cuyo tema era el mestizaje.
Una semana antes, su organizador, el antropólogo Almerindo Lessa, publicó en un diario
de Lisboa un artículo en el cual afirmaba que en el siglo XVIII,
cuando la
población de Portugal era de unos tres millones de habitantes, cerca de un millón de
negros de África se habían fusionado con ella. El general De Gaulle respondió al
director de asuntos políticos del ministerio de colonias que, en 1945, le expresaba su
temor de ver las sangres árabe y negra "solucionar" la sangre francesa:
"Señor gobernador, usted es un burgués: el porvenir pertenece al mestizaje".
Es el mestizaje biológico y cultural la
justificación de la "triple alianza cultural" entre la Europa latina, África y
América Latina, objetivo de la Asociación de los amigos de Miguel Ángel Asturias,
especialmente de su proyecto Archivos.
Detengámonos aquí un momento. Están,
ante todo, las tablas numéricas de los grupos sanguíneos que solas, nos lo dicen los
biólogos, indican la raza. Las de los países latinos se encuentran a mitad de camino
entre las tablas de los países escandinavos y las de los países del Magreb, cuyos
pobladores son, por definición, mestizos de blancos europeos -Más que árabes- y de
negros: Sí, en la Europa latina, el grupo 0, que caracteriza al África, es fuerte, pues
corresponde a más del 40% de la población. Ocurre también, y no es el argumento 'Menos
pertinente, que los caracterólogos oponen el etnotipo de los fluctuantes al de los
introvertidos. Este último caracteriza a los pueblos nórdicos, germánicos en
particular, mientras que los fluctuantes comprenden a todos los mediterráneos, africanos
y lati noamericanos, sin olvidar, de pasada, a los japoneses. Los introvertidos se
caracterizan por una sensibilidad rica y profunda, pero de lenta reacción, en tanto que
los fluctuantes, aunque dueños también de una sensibilidad igualmente rica y profunda,
son de reacción rápida, explosiva.
Sucede que la triple alianza, de la cual
usted habla, existe concretamente después de lo que llamo la Revolución de 1889, que
no se debe confundir con la de 1789. Ella, en el plano cultural, es esencialmente una
reacción contra el cartesianismo francés y el empirismo inglés, reunidos, entonces,
simbióticamente en el positivismo. Regresando, a pesar de las apariencias, a la
filosofía griega, la Revolución de 1889 da prioridad y primacía a la razón intuitiva y
a la sensibilidad, sobre la razón discursiva y la voluntad.
En efecto, 1889 es el año en que el
filósofo Henri Bergson publica su Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia mientras
que Paul Claudel, el poeta y dramaturgo, titulaba su primera obra teatral Cabeza de
oro, precedida de esta frase: "Para tambores o tamtams". Es decir,
reconocía la marca de la negritud. Tanto más cierto que, algunos años antes, Arthur
Rimbaud había escrito Una temporada en el infierno. Presentándose como
"negro", sentó las bases de la poesía moderna del siglo XX, donde el surrealismo
es la expresión más auténtica. No es por azar que un francés de Senegal, Jean
Claude Blachère, titulara su tesis de doctorado sobre la poesía surrealista El modelo
negro.
Ese modelo lo logra definir Rimbaud, en Una
temporada en el infierno, así: "Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy
una bestia, un negro (...) Entro al verdadero reino de los hijos de Cam (...). Inventé el
color de las vocales(...). Determiné la forma y el movimiento de cada consonante y, con
ritmos instintivos, me envanezco de haber inventado un verbo poético accesible, un día u
otro, a todos los sentidos". Como lo afirma Rimbaud, "inventó" no
solamente una nueva poesía, sino más allá de ello, una nueva estética que, por lo
demás, había comenzado a definir en imágenes analógicas en su carta del vidente y en
las Iluminaciones. En efecto, él nos habla, acá, de un "verbo poético
accesible (...) a todos los sentidos, del alma por el alma, resumiendo todo, perfumes,
sonidos, colores, del pensamiento agarrando el pensamiento; y tirante". Pero él
había, antes, hablado de un "largo, inmenso y razonado desenfreno de todos los
sentidos".
