Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 18.  Volúmen XXVI - 1989.
 
pag50.jpg (7039 bytes)

El Pan nuestro de cada mes

DORA CECILIA RAMÍREZ
Reproducciones: Alberto Sierra Restrepo, Mario Rivera

TABLA DE CONTENIDO
EL MOMENTO
EL AUTOR
NACIMIENTO Y ESPIRITU
PAN ES FIEL A SU MOMENTO HISTORICO
SIGUE SIENDO UNA CAJA DE SORPRESAS
NUNCA FUE DE VANGUARDIA
DESATA POLEMICAS

EL MOMENTO

Comenzar escribiendo que Pan fue una revista singular sería caer en un lugar común. Lo más fácil sería decir que Pan fue o es una caja de sorpresas.
Corre 1935. Colombia es un país rural; cobija una sociedad que se resiste, a pesar de los discursos progresistas, a ese proceso de transformación que ya anuncia el comercio cafetero y las primeras huelgas. Es la época de auge de los ferrocarriles nacionales, cuando se toma Cafiaspirina y Griperol, se viaja a Nueva York vía La Habana en lujosos trasatlánticos y, por supuesto, no existe la televisión. La mujer está en la casa en "lo suyo", el hombre por fuera también en "lo suyo", "las ventanas de acero se imponen en las construcciones modernas" y la soledad del ser es la misma de hoy. Se respira una gran mediocridad nacional y los escritores adoran la retórica. Entonces aparece Pan, con su formato de 15 por 23 centímetros y sus ochenta y cuatro páginas. Revista del tiempo de entreguerras, época de la república liberal en Colombia, de la guerra civil española, de cuando comienza el tránsito de Plutón por Leo que nos trae la dura tarea de transformar la creatividad. Hay que cerrar los ojos y viajar en el tiempo, transportarnos a provincia, a la fría Popayán, donde hasta el aire tiene un acento lírico. Estamos en agosto, vale treinta centavos el ejemplar, su cubierta es de cartulina gruesa, roja, con letras verdes y negras. En Colombia hay plata, la tienen los ricos que imitan a la sociedad inglesa tomando whisky en los salones entapetados de los clubes; los pobres siguen siendo pobres y toman chicha y los intelectuales siguen siendo los intelectuales. También existe el anonimato, ese lector anónimo que consume pan y desconoce que Federico Garcia Lorca ya ha escrito Poeta en Nueva York, que Virginia Woolf ya ha publicado un libro llamado Las olas, que en ese otro mundo lejano Polonia y Alemania firman un pacto de no agresión mientras se cuece la próxima guerra, y que entre tanto Pablo Picasso pinta minotauros (dos años después, en 1937, pintará Guernica), que ya ha nacido Rosario Castellanos y que Jorge Luis Borges traduce y prologa La metamorfosis de Kafka. No, Colombia no mira más allá de sus narices; la sociedad no da para más; no hay crítica; abunda el exceso de retórica, el dogmatismo y la pobreza mental; el lenguaje se limita a la corrección gramatical, a los adornos, a cierta belleza, a los elogios y el eufemismo.

pag52a.jpg (7241 bytes) pag52b.jpg (6964 bytes)
Contracubierta del número 1 (A.S.R.) Enrique Uribe White, director (M.R.)

Pan sale mensualmente. Es una revista gorda que puede interesar a los poetas, periodistas y narradores; a los artistas plásticos, fotógrafos y dibujantes; a los historiadores, a los filósofos, a los sociólogos, a los profesionales de la ingeniería, a los tipógrafos, a los políticos, a los amantes de los viajes y de la geografía, a muchas mujeres en el anonimato de su hogar, y a aquellas personas que adoran los acertijos o a los médicos y dentistas para la sala de espera de sus consultorios porque Pan es una revista para hojear también. Trae unas sesenta páginas, mal contadas, de publicidad, y una diagramación entretenida; una o dos columnas, ilustraciones de todo tipo, colores, letras las más diversas del muestrario, adornitos, arabescos, estrellitas, subrayados, diferentes clases de tintas y papeles, cartones, cartulinas, transparencias o páginas que se abren en trípticos, rúbricas o poemas manuscritos por sus autores, miscelánea. Esa es su personalidad. No obstante Pan es ante todo una revista para leer. Pan salió durante cinco años casi mensualmente y dejó de editarse por razones que nunca pudimos averiguar.

pag53.jpg (5882 bytes)

