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Parte
posterior de la Casa Museo Pedro Nel Goméz. Vista del barrio Aranjuez.
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El precio de la patria Pedro Nel
Gómez 1899-1984
(primera parte
)
BEATRIZ GONZÁLEZ
Pintora
Agradezco a Alberto Sierra, quien con su conversación y guía enriqueció estas
reflexiones. Así mismo a Clio Gómez, al personal de la Casa Museo Pedro Nel Gómez, a Julián Posada, a Sergio Acevedo, a Martha
Calderón y a Oscar Alzate por su colaboración
FOTOGRAFIAS : LUZ ELENA CASTRO
Dios le
dijo a esta Antioquia: "Te haré arrugada y escabrosa, para que tus
hijos luchen contigo. Su vida no será en labranzas ni en pastoreos apacibles: habrán de
sacarte el pan de tus propios entresijos. Mira: tu relieve es tal que tus mismos
geógrafos de confundirse; los hombres que vuelen por tus espacios podrán darse mediana
cuenta de tu formación, más nunca podrán contemplarte tal es en tu conjunto, ya te
estudien de soslayo, ya de plomo". Conforme Dios, tuvo que ser. Aborigenes,
conquistadores, colonos, esclavos, hombres libres, todos, unos tras otros, han rompido y
escarbado este suelo, en busca de ese Dios adorado desde su primera revelación, y que lo
será, seguramente, hasta la consumación de los tiempos"
1. Incrustada en un
quicio del Palacio Municipal de Medellín se encuentra una especie de Sibila de Cumas de
Miguel Ángel. Vestida de negro hasta el suelo, se arropa las piernas con un tejido de
lana café; las cuentas de un grueso collar que simulan oro y la peineta que le recoge el
pelo canoso de manera impecable son su único adorno. La mercancía que empaca y trabaja
como un modo de subempleo la extrae de una gran bolsa de plástico y de una caja de carta
en la que se lee NORMA. Para quien no vive en Medellín esta escena resulta
incomprensible. Cuando ella empieza a murmurar en voz alta: "de macho y hembra no hay
que creer", se entiende más de sociología y con portamiento antioqueño que del
humilde oficio que la anciana desempeña.
Ella constituye un buen comienzo, una señal de partida para aproximar a la obra de Pedro
Nel Gómez, más aún si se piensa que este edificio vanguardista, de la década del
treinta, del arquitecto Nel Rodríguez (1905 sirve de albergue diurno en su exterior a
seres salidos de la leyenda antioqueña y en su interior conserva la epopeya de este
pueblo, distribuida por el vestíbulo, escaleras, despacho, secretarías y sala del
concejo en diez frescos memorables. Ellos fueron los primeros que indicaron la volunta del
pintor de comprometerse con las mayorías al revisar la historia regiona La vida de Pedro
Nel se divide en dos, antes y después de 1934, unida por una sola profesión, la de
artista, y un oficio parejo, así cambie su destino. Es muy difícil distinguir un
fresco de 1936 de uno de 1981. Una acuarela realizada cuando tenía treinta años de edad
y una de los 80, presentan la misma pincelada en el término justo de agua, los espacios
blancos del papel se asoman igualmente entre los trazos vigorosos, el mismo tema e
idéntica composición. Un artista inmutable en una lucha igual.
I
El comienzo inevitable para acercarse al
artista Pedro Nel Gómez, es sigue siendo la minería en Antioquia. El mismo lo hace al
comenzar su autobiografía: "En Anorí, en mi infancia conocí la minería directamente"
2
No
se quiere ubicar en el trabajo de las minas su fuente temática sino la explicación de la
fuerza interna que animó su vida y su obra. El río de población natal, afluente
del Nechí, informa con su cauce la imaginació infantil. Tomás Carrasquilla resalta la
importancia del Nechí: "Toda la historia de esta región, terruño intertropical
andino, está vinculada a este río, que arrastra en su fango la divinidad universal"
3
. Estos ríos minero tienen otros ingredientes; en lugar
de lavanderas vestidas, barequeras semidesnudas y oro en el lecho. La vegetación de sus
riberas está poblada de dioses y monstruos protectores de las especies y razas: La
patasola, protectora de los animales; la patetarro de la selva, la llorona de la especie
humana el mohán de los montes, la madremonte, el bracamonte, el hojarasquín del monte,
etc., quienes con sus poderes, chillidos, pezuñas y bramidos impide, el exterminio, la
depredación y el aborto.
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Geología.
De la serie "Los extractos de la tierra". Acuarela, agosto de 1970.