Es esta última expresión la que resume
todo. En efecto, ¿de qué se trata en poesía? Y digo "poesía", es decir
creación, puesto que ésta, desde los antiguos egipcios hasta los estadounidenses,
pasando por la India, la China, el Cercano Oriente, la Grecia anterior a Jesucristo y la
Italia del Renacimiento, es el arte mayor, el que resume todos los otros. Los peules del
Senegal definen el poema como "palabras amables al corazón y al oído". Son sus
nuevos medios o sus nuevos elementos, ad líbitum, los que nos presenta Rimbaud,
idénticos a los medios empleados desde siempre por el África- madre, el África eterna.
El primer elemento de esta poesía son las imágenes simbólicas, imágenes que, a través
de las fronteras de los sentidos, establecen analogías, es decir, conexiones nuevas. El
segundo elemento es la melodía: el canto. Aún hoy, en África, es frecuente, como sucede
en mi lengua natal, que la misma palabra designe al canto y al poema. Y este es tanto más
melodioso en cuanto se construye con muchas voces: es polifónico. Viene, finalmente, el
ritmo, que anima al poema en el sentido etimológico del término: lo hace danzar.
Un ritmo hecho, naturalmente, de repeticiones que no se repiten: de reanudaciones y de
rupturas, seguidas de otras reanudaciones.
De modo, pues, que es esta revolución de
1889 la que le permitió al África retomar su papel en el siglo XX, puesto que las
virtudes por ella preconizadas son las mismas del África. En ese siglo XX, que es el del
diálogo de los continentes y de las culturas, de donde nacerá la civilización de lo
universal. Con el África, y desempeñando un papel principal, se hallan las dos
Américas, donde el mestizaje, biológico y cultural, se ha realizado entre África, Asia
y Europa; o mejor, entre los negros, los amarillos y los blancos; o mejor aún, entre los
negroafricanos, los mongoles y los alboeuropeos. Son conocidos los aportes de los Estados
Unidos de América, especialmente con los negros, en la música, el canto y la danza.
América Latina se distingue en las mismas artes, y mucho
más en la poesía. La
poesía latinoamericana es hoy una de las más altas y bellas del mundo, como lo prueban
las selecciones efectuadas por el comité del premio Nobel.
No pierdo de vista la "triple
alianza". En los hechos, la triple alianza entre la Europa latina - más exactamente
grecolatina -, Latinoamérica y África, se ha concertado de tiempo atrás, biológica y
culturalmente. Comenzando en el IV milenio antes de Cristo, con la llegada de los
alboeuropeos a las orillas del Mediterráneo, entonces pobladas de "moros" y de
"etíopes", para hablar como
los griegos. Enseguida, por la colonización
y la trata de negros. El problema hoy es apoyarnos en esas realidades para organizarnos
científicamente y enriquecernos unos a otros con nuestras diferencias o, más
exactamente, con nuestras complementariedades. A eso responde precisamente la Asociación
Asturias en su proyecto Archivos.
¿Se encuentra la latinidad en la base de
esa alianza? ¿Cuál es su sentido y vigencia?
Sí, la latinidad está en la base de
esta alianza. Ante todo, la revolución de 1889 nació en un país latino y lo hizo
precisamente porque fue ese país, Francia, el que, al abusar del cartesianismo, rompió
el equilibrio preconizado por Aristóteles entre la razón discursiva o dianoia y
la razón intuitiva o thymos. Pero más importante que este hecho histórico es la
función que debe desempeñar la latinidad en la triple alianza, por intermedio de
nosotros los fluctuantes, africanos y latinoamericanos, y que no es otra que una de las
virtudes mayores de la latinidad, su "espíritu de método y organización",
como gusto de expresarle.
Es, por lo demás, la razón por la cual, en el África negra francófona, especialmente
en Senegal, les hemos dado, en la enseñanza secundaria, la primacía a las matemáticas,
que son la base sólida de las ciencias y de las técnicas. Aun los estudiantes de la
sección clásica orientados al latín, al griego y al árabe, tienen, en los exámenes
escritos de finalización de bachillerato, una prueba de matemáticas. La primacía es no
sólo para las matemáticas sino, aún más, para la tecnología. Por ello, en principio,
en la enseñanza secundaria debe haber tantos alumnos en la enseñanza técnica y
profesional como en la general.
En su opinión, ¿cuál es la vigencia
y cuál el futuro del mestizaje cultural? ¿Será como resultado de esa triple alianza que
saldrá el hombre nuevo, inmerso en esa cultura de lo universal?
En esa perspectiva, ¿qué raíces
tendría la creación literaria cuáles serían las políticas y mecanismos aconsejables
para garantizar su pleno desarrollo?
