|
El
arte no decora ... explicita al hombre
Selección de textos
Marta Traba
Editorial Planeta Colombiana y Museo de Arte
Moderno de Bogotá.
Bogotá, 1984, 399 págs.
El arte no sólo es una
forma exhaustiva del conocimiento, sino que es el único Lenguaje universal que existe
entre los hombres.
Martá Traba
Este libro es la continuación de las
obsesiones y metas de Marta Traba, así como de sus grandes polémicas ya presentes en Mirar
en Bogotá, recolección de artículos aparecidos en la revista La Nueva Prensa,
escritos durante los años 1961 y 1965, y editado por el Instituto Colombiano de Cultura
(Colcultura) en 1976. También en Mirar en Caracas, editado por Monte Ávila en
1974, y Mirar en Nicaragua, libro inédito escrito en 1981-82, donde construye la
primera teorización sobre las diferentes evoluciones estéticas que se han presentado en
los últimos decenios en ese país centroamericano.
Un combate por el arte moderno
En el trabajo que comentamos está presente esa visión totalizadora del juicio crítico
de Marta Traba y sobre todo sus innumerables batallas en favor de la nueva expresión: el
arte moderno. Esta nueva concepción estética es interpretada por ella como:
una revolución que se
apoya en un hecho clave, el abandono de la figuración o sea el traslado de una imagen del
hombre y las cosas inanimadas de la realidad del mundo de la naturaleza al mundo del arte,
con el mayor verismo posible.
En sus escritos se manifiesta una intensa
lucha didáctica frente a un público ignorante o acostumbrado durante siglos a una
pintura reducida a un recuento histórico en imágenes, una interpretación religiosa, un
retrato, una imitación de la realidad en el paisaje ...
Lucha didáctica por afianzar una nueva forma humana de expresión cuyo significado
implica necesariamente un cambio de conceptos. El arte no, sólo "glorifica al hombre",
sino que "glorifica al poder creador deĦ hombre". La inteligencia es
un recurso fundamental en la nueva creación, la abstracción en el arte nace del
"cálculo, la proporción, la medida y la reflexión de colores". El hombre
creador, a fuerza de buscar nuevas formas, tiene que lograr una expresión libre e
imaginativa de sí mismo, una afirmación de la contundente realidad del espíritu humano.
Apasionamiento basado en conocimientos
históricos
Sus escritos se inscriben siempre dentro de un desarrollo y una perspectiva histórica,
dándole significación a toda nueva creación. Este conocimiento previo fundamenta sus
análisis críticos y mal podría hablarse del apasionamiento de Marta Traba sin poner de
relieve el saber histórico y teórico que sustentan siempre sus elaboraciones y sus
juicios.
Tomemos un ejemplo. En su análisis del arte religioso, Marta Traba acude a esquemas
explicativos que dan cuenta de su dinámica de desarrollo, desde ese arte bizantino donde
el dogma tiene prioridad y se fundamenta en una jerarquía, pasando por la apertura del
sentimiento humanístico en la Edad Media, y su retroceso durante el Renacimiento, sobre
todo después del Concilio de Trento, cuando la Iglesia detiene ese cambio creador y
emprende una reconquista del arte dentro de un estilo barroco, que se prolongará en el
arte religioso colonial. Esquema explicativo que le permitirá enfrentar, finalmente, los
problemas del arte religioso moderno.
De la misma manera, y generalizando, podemos ver que existe una coherencia lógica e
histórica, una co lumna vertebral a través de la cual Marta Traba fundamenta su pasión
y analiza el arte contemporáneo, que no sólo se limita a Colombia. Sus preocupaciones
penetran en un ámbito más amplio que abarca toda la expresión artística
latinoamericana.
Entre 1956 y 1980 libra en sus artículos, recopilados en el libro, su batalla por
explicar, penetrar y comprender las obras de los grandes artistas colombianos que
comenzaron entonces a surgir -Eduardo Ramírez Villamizar, Edgar Negret y Fernando Botero,
entre otros- con alternativas peculiares que en su momento entreabrieron los umbrales al
arte moderno. En un artículo de 1965, "Proposición crítica sobre el arte
colombiano", aparecido en la revista Eco, encara el proceso estético colombiano,
vinculándolo con el movimiento latinoamericano; para lo cual parte de reconocer que la
incomunicación del continente, su dispersión, es no sólo externa sino también interna.
Afirma contundentemente que la historia del arte colombiano no tiene continuidad: no sólo
en el tiempo -precolombino, colonial y republicano- sino igualmente en el espacio del
propio tiempo actual: "la pintura y la escultura que se han hecho en Colombia están
disociadas de la vida nacional". Esta es la razón última de lo que fue su esfuerzo
por darle unidad y coherencia a la cultura dispersa e ignorada en el país.