0.56X0.76m. Casa Museo
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Ellos todos son el santoral de Pedro Nel,
y por ellos algunas veces les de apariencia de iconografía griega. Todo el miedo dantesco
de la "oscura selva" se evidencia en sus cuadros de figuras frenéticas trepadas
en rama truncas o en nudos de figuras trenzadas en luchas aéreas o terrestres. Esta
imágenes míticas, el agua y el desnudo denotarán la presencia de la región, minera a
lo largo de su obra, así se haya ausentado de su casa paterna desde la infancia. Su
talento se manifestó tempranamente. A los diez años de edad le escribió a su padre
desde Medellín, con letra indecisa y voluntad clara: "Yo no quise entrar al colegio
porque yo lo que quería era aprende a pintar bien... pero yo sí entro si me dan el
sábado libre para yo pintar"
4
. En 1912, cuando inició su formación
artística, ya habían dejado su huella los artistas más destacados de la historia
antioqueña: Francisco Antonio Cano (1865-1935) y Marco Tobón Mejía (1876-1933). Si bien
Andrés de
Santamaría (1860-1945) y Roberto Páramo (1859-1939) eran de origen
antioqueño, su actividad se desenvolvió en otros lugares. Cano y Tobón, en cambio,
habían formado un grupo de actividad cultural, con la revista Lectura y Arte, y aunque ya
se habían ausentado -por esa época Tobón estaba en Europa y Cano en Bogotá-, sus obras
testimoniaban excepcionalmente su paso. Los maestros de pintura, color y composición que
iniciaron
a Pedro Nel en el arte fueron Humberto Chaves (1891-1971) y Gabriel
Montoya (1872 (75)-1925). Para Pedro Nel ellos resultaron unos académicos irremediables.
La ingeniería fue la profesión sólida que acompañó sus estudios de pintura. Muchas
veces se ha contrapuesto la profesión de ingeniero a la de artista: el gusto de uno
enfrentado a la sensibilidad del otro. Sin embargo, Pedro Nel estaba siempre orgulloso de
su polifacetismo. Las calificaciones obtenidas en la Escuela Nacional de Minas, en donde
estudió, presentan notas igualmente sobresalientes en matemáticas y en "dibujo
lineal y de adorno"
5
.
Lo cierto es que fue la profesión de
ingeniero la que le enseñó el manejo de la acuarela, arte en el cual se destacó por
sobre todos los artistas, dando origen a lo que se ha llamado la escuela de la acuarela
antioqueña, capítulo excepcional e inédito del arte colombiano. Sus discípulos Débora
Arango (circa 1910) y Carlos Correa (1912), además de una serie de pintores de distintas
generaciones tales como Eladio Vélez (circa 1897-1967), Luis Eduardo Vieco (1882-1955) y
Fernando Botero (1932) siguen su ejemplo al realizar acuarelas en gran formato; a partir
de la década del treinta se puede determinar un florecimiento. Pedro Nel retorna con esta
técnica una antigua tradición colombiana que partió de la acuarela topográfico, de
arquitectura y fortificaciones en la colonia, y llegó a su máximo desarrollo con las
láminas de la Expedición Botánica. A mediados del siglo XIX es corriente su uso.
Carmelo Fernández (1809-1887) la aprendió en su juventud en Nueva York y la enseñó en
Venezuela y la Nueva Granada. Sus láminas de la Comisión Corográfica son prueba de
destreza; los otros pintores de la Comisión, Enrique Price (1819-1863) y Manuel María
Paz (1820-1902) también son hábiles en su manejo, pero por encima de ellos se encuentran
los pintores que habían practicado la miniatura, como José María Espinosa (1796-1883),
Ramón Torres Méndez (1809-1885), José Gabriel Tatis (1813-1884), Luis García Hevia
(1816-1887), José Ignacio Castillo (XIX) y el inglés Edward Mark (1817-1895). No
obstante, al finalizar el pasado siglo y comenzar el presente, solamente hay muestras
esporádicas de artistas en la capital que trabajaron en acuarela, tal como Ricardo Moros
Urbina (1865-1942). Por el prestigio del óleo, se la relegó a la ilustración de
revistas y a la iluminación en planos, mapas y fotografías.
Pedro Nel le dio prestancia y tamaño a
la acuarela, tal vez como nunca había tenido. La sacó de la dimensión de la lárnina
científica, del cuadro de costumbres y la niveló con la pintura. Sus primeras
exposiciones en Medellín y la última en Bogotá antes de viajar a Europa, a comienzos de
1925, fueron obras realizadas en dicha técnica; pequeñas de formato, muestran que estaba
listo para recibir la gran lección del arte occidental. Algunas de ellas fueron donadas
al Museo Nacional por el arquitecto Pablo de la Cruz, (1894-1954) en cuya oficina trabajó
Pedro Nel como ayudante. Resulta interesante llamar la atención sobre su permanencia en
Bogotá entre 1923 y 1925: en primer lugar porque significa la influencia del arquitecto
De la Cruz, persona de notable cultura, que formó una pequeña colección de pinturas en
la que cabe destacar la obra Paisaje, del pintor venezolano Armando Reverón
(1889-1954), pieza invaluable, hoy en día propiedad del Museo Nacional. En segundo lugar,
porque representa la reunión en la capital de toda la intelectualidad antioqueña: Tomás
Carrasquilla, León de Greiff, Ricardo Rendón y César Uribe Piedrahita, quienes fueron
sus contertulios en el café Windsor. Por esa época Porfirio Barba Jacob andaba errante
por Centroamérica, Baldomero Sanín Cano había regresado al paí, como
representante
a la Cámara, Tomás Carrasquilla escribía folletines, para El Espectador y preparaba La
marquesa de Yolombó y León de Greiff resumía de esta manera su actividad nocturna:
"La noche hémosla pasado en el café, bebiendo (...). Bebimos disertando
(¿disertando?), vacíos (¿vacíos?), acerca de todos los tópicos imaginables, de los no
imaginables, y de otros, aún. Dábamos -eso sí- preferencia a motivos de poesía y de
estética, -ética- ¿y de estática? (...) Toda la noche hémosla pasado en el café bebiendo (...)".
