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Echao palante
Gonzalo Mejía. 50 años de Antioquia
Héctor Mejía Restrepo
El Sello Editores. Bogotá, 1983
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El libro del ingeniero Héctor Mejía Restrepo se publica en un momento de crisis moral y ética de una sociedad en donde ciertas fuerzas venidas de los nuevos tiempos parecen querer desdibujar el pasado histórico de un pueblo que ha sido movido por un referente general: el trabajo, y que ahora abre paso a otras concepciones que riñen con sus tradiciones ancestrales.
No sería desenfocado pensar en cierta intencionalidad del autor contra este signo de los tiempos y una tácita argumentación contra la frase del poeta que dice: "contar es ir al olvido".
El mito y la leyenda del "modo de ser antioqueño", tantas veces examinados por teóricos de lo social, sólo pueden ser entendidos históricamente. Mito y leyenda parecen ser la puerta de entrada de este ensayo histórico-biográfico de un personaje antioqueño como lo fue Gonzalo Mejía, ritualizados en un subtexto "moralizante" que llama a seguir un ejemplo. Puerta de entrada que ofrece una trampa tanto a su autor como al lector. Éste es tal vez el doble juego que hace de la lectura de este libro una aventura deliciosa en la que lo simbólico recobra vida en el mismo personaje y viceversa, en un acto que es reproducido por procesos que se colocan por fuera de la obra y en donde el mito es también una práctica que nombra, codifica, pero que también mueve una voluntad del hacer y cuyos resultados para el pasado son tangibles pero para el presente impredecibles.
El autor de este libro, Héctor Mejía Restrepo, antioqueño nacido en Andes en 1940, graduado en la Escuela de Minas de Medellín en 1965, no es historiador ni biógrafo con formación académica; simplemente ha reunido para su trabajo la disciplina adquirida en el ejercicio profesional de la ingeniería, una disposición al trabajo literario (tiene inéditos un libro de cuentos y una novela) y la tozudez de alguien que ama profundamente a su tierra antioqueña y admira a personajes que encarnan sus valores, como Gonzalo Mejía.
El carácter de amateur del autor es la garantía de un resultado en el que se logra cierta soltura que se siente a lo largo de las páginas de esta obra y que opera también en el sentido de librarlo del acartonamiento académico tan habitual en trabajos de tipo histórico. El resultado de todo esto es una sugestiva organización que trata de imponer un orden racional, mas no por eso carente de afecto, a la vida y obra del personaje que presenta el libro. Es ese orden el que corrobora más la intencionalidad de la obra, mencionada al iniciarse estas notas.
Haciendo eco a las palabras dichas por Fernando Gómez Martínez en Turbo (1956) de que don Gonzalo "tuvo visión de la tierra, el aire y el mar", Mejía Restrepo reconstruye la vida de su personaje a través de los resultados de un hacer continuo y caracterizado por la constante innovación: los deslizadores por el río Magdalena, la compañía de navegación aérea, la construcción del teatro Junín de Medellín, su participación en los albores del cine colombiano, la carretera al mar, la creación de la primera empresa de taxis en Medellín, el nacimiento de la empresa aérea Umea, la construcción del aeropuerto de Medellín, la primera abastecedora de carnes, y el esfuerzo por sacar adelante la idea de la autopista Medellín-Bogotá. Ahí, en cada una de esas obras vitales para el desarrollo tanto regional como nacional, encuentra el ingeniero Mejía Restrepo ocasión para relatar otros aspectos de la personalidad de don Gonzalo.
Esta manera, muy antioqueña por cierto, de presentar el personaje va dejando en el lector una imagen que coincide con la idea schumpeteriana del empresario. Es la figura de don Gonzalo la de una especie de "anormal" en la sociedad, por cuanto su éxito, riesgo o fracaso tiene que ver no sólo con la intención y con la repugnancia que siente hacia lo habitual, hacia los caminos trillados, sino también con el clima social en que se mueve. Características estas que, puestas en juego en el contexto social, producen cambios importantes en el desarrollo del espacio histórico en que se mueve el personaje.
Nadie podría dudar sobre el efecto que tuvieron las "locuras" de este gran hombre antioqueño. Pero también es cierto que quedan en el lector dudas sobre la existencia de otros móviles en la vida de don Gonzalo, como el ideal de crear un mundo privado, la voluntad de poder, de tener éxito por el éxito mismo o las motivaciones de un goce creador que sólo quiera ejercitar la energía y el ingenio, independientemente de su resultado en el conjunto de sus prácticas sociales. En este aspecto existe un gran silencio en la obra.
Muy bien escogidas las referencias a otro personaje que logra, como actor de reparto", ganarse la simpatía del lector. Se trata de Marichú, la hermana de don Gonzalo, en la cual se logra caracterizar un "tipo ideal de mujer conservera" de la tradición religiosa y humanitaria.
La vida familiar del personaje está tratada con cierto distanciamiento que es necesario respetar pero que en definitiva aleja al libro de lo que se ha considerado como género biográfico. Lo mismo sucede con el aspecto político. No basta reducir este punto a la no militancia en uno u otro partido político. El autor no intentó vencer este sentido común para encontrar el verdadero análisis de la que fue la vida política de Gonzalo Mejía y su forma particular de acercarse a la estructura de poder tanto regional como nacional . En este sentido, la obra se queda corta.
Sin embargo, así, con estas anotaciones que buscan más bien destacar las impresiones de un lector, nos enfrentamos a la vida de un hombre que, como Gonzalo Mejía, escogió o aceptó con pasión su destino, narrada en un libro escrito con el amor, dedicación y honradez que rechazan el olvido.
MANUEL RESTREPO YUSTI
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