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A
nobleza comprada le sale su hombre-caimán
Mompox y Loba, Historia doble de la
costa - 1
Orlando Fals Borda
Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1979, 324
páginas
En este primer volumen Orlando Fals Borda
nos introduce al mundo riberano de la depresión momposina. De entrada nos presenta los
dos conceptos que serán claves a lo largo de este volumen: región y cultura. El concepto
de región articula lo físico y lo histórico al referirse a unidades espaciales
(geográficas y ecológicas) en las cuales grupos humanos viven adaptadamente
desarrollando formas culturales específicas. La depresión momposina constituye una
subregión de la costa atlántica, en el marco de sucesivas formaciones sociales (la
colonial y la nacional).
El concepto de región sería solamente una categoría espacial si no se le incorporase el
de cultura. De ahí la necesidad, para Fals Borda, de introducir la categoría de cultura
anfibia que incluye el conjunto de actitudes, comportamientos, valores y tradiciones de
los habitantes de la subregión momposina. Básicamente se trata de una cultura riberana
que se reproduce a partir tanto de los ríos como de tierra firme. El mito del
hombre-caimán es el mejor símbolo de los pobladores de la depresión momposina.
Una vez aclarados estos conceptos, Fals Borda se remonta históricamente a las bases de
dicha cultura anfibia: los grupos indígenas malibués, zenúes, chimilas, etc. La
conquista española arrojó, como en toda Hispanoamérica, un balance negativo para las
comunidades indígenas. Sin embargo, el hecho colonial se impuso y sobre estos grupos
indígenas se desarrolló la dominación "señorial" española. Como sucedió en
otras regiones de Hispanoamérica, en ésta subregión se establecieron lentamente las
encomiendas, los resguardos, el concierto agrario, y posteriormente la esclavitud.
Paralelamente a la cultura dominante española se fue formando desde abajo una cultura
mestiza, anfibia, una verdadera contracultura popular. Para Fals, esta contracultura
constituyó un vehículo de resistencia a los poderes dominantes. Dicha resistencia, por
tanto, incluyó desde las rebeliones indígenas y los palenques, hasta la música y el
ethos costeño. En el tratamiento dado a las luchas de resistencia subyace una nueva
perspectiva historiográfica, de la que hablaremos más adelante.
En la segunda parte del libro, penetra detalladamente en la mentalidad y los conflictos de
las clases dominantes coloniales en la subregión estudiada. El autor nos describe unos
sectores dominantes que combinan distintas actividades económicas (minería, agricultura,
ganadería y aun comercio), explotando la mano de obra por medios diversos (encomienda,
concierto, esclavitud, colonos, jornaleros, etc.) en un marco de racionalidad diferente de
la capitalista, pues más que buscar la reproducción del capital -invirtiendo los
excedentes en la ampliación de la producción-, los sectores dominantes coloniales
buscaban la obtención y reproducción de cierto status, gastando el excedente en
bienes suntuarios y en la compra de títulos nobiliarios. Comportamiento
"racional" en una sociedad como la colonial, sociedad cerrada, de estrecho
control burocrático y de privilegios, donde era necesario conquistar una alta posición
en ella al costo que fuera preciso.
El proceso de consolidación de una nobleza momposina no estuvo exento de conflictos. El
principal, a los ojos de Fals Borda, fue el que comenzó a dibujarse a finales del siglo
XVIII en el enfrentamiento entre terratenientes señoriales y dinámicos comerciantes. La
Independencia pareció inclinar la balanza en favor de los últimos. Ahora bien, en este
proceso los trabajadores no permanecieron inermes y pasivos. El señorío encontró su
límite en la cultura anfibia y en la resistencia popular. A la sociedad señorial se le
opusieron formas contestatarias de organización social, informalidad en el vivir
cotidiano, el "dejao" en la producción y, en fin, el ethos costeño que
se ha plasmado en el mito del hombre-caimán.
En la reseña de este primer volumen de la Historia doble de la costa, es forzoso
comentar la propuesta metodológica de Fals Borda: la investigación-acción participante
(Iap). La Iap constituye, a grandes rasgos, un intento de articular el conocimiento
científico con la acción política transformadora. Esta metodología se nutre de
diversas técnicas que el autor va describiendo al final de cada capítulo (v. gr., la
ilación de acontecimientos, la recuperación crítica y la devolución sistemática, la
imputación, etc.). En estas técnicas encontramos procedimientos novedosos que silencian
a aquellos historiadores que se quejan de la ausencia de documentos para reconstruir la
historia. Ahora bien, si existe novedad en las técnicas, no podemos decir lo mismo de la
Iap como tal, pues ésta aparece como una variante del método de "observación
participante" de los antropólogos. Claro está que la Iap va más allá de éste
método, pues incorpora una finalidad claramente transformadora de la realidad
investigada.
Sin embargo, el punto más controvertible de la Iap reside en que se postule
implícitamente como el único método válido de conocimiento de una realidad. Sólo
aquello que esté mediado por las "bases", constituye un conocimiento adecuado
en las ciencias sociales. Esa es la conclusión que el lector ingenuo extraería del
trabajo de Fals Borda. Esta posición niega el necesario pluralismo metodológico en las
ciencias sociales. Una cosa es propiciar el diálogo interdisciplinario -propósito al
cual indudablemente contribuye el autor- y otra cosa es suprimir las especificidades
metodológicas de las distintas disciplinas, reduciéndolas a una metodología única.
Esto sin entrar a discutir los problemas que para una teoría del conocimiento ofrece la
propuesta Iap. En síntesis, valoramos la investigación-acción participante como una
metodología, pero no como la Metodología.
M. A. N.
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