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La llorona
de la selva. Acuarela 1947. 1.60 X 1.50m. Casa Museo
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II
Probablemente Pedro Nel fue, al decir de
León de Greiff, "el primero en
optar por la fuga definitiva"
7
; lo que se sabe con certeza es que llegó :
Holanda en la primavera de 1925. Su primera confrontación tuvo que ser con el arte del
siglo de oro: Rembrandt, Vermeer y Franz Hals. Cuando después de muchos años, ya casi
anciano, volvió a dicho país se hizo lleva a Haarlem para contemplar de nuevo y largo
tiempo la obra Las regente de Hals. Seguramente lo que admiraba Pedro Nel en esas
figuras austera era la gran energía que se desprendía de sus miradas y rasgos. Cuando
llega a París, meta de todo pintor, ésta era la capital del surrealismo y el reina de
Picasso. Como el surrealismo es elusivo, Pedro Nel no lo percibió. Le llamaron, en
cambio, la atención las obras de Cézanne, cuya influencia determinó gran parte de la
obra del antioqueño, especialmente los retrato; las pinturas de los impresionistas, por
"la lección de la luz"
8
; las caricatura de Daumier, que le debían de recordar con
nostalgia a su amigo Rendón la obra de Millet, a lo mejor por su intención social, y la
de Courbet, por el realismo. Pero su voluntad lo llevaba a Florencia. Era probablemente e
sentimiento de plasticidad que se experimentaba dentro y fuera de los muros en la cúpula
del Duomo, en el Día y la Noche de Miguel Ángel, en los frescos del
Carmine de Masaccio, en los medallones de cerámica de Luca della Robbia colocados en las
fachadas, en toda una ciudad fuera del tiempo testigo del mayor esplendor de la cultura
occidental.
Florencia del primer cuarto de siglo
presentaba la misma imagen con espíritu diferente: hacía poco más de un decenio los
artistas florentinos había librado una batalla campal en la estación de la ciudad con
los futuristas de Milán por el liderazgo de la vanguardia artística. Extinguido el
movimiento futurista hacia 1916, el arte italiano en esta etapa de entreguerras tendía
hacia un realismo y una reflexión sobre su tradición artística. Esta mirada al pasado
dio lugar, por un lado, a un nuevo academicismo preconizado oficialmente por Mussolini;
por otro, a un realismo arcaico y hermético que fue desarrollado líricamente por la
pintura metafísica con Giorgio de Chirico (1888-1978), Carlo Carrà (1881-1966) y Giorgio
Morandi (1891 1964), entre otros. En las dos maneras de hacer realismo había una
relación extraña de arte clásico y provincialismo. La estética de la pittura
metafísica fue difundida desde Roma por Mario Broglio en su revista Valori Plastici
9
y ejerció gran influencia sobre los artistas alemanes de
la Nueva Objetividad y el Realismo Mágico. En el momento de llegada de Pedro Nel, surge
el movimiento Novecento que tomó la dirección de la pittura metafísica. Este
fue
el ambiente que encontró en Italia y en su anhelada Florencia. Su maestro se llamaba
Felice Carena (1879-1965) y se ha considerado creador de "una pintura dentro del
espíritu de la tradición enmendado gracias unas instancias actuales"
10
. Marta Traba, al comentar la exposición Diez
Años de Pintura Italiana, presentada en 1957 en el Museo Nacional de Bogotá, recuerda
ante "las figuras trenzadas de Carena, (...) las luchas cuatrocentistas de
Pollaiuollo"
11
; en cambio Umbro Apollonio, en
la nota de catálogo de la misma exposición, percibe su preocupación de "corregir
tradición y vanguardia mediante una sentimentalidad que reformará el lenguaje según
algunos principios de la visión expresionista"
12
. En resumen, Felice Carena fue un pintor que
trató de unir la tradición renacentista con el expresionismo; este espíritu es afín al
de su discípulo Pedro Nel, quien presenta a lo largo de su obra idéntico conflicto.
