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Luto
por el desamor
Un vestido rojo para bailar boleros
Carmen Cecilia Suárez
Ediciones Pijao, Bogotá, 1988, segunda edición, 93 págs.
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Este libro nos presenta 36 textos breves,
muy breves. En su mayoría hablan del desamor, del abandono, de la soledad y del deseo por
un hombre que estas mujeres protagonistas sienten; que esta mujer, una, Marta, o cualquier
otra, siente. Como quiera que se nombren: textos, relatos, cuentos, están escritos casi
todos en primera persona, con un lenguaje directo y simple, a manera de confesión
íntima, de secreto de diario, sin escondederos poéticos ni eufemismos, donde cada cosa
es llamada por su nombre. Narran situaciones cotidianas, hechos diarios, como lo son el
desafecto, la huida y la consabida espera; momentos que nos llegan hasta el fondo del
estómago para revolcarlo un poco. Excepto algunas narraciones, como Deja que el
destino nos una - donde el protagonista es él, quien se enamora de "la voz de la
mujer ideal" y quien muy pronto sufre los reveses del destino -, relato que se sale
de la unidad del libro, el resto son una misma historia, un mismo clamor, idéntico deseo,
el sufrimiento por su ausencia, el revivir un momento de amor o de pasión, o recordar su
olor hasta hacerlo invadir el espacio, o la esperanza puesta en secreto en el oráculo de
la bruja al leer las cartas, o en el horóscopo del periódico: "espera que es tu
hombre"; o en la untura del "quereme", que ha comprado al indígena. Sí,
hablan de la soledad, donde ésta a veces se confunde con el estar sin él; y del amor,
quizás equivocado con otros deseos que no son amor. En fin, cuentan del miedo de él.
¿Cómo es que ellos aman?, sería la pregunta o ... ¿por qué todos se van sin decir
nada?
Ella casi nunca tiene nombre y está
confundida, pero es sin lugar a dudas la protagonista de la soledad y el deseo, de la cama
fría y de una necesidad loca de ser amada por alguien que no la abandone así, como la
dejan todos: "Una noche más te esperaré desnuda en mi cama. Ansiaré sentir tu
cuerpo sudoroso y tu apremio de otros días. Pero amanecerá y aún no habrás
llegado" (pág. 69). Ella es la amante, no la esposa. "Todos dicen que no
pareces casada. Posiblemente porque aún guardas, quizá como trofeo de tu lucha, tu
sonrisa, tu apertura, tu eros, te sientes mujer. No; la mujer casada debe ser sólo
señora, no mujer" (pág. 27). Ella es pura agua, sensualidad, deseo, y amar es su
pasión, y también tiene su vida cotidiana, su trabajo y sus sueños. Le gusta escribir,
leer, ser bohemia y sentirse bonita, untarse perfume en los puntos cálidos del cuerpo,
"quedarse con su batola amarilla de entre casa".
Ellos -a veces Valentino - son personajes
insípidos, sin tiempo, sin espacio, a pesar de insinuarse todo ello, de ser
intelectuales, y de la dulzura de la voz que es su añoranza. Por lo general tienen el
semblante adusto y una profunda tristeza, porque "sus chisporroteos centelleantes,
fulgurantes, que le habían hechizado, eran sólo eso, destellos..." (pág. 63).
Ellos son unos varones que van y vienen y se mueven en la sombra; son unos desertores,
huyen del deseo porque tienen miedo, miedo al amor, a la ternura, a la pasión de ella,
miedo a la verdad; es que ella es la otra. Los escenarios son la soledad de su cama fría
o las alfombras, la librería Nacional, El Goce Pagano o El Escondite, el centro de la
ciudad. El vestuario: una corbata roja, el vestido también rojo, las peinetas, los
collares, el camisón de seda. La ciudad de Bogotá, fría, gris y lluviosa, con sus
bares, mesitas de cafetería, tintos y capuchinos, testigos de los diálogos; y también
las calles - la 22- y, claro, los boleros en la radio.
En resumen, los relatos nos hablan de una
espantosa soledad: "Quiero llorar y no puedo. Quiero totearme, soltarme, no puedo.
Escucho el silencio y mi dolor comienza a deshilvanarme con lentitud. Suelto mis brazos y
mis piernas para entregarme, para consumar el matrimonio inevitable con ella: la
soledad" (pág. 45).
Su sueño es ser amada por él verdaderamente: "Quiero desnudarme y acariciar todos
tus poros. Me volteo en la cama para buscarte y amarte de nuevo y, al no encontrarte, de
repente recuerdo que sólo existes en mi sueño de anoche" (pág. 21). Pero su deseo
va más allá del sueño, para convertirse en la realidad vulgar y cotidiana: cama fría,
sábanas de satín color salmón, heladas, y un deseo infinito de que la acaricien, la
besen, la amen. Ya no quiere más abandono: "se quedó tu tamal en la nevera".
"Y no te volví a ver, jamás supe por qué". Ya no quiere más espera:
"¿Que más hacer, en esta ciudad gris, sino tomar tinto y esperarte?". Ya no
más soledad acompañada: "Encorvado como un camarón te abrazas a ti mismo en tu
soledad. Yo, a tu lado, en la cama, me reprimo, apretando mis piernas. Quise alcanzarte
con amor y no pude" (pág. 64). Ya no más recuerdos: "Paso a paso recordó
durante horas aquellas noches de amor. Lo sintió muy cerca. Se estremeció nuevamente
ante sus brazos, su boca, sus caricias, su olor".
Los párrafos son breves, las frases
cortas, no hay adornos; el lenguaje es tan directo, que se nos escapa la poesía; y nos
preguntamos por la literatura cuando nos hastían los excesos del discurso, porque en
narraciones tan breves, tres líneas, ya pueden estar de más. A veces las imágenes caen
en la afectación y se tornan groseras y burdas, y en algunos diálogos, de todas formas
son pocos, los personajes presentados se separan definitivamente del espacio que ha sido
creado, como en Un vestido rojo para bailar boleros. Es decir, que en la balanza de
la unidad del libro pesa más el contenido -esa voz que le grita al mundo sin vergüenza
que siente deseo- que la forma, que sería la literatura, lo poético. Es que el
contenido, a veces, como en Humo y cerveza, se torna una proclama donde el ambiente
se echa a perder y donde ellos dos, los protagonistas que hemos ido construyendo a través
de la lectura, desaparecen y nos quedamos en el limbo; entonces quizás de nada sirva
reconocernos en lo cotidiano, en lo nuestro o en lo vulgar.
Los 36 textos que integran Un vestido rojo para bailar boleros son una selección
de la obra narrativa de la escritora Carmen Cecilia Suárez en los últimos siete años, y
es su primera publicación. No obstante el esfuerzo de las personas que intervinieron para
lograr la edición, que ya va por la segunda, es importante señalar los errores por un
lado, mala compaginación; hecho imperdonable, porque nadie quiere ir a buscar donde
estará la página 83 y por otro lado, varios errores de imprenta y uno fatal - página
24-, porque quizás se entienda que es error, pero ¿y si no se entiende?
DORA CECILIA RAMÍREZ
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