Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 18.  Volúmen XXVI - 1989
 

Silencio de palabras, de deseos y de pensamientos


La chispa de la vida
Hernando Molina Gracia
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1988, 250 págs.

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Me pregunto a veces, consternada, cuál será el criterio al que se ciñen algunas editoriales para escoger los libros que han de publicar. Si nos atenemos a lo que dice Juan Gustavo Cobo Borda sobre la nueva narrativa de nuestro país, en su ensayo "La narrativa colombiana después de García Márquez: visión a vuelo de pájaro", "los signos son promisorios" 1 . Según por donde la tomemos, esta afirmación puede ser cierta. En los últimos tiempos, la narrativa colombiana (post-Gabo) ha tenido lo que se podría calificar de boom, con la aparición casi diaria de escritores que hacen incursiones de primera, segunda o tercera categoría en el arte de la literatura. Por supuesto, estas incursiones son de celebrar, ya que significan que, cuando menos, el volumen de producción va en aumento.
Muchas editoriales se han dedicado a publicar colecciones de literatura colombiana o a darles cabida en su presupuesto a figuras inéditas de las letras que, como poco, merecen la oportunidad de ser leídas. Claro está que, como siempre, es el público lector el que tiene la última palabra en lo que se refiere a glorificar o condenar un libro. Si, por un lado, tenemos en cuenta que Colombia pretende convertirse en el centro de la industria editorial en Hispanoamérica y, por otro, pensamos en lo que Cobo Borda trae a colación, en el ensayo antes mencionado, referente a que las condiciones de tensión que vive actualmente nuestro país son propicias para la creación, nos aunamos a lo que piensa el crítico y con él creemos que "la respuesta creativa de (...) los narradores colombianos merece nuestra atención crítica y entusiastas"
2 . Sin embargo, no creo que el entusiasmo por apoyar nuestra literatura deba cegar a los consejos editoriales y llevarlos a infligirle al, muchas veces desprevenido público "obras" que nada hacen por el bien ni de las editoriales mismas, ni de la literatura colombiana en general, ni de aquellos que en gesto de solidaridad se lanzan a comprar libros que aparecen en colecciones que promocionan nuestra literatura. No es justo que, con base en criterios entusiastas y que poco tienen que ver con la calidad, se publiquen libros mediocres que, entre otras cosas, les roban la oportunidad de ser conocidos a otros escritores cuya calidad al menos merece ser juzgada por el público. Libros como la chispa de la vida de Hernando Molina Gracia harían mejor si permanecieran inéditas. Su pobreza absoluta en todos los órdenes es una ofensa para los escritores que diariamente se esfuerzan por producir un arte que no necesita, para llamar la atención, valerse de triquiñuelas sensacionalistas y de temas en boga. Mientras se sigan publicando obras del talante de La chispa de la vida, el público se verá forzado a sumergirse en la televisión, ya que ésta trata temas similares que no implican el esfuerzo que para muchos significa comprar y leer un libro.

La chispa de la vida es una narración de 250 páginas sobre las peripecias de tres caballeros modernos cuyo fin en la vida es conseguir plata, y que se valen de todos los medios para lograr tal fin. Por más que Molina Gracia intente buscar justificaciones superficiales y seudopsicológicas para la conducta de sus personajes en dramas y conflictos telenovelescos, no es posible situar en otra parte, el punto de mayor tensión de la pretendida novela. Como ingrediente para atrapar incautos y quizá para que entre los lectores y los seres de cartón que deambulan por las 250 páginas se establezca algún tipo de identificación, el autor apela a elementos que, dada nuestra crisis actual, podrían resultar bastante atractivos. En primera instancia las similitudes entre Colombia y Cristóbala resultan tan evidentes, que no es posible dejar de pensar que son el denso producto de una mente que pretende ser alegórico pero que a duras penas alcanza a esbozar una caricatura grotesca y sin vida. Elementos tales como el narcotráfico, la aburrición matrimonial, la clase media en vías de extinción, la carencia de valores, los secuestros, los negocios sucios, las estafas y defraudaciones financieras, la prostitución disimulada, etc, etc., etc., conforman el panorama y el terreno en el cual pretende florecer algo así como un dramatizado de intriga, pasión y suspenso, salpicado de sufrimiento humano, de intentos fallidos de penetración en la psicología de los personajes. Para darles un cariz "interesante" a los tres jóvenes en cuestión, Molina Gracia los compromete, además, en la lucha contra un grupo religioso llamado los quietistas, cuyo poder manipulador está a punto de hacer sucumbir a Cristóbala en una oscura filosofía medievalista que, si no fuera por la ligereza con que el autor se refiere a ella, podría hasta ser hermosa. No obstante, lo que pretendía/ o prometía ser el plato fuerte de la novela tampoco es desarrollado, y al final del libro nos encontramos con que la lucha contra los quietistas está aún por empezar. Esto en sí no tendría nada de malo, si no fuera porque desde el principio esta lucha a muerte se nos venía anunciando.

Los recursos empleados para armar este mamotreto sin pies ni cabeza ni posibilidad alguna de salvación, son un lenguaje pobre, pálido reflejo del lenguaje cotidiano, unas cuantas citas eruditas desperdigadas y desperdiciadas, unos diálogos forzados y artificiales y una serie de chistes de salón ramplones que se unen entre sí por medio de un hilo narrativo que se pierde en la aburridora maraña de episodios inconexos y que terminan sin mayor pena ni gloria en el mismo punto en el que había, empezado. Verdaderamente, La chispa de la vida, como la pobreza imaginativa de su título lo sugiere, nos remite a un absoluto silencio de palabras, de deseos y de pensamientos.

MIRIAM COTES BENÍTEZ

1 Juan Gustavo Cabo Borda, "La narrativa colombiana después de García Márquez", en Boletín Cultural y Bibliográfico, Bogotá, Biblioteca Luis Angel Arango, vol. XXV, núm. 14, 1988, pág. 19. (regresar1)

2 lbíd. (regresar2)