La producción italiana del artista
antioqueño es bastante numerosa. Tenía tan grande interés, que decidió, contradiciendo
los reglamentos de la Academia, llevar sus pinturas al albergue del último piso de Via
del Benci 19 para trabajarlas allá. Tenía, así mismo, tiempo para estudiar
arquitectura. En las incidencias de la exposición de 22 artistas de Centro y Suramérica
en Roma, en 1928, se puede hacer un balance cuantitativo de su obra: "He alcanzado a
reunir cerca de 40 trabajos prontos para exponer, de ellos algunos cuadros grandes: 2,30 x
2,00 metros, un buen número de acuarelas y algunos trabajos de arquitectura"
13
le escribía a su padre desde Florencia en
febrero de ese año, y luego, dos meses después: "De Colombia éramos cuatro, dos
escultores [?] y dos pintores (Pedro Nel y Eladio Vélez) (...) los colombianos
presentamos mayor número de cuadros y en verdad fueron los mejor presentados. Con mis
acuarelas y dibujos y con las acuarelas de Vélez llenamos una sala; y con los cuadros al
óleo, ocupamos la tercera parte de la otra, la más grande"
14
. En julio del mismo año resaltaba la importancia
de su participación cuando le decía a su padre: "... yo deseaba abrir mi carrera
artística no con uno o dos cuadritos aceptados en qualquier [sic] salón internacional
sino con una muestra de carácter personal, es decir, con un grupo de trabajos
suficientemente numerosos para hacer conocer una tendencia y una evolución"
15
.
Las obras de Pedro Nel entre 1926 y 1928
permiten reconocer influencias no solamente de su contacto con la cultura universal, sino
inmediatas, del entorno en el cual estaba trabajando: en el retrato de su esposa con sus
dos hijos, llamado Maternidad (1927), se intuye el neoacademicismo de su maestro
Carena; en el del pintor Pujals Sabaté recuerda, por los azules grisáceos y el ritmo de
la pincelada, a Cézanne; en la acuarela Dama romana (1927), su casera, indica por
la reluctancia de los volúmenes que se acerca con talento a la pittura metafísica. De
todas las obras de este período, las más notables son los paisajes florentinos;
semejantes en la mesura de la luz y en el tono a los de Morandi, su contemporáneo
italiano, tienen "su reserva, su discreción y su silencio"
16
. Al parecer, la exposición de 1928 en Roma no
pasó inadvertida; Pedro Nel se mostró entusiasmado y le transmitió a su padre las
impresiones de un crítico: "Buscaba mostrar en mis telas una vida nueva, pintando no
ya para obtener aplausos del público, sino para aquellos pocos que estudian, quienes
piensan y quienes saben qué cosa es la pintura"
17
. Los éxitos de esta exposición le permitieron
guardar esperanzas respecto a alguna ayuda del gobierno, no en forma de beca, en lo que
había fracasado, sino con un nombramiento consular remunerado. Hasta entonces se había
sostenido con un aporte de sesenta pesos mensuales de la Sociedad de Mejoras Públicas de
Medellín. De alguna manera pudo continuar su permanencia en Florencia hasta finales de
1930, fecha en la cual regresó a su país.
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Cineraria.
Oleo sobre tela, 1926, 0.26 X 0.20m. Casa Museo
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III
Según Juan Friede, "su patria lo
recibió con fría indiferencia"
18
; se instaló en Medellín para siempre, porque
"Bogotá mata al pintor"
19
.
Su regreso de Europa, como el de la mayoría de artistas
que cursaban estudios lejos del país, obedeció a las repercusiones de la crisis
económica de 1929. Fue nombrado profesor del Instituto de Bellas Artes, el cual había
tenido que interrumpir su programa de introducción de artistas extranjeros por la
difícil situación económica que atravesaba. Todas las energías y la arrogancia que
acumuló en su permanencia en el exterior se volcaron fructíferamente sobre sus alumnos.
Quería hacerles ver el paisaje, la humedad, la luz, todo lo que su sensibilidad estaba
reconociendo después de seis años de ausencia y todo lo que había aprendido respecto al
desnudo, a las tensiones a que se someten los seres humanos en los modernos conflictos;
las técnicas que dominaba al extremo, como la acuarela y los conocimientos en historia
del arte que había acumulado. Sus alumnos fueron ampliamente beneficiados; prueba de ello
son las obras de Débora Arango y Carlos Correa, sus más destacados discípulos. Estos
años en los que se dedicó por primera vez a la enseñanza tuvieron amplia repercusión
en la historia del arte moderno colombiano: creó una nueva escuela, un movimiento que
rompió con el paisaje tradicional, con la mirada española a las costumbres y que se
incorporó a lo contemporáneo, esto es al conflicto, a la reestructura de la sociedad, al
paisaje de la tecnología. Su presencia en el Instituto fue un remezón que le dio
momentáneamente nivelación temporal al arte del país.