EL AUTOR

La revista Pan no se puede mencionar sin hablar de su creador, el doctor Enrique Uribe White, editor, propietario, alma y espíritu de ella. Uribe había nacido en el Valle del Cauca a fines del siglo pasado. Comenzó a estudiar ingeniero civil en la Universidad de Antioquia, de donde lo echaron "por protestar a pólvora". Terminó sus estudios en Boston (Estados Unidos) y regresé al Valle, trazó carreteras en el Cauca, participó en política, fue diputado y asistió al Congreso. El doctor Uribe White fue ingeniero, escritor, poeta, fotógrafo, dibujante, conocedor de varias lenguas - entre ellas el griego- , traductor de Baudelaire y Oscar Wilde. Era un amante loco de las letras, de las palabras impresas, del olor del papel. A lo largo de su vida coleccionó una cantidad enorme de material bibliográfico, descuartizado de revistas de todo tipo que recibía periódicamente desde los rincones del mundo y que él mismo marcaba con su letra gótica y ordenaba en carpetas y ficheros que acumuló en número exagerado y que, por supuesto, utilizó. Material que hoy en día pertenece a la Biblioteca Luis Angel Arango. Enrique Uribe fue un hombre extraordinario, amante del mar y de los barcos; un liberal que en aquella época, la de Pan, vacilaba entre derecha e izquierda, entre los poemas y las ecuaciones. Caballero metódico y organizado, cuando un número salía, ya tenía listo el próximo, anunciaba su tabla de contenido completa y, cuando algo fallaba, ofrecía disculpas. Siempre se manifestó como director, propietario y editor; en la bandera nunca apareció comité de redacción, o de dirección, alguno. El siempre, desde su "sillón de Editor" o "La pipa del Editor", asumió como único responsable de la publicación. La revista era, sin lugar a dudas, suya; fácilmente podemos imaginarlo haciéndolo todo. "Es un hombre sustantivo, de esos que desconocen la palabra IMPOSIBLE y no han conjugado nunca en primera persona el verbo TEMER", dice de él una semblanza escrita por José Ignacio Bustamante.

 

NACIMIENTO Y ESPIRITU

El primer número de la revista Pan sale en agosto de 1935, con cubierta en dos colores: rojo y verde. Dice que es "el órgano de un centro sin nombre" y que su editor es Enrique Uribe White. Editorial América, Cali. Cuesta $ 0,30 el ejemplar y se plantea como revista mensual. El editorial se titula "Nacimiento, vida y muerte probable de Nabisco". Cuenta que se reunió un grupo de caucanos, "a la iniciativa del más loco", para formar un centro, y Nabisco nació. "NA quiere decir "Nacional", "BIS, otra vez "Nacional" , "CO", cualquier cosa, y el todo significa la impotencia en que - tras numerosas y largas discusiones, trasegar de viejos odres,

pag54a.jpg (6067 bytes) pag54b.jpg (6810 bytes)
Gorro que utilizaba Uribe White cuando trabajada con la revista (M.R.) Estos avisos se colocaban en almacenes de la ciudad, haciéndole así la propaganda (M.R.)

yuxtaponer alfabetos, copiar, plagiar e inventar - hallóse el grupo para darse un nombre que simbolizará los altos ideales, la gula de hacer algo y el entusiasmo que aflige a esta clase de organismos en su primer vagido". Nabisco tuvo un lema: "Este Centro es indescrestable". También se dijo: "No tendré reglamentos, no habrá cuotas, no tendré presidente, ni tesorero, ni secretario, ni socios honorarios, no defino propósitos, no ubico mis actividades bajo credos o prejuicios, no adoleceré del trascendentalismo de la gente trópica. Ahí iré viviendo". Dice que "Prestó mesas y sillas, y que entronizó a Valencia y a Lenin", que toma cerveza, no trabaja, es un indolente, hace política y conversa mucho en los cafés; "como se ve, Nabisco es colombiano". Habla de la biología de Nabisco con el mismo humor, refiriéndose a cada uno de los colaboradores como una parte de la anatomía de un ser humano: de Uribe White dice que es el estado de alergia, y de Guillermo Valencia que se esperaba fuera la pituitaria pero se le secó. Dice también que luego se le apareció Pan como dios y como alimento y lo tomaron; y termina con un mal deseo anticipado: "Desde ahora se abre a concurso la oración fúnebre", y la foto de los dieciséis caballeros de Nabisco y colaboradores de Pan en sus primeros números, con saco, corbata, chaleco y pañuelo. Es 1935. Por esos años muere Unamuno, Chaplin hace Tiempos Modernos, Faulkner publica Santuario pero nadie lo lee, nace Alejandra Pizarnik, se lleva al cine el Frankenstein de Mary Shelley, Roosevelt es el presidente de los Estados Unidos, Italia y Etiopía están en guerra, Hitler va a Roma y Mussolini a Berlín, hace ya doscientos años que la madre Josefa del Castillo ha escrito su vida y apenas Aurelio Arturo publica sus poemas en suplementos literarios Colombia es una sociedad pobre intelectualmente.

