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¿Cómo
se Concibe la aventura?
La tortuga desdentada
Alonso Lobo Amaya
Edilux, Medellín, 1988,16 págs. (Ilustraciones de Pilar Pabón Z.)
El maravilloso viaje de Rosendo Bucurú
Celso Román
Carlos Valencia Editores, Bogotá, 96 págs. (Ilustraciones de Diana Castellanos)
Una aventura en el papel
Roberto Rubiano Vargas
Carlos Valencia, Editores, Bogotá, 1988, 104 págs. (Ilustraciones de
Diana Castellanos)
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En junio de 1988, Roberto Rubiano Vargas
presentaba Una aventura en el papel en Quito, planteado que "cuando se escribe
nunca se piensa en el lector ideal". Sin embargo agregaba, más adelante, que su
libro es para niños pero pretende también iniciar al adulto en la aventura de leer. Tras
estas observaciones se adivina, entonces, que el autor no sólo tuvo en mente a uno sino a
dos lectores ideales, mientras contaba la historia de "los desempleados en el reino
de la imaginación".
Acudir a los planteamientos de Rubiano V. es solamente un pretexto para introducir en este
ensayo el concepto del lector, como entidad activa durante el proceso de la escritura; es
una excusa para recuperar la imagen que en mayor o menor grado orienta la conformación de
una obra. Considerar la injerencia del lector en el proceso creativo, puede ser el punto
de partida para explorar algunos de los cursos que sigue la literatura infantil en
Colombia. Y es que precisamente este tipo de literatura, más que ningún otro, se ha
catalogado como tal teniendo en cuenta el público al cual se dirige. Mientras que en la
jerga ortodoxa los géneros se definen por sus características formales- narrativas,
líricas o dramáticas -, a la literatura infantil la define su público. Los niños son
quienes en gran parte determinan las convenciones que emplea el autor: se escribe para que
ellos entiendan y disfruten lo que leen. A tal punto es importante la perspectiva de la
recepción, que se constituye en la base de estrategias de mercadeo editorial: tanto en
Colombia como fuera del país se publican cada vez con más frecuencia colecciones de
literatura infantil clasificadas según la edad de sus lectores potenciales.
Avanzando en estas reflexiones puede
igualmente afirmarse que, si existe un público verdaderamente "ideal", ese es
el infantil: los adultos que escriben para niños trabajan sobre hipótesis de lo que
creen se adecua a las necesidades y gustos de lectores que se sitúan a distancia. Sin ser
coetáneos, estos escritores son contemporáneos de su público y en sus obras plasman
propuestas éticas y estéticas, sabiendo que éstas influyen sobre individuos que se
hallan en una etapa formativa -, sobre niños que se están formando como lectores y como
miembros de una sociedad en un momento histórico determinado. Por ello vale la pena
interrogar a los textos de Rubiano Y. (Una aventura en el papel), C. Román (El
maravilloso viaje de Rosendo Bucurú) y A. Lobo Amaya (La tortuga desdentada), acerca
de los lineamientos éticos y estéticos que los estructuran.
Tanto Una aventura como El maravilloso viaje apuntan hacia uno de los presupuestos
básicos de la literatura infantil: el de su función recreativa. Son obras que quieren
seducir al lector divirtiéndole y entreteniéndolo. Diversión que implica un
alejamiento, un tomar distancia de la realidad cotidiana para instalar a quien lee en
coordenadas fantásticas donde todo es posible; una entretención que se logra al detener
al lector y crearle expectativas acerca de lo que va a suceder. En síntesis, ambos
autores crean un mundo donde el vuelo de la imaginación y la concatenación de hazañas
son los elementos que generan la empatía con el texto; en este sentido, se sitúan dentro
de una de las tradicionales vertientes del género.