En 1933 se retiró del cargo y fue reemplazado por Eladio Vélez, su amigo y compañero en
la exposición de Roma y de quien se había distanciado desde entonces. Para entender el
cambio de orientación que sufrió el Instituto, basta comparar los paisajes al óleo de
Vélez que decoran el auditorio del Instituto de Bellas Artes, con los frescos del Palacio
Municipal de Medellín. A partir del cambio de profesor se dividió el arte antioqueño en
dos corrientes antagónicas: una escuela pastoril, a la cual un crítico calificó
en 1940 de contemplativo - estética, y la de Pedro Nel Gómez, quien, como dice Juan
Friede, "describe a sus discípulos los valores plásticos que revelan la vida
colombiana y que claman desesperadamente por un pintor que les dé forma (...) llama la
atención sobre la luminosidad del valle de Medellín, sobre los contrastes de su
colorido, sobre la rica paleta del paisaje. Dentro de Pedro Nel emana una fuerza de
convicción, una fe inquebrantable en el noble papel que ha de cumplir la pintura americana".
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Alrededores
de Florencia. Oleo sobre tela, 1927. 0.24 X 0.32 m. Casa Museo
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Pedro Nel venía de un continente en el
que se perfilaba el más descarnado enfrentamiento de la humanidad y de un país en
particular en el cual las luchas sindicales ganaban terreno al mismo tiempo que el
fascismo unificaba la arquitectura, las costumbres, el vestido. Llegó en el momento en
que Colombia había cambiado su Orientación: había dejado un gobierno conservador y
encontraba uno liberal, en ese momento un partido triunfalista. También encontraba un
país alterado; eran recientes los recuerdos de la matanza de las bananeras. Nuevos
partidos se conformaban clamando por una renovación. Raúl Eduardo Mahecha, María Cano,
Jorge Eliécer Gaitán agitaban la banderas de la huelga, del sindicato y de las
reivindicaciones sociales. Al llegar a su patria encontró un paisaje nuevo y adhirió a
él, con el entusiasmo de quien se compromete con un partido.
IV
Cualquier intento que se haga para
describir la actividad artística de Pedro Nel en 1934, año que constituye el clímax de
su carrera, no puede tener el sentido de vivencia que tienen las crónicas del escritor
santandereano Jaime Barrera Parra, quien llegó por primera vez a Medellín en febrero de
ese mismo año. Llegó, como dice, no en "viaje de misión" sino a conocer este
pueblo fuerte y fotogénico y "a estudiar sin libros y sin pretensiones el paisaje
antioqueño, el hecho antioqueño"; quería ser "el facturador de hechos y
situaciones y expresarles en el más sencillo de los lenguajes"
21
. Al principio como
"extranjero" fue víctima de las burlas de la distinguida antioqueña Teresita
Santamaría de González: "Antioquia se rió de usted un par de semanas(...) usted ni
nos entendió ni nos vio", le dijo en una ocasión. Barrera Parra, quien se casó
allá por segunda vez y murió accidentalmente dos años después, había capturado en
intantáneas los momentos más definitivos del desarrollo antioqueño.
Se encontró a Pedro Nel muchas veces y reseñó su vida en esa época capital:
Me presentaron a León
Trotsky, pero se llamaba Pedro Nel Gómez. La melena y los lentes, los ojos, la chivera,
que no eran traducidos del ruso, sino una creación personal, encierran un alma
rigurosamente marxista. Pedro Nel Gómez es uno de los pocos revolucionarios de verdad que
hay en este país de patriarcas.
-Tienes que ir a mi estudio, tienes que ver mis cuadros. Dicho y hecho. Nos fuimos. La
casita relampagueaba entre la mañana caliza. Salió a recibirnos la esposa del pintor,
una dama florentina, de cabellos de cedro. Pedro Nel vive en su mujer a Florencia. Y en la
casa, pequeña y pizpireta, atestada de telas y cartones, se respira el ambiente de la
creación artística.
-Para ver este cuadro, que es el homenaje a Rendón, tienes que sentarte en esta silla de
cuero. En ella se han sentado Germán Arciniégas, Gabriel Turbay, Efe Gómez.
Yo sé muy poco de pintura. Soy un juguete de la luz, un fotómano irreductible.
Por lo mismo, mi criterio se ahoga dentro de la admiración a lo refulgente. Pero al
contemplar la obra sustancial de Pedro Nel Gómez, comprendo, dentro del panorama
nacional, que es un universo desconocido, un reto a la Academia.
Me quedé sentado un largo rato porque me zumbaban los ojos. Me sentía avergonzado de no
poder precisar la impresión que me daba todo este mundo, ese mundo juvenil de Pedro Nel
Gómez.
-¿Qué opinas de esto?
-Que esto es la revolución rusa, la fuga de Kerensky, la instalación de la Cheka. Pero
para poder entenderlo todo, tengo que volver a tu estudio dos o tres veces, sentarme en la
silla, hacerte preguntas.
Entran los niños del artista añadiendo luz a la escena.
