Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 2,  Volumen XXI , 1984
 

A nobleza comprada le sale su hombre-caimán


Mompox y Loba, Historia doble de la costa - 1
Orlando Fals Borda
Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1979, 324 páginas

En este primer volumen Orlando Fals Borda nos introduce al mundo riberano de la depresión momposina. De entrada nos presenta los dos conceptos que serán claves a lo largo de este volumen: región y cultura. El concepto de región articula lo físico y lo histórico al referirse a unidades espaciales (geográficas y ecológicas) en las cuales grupos humanos viven adaptadamente desarrollando formas culturales específicas. La depresión momposina constituye una subregión de la costa atlántica, en el marco de sucesivas formaciones sociales (la colonial y la nacional).
El concepto de región sería solamente una categoría espacial si no se le incorporase el de cultura. De ahí la necesidad, para Fals Borda, de introducir la categoría de cultura anfibia que incluye el conjunto de actitudes, comportamientos, valores y tradiciones de los habitantes de la subregión momposina. Básicamente se trata de una cultura riberana que se reproduce a partir tanto de los ríos como de tierra firme. El mito del hombre-caimán es el mejor símbolo de los pobladores de la depresión momposina.
Una vez aclarados estos conceptos, Fals Borda se remonta históricamente a las bases de dicha cultura anfibia: los grupos indígenas malibués, zenúes, chimilas, etc. La conquista española arrojó, como en toda Hispanoamérica, un balance negativo para las comunidades indígenas. Sin embargo, el hecho colonial se impuso y sobre estos grupos indígenas se desarrolló la dominación "señorial" española. Como sucedió en otras regiones de Hispanoamérica, en ésta subregión se establecieron lentamente las encomiendas, los resguardos, el concierto agrario, y posteriormente la esclavitud. Paralelamente a la cultura dominante española se fue formando desde abajo una cultura mestiza, anfibia, una verdadera contracultura popular. Para Fals, esta contracultura constituyó un vehículo de resistencia a los poderes dominantes. Dicha resistencia, por tanto, incluyó desde las rebeliones indígenas y los palenques, hasta la música y el ethos costeño. En el tratamiento dado a las luchas de resistencia subyace una nueva perspectiva historiográfica, de la que hablaremos más adelante.
En la segunda parte del libro, penetra detalladamente en la mentalidad y los conflictos de las clases dominantes coloniales en la subregión estudiada. El autor nos describe unos sectores dominantes que combinan distintas actividades económicas (minería, agricultura, ganadería y aun comercio), explotando la mano de obra por medios diversos (encomienda, concierto, esclavitud, colonos, jornaleros, etc.) en un marco de racionalidad diferente de la capitalista, pues más que buscar la reproducción del capital -invirtiendo los excedentes en la ampliación de la producción-, los sectores dominantes coloniales buscaban la obtención y reproducción de cierto status, gastando el excedente en bienes suntuarios y en la compra de títulos nobiliarios. Comportamiento "racional" en una sociedad como la colonial, sociedad cerrada, de estrecho control burocrático y de privilegios, donde era necesario conquistar una alta posición en ella al costo que fuera preciso.
El proceso de consolidación de una nobleza momposina no estuvo exento de conflictos. El principal, a los ojos de Fals Borda, fue el que comenzó a dibujarse a finales del siglo XVIII en el enfrentamiento entre terratenientes señoriales y dinámicos comerciantes. La Independencia pareció inclinar la balanza en favor de los últimos. Ahora bien, en este proceso los trabajadores no permanecieron inermes y pasivos. El señorío encontró su límite en la cultura anfibia y en la resistencia popular. A la sociedad señorial se le opusieron formas contestatarias de organización social, informalidad en el vivir cotidiano, el "dejao" en la producción y, en fin, el ethos costeño que se ha plasmado en el mito del hombre-caimán.
En la reseña de este primer volumen de la Historia doble de la costa, es forzoso comentar la propuesta metodológica de Fals Borda: la investigación-acción participante (Iap). La Iap constituye, a grandes rasgos, un intento de articular el conocimiento científico con la acción política transformadora. Esta metodología se nutre de diversas técnicas que el autor va describiendo al final de cada capítulo (v. gr., la ilación de acontecimientos, la recuperación crítica y la devolución sistemática, la imputación, etc.). En estas técnicas encontramos procedimientos novedosos que silencian a aquellos historiadores que se quejan de la ausencia de documentos para reconstruir la historia. Ahora bien, si existe novedad en las técnicas, no podemos decir lo mismo de la Iap como tal, pues ésta aparece como una variante del método de "observación participante" de los antropólogos. Claro está que la Iap va más allá de éste método, pues incorpora una finalidad claramente transformadora de la realidad investigada.
Sin embargo, el punto más controvertible de la Iap reside en que se postule implícitamente como el único método válido de conocimiento de una realidad. Sólo aquello que esté mediado por las "bases", constituye un conocimiento adecuado en las ciencias sociales.  Esa es la conclusión que el lector ingenuo extraería del trabajo de Fals Borda. Esta posición niega el necesario pluralismo metodológico en las ciencias sociales. Una cosa es propiciar el diálogo interdisciplinario -propósito al cual indudablemente contribuye el autor- y otra cosa es suprimir las especificidades metodológicas de las distintas disciplinas, reduciéndolas a una metodología única. Esto sin entrar a discutir los problemas que para una teoría del conocimiento ofrece la propuesta Iap. En síntesis, valoramos la investigación-acción participante como una metodología, pero no como la Metodología.

M. A. N.