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Los
nuevos cuernos del carnero
El Carnero. Según él manuscrito de Yerbabuena
Juan Rodríguez Freile
Edición, introducción y notas de Mario
Germán Romero.
Instituto Caro y Cuervo. Bogotá, 1984,
348 págs. XV laminas
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El Instituto Caro y Cuervo, en el tomo
XXI
de su Biblioteca Colombiana, entrega al público de los especialistas en
literatura colombiana la edición de un manuscrito desconocido de
El Carnero, el
de Yerbabuena (Y), copiado en Tunja en 1810, que es uno de los seis conservados de la
popular obra de Rodríguez Freile. De éstos había sido publicado sólo el más antiguo,
el de Ricaurte y Rigueyro (R), copiado en 1784, que ahora pertenece a la Biblioteca
Nacional.
La trece ediciones de El Carnero anteriores a ésta, en su mayoría, habían
reproducido el texto de la primera edición, hecha por Felipe Pérez en 1859, tomado de un
manuscrito hoy perdido Sólo dos de ellas, la séptima, hecha por el ministerio de
Educación Nacional (Bogotá, 1955), y la decimotercera, la excelente realización de
Darío Achury Valenzuela para la Biblioteca Ayacucho de Venezuela (1979), se basaron en un
texto diferente, el del manuscrito R, que presenta variantes notables respecto al que
siguió Pérez (P) y párrafos completos omitidos en otros manuscritos. Achury reprodujo,
corregido, el texto de la edición de 1955.
De manera que, esta edición del Caro y Cuervo viene a ser la decimocuarta de El
Carnero, la segunda publicación de un manuscrito y la tercera versión impresa del
texto que conoce el lector moderno (teniendo en cuenta que la segunda edición, hecha por
Ignacio Borda en 1884, reirnprimió el mismo texto de Pérez pero con la adición del
catálogo de los arzobispos y prebendados del Nuevo Reino desde 1569 hasta 1638).
Esta edición, como todas las del Instituto Caro y Cuervo, está realizada cuidadosamente
y enriquecida con ilustraciones. Mario Germán Romero asume la dispendioso labor de la
edición del manuscrito de Yerbabuena, cuya transcripción estuvo a cargo de la licenciada
Angelina Araújo Vélez, con el encomiable objetivo "de proporcionar a los
investigadores un instrumento de trabajo" que servirá a quien quiera emprender la
tarea de cotejar las varias copias y ediciones existentes para reconstruir, en lo posible,
el texto primitivo. El texto de El Carnero va precedido por una autobiografía de
Juan Rodríguez Freile, elaborada con base en un inventario exhaustivo de las referencias
autobiográficas contenidas en las diversas versiones conocidas de la obra, y por una
larga Introducción (págs. XXIII-LXXV) en la que el editor reseña los diferentes
manuscritos y ediciones y cuya parte central está constituida por un ensayo sobre la
discutida cuestión de la historicidad de El Carnero. La introducción termina con
una lista de arcaísmos y vulgarismos en el manuscrito de Yerbabuena (los cuales, para
mayor claridad, hubiera sido deseable que el editor listara por separado) y con una
bibliografía bastante completa sobre el autor y la obra. El volumen trae al final un
índice onomástico y otro general.
Romero hace una descripción del manuscrito: señala los cambios de letra, de tinta, los
diversos tipos de notas marginales que indican las sucesivas superposiciones a la copia
primitiva. Respeta la integridad del texto y se limita a reproducirlo modernizando la
ortografía, la puntuación y resolviendo las abreviaturas pero sin corregir los
errores que hay en él. Estos van señalados en las notas del editor que están agrupadas
al final de cada capítulo y las que, como él mismo afirma, "se reducen a establecer
los nombres mal escritos o a aclarar algunos pasajes oscuros e ininteligibles" (pág.
xii). Por lo tanto, el aparato crítico relativo al esta- blecimiento del texto está
reducido a sencillas correcciones del tipo: "en la prisión, léase: en la primera
ocasión" (pág. 153, nota 4); "por convenir: puede convenir" (pág. 19,
nota 1); "Tayrona" en vez de "Talaorna", o "Serrano", en vez
de "Sambrano". Con ayuda de otros textos, generalmente P y R, transcribe pasajes
cortos ininteligibles en Y debido a la mala lectura del copista; sin embargo, no anota
sistemáticamente las variantes de Y con respecto a éstos. Señala las largas omisiones
de Y (donde faltan párrafos enteros en R o P o en ambos) indicando, a veces vagamente:
"Faltan dos párrafos", "Falta un párrafo" (pág. 31, notas 1 y 2),
"Faltan los nueve primeros párrafos" (pág. 53, nota 1) pero sin precisar cuál
es el texto que le sirve como punto de referencia (el lector deduce que tiene a la vista
ambos P y R); otras veces especifica el tema de los párrafos omitidos: "Omite un
párrafo sobre la hermosura" (pág. 108, nota 7). La edición está hecha con
seriedad, de acuerdo con las exigencias del método filosófico, aunque éste podría
haberse aplicado con mayor rigor. Las observaciones contenidas en las notas son
cuidadosas, salvo pequeños errores como el contenido en la nota 14, pág. 154, al cap.