-Éste es el italiano y éste es maicero. Ambos van a ingresar a las milicias fascistas.
Trae el vermouth, Juliana. ( ... ).
Retratos, acuarelas, esbozos. Cada vez estoy más perplejo, pero más lleno de admiración
y de júbilo. Hay unas obras que son verdaderos editoriales, verdaderas requisitorias
contra la política. Es una campaña de alto sabor revolucionario, de una diatriba
cáustica, que hace pensar en Diego Rivera.
Bogotá va a tener una de las más bellas fiestas artísticas con la exposición de Pedro
Nel Gómez. La personalidad del Trotsky antioqueño, que se complementa dentro de él con
el hombre íntimo, el del hogar, el del café, el del charladero, es uno de los más
bellos casos de mística que se pueden registrar en Colombia. Efectivamente, dentro de
Pedro Nel Gómez habita un eslavo.
Por lo demás, su vida, su obra, es una cátedra de fe, de voluntad, de sana ambición, de
probidad intelectual, de pureza.
-¡Hay que trabajar, hay que trabajar y hay que trabajar! En este país está todo por
hacer. Hay que distribuir sobre el área de la república todos los artistas para que se
dediquen a la interpretación de la vida nacional, para edificar la monografía de la
patria. Esto tiene que hacerlo Alfonso López, que es un hombre de sensibilidad, un
nacionalista.
Pausa. Viento que bulle las cortinas. Tintineo de tres copas de vermouth. Desde el
balcón, en el débil horno del mediodía, conversa Medellín con las nubes y con las
montañas. ( ... ).
Yo creo en la pintura, en el porvenir de la pintura. Por ahora, en la Colombia de hoy,
vale poco como arte y como industria. Pero el país necesita pintores. Hay que llenar las
paredes con la palpitación de la realidad colombiana, que es una realidad del más
fabuloso volumen. Hay que ir a la tierra, hay que saber "ver" nuestras cosas.
Hay que entenderlas ópticamente. Y todo tiene un color o línea "nuestra".
Estos obreros, estos mineros, estos campesinos, esta gleba de donde ha de brotar la
revolución que termine con los directorios políticos, con esa escuela de declamación
que es el Congreso, con esas academias anémicas que nos están fosilizando. Hay que
trabajar, hay que trabajar a todo trance.
Sonaba un piano. Jugaba un niño. La montaña nos tiroteaba con tejos de oro.
-Tómate ese vermouth y volvamos a nuestros cuadros.
-¿No crees tú que estepaís tiene una incapacidad específica para el dibujo?
-¡Qué lo voy a creer! Ese es un prejuicio. Es una disculpa fraudulenta para refugiarse
en la pereza. Especialmente en la Antioquia minera, en la Antioquia negra, he visto casos
asombrosos. Yo tengo fe en la juventud, en el esfuerzo. Hay que trabajar, porque el
trabajo es la única justificación de la vida. Y hay que recordar a Leonardo, porque
Leonardo es toda Europa, todo el pensamiento del Occidente. Hay que crear las escuelas de
artesanos para enseñar a labrar la madera, la piedra. Con el equipo humano que podamos
formar en una década de años, será posible crear el arte nacional, la sustantividad
artística. Y hay que dejarse de pendejadas y de flirteos y de cositerías ratoniles. Hay
que mirar largo y encontrarnos con el país, con este bello país tan grande y tan
inédito.
Así habla este hombre dulce y tranquilo, que no lleva la revolución ni en los lentes ni
en la melena, sino en el alma. Su obra es su vida, sencilla y complicada, febril y fresca.
( ... ).
Salimos a la ciudad que bufaba de colores y modorra
22
Medellín, 9 de marzo de
1934
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Autorretrato
Oleo sobre tela, 1941. 0.70 X 0.60m.mUseo de Zea
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(...)Pedro Nel Gómez ha
hecho un retrato de Efe Gómez. Nos vamos a verlo. Hay que ir a la casa del escritor; a la
casa, que ya me es familiar, de don Efe. Hace una mañana de muselina. Una mañana que
parece un producto de Fabricato. Sale don Efe a recibirnos, con su facha fresca de
montañero.
-Vengo a ver su retrato, don Efe. Parece que Pedro Nel está muy orgulloso de su retrato.
Pedro Nel dice que sí, con los ojos que le fulgen bajo las lentes.
-Este hombre me reventó. Aquí estoy yo todo. Vea ese retrato. Es una ignominia.
Me puse a entender y lo entendí todo. Yo también tenía derecho a opinar. Ese retrato es
un expediente criminal, mi querido don Efe. Aquí está usted. Aquí está el hombre de
Titiribí, el hombre que una vez se compró una tienda, y se la bebió, en las riberas del
Cauca, de regreso de las montañas del Chocó, "en la época de la plata".
-Este hombre, este Pedro Nel, me dejó muy perro.
-Muy horrible.
-Pero muy yo.
-Sí, muy usted, don Efe.
Este retrato de Pedro Nel es una concepción a la vez geológica y psicológica de don
Efe. Estas manchas de color, estos bigotes solferinos, estos labios de lapislázuli, estos
ojos de bermellón, interpretan toda la fuerza mineral de Efe Gómez, minero y montañero,
masticando su magnífica personalidad como un "betel", parece una reverberación
de Guipúzcoa, uno de aquellos hombres de ladrillo que pintó Valentín de Zubiaurre.
Pedro Nel Gómez se ha superado en esta obra. Detrás del tumulto cromático está don
Efe, el Efe del "Guayabo Negro" y del "Zaratustra Maicero", el Efe que
se rompió un brazo por estar buscando un tesoro, el Efe que nos decía la otra tarde:
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Efe
Gómez, oleo sobre tela, 1934. 1.60 X 0.95m. Propiedad de Clara de Gómez
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-La descentralización es
un gran error. A este país hay que darle carreteras y aguardiente bueno y barato. Así se
entienden unos a otros. Y todo ello dentro de carcajadas sísmicas, con la cara llena de
hemoglobinas.
-Este cuadro es una acusación casi judicial. No lo deje ver de la policía porque lo
podrían llevar a la cárcel. ( ... ).
La ciudad es tranquila y queda. Pero de pronto caravanas de camiones cruzan las calles.
Unos llevan driles, otros crespones, otros baldosines, otros cerveza. La producción
fabril se hace sin estrépito. Obreras y máquinas, que trabajan de día y de noche,
surten al país de textiles, de pañolones, de ropa íntima.
Es la creación de una gran industria que vive bajo la techumbre del arancel, que le da
sabor y color al nacionalismo, que surte de alegría a todos estos valles. Desde Bello
hasta Caldas, en la atmósfera cristalina, sin fragor, sin pendencia, bullen las
fábricas. La crisis está fenecida. Antioquia suda y canta. Es el paisaje de la
protección industrial
que alimentan las aguas de Guadalupe, con el alimento portentoso del Horse Power
23
.
Medellín,
abril 18 de 1934
(...)
Pedro Nel Gómez va a realizar uno de sus viejos ensueños alimentados de la llama
azulina de su estética: el Concejo de Medellín acaba de confiarle al artista la
decoración de algunas salas de Palacio Municipal, y aquel se dispone para la obra. ( ...
).
Reanudamos una vieja plática ya olvidada: la pintura mural y el nacionalismo pictórico.
Desde su regreso de Europa Pedro Nel no tuvo otro empeño. Era necesario llevar hasta las
paredes toda la vida nacional en sus formas frescas, en sus expresiones ingénitas. No la
Colombia gubernamental ni la administrativa, la Colombia de los Tedeums y de los ministros
en cubilete, sino todo un país en su bloque crudo: el de las minas, el de las factorías,
el de las faenas rurales, el de las estaciones de ferrocarril, el de las bananeras y las
huelgas.
Y evocamos ahora en su nitidez natural una antigua escena. Fue durante la semana del paro,
en junio pasado. La ciudad zumbaba dentro del silencio medroso. Obreros insomnes, camiones
con ametralladoras y soldados. Ni un tranvía, ni un carro. En la estación del
ferrocarril los trenes se echaban a rodar por las carrileras. Todo el barrio de Guayaquil
parecía en la espera de una Comuna. El Estado capitalista se alzaba en grandes bloques de
cemento, de hierro y papel de código. ¿Qué iba a pasar? Iba a pasar algo. Frente al bar
del hotel Europa comenzó a desfilar una procesión de mujeres, las mujeres de los
obreros, esas que hemos visto en las acuarelas de Pedro Nel, orgullosas, maternales,
febriles. Las que dan los hijos para el taller y para la guerra, las que arrullan con
cantos y con besos la revolución, vestidas de púrpura. Dentro de ese tropel clamoroso,
regido por la asimetría de la vida, bajo el relámpago de las banderas negras, un hombre
de marfil parecía presidir el desfile. Alguien dijo: Pedro Nel Gómez. No era el capitán
comunista, no era el agente de la Unir, ni el representante del sindicato: Era menos o
más que eso, era el relator de esa procesión revolucionaria.
En la tarde de ese día se produjo un choque con el ejército, y de él resultó un obrero
muerto. Lo llevaron a la policlínica entre un tumulto de melenas. Pedro Nel espiaba ese
instante para echarse a arder, dentro de los vitriolos anímicos. Llegó a nuestra pieza,
tendida como un mirador sobre el gran silencio dinámico y pudimos observar que ya había
perdido el sombrero.
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Manifestación.
Oleo, 1946. 0.60X1.00m. Casa Museo
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-¡Qué belleza, Jaime,
qué belleza! He "visto" a la Revolución con mis propios ojos.
Al día siguiente ya la huelga estaba expirante porque se había firmado el pacto.
La ciudad se tiró a la calle para reabrir sus cacharrerías, sus comercios, para
reentablar las sabrosas pláticas, para discutir los periódicos. Era la vida que volvía
a tintinear después de la tregua. Pero, fruto del vivaz episodio, quedaba un muerto, ese
muerto que magnífica el gran sismo obrero desde Bakunin hasta la emersión unirista. Esa
carne, lívida y silenciosa, parecía el costo riguroso de la victoria. Pedro Nel Gómez
se quedó con él, con las mujeres que lo amaban, con los trabajadores en overol, y lo
acompañó al cementerio. Parecía un pasaje anacrónico porque "todo estaba
arreglado" , porque se tenía la impresión de que no había sucedido nada. Se fue el
artista con el muerto y con las mujeres, para regresar al taller, donde lo esperaba la
esposa.
-Me voy a la región minera -nos dijo ayer- para ver el mazamorrero, el poema de la batea.
Tengo que pintar unos sábalos. Todo eso hay que llevarlo a los muros, junto con los
niños del pueblo. Es una tarea que casi me oprime por su profundidad y por su riesgo.
Ponte a pensar que me juego mi reputación y mi vida artística. Porque "esto"
resulta o no resulta. 0 sale salgo" o no sale nada. Pero estoy radiante de fe y de
pobreza.
El concejo de Medellín ha tenido a Pedro Nel Gómez, no al pintor de difíciles
hermenéuticas, sino al místico y al trabajador, al ciudadano y al patriota. (... ).
No haría la factura de las conocidas viñetas veintejulieras de los estadistas de
corbatín y de las "inauguraciones 19 con vino y con música. La mano somera,
contrarréplica del ojo feroz, irá trazando el material de una monografía de la tierra,
vertical, del proscenio botánico, de los túneles y las usinas.
Pedro Nel Gómez, pintor discutido, se ha querido someter a un test azaroso. Lo vemos en
la preparación de sus baterías: la cal, que es necesario escoger cuidadosamente, las
gredas, los colores, las escalerillas, los delantales. Silba su alegría como un pájaro montañero
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Medellín
8 de diciembre
SEGUNDA
PARTE
1. Tomás Carrasquilla, "Hace tiempos", primer capítulo Obras
completas, tomo Editorial Bedout. Medellín, 1974, pág. 230. (regresar1)
2. Pedro Nel Gómez y
Carlos Jiménez Gómez, Pedro Gómez, capítulo "Los mineros nacen para el
fresco" Editado por Banco de la República, Banco Central Hipotecario,
Compañia Central de Seguros S.A. Bogotá, 1981. Sin paginación. (regresar2)
3. Tomás Carrasquilla,
op.cit,. pág. 230. (regresar3)
4. Pedro Nel Gómez y
Carlos Jimenez Gómez, op.cit,.s.p. (regresar4)
5
. Idem, s.p. (regresar5)
6. León de Greiff, Obras
completas. Editor Aguirre Medellín, 1970, pág. 275 (regresra6)
7. ídem, pág.
266. (regresra7)
8. Pedro Nel Gómez y
Carlos Jiménez Gómez, op.cit., s.p. (regresra8)
9. Seymour Menton,
Magic realism rediscovered. Art Alliance Press. Philadelfia, 1983, pág.45. (regresar9)
10. Marta Traba, Diez
años de pintura italiana, catálogo del Museo Nacional. Bogotá, marzo de 1957. (regresar10)
11. Marta Traba,
"La bienal italiana, capítulo siglo XX". El Tiempo. Bogotá, marzo 10 de 1957,
pág. 5A. (regresar11)
12. Marta Traba,
catálogo citado. (regresar12)
13. Pedro Nel Gómez y
Carlos Jiménez Gómez, op. cit., carta febrero 1928, s.p. (regresar13)
14.
Idem s.p. (regresar14)
15. Idem, carta de julio
de 1928. Vitale Bloch, Giorgio Morandi. Edizione del Milione. Milán, 1955, s.p. (regresra15)
16. Vitale Bloch, Giorgio
Morandi. Edizione del Milione. Milán 1955, s.p. (regresar16)
17. Pedro Nel Gómez y
Carlos Jiménez Gómez, op.cit., carta desde Florencia, julio 16 de 1928, s.p. (regresar17)
18. Juan Friede, Carlos
Correa. Ediciones Espiral. Bogotá, 1945. pág. 19. (regresar18)
19. ídem, pág.
31. (regresar19)
20. Beatriz González,
"La historia entre líneas". Magazín Dominicial, El Espectador. Bogotá, julio
29 de 1984, págs. 6 y 7. (regresar20)
21. Jaime Barrera Parra,
Prosas, r
ecopilaciones de Ricardo Serpa Cuesto. Editorial Continente.
Bogotá, 1969, pág. 280. (regresar21)
22. Idem, pág 291. (regresar22)
23. Idem pág.
317. (regresar23)
24
. Idem, pág.
345. (regresar24)
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