Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 2Volumen XXI , 1984
 

La cultura en el trimestre

La intuición para presentar una exposición en el justo momento es una de las condiciones para asegurar la comprensión, el éxito y la creación de un hecho artístico. La selección de la artista antioqueña Débora Arango para exhibir su obra en forma retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Medellín, durante los meses de julio, agosto y septiembre, y en la Biblioteca Luis Ángel Arango a mediados de noviembre, constituye un acierto de la institución que tuvo la iniciativa.
Desde mediados del año, se ha planteado a todos los niveles una reflexión sobre el tema de la violencia; el nueve de abril de 1948, ha sido debatido, revisado, revivido y comentado; la clase política se ha cuestionado nuevamente, y los fenómenos que implica la experiencia de la amnistía permiten un autoexamen del país. La obra de Débora Arango, realizada durante 47 años, confirma su declaración: "la pintura se confunde con mi vida", palabras con las cuales demuestra cómo el arte es la fuente más viva para la investigación histórica.
Las corrientes artísticas de los últimos años, en todo sentido vitalistas, han situado como vanguardia o transvanguardia, como se ha denominado, una clase de pintura elemental, ardiente, que se emparienta históricamente con el fauvismo y con el expresionismo abstracto, sin llegar a ser una revisión de estos movimientos. Antes que nada tiene que ver con la violencia del momento, con los punk, con la pincelada descontrolada y con el color de la imagen electrónica. Para sorpresa del espectador, la pintura de Débora Arango, realizada en pasados decenios, participa de la actualidad de estos planteamientos, que ella denominó "duros" y que le merecieron la incomprensión de la crítica y la censura en todos los órdenes.
La exposición, apoyada en una cuidadosa investigación, con una impecable curadoría que se aprecia desde la selección y montaje de las obras hasta la elaboración del catálogo, demuestra como la coherencia del trabajo permite el acceso al espectador. Por las anteriores consideraciones resulta pertinente destacarla como la mejor exposición del segundo semestre de 1984.

BEATRIZ GONZÁLEZ


El VI Vestidas
internacional de teatro de Manizales


El Festival Internacional de Teatro de Manizales fue el acontecimiento cultural de más amplias perspectivas en el presente año, no solamente por la oportunidad que brindó a los valores nacionales, en este campo, de proyectarse internacionalmente y confrontarse con otros realizadores latinoamericanos, sino porque propició un encuentro masivo (en las calles y plazas, en las salas de representación y de conferencias, en las fiestas y tertulias) de la juventud interesada en cuestiones artísticas, de nuevos actores y directores, críticos y espectadores, así como del pueblo de Manizales.
El encuentro tuvo, además, el valor especial de las "difíciles resurrecciones", puesto que renació después de once años y cuando ya se lo consideraba clausurado definitivarnente, lo cual constituye un triunfo contra una serie de fuerzas oscurantistas que ven en el teatro (y especialmente en el teatro experimental y con preocupaciones de crítica social) un peligro para el "establecimiento". No obstante, hubo problemas: la representación de Colombia no pudo integrarse satisfactoriamente por causa de un enfrentamiento entre el Consejo Nacional de Teatro y la Corporación Colombiana de Teatro, debido a las exigencias excesivas de esta última, en lo que se refiere a control y selección de la organización del festival. El Consejo consideró que la Corporación había perdido representatividad y debía compartir con más amplitud y flexibilidad sus responsabilidades con una serie de directores y grupos importantes, no afiliados a ella, criterio que compartió ampliamente el comité organizador del Festival en Manizales. Las dos entidades gestoras del encuentro estuvieron de acuerdo en que el pluralismo artístico sería (y deberá ser) el criterio predominante en este tipo de celebraciones culturales, puesto que es el único que propicia condiciones aceptables para la experimen tación y la búsqueda artística verdaderarnente libres y fecundas.
De todos modos, la no participación de grupos tan representativos del teatro colombiano moderno como la Candelaria y el Teatro Popular de Bogotá (TPB), fueron unánimemente lamentados y en consecuencia, el Consejo Nacional de Teatro se propone, para el futuro inmediato, propiciar (con la ayuda de Carlos José Reyes y Jorge Alí Triana como mediadores) un acercamiento a la Corporación para organizar un Festival Nacional de Teatro, en donde se escojan las obras que representen a Colombia en los próximos festivales de Manizales. En cuanto a la calidad de las obras y los montajes más sobresalientes del VI Festival, habría que destacar, ante todo, un hecho: prevalecieron las tendencias clásicas y realistas. Este es el caso, en la primera tendencia, de Edipo rey, montado por Juan Monsalve, y Romancero de Edipo, representado por Tony Cots, sobre textos de Eugenio Barba inspirados en Sófocles; y en cuanto a la segunda, encontramos La balada del café triste de Carson McCuliers-Edward Albee, ínterpretada por el Teatro Libre de Bogotá, Decir sí, de Griselda Gambaro, y Al vencedor, de Osvaldo Dragún, escenificados por el Teatro Abierto de Argentina, Muerte accidental de un anarquista, de Darío Fo, interpretado por el teatro Unam de México, 0 belo indiferente, de Jean Cocteau, interpretado por el grupo Ornitorrinco del Brasil, y El místico burdel, de Néstor Gustavo Díaz, interpretado por el Teatro Escuela Sátira de Manizales. El montaje colectivo, de carácter musical y poético-crítico realizado por el conjunto Yuyacnkani del Perú, de la obra Los músicos ambulantes, alcanzó especial resonancia como teatro popular mi próximo al teatro callejero, y el cojunto colombiano de títeres de la Universidad Nacional, dirigido por el veterano director Enrique Vargas, cosechó los elogios unánimes de crítica más exigente y del público en general, con su creación colectiva Faustino Rimales. El Broad and Pupet y el Taller de Colombia animaron con sus comparsas las calles de  Manizales, dándole al festival una no carnavalesca y, por iniciativa de algunos libreros, se montó una feria del libro en las principales arteria todo lo cual muestra la variedad interés que alcanzó este festival. Finalmente, es necesario mencinar la diaria edición de Textos, periódico del festival, y las mesas redondas de los críticos colombianos y españoles, como actos complementarios del encuentro, en donde se resumió su toma de conciencia y efectuaron los balances del teatro latinoamericano y español.