Además de los artistas colombianos se preocupó por los "precursores" del arte
moderno latinoarnericano: el dinamismo atmosférico del chileno Roberto Matta, la
prolongación constructivista del uruguayo Torres García en la obra de Julio Alpuy, el
expresionismo dramático de la argentina Raquel Fomer; los aportes de Diego Rivera; el
apoyo reverente a la obra mítica del cubano Wilfredo Lam. Bellos son sus análisis del
impresionismo del venezolano Armando Reverón, de la inquietud moralista con colores
carnavalescos del brasileño Cándido Portinari, y de la interpretación prehispánica del
peruano Fernando de Szyszlo. Para Marta Traba, "Latinoamérica es un continente
bien extraño. sus países en realidad están incomunicados, pero reaccionan de modo
similar y sus culturas tienen fraternidades y coincidencias permanentes. Las mismas
actitudes se transmiten y propagan de modo misterioso. Nos liga una impresionante
telepatía, tal vez hasta ahora la única verificación más o menos mágica que tenemos
de ser continente". Y en esa verificación mágica centraba el problema de la
existencia del arte latinoamericano.
|
|
|
|
|
Lo anterior está expuesto en algunos de
sus libros, donde sobrepasa el horizonte individual de la monografía para abrir
perspectivas explicativas que incluyan expresiones artísticas de sociedades balcanizadas
como lo son las de nuestra América Latina. Recordemos algunos de ellos: La pintura
nueva en Latinoamérica (Editorial Librería Central de Bogotá, 1961); Arte
latinoamericano actual (Editorial Biblioteca de la Universidad Central, Venezuela,
Caracas, 1972) y su último libro, también inédito, Siglo xx en las artes plásticas
latinoamericanas: una guía.
El artista, testigo irreverente de su
tiempo
Existió siempre en su visión crítica una ética, donde el arte es considerado como un
movimiento que enfrenta las solidificadas y jerarquizadas estructuras formales, donde el
poder pretende mantenerse inconmovible, reafirmando sus valores de dominación como si
fueran absolutos. Este poder, que no es sólo político, se arraiga en la vida cotidiana y
en la subjetividad de cada uno de los hombres. En este campo el artista debe llevar su
expresión a un alto grado de compromiso con la realidad como su testigo irreverente,
debiendo descubrir en su obra y en su creación las propias leyes que la hagan posible.
De allí su crítica a los conceptos rígidos del muralismo mexicano: al convertirse en un
arte al servicio de un mensaje político, la expresión individual queda neutralizada por
la imposición de un tema: la exaltación de la revolución mexicana. Los presupuestos
obligados de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco determinan su
posición crítica, limitando la experiencia y el juicio del propio artista. No por ello
Marta Traba deja de reconocer los aportes técnicos de la pintura moralista y el valor
artístico de algunas de las obras de Rivera, en particular.
Continuando con el caso mexicano se puede observar la visión totalizadora de Marta Traba
cuando exalta y explica la obra universalista de Rufino Tamayo, como la de un hombre
solitario enfrentado con los planteamientos del muralismo, pudiendo subrayar el triunfo de
su vehemencia pictórica.
En este trabajo de elaboración, contraposición y desentrañamiento de las obras, dedica
a José Luis Cuevas toda su atención. Como ella misma lo anota, "Cuevas ha sido el
mejor dibujante del continente y uno de los mejores del mundo. Lo han imitado prudente y
escandalosamente, pero nadie ha podido hacerle sombra, porque Cuevas no tiene una manera
de pintar que, como toda manera, puede ser susceptible de imitaciones, sino una manera
de descubrir, que le pertenece sólo a él y por lo tanto es intransferible".
Estos artículos son todos el comienzo de una elaboración globalizante que hallará su
forma definitiva en Los cuatro monstruos cardinales (Ediciones Era, México, 1965),
donde busca las coordenadas comunes, con las expresiones del arte contemporáneo, de la
obra de Francis Bacon, Jean Dubuffet, Willem de Kooning y José Luis Cuevas. Igualmente lo
logra en su otro libro Los signos de la vida (Fondo de Cultura Económica, México,
1975), en el cual traza un paralelo entre Cuevas y Francisco Toledo.
La política de la cultura de
resistencia
Sus recorridos por América Latina, incitados tal vez por su inagotable capacidad de
curiosidad y de trabajo, ayudada por el exilio, la empujaron a comprometerse cada vez más
con el mundo artístico de nuestro continente. Desde siempre estuvo preocupada por
enfrentar y conocer los movimientos artísticos norteamericanos, por fundamentar y validar
la expresión del arte de resistencia como una alternativa latinoamericana que delimitara
las vías posibles de expresión, no sometidas a los centros mundiales del poder (y por
consiguiente de la cultura) o a las herencias del indigenismo, que ella denuncia como
formas banales de expresión: el estridente y forzado nacionalismo y el aberrante
folclorismo.
Para Marta Traba el sentido político de la obra de arte no es producto de una imposición
externa. Sentido que debe inscribirse en un concepto más amplio, el de la "cultura
de la resistencia", que aparece con posterioridad a 1970 -"La resistencia",
1973; "La cultura de la resistencia", 1974-. Tal vez sea desde esta concepción
terminal donde debamos leer los comienzos de su obra crítica, de la cual sería el
objetivo y el origen de su significado. En nuestra época la lucha no es sólo contra las
formas y expresiones que encuentran su límite y su deformación final en la saturación
de un espacio significativo, sino lucha por el desnudamiento de nuevas relaciones en las
que el arte, en su especificidad por fin recuperada, pueda encontrar su verdadero poder
estético, ético y político. Sólo desde allí el arte puede incorporarse al campo más
amplio de una cultura de la resistencia.
ANA MARIA ESCALLON
|