pag54c.jpg (11856 bytes)
Las letras iniciales de los arículos aparecían con diseños muy elaborados, como este caso (A.S.R.)

Ese primer número de Pan viene con ochenta y cuatro páginas y constituye la muestra de lo que será la revista a lo largo de los cinco años. No obstante, Pan va cambiando con los meses, como cualquier objeto vivo. Trae una traducción aporreada, hecha por Guillermo Valencia y dedicada a Enrique Uribe, de un poema de John Keats; un estudio sobre ganadería en el Cauca con cinco páginas de cuadros con números acerca de impuestos; otro sobre la justicia en Colombia, de Eustorgio Sarria; otro sobre la industria del fique, de Adolfo Zambrano; uno de Uribe White, titulado "Determinación de coordenadas con tránsito de ingeniero" con muchas páginas de cuadros y gráficas; unas páginas de "Humorismo en las dictaduras"; la versión del inglés al castellano, hecha por Uribe White, de algunas cuartetas del Rubaiyata del poeta persa Omar Jayyam, con ilustraciones en color muy bien impresas de A. Aragón; una primera parte de la novela Diez muertos obreros, con sabor muy socialista, de Antonio García. Además, notas bibliográficas sobre revistas y autores extranjeros, hechas por García, y semblanzas varias, todas ellas muy floridas. Ese primer número, a decir verdad, soso y aburrido pero muy bien impreso, es la respuesta a ese primer intento de estos señores por hacer una revista; obedece a su gula y a los principios de Nabisco más o menos así: cada quien escribe sobre lo que a bien tenga y Pan publica lo que le viene en gana. De todas formas, Pan es fiel a su momento histórico, se abren carreteras, se ocupan de la producción en el campo, se hacen chistes sobre las dictaduras, se echan loas e inciensos los unos a los otros con ese estilo demasiado exornado de galas retóricas; se traduce a los poetas extranjeros escogidos según la admiración de cada quien, se discute desde entonces sobre la administración de justicia en Colombia. De todas maneras, Pan es una revista de provincia, y en Colombia poco ocurre.

pag55a.jpg (10049 bytes) pag55b.jpg (10433 bytes)
Cubierta de núm. 5 de 1935, elaborado por el mismo Uribe White: "Rubaiyata". (A.S.R.) Acuarela de Ricardo Rendón, se publicó en el núm. 4 de 1935  (A.S.R.)

PAN ES FIEL A SU MOMENTO HISTORICO

En el segundo volumen comienza a "fusilar" - esto es, a meter textos que ya han sido editados en otro medio -, vicio que seguirá teniendo hasta el final y por lo que será criticada muchas veces a través de las cartas de los lectores. Aquí, en el número 2, los ingenieros escriben sobre paseos y aspectos técnicos, se trata del Puracé ilustrado con fotografías; continúan los temas agrarios, los poemas mal logrados de Alberto Guillén, Antonio García y Otto de Greiff (sobre un tema musical, por supuesto). Aparece la partitura de la Sonatina boyacense de Antonio María Valencia, lo que le da ese aire singular además de simpático. Continúa la novela de Antonio García, así como las notas bibliográficas sin firma, esta vez sobre literatura colombiana: Mancha de aceite de César Uribe Piedrahita, asiduo colaborador de la revista, es anunciada como una novela antiimperialista; la reseña se limita a contar el argumento y a decir cómo debería terminar. En la otra, Remordimiento de Fernando González es calificada como una obra para distraer la vejez prematura. Al doctor Uribe White le gusta intercalar entre las páginas de su revista ciertas notas sociales: aparece una foto que reproduce una escena de un refresco ofrecido por el director a los colaboradores en los talleres editoriales. Trae también reproducciones de grabados, acuarelas, óleos, dibujos y trascripciones de notas sobre Pan publicadas en los diferentes diarios, en las que se la saluda y exalta con ese lenguaje de "tornasolada ductilidad" tan de moda por aquellos años. La revista trae esa sutileza que conserva hasta el final, ya comentada: la de anunciar el contenido de la próxima entrega.

