|
Desde
el mismo ángulo
Colombia
Victor Englebert
Editorial Cruz del Sur, Cali, 1988.
Traducción del inglés: Rodrigo Ferrerosa, William J. Hardy, Jr.
|
|
|
|
|
Después de Pintoresco Valle del
Cauca, Pintoresco Boyacá y Pintoresco Santander, Victor Englebert acaba de publicar
su libro Colombia. Pintoresco: este es el adjetivo perfecto para describir el
contenido del libro. En lujosa edición, con acertado formato de álbum familiar, el autor
nos presenta una Colombia próspera, vista desde ese mismo ángulo que ya está a la venta
en cada postal de hotel, en cada otro de los innumerables libros que se han publicado
sobre Colombia y sus diferentes regiones. La muralla de Cartagena, el camino empedrado de
Ciudad Perdida, la playa del Caribe, el atardecer de turno, la cara sonriente de una
indígena guajira y, por supuesto, la arquitectura paisa.
Técnicamente, el fotógrafo desempeña un gran oficio;
son todas fotos bien
encuadradas, bien expuestas. El libro está impecablemente impreso. En fin, es el regalo
ideal en una cita de negocios para quien busque en el extranjero inversionistas en
Colombia.
Este afán de superación de la juventud
colombiana me fue demostrado de manera singular un día que caminaba por las calles de
Quibdó, la
olvidada capital del Chocó. Un joven negro se me presentó
cortésmente y me habló en inglés. Un poco molesto por la creencia popular [de] que
todos los rubios hablamos inglés, fingí no entenderle. Sin perder su compostura, me
habló en francés. Reprimí mi sorpresa y, para saber hasta dónde llegaría, fingí no
entender tampoco. "¿,Sprechen Sie Deutsch?" me preguntó.
"¿Cuántos idiomas más habla
usted?" le pregunté. Con el español hablaba cuatro. Había aprendido tres lenguas
extranjeras solo, en libros, e intentaba practicarlas
con los raros extranjeros de
paso por la pequeña ciudad. Nunca había salido del Chocó. No tuve más alternativa que
darle la
oportunidad que él buscaba y conversamos toda la tarde
en cuatro
idiomas que él dominaba bastante bien. Personas como este joven chocoano, que son
legiones en Colombia, aseguran al país este progreso que todos anhelan...
Esta anécdota la cuenta el autor en el
libro, cuyo texto, al igual que la parte fotográfica, se halla dividido en siete
capítulos. "El paisaje" es un recorrido por toda la geografía nacional, con
buena información acerca del tema. "El hombre" constituye un estudio étnico en
el cual el autor describe el carácter de cada raza hoy, y dice que le impresionó, tras
recorrer el país entero, que "los colombianos se asemejan entre si mucho más de lo
que puede parecer a primer vista. (...) Una fuerza más grande que raza, cultura, modos de
vida, clima y hábitat los está moldeando: su nacionalidad". Si entendemos por esto
que de La Guajira al Amazonas y del Chocó hasta Arauca se reconoce una actitud o alguna
particularidad que permitan confirmar lo que dice Victor Englebert, deducimos que hay más
bien falta de información y una ingenuidad que ya se notó más arriba, en esta reseña.
Continúa el libro con "La
herencia precolombina", en donde se pasea por los diferentes puntos arqueológicos,
describiéndolos y dando a conocer las distintas teorías formuladas sobre su origen
"Las ciudades coloniales" resume la idea con que fue concebido todo el caos que
hoy las rodea, expresándose de manera critica, alertando, cosa que le tenemos que
agradecer. "La nación en marcha", de donde se tornó la anécdota del chocoano,
es una relación de la "prosperidad" que acecha. Luego está "El
campo". Después de una cita de Roberto García-Peña-" Alguien dijo que a los
colombianos bastaba un ligero rasguño para encontrarles su delgada o gruesa corteza de
tierra campesina. Y ello es cierto. Aun los que presumen de más encumbradas prosapias,
llevan su poquito de agro a cuestas"-, Englebert reseña una corta historia del
proceso económico que ha vivido el país gracias a la tenacidad del campesino colombiano.
Relata cómo el "progreso" se debe un poco a esa actitud de ir colonizando el
espacio con los productos adecuados, cuyos mercados unen al país por sus vías de
transporte desde la época de los vapores en el Magdalena hasta los días del puente
aéreo. El último capitulo, "La fiesta", es el relato de un viaje al carnaval
de blancos y negros en Nariño.
Desde cuando se inventó este tipo de libros, desapareció la fotografía en blanco y
negro. Los fotógrafos que trabajan el color se olvidan de que la gran fotografía en la
historia del arte es en blanco y negro. Se hace evidente que estamos ante los
convencionalismos de la publicidad y no ante la seducción del arte de Nadar y
Mapplethorpe.
En el libro - que, como se dijo antes, es un loable trabajo por el profesionalismo de su
realización, tanto del fotógrafo como de quienes ejecutaron la tarea editorial: Hans
Anderegg, diseñador, y Carvajal S. A., impresor es incómodo tener que ir a las
últimas páginas para encontrar los pies de foto, después de buscar la numeración
correspondiente de cada fotografía; más cómodo sería que esta información apareciera
cerca de la respectiva foto.
Dos europeos, Patrick Rouiilard y Victor
Englebert, ambos fotógrafos, y el mismo tema: Colombia. Libros publicados con poca
diferencia de tiempo y un solo ojo. Si tratamos por estadística, tenemos a la vista la
tendencia estética de lo "exótico" y de lo "pintoresco".
En la sección gráfica inicial, "El paisaje", hay equilibrio: están los
posibles tipos de paisaje colombiano: el mar, las selvas, las montañas, el desierto, etc.
En cambio la segunda, "El hombre", está recargada de rostros indígenas, lo que
no corresponde a la verdad demográfica del país; expresa la visión del europeo y no la
realidad. Aunque esos rostros son todos muy colombianos, se olvida que en el país
predominan numéricamente los mestizos y los mulatos, sobre todo en las ciudades, que no
aparecen en este capítulo. Para alguien sin información, tendríamos una población
constituida mayoritariamente por indígenas, que son realmente una especie en vía de
extinción. "La herencia precolombina", que enfoca el siguiente capítulo, es
una secuencia de los lugares arqueológicos más conocidos y de piezas del Museo del Oro.
En seguida están los restos arquitectónicos de una época lejana, que en algunos casos
se hallan bien conservados, y en otros se nota su fortaleza en la forma como se sostienen
contra el tiempo. Maravilla recordar cómo era Villa de Leyva antes del extraño invento
de sembrarla de postes de concreto para pasear los cables de la luz.
En "La nación en marcha" aparecen, sí, los rostros de la calle, del
mestizo y del mulato colombiano, y las fotos de las prósperas industrias
"colombianas": El Cerrejón, los pozos petroleros de Arauca. Fotos de la
arquitectura (moderna) de algunas ciudades. "El campo", el más extenso de los
siete capítulos, recorre idílico el país florecido, verde, de seres sonrientes, sin
ninguna pena, un país perfecto, que uno se pregunta si queda del todo en Colombia. Un
país aquí-no-pasa-nada cargado de una estética - vuelvo al tema- fruto de la visión
del extranjero, no de la visión interna, un poco más cercana a la realidad, de la
mayoría de la gente que lo habita, visión mucho más compleja que la sociología de
obturador.
Cierra el libro "La Fiesta,
" la del carnaval de los blancos y los negros en Nariño. No hay mención de
ninguna otra actividad rumbera en un país donde, si se toma un calendario, se montan unas
fiestas sobre otras desde el primero de enero hasta el último día de diciembre.
Victor Englebert nació en Bruselas (Bélgica). Ha vivido en Africa, en Norteamérica, y
desde 1974 en Cali. Trabaja como escritor y fotógrafo independiente, sobre todo en
investigaciones acerca de tribus aborígenes del planeta, para diferentes medios
internacionales. Este es su cuarto libro de fotografías de tema colombiano, después de
atravesar Africa en moto, recorrer el Sahara en un camello y los Andes y otro tanto en
piragua, a caballo y a pie.
ALEJANDRO ROJAS
|