XIII,
que dice: "aquí omite dos párrafos sobre los celos", cuando, en
realidad, revisando P y R se trata de la omisión de uno sobre la hermosura de las mujeres
y otro sobre los celos.
Mario Germán Romero, en el aparte tercero de la Introducción, bajo el título de
"¿Historia o ficción?", plantea el discutido problema de la historicidad de El
Carnero tomando partido a favor de ella. Reseña inicialmente los conceptos de los
diversos editores y prologuistas de la obra y luego, con el objeto de "ver hasta
dónde está ceñida a la verdad histórica la crónica de El Carnero", la
coteja con documentos contemporáneos, tomando como ejemplo tres episodios entre los más
conocidos: "El crimen del oidor Cortés de Mesa", "El casamiento de doña
Jerónima" y "El visitador de los dominicos".
Nos referiremos aquí solamente al primero de estos episodios. Romero aporta nuevos datos
para establecer el verdadero nombre del oidor que era Luis, y no Andrés, como afirma El
Carnero, nombre que en la realidad corresponde al hermano del oidor. Coteja luego
"el episodio en sí mismo" con las versiones de los hechos contenidos en
documentos como la carta que el presidente Lope de Armendáriz y el licenciado Zorrilla
envían a Su Majestad, el testimonio del oidor Francisco de Auncibay, la consulta que el
Consejo de Indias dirige al rey. El estudio demuestra que Romero ha investigado
acuciosamente las Fuentes documentales para la historia del Nuevo Reino de Granada publicadas
por Juan Friede y los documentos transcritos por Ulises Rojas en El cacique de
Turmequé y su época. Después de comparar pormenores como la situación familiar del
oidor y su relación con Juan de los Ríos, concluye que el relato de Rodríguez Freile no
es una ficción y que tiene valor histórico. Recuerda que el cronista remite
continuamente al lector a "los autos" y éstos corroboran los hechos referidos
por él. Afirma: "El Carnero es un libro de crónicas históricas: crónica
general en los primeros capítulos y crónica local en el resto de la obra. La narración
va ceñida a los documentos (...) y está escrita con gracia y agilidad" (pág. LXV).
El autor de este ensayo, preocupado por la fidelidad de El Carnero a la historia,
no parece estar muy interesado en su aspecto literario, donde radica precisamente su
originalidad, y apenas alude a él tangencialmente al señalar "gracia" y
"agilidad" como características de su escritura. Es discutible su plantea
miento disyuntivo del problema: "¿Historia o ficción?" que no parece ser el
más adecuado para obras del período colonial en las que, como ocurre en El Carnero, se
presenta una tensión entre historia y literatura (poesía, en el lenguaje de la
época) y lo que el texto afirma en su superficie queda relativizado o negado en su
estructura profunda.
Con esta observación no se pretende negar o poner en duda el valor histórico de la obra
de Rodríguez Freile, ni exigirle a Romero un análisis literario, sino otorgarte el
debido reconocimiento a la presencia de los procedimientos literarios que hacen de El
Carnero una crónica sui géneris en la que confluyen la historia y la
invención poética, es decir la ficción. Valor histórico e imaginación poética no
tienen por qué ser excluyentes, a no ser que queramos medir El Carnero con el
patrón del ensayo histórico.
El manuscrito de Yerbabuena presenta una versión del texto más descuidada que P y R y se
caracteriza por suprimir numerosos párrafos, sobre todo aquellos referentes a las
digresiones del narrador con las consideraciones morales que establecen el marco de
referencia ético-filosófico de la obra. Estas omisiones bien merecían un estudio, pues
indican que esta versión, aligerando el relato del elemento doctrina y ejemplar, hace
más énfasis en lo narrativo.
La edición de este manuscrito de El Carnero es de indudable valor e interés para
los estudiosos de litetatura colombiana, que encontrarán en él material para futuros
trabajos y, sobre todo, facilita la tarea de emprender la edición crítica e integral,
que tenga en cuenta los diversos textos con sus variantes, de esta obra temprana y
original de la colonia neogranadina.
MARÍA TERESA CRISTINA
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