Hacia el tercer número, de Popayán fría y colonial, circunspecta y plena de rancios olores, donde se mezclan los sobretodos importados por agentes exclusivos con los indígenas del Cauca vecino, salta a "la Atenas Suramericana". A pesar de que las vías de comunicación se han esparcido por la tortuosa geografía nacional, la arrogante Santa Fe, que ya pronto cumplirá el cuarto centenario de su nacimiento, continúa aislada del resto del país. En Bogotá, en Editorial Minerva y con material gráfico hecho en los talleres de El Tiempo, la revista continúa más o menos con el mismo acento; nada tampoco ha cambiado en el país. Para diciembre sacan un ejemplar extraordinario que cuesta 40 centavos, con cubierta a todo color que nos muestra una imagen muy árabe de los Tres Reyes Magos. En la capital, quizá el contacto con los escritores se hace más fácil. Entonces entra en la nómina de colaboradores - en el sentido de que de ellos se publica algún material, un texto o varios a lo largo de esos cinco años - la crema de la intelectualidad bogotana y nacional, los escritores, poetas, pintores, artistas, desde Guillermo Valencia, "consagrado como genio indiscutible por la minoría gobernante del país y de la sociedad señorial colombiana" - al decir de Gutiérrez Girardot -, hasta el joven Eduardo Caballero Calderón, pasando por los "discretos modernistas" de la Gruta Simbólica: Max Grillo, Víctor M. Londoño, Alfredo Gómez Jaime, o don Tomás Rueda Vargas, con su mundo de crónicas, y también los contertulios del café Windsor que en la década del 2O sueñan demoler el viejo orden. Es ese grupo, heterogéneo y de varias generaciones: León de Greiff, Jorge Zalamea, Ricardo Rendón, Germán Arciniegas, Rafael Maya, Germán Pardo García, Jorge Eliécer Gaitán, Alberto y Felipe Lleras Camargo, Juan Lozano y Lozano, José Umaña Bernal, los comunistas Luis Vidales y Luis Tejada y Los Leopardos José Camacho Carreño, Augusto Ramírez Moreno y Silvio Villegas. Y no sólo ellos, sino muchos más: Gilberto Vieira, Eduardo Zalamea, Barba Jacob, quien ya había hecho su regreso triunfante luego del exilio, o el ensayista Baldomero Sanin Cano o José Antonio Osorio Lizarazo y, por supuesto, los piedracielistas: Jorge Rojas, Tomás Vargas Osorio, Carlos Martín, Eduardo Carranza, Arturo Camacho Ramírez, Gerardo Valencia, Darío Samper, Antonio Llanos, y también Aurelio Arturo, Uribe Piedrahíta, Adel López Gómez, Gregorio Hernández de Alba, Federico Rivas – Fraylejón -, Lino Gil Jaramillo, Abel Cruz Santos, Eduardo Guzmán Esponda, Jaramillo Meza, Antonio Gómez Restrepo, Octavio Amórtegui, Antonio Saab, José Restrepo Rivera, Antonio Prada y centenas más imposibles de enumerar. También, por supuesto, las mujeres, en número reducido: Laura Victoria, Blanca Isaza de Jaramillo Meza, Emilia Pardo Umaña, Raquel Bonilla Plata, Rosa Arciniegas, Ester de Azuero, Ana María Castillo. Por las páginas de Pan pasa de todo: bueno y malo, nuevo y viejo, conocidos y desconocidos, "modernistas" bajo la influencia de Rubén Darío, o "nuevos" o de "vanguardia" o incomprendidos, o comunistas o de derechas, Pan es siempre fiel a los principios de Nabisco. De todos ellos, ellas y de muchos más hay un poema, una elegía, un cuento, una traducción, un intento de ensayo, un texto periodístico, un soneto, algo; cedidos especialmente para la revista, escritos, con deferencia para ella, "fusilados", o sencillamente la página del libro que algún autor acaba de publicar. La revista trae, ya lo hemos dicho, un gran porcentaje de material tomado de periódicos y revistas colombianos y extranjeros: poemas de Rimbaud, Gabriela Mistral, Antonio Machado, García Lorca, Rubén Darío, Pablo Neruda; el If de Kipling con su texto original en inglés y tres traducciones diferentes de tres poetas colombianos; también cuentos de José María Arguedas, Andersen, Dostoievski, Pombo, Poe, Juan Ramón Jiménez, Boccaccio; la traducción de un cuento de Thomas Mann especial para la revista, o textos de Georges Bataille, H. L. Mencken, en fin.