He contestado parcialmente a su pregunta,
al referirme a la revolución de 1889. Quiero, ahora, para ilustrar la tesis, por
una parte, presentarle algunos ejemplos y, por otra, mostrarle, en forma. viva, "las
raíces de la creación literaria", como usted dice.
Bien se trate de artes plásticas o de literatura, resulta evidente que las escuelas más
originales y sobre todo las más creadoras, es decir las más productivas del siglo XX, se
encuentran en las regiones del mestizaje biológico y cultural: sea en la cuenca
mediterránea, sea en las Américas.
Si tomo el ejemplo del cubismo y, más generalmente, de la Escuela de París, donde el
expresionismo no es sino una reacción germánica, encuentro allá muchos extranjeros,
entre los cuales la mayoría son latinos o al menos mediterráneos, como los judíos.
Conozco bien el punto, pues en los treinta, siendo primero estudiante y después profesor,
frecuentaba más a los pintores y a los escultores que a los escritores. Citaré, entre
los primeros, a mediterráneos como Picasso, Chagali, Modigliani, Brancusi, Miró, Vieira
da Silva. En cuanto a escritores, citaré, entre los fundadores del surrealismo a
Apollinaire, hijo natural de un italiano, pero sobre todo al rumano Tzara, quien fue mi
mejor amigo y cuyo hijo Christopher se casó con una de mis sobrinas.
En cuanto a las Américas son, en
general, los estados con menor mestizaje los que han aportado menos a las letras y a las
artes. Pienso, en especial, en el Canadá. Se sabe lo que los Estados Unidos han aportado
a la música, al canto y a la danza moderna. Y si América Latina ha aportado tanto en
todos los campos, particularmente en poesía y en artes plásticas, es porque ha recibido,
de manera equilibrada, los aportes diferentes, y por lo tanto complementarios, de Asia, de
Europa y de África: de pueblos amarillos, blancos y negros.
En lo que respecta a las "raíces de
la creación literaria", debemos regresar a la revolución de 1889 y aun remontarnos
a Aristóteles, más precisamente a su obra Ética a Nicómaco. He retenido la
frase, esencial, en la que el filósofo griego nos dice que tres facultades nos permiten
conocer y transformar la Naturaleza: la sensibilidad (aisthesis), la razón (nous)
y la voluntad (orexis). Cuidémonos de traducir nous como intelecto.
El nous es, repitámoslo, una simbiosis de la razón discursiva (dianoia) y
de la razón intuitiva (thymos). Como lo muestran los caracterólogos, es raro que
una etnia, un pueblo o un continente cultiven de manera igual esas cuatro facultades.
Así, con el cartesianismo, el empirismo y el positivismo, Europa privilegió la razón
discursiva y la voluntad, mientras que África continuaba haciéndolo con la sensibilidad
y la razón intuitiva. Es esta situación, ya lo vimos, la que provocó la revolución de
1889. Y esta revolución, como lo demostró el VII Congreso Mundial de Poetas, que
presidí, sigue vigente. En efecto, el tema principal del congreso era "La estética
del siglo XX", definida como compuesta esencialmente por la trilogía "imagen
analógica, melodía y ritmo". Son ellos, aún más que en las artes plásticas y la
música, "las raíces de la creación literaria". Se trata siempre de un
equilibrio entre las cuatro facultades pero privilegiando la sensibilidad y la razón
intuitiva cuando se trata de literatura y arte, y no de ciencia ni de tecnología.
¿Por qué tiene Colombia un papel
para desempeñar dentro de su propuesta? ¿Cuál podría ser éste?
No fue un azar la escogencia de Colombia
junto con Argentina, Brasil y México para participar, en el marco del proyecto Archivos,
en el primer acuerdo entre América Latina y cuatro países latinos de Europa. Es uno
de los países más importantes y más democráticos de la región. Y sobre todo ofrece,
hoy, uno de los mejores ejemplos de mestizaje biológico entre blancos, amarillos y negros
o, más exactamente, entre europeos, asiáticos y africanos. Sin olvidar, en la costa
occidental, a los inmigrantes venidos de Oceanía. Sin olvidar tampoco que su presidente
es un gran hombre de cultura, a quien admiro.
En conclusión, he estado, durante mi
permanencia en Colombia, preso del encanto indefinible de este país y de su pueblo. Y he
pensado: "El mismo encanto cautivante de las signaras -Las signaras -la
palabra viene del portugués senhora- eran, antiguamente, las grandes damas de la
sociedad mestiza.
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