EDUARDO GÓMEZ


Balance y musical


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La presencia cada día más frecuente en Colombia de intérpretes que sobresalen en el panorama internacional, se vio enriquecida este último trimestre con la visita de notables figuras, algunas de ellas ya legendarias en la música de este siglo.
Si bien nuestro objetivo inicial era un conocimiento profundo y maduro mencionar "el concierto" de la última temporada de 1984, las líneas precedentes sirven para precisar qué no se escogió uno sino varios artistas o hechos de gran significación que marcaron nuestra vida musical en el lapso mencionado.
Al tratar de seguir un orden cronológico, habría que destacar en primer término la temporada de ópera de Colcultura, que este año trajo nuestros escenarios dos sucesos suma importancia: los estrenos absolutos en Colombia de las óperas Fidelio , de Ludwig van Beethoven Cosė fan tutte, de Wolfgang Amadeus Mozart, con producciones vistas después en Europa, las cuales según constatan publicaciones internacionales, hoy se aplauden en algunos de los más exigentes teatros líricos del viejo continente. Y en el orden de ideas, el hecho de abrir, delio la compuerta de la ópera a mana en nuestro medio pudiera considerarse el gran acontecimiento musical de año.
Dentro de la nómina de grandes  intérpretes escuchados, no cabe pasar por alto las presentaciones del pianistas Rudolf Buchbinder y Joaquín Achúcarro. Sin embargo, siguiendo un orden de prioridad brilla con luz propia el recital que ofreció en la sala Luis Ángel Arango la notable soprano holandesa Elly Ameling, acompañada por el pianista estadounidense Dalton Baldwin. La sola presencia de esta mujer famosa en la música contemporánea de hecho constituyó un acontecimiento. Considerada como una de las más grandes intérpretes del Lied alemán, seleccionó para su única presentación en Bogotá un exigen programa de Lieder de Franz Schubert. No es el Lied una forma  composición para exhibiciones vocales, sino la esencia misma de la pureza, el refinamiento en el arte de interpretar musicalmente la poesía. Ciñéndose a tales consideracione Elly Ameling, dueña de técnica perfecta, talento y carisma extraordinarios, voz todavía bella y fresca, no obstante el paso de los años, con intachable línea de canto apoyada en un conocimiento profundo y maduro de un repertorio que domina, brindó, con refinamiento estilístico pocas veces visto, un recital de imborrable recordación en nuestras salas de concierto.
Otro de los importantes acontecimientos musicales registrados este final de año, fue la presentación, la misma sala de la Luis Ángel Arngo, del cuarteto de cuerdas austriaco Alban Berg, traído a Colombia por el Mozartéum argentino. Cuartel en el mundo los hay por centenar pero sólo pocos se sitúan en un nivel cercano a la perfección. Y entre ese selecto número de intérpretes, habría que destacar a los integran de este conjunto: los violinisitas Günther Poehler y Gerhard Schülz el violista Thomas Kakuska y el chelista Valentin Erben, cuatro virtuosos de carrera que trabajan la música con un sentido de profesionales dificilmente superable.
Con dominio técnico absoluto como si fuesen una sola voz, amplia brillante y de gran expresividad, gran una pureza en la emisión sonido, un manejo de los matices del color orquestal, una precisia profundidad en el repertorio que interpretan, variado en épocas y estilos, que escucharlos en una audición viva fue una experiencia a todas luces memorable.
Al quedar incluido este balance en una publicación adelantada por el Banco de la República, entidad la cual depende la sala Luis Angel Arango, recinto que hizo posible las dos últimas presentaciones anotadas, no escapan a quien suscribe estas líneas las consideraciones que sobre el particular tal vez algunos lleguen a emitir. Sin embargo, en justicia ha de afirmarse que esta sala brindó al público de Bogotá durante 1984, una nómina de artistas de lujo en cualquier escenario, como fueron los incluidos en esta reseña que constituyeron en ocasiones de imborrable memoria para los privilegiados asistentes.

MARIA TERESA DEL CASTILLO