También por sus páginas pasan los pintores, escultores, dibujantes, caricaturistas y fotógrafos; los que han logrado trascender la academia y lograr su arte propio y los que siguen reproduciendo la influencia europea, todos ellos están generosamente en la nómina de ilustradores, tanto en las páginas interiores como en la cubierta. Oleos, dibujos e ilustraciones de Ignacio Gómez Jaramillo, Luis Alberto Acuña, José Rodríguez Acevedo, Pedro Nel Gómez, Carlos Correa, Gonzalo Ariza, Salas Vega, Villaveces, Dolcey Vergara; pasteles de José Posada; acuarelas y caricaturas de Rendón; ilustraciones de Schloss, Scandroglio, Martinez Delgado, Rodríguez Cubillos, Ramón Barba, Rómulo Rozo, Gómez Campuzano, Achury Valenzuela, Félix Timmermans, P. Daguet, Carolina Cárdenas de Jararnillo; grabados en madera de Frans Masereel; témperas de Guillermo Jararnillo y reproducciones de maestros: Zurbarán, Foujita, Picasso, Rafael, Gregorio Vásquez.

 

pag58a.jpg (5374 bytes) pag58b.jpg (8248 bytes)
     Desnudo realicado por Ignacio       Gómez Jaramillo publicado en
el núm. 6 de 1936 (A.S.R.)
Oleo de Ignacio Gómez Jaramillo, reproducido por la revista en 1937

SIGUE SIENDO UNA CAJA DE SORPRESAS

Dos años después, en agosto de 1937, va por el número 15, vale cuarenta centavos el ejemplar y trae 214 páginas; continúa "la tijera" y el contenido sigue siendo política, historia, filosofía, cuentos, ensayos, viajes, poesía, ciencia, notas varias, transcripciones; y sigue siendo también una caja de sorpresas, porque el lector y la lectora encuentran las locuras del doctor Uribe White y sus obsesiones: ha solicitado cincuenta cartas de apoyo al proyecto de traducir, él mismo, The Evolution of the Physics de Einstein, y recibe cientos que publica en una sección: "Cabildo abierto". Igualmente salen las siluetas de los colabo radores en materia logística, las personas del taller de fotograbado y zincograbado de El Tiempo, en medio de algún articulo o una foto del notable pianista Juan Abarca, con agradecimiento por haber interpretado la Sonatina boyacense del "mago del piano Antonio María Valencia", un texto en francés escrito especialmente para Pan por Lionello Fiumi sobre Le livre secret de Gabriel d'Annunzio, una carta en italiano, la cubierta del libro Rubaiyata traducido por el mismo Uribe White, una nota en defensa de los obreros del acueducto obligados a limpiar sin máscaras las alcantarillas; la partitura del Himno olímpico de Manizales de Manuel Grajales o la Sabanera No. 5 de J. A. Rodríguez Cubillos dedicada a las señoritas Cavanzo Moros, o el Estudio de pasillo de Aurita Moneada Terán. Todo esto al lado de una nota de pésame a Juan Lozano y Lozano, Jorge Eliécer Gaitán o Bernardo Duque Vanegas por la muerte de sus señoras madres, la nota necrológica de don Pedro A. López, padre del señor presidente de la república, o la foto de Paulina Rebolledo U., grado de enfermera social, hija de Emilia Uribe, hermana de los Uribe Uribe, esto en medio de cualquier texto. La denuncia - tomada de El Tiempo - de don Rafael Tamayo Herrera, poeta antioqueño que vende sus poemas a la salida de la iglesia y se los quema el cura párroco. 0 una cartulina de página y sobre ella pegada una foto impresa en morados con rebordes en oro y plata, y como pie: "Dr. Tomás Uribe Uribe" - su pariente - fallecido en Tuluá el 6 de octubre de 1934 (es el aniversario). Nos estamos imaginando cuánto se divierte Enrique Uribe White seleccionando el material de su revista y buscando entre su numeroso archivo obsesiones y rellenos, o inventándose los concursos y pasatiempos para lectores. En el número 12 de 1937, anuncia el concurso de fotografía para aficionados. Tiene, para los mejores del año, un primer premio de $ 50,oo y un medidor Weston, y un segundo premio de $ 25,oo. Publicará las seis mejores fotografías mensualmente y por cada una pagará $ 5,oo. Al poco tiempo tiene que advertir que, por favor, no manden cualquier foto familiar, porque tiene su escritorio lleno de fotografías de los hijos de los participantes en el concurso.

pag59a.jpg (10641 bytes)
Uribe White       Rendón                   

Es la época de la república liberal y de la oposición fanática de los conservadores que ven en el liberalismo la amenaza de la masonería y el comunismo. Hay miedos al fascismo y al socialismo, a la derecha y a la izquierda. Uribe es liberal - no en vano sobrino del general Uribe Uribe -; es admirador de Jorge Eliécer Gaitán, de quien con frecuencia reproduce artículos o discursos, y del presidente Alfonso López, a quien apoya reproduciendo textos tomados de El Tiempo o El Espectador, alabanzas a su obra de gobierno porque el doctor López "hace el gobierno más intelectual del país". A menudo aparecen los mensajes presidenciales sobre reforma tributaria, política de tierras o reforma constitucional. Antolín Díaz es en los primeros tiempos el colaborador en materia política. Escribe especialmente para Pan sobre carrera administrativa, reforma constitucional o turismo parlamentario, los temas que se repiten desde siempre en Colombia. Después el colaborador político es Armando Solano, "pontífice izquierdista y amado amigo nuestro que colaborará en 'PAN- Político' ", así lo presenta el Editor. La revista sigue conteniendo de todo, es fiel a Nabisco, aunque éste se hubiera quedado en Popayán. Reproduce textos y cartas del general Uribe Uribe, o discursos dedicados a él: uno, por ejemplo, de Guillermo Valencia; también, ocasionalmente, materiales que hablan de las tareas sindicales y las relaciones con el gobierno. Simpatiza de lejos con el comunismo; aparecen fotos, tomadas de la revista La URSS Reconstruye, que ilustran los avances soviéticos en cuestiones sociales. Está contra el fascismo en Italia y Alemania; reproduce un discurso de Romain Rolland, pronunciado en 1935 en París, contra el imperialismo y los fascismos. Simpatiza con los movimientos de izquierda en Colombia, teme la reacción derechista, apoya las ideas izquierdistas de Gaitán pero de todas maneras hay cierto temor, "porque el Ejecutivo ha ido de complacencias con el izquierdismo hasta tomar un cariz de extrema izquierda", escribe en Pan Juan Lozano. A pesar de que existe el miedo de que Olaya Herrera, cuando llegue a la presidencia, haga tabla rasa de los avances del gobierno de López Pumarejo, cuando muere en Roma en 1937, el partido liberal se queda sin candidato y hay un gran duelo nacional que invade la revista. Pan reproduce textos sobre Olaya Herrera tomados de diferentes diarios y escritos por los intelectuales del momento: Sanín Cano, Germán Arciniegas, Guillermo Valencia, Luis Cano, Esteban Jaramillo. En 1937 apoya la candidatura de Eduardo Santos, liberal y patriota, le dedica portada en el número 14 y saca una síntesis del programa. Enrique Uribe se une a su candidatura y la proclama contra la de Darío Echandía, por ser el candidato oficial, por lo cual los lectores le escriben para regañarlo, y a pesar de ello edita un texto bastante fuerte de Alejandro Valencia, líder de derechas, contra Echandía.

pag59b.jpg (11601 bytes)
La ilustración fue muy importante en la revista.Grabado de la Colonia

La revista Pan está hecha en su 99% de colaboración masculina, muy de acuerdo con el momento histórico. No obstante, queda ese pequeño porcentaje para el silencio de la mujer que se atreve. A veces aparecen poemas, cantos a la naturaleza o al amor cedidos especialmente para Pan, como el Nocturno tropical de la escritora venezolana Olga Briceño, o "Al Tequendama" de Agripina Montes del Valle; traducciones de Adelita Sarquís o de Eugenia Bonilla; algún texto de Raquel Bonilla Plata sobre la diva Lola Montes, quien fuera la amante de Luis I de Baviera, o un recuerdo de la nieta de Ibsen, con quien estudió en el colegio en Alemania, escritos en "estilo gracioso y sincero", según el Editor. También los poemas de Josefina Lleras Pizarro - apenas tiene catorce años- y relatos o cuentos que llegan tras notas anónimas y seudónimos escritos y enviados con miedo a trasgredir la norma, como la de aquella mujer que escribe apoyando la traducción de Einstein y comienza diciendo que sabe que su opinión no vale; o los poemas de Billitis de Ana María Castillo, de quien se piensa que es un varón y se sospecha que puede ser Germán Arciniegas oculto bajo un seudónimo femenino.

 

NUNCA FUE DE VANGUARDIA

Pan no es una revista de otro mundo. Nunca fue de vanguardia, tal vez porque en el país la vanguardia no existe. Sin embargo, muchos intelectuales del momento la consideraron como la mejor publicación nacional. Para el cuarto aniversario de la revista, Rafael Maya, el poeta, escribe un texto muy pomposo, en elogio de ella y su director. Pan es una revista amena, entretenida, pero no hace estremecer a nadie. Es que estamos en la década del treinta, se ha expedido la famosa ley 200, el partido liberal está recién instalado en el poder, la industria liviana en crecimiento; es el principio de la modernización del campo, hay necesidad de alimentos para la población urbana que crece y, sin embargo, la mujer permanece en la casa y los pintores no logran sobresaltar a nadie. De repente alguien escribe un texto crítico sobre la poesía en Colombia, anunciando que los poetas del momento son Eduardo Carranza y Germán Pardo García, como descubriéndolos. De resto, los amaneceres siguen siendo diáfanos, la palabra viste el mismo "moho académico" y nuestros escritores continúan adorando la retórica. La ciencia nos habla de los nuevos descubrimientos en cirugía plástica, del gusano rosado del algodón, de la mosca de la caña de azúcar; o de un invento llamado televisión, que pronto convulsionará los medios de comunicación del mundo entero. El Editor nos sigue sorprendiendo con cuestionarios, exámenes, adivinanzas, acertijos, concursos de responder preguntas: ¿qué tanto sabe Ud.?, para después decir, con ese su sentido del humor tan especial, que eso que usted tanto sabe de nada le sirve. No obstante, premia con jugosos regalos y hasta dinero en efectivo. Es ese afán por hacer participar al lector-lectora y encontrar colaboración.

pag61.gif (8749 bytes)
Ejemplos de algunas propagandas publicadas en Pan (A.S.R.)

La revista sostuvo sus sesenta y hasta ochenta páginas de publicidad en blanco y negro y en color. Sugestivos avisos nos anuncian joyas, cigarrillos, plata martillada, refrigeradores, lavadoras y radios, instrumentos de ingeniería, fotografía y óptica, o nos venden autos, impermeables, muebles, artículos sanitarios, paños finos producidos en Inglaterra, sombreros importados, arquitectura hecha por arquitectos venidos de España o con estudios hechos en Europa (apenas nace la primera facultad de arquitectura del país). También canjes publicitarios que, al parecer, existen desde siempre: un aviso sobre el almacén Ley a cambio de un artículo sobre el almacén Ley, un aviso de la peluquería Richard y un texto: "Una permanente agradable", esta vez de una mujer, por supuesto: Ana María Castillo. Sí, surge el capitalismo, pero pocos quieren cambiar el statu quo señorial. Total, que Colombia sigue siendo rural, y los pintores pintan paisajes campesinos y los fotógrafos capturan imágenes campestres, y en Pan nos escriben sobre paseos al Cocuy, a la Sierra Nevada de los Taironas, al Sumapaz y a la laguna de Fúquene; o nos hablan de regiones y de pueblos: Caquetá, Meta, Ambalema, Mariquita, Girardot, o del viaje en Ford de Cali a Bogotá, o de hallazgos arqueológicos; todo esto ilustrado con fotografías, en su mayoría tomadas por el mismo doctor Uribe White o por los autores de los textos. También incluye traducciones de la revista National Geographic. Este material es por lo general anecdótico, con algunos datos técnicos, para que no se nos olvide que sus autores son ingenieros.

pag62.jpg (8101 bytes)

Pan trae artículos serios sobre aspectos financieros; con alguna frecuencia sobre cine, música, arqueología, fotografía, y apartes, en muchas entregas, acompañados de fotos de "Diario de Guerra", de Carlos López Narváez, sobre el reciente conflicto con el Perú. Pan también reproduce, como toda revista, escritos de un escritor sobre otro. Empero, recordemos que aquellos aman la oratoria, y Uribe también. Entonces publica los discursos pronunciados con o sin motivo, con banquete o sin él, de un escritor sobre un pintor, de un poeta sobre un periodista y viceversa, o escritos sobre una traducción, texto o ensayo, casi siempre hechos muy cuidadosamente, con sus hipérboles y prosopopeyas, con silepsis, elipsis, epifonemas y antífrasis. Sí, con ese lenguaje grandilocuente poco crítico, "esa loa constante de los monopolizadores de la elocuencia y de la pluma", escribe alguno de ellos.

 

DESATA POLEMICAS


Pan mantiene hasta el final la sección de reseñas de libros y revistas colombianos que salen en ese momento a la circulación, a menudo con la muestra de un capitulo y presentados por algún escritor. También traducciones, casi siempre hechas especialmente para Pan, por Otto de Greiff, Josefina Pérez, Victor M. Londoño y el mismo Uribe White. La sección de cartas de los lectores, que en 1938 se llama "El Correo de Pan", manejada por Antonio Prada, inventa la Galería de las Vejeces - cuando los grandes eran chicos- y reproduce las fotos de Juan y Carlos Lozano y Lozano, de Arturo Camacho Ramírez. En otra época se llama "Cabildo abierto"; allí publica cartas de amigos y desconocidos que elogian la revista, una carta de Sanín Cano escrita en inglés dirigida al director, misivas donde le dicen que la revista es muy mala, o hacen correcciones, o la contradicen, pero por lo general llegan elogios: tan bonito el papelito amarillo que utilizó en el número pasado. A veces son críticas, porque la portada reproduce la foto de su hermana, o a los colores de la cubierta, o porque edita textos entre avisos publicitarios; o porque Pan es esnobista al meter ilustraciones de gentes extranjeras. También se desata una breve polémica en la que intervienen los diarios El Espectador, El Tiempo y El Liberal, porque el Editor publica en 1939 unos poemas de Jorge Rojas corregidos por el mismo Uribe White, por lo cual tiene que dar explicaciones que son defendidas por Eduardo Caballero Calderón -Swan-, y este a su vez es atacado por Hernando Téllez, polémica que no toca fondo. Además, llegan cartas a la dirección porque Enrique Uribe, en su traducción del Rubaiyata, escribe Khayyam y no Jayam. Esa es la profundidad de las críticas: 0 las cartas que llegan porque consideran pornográficos y atrevidos los poemas que Ana María Castillo hace de Billitis, y donde se manifiestan dudas sobre su existencia real; o una carta amorosa de un admirador de ella; o las quejas de ella misma por la cantidad de cartas anónimas que le han llegado, a raíz, también, de los poemas de Billitis. Esta es Colombia a fines de la década del 30: la mojigatería ramplona.

pag63a.jpg (9497 bytes) pag63b.jpg (8293 bytes)
Correo de Pan núm. 16, octubre de 1937.   Extra (A.S.R.) Una muestra del diseño de la revista. (A.S.R.)

Así es como el director, desde "El Sillón del Editor", que más tarde se convierte en "La Pipa del Editor", ventila muchos asuntos de interés nacional, cuenta chismes de lo que ocurre en el Congreso, publica defensas sindicales, escribe notas sociales, anuncia enfermedades y muertes de conocidos y amigos, da pésames y plácemes. Avisa con fotografías: primeras comuniones o matrimonios - el de Eduardo Caballero Calderón e Isabel Holguín, por ejemplo-, al igual que otras actividades sociales, viajes, comidas, fiestas de los intelectuales, amigos y parientes; o se extiende en alabanzas al embajador del Japón por la recepción a la cual asiste; o publica las fotos del baile de la Cruz Roja celebrado en el Teatro Colón. A veces se queja de que los amigos no escriben – nadie, por ejemplo, escribe algo nuevo a la muerte de Ricardo Rendón -, y por ello tiene que hacer uso de la "tijera". Desde allí él hace sentir que Pan es su revista, sus amores, sus locuras, sus obsesiones, confusiones y contradicciones. Un día de 1940 Pan no sale más. Ha llegado a imprimir hasta cinco mil ejemplares de una sola edición, que alcanzan los rincones más apartados de Colombia y otros países, y la oración fúnebre que solicitara cinco años atrás se quedó sin editar.