El maravilloso viaje es un relato
de aventuras no muy distante de otra obra de Román: Los amigos del hombre (premio
Enka 1979). En uno y otro, los personajes recorren parajes de una naturaleza animada que
les va revelando sus secretos: conversan con la luna y los panaderos del amanecer y el
ocaso, hablan con seres de la fauna y la flora. Si bien quienes protagonizan la historia
en Los amigos son animales (el perro Mateo y el caballo Matías), la trama de El
maravilloso viaje del niño Rosendo está concebida en forma similar a la de los
fieles compañeros del zorrero Joaquín. Rosendo tiene una misión: rescatar de la
ambición de los hombres a los sueños, a los recuerdos y a las especies de la noche, la
selva y el mar, que se encuentran prisioneros en el subsuelo de la ciudad. Al igual que
Mateo y Matías, Rosendo Bucurú entra en contacto con elementos de la naturaleza y
espíritus benévolos que le ayudarán a culminar con éxito su aventura. Matías y Mateo
ascienden hacia el firmamento por un rayo de luna que los llama; Rosendo, guiado por el
espíritu del agua, desciende al fondo marino. Allí está el anciano bagre bigotudo,
quien le encomienda el rescate, que tiene lugar fuera del tiempo y del espacio reales y al
cabo del cual el niño regresa hecho un hombre.
Pese a la similitud entre las dos obras,
o quizá debido a ella, Los amigos supera en calidad a la más reciente. En ésta,
la acción roba espacio a la caracterización de los personajes y a las instancias
descriptivas, en las cuales Román es maestro. El viaje de Rosendo aparece como una
acelerada trayectoria por lugares que abandona casi de inmediato; mayor reposo hay en Los
amigos del hombre, donde el lector entra en antecedentes de los personajes, tiene
tiempo para compartir los vínculos que existen entre ellos y los sentimientos que habitan
sus "almas". Por ende, el énfasis que Román pone en la dimensión rítmica de
la narración (juegos de palabras, paralelismos y repeticiones sintácticas) es menor en
El maravilloso viaje.
La fantasía de este autor emerge no
sólo del animismo que filtra a la naturaleza, sino de la manera corno la describe y
ambienta. Los espacios y personajes de sus relatos son seres fácilmente visualizables y
perceptibles, puesto que son producto de una serie de imágenes que apelan a todos los
sentidos. En otra dirección pone en movimiento Rubiano Vargas la imaginación del lector;
en Una aventura en el papel los elementos fantásticos surgen, dejando por ahora de
lado el juego metaficticio que se realiza en el cuento, gracias a la acumulación. La
fuente de la maravilla la constituyen los elementos exóticos y no la naturaleza animada.
En la Hacienda del General, donde están secuestrados artistas de todo tipo, coexisten
aparatos extraños con situaciones inusitadas y objetos hiperbólicos: una feria mecánica
que no cesa de funcionar, diversas orquestas que tocan cada una por su lado y una enorme
pirámide, transportada piedra por piedra desde el otro lado del mar.
Fantasía y aventura operan simultáneamente en las obras de Rubiano y Román; los dos
toman la estructura arquetípica del cuento infantil para que el (los) héroe(s), tras
vencer varios obstáculos, alcance(n) un objetivo que repercute en el bienestar de una
comunidad. En el caso de Una aventura en el papel, el detective Felipe Marlo, junto
con una cofradía de artistas, liberará a los prisiones de la Hacienda; Ekué José, uno
de los secuestrados, será quien propicie, a su vez, la libertad de la imaginación. Este
negrito bongocero tiene el poder de traer a la realidad los objetos de sus sueños y
canciones.
Sin embargo, la forma como uno y otro
autor conciben la aventura difiere. Mientras que Román asimila la estructura tradicional
del cuento y la realiza, al igual que Rubiano, con elementos nativos y contemporáneos,
este último autor extrema su empleo de las convenciones literarias. Los cánones
tradicionales existen en Una aventura para ser violados, para ser transgredidos;
acogiéndose a las tendencias de la novelística moderna, Rubiano Vargas evidencia los
recursos mediante los cuales se estructura el relato. Hay una señal por encima de la
ficción que advierte que ésta es ficción y que la aventura que se narra es sólo
posible en tanto que su autor la escriba: "El auto grande de diseño antiguo - se
inicia así Una aventura- apareció por el borde de la página. Anduvo de un lado a
otro como un animal extraviado tratando de salir del papel, giró a la derecha, subió,
bajó [...] pero cuando intentó regresar ya era tarde [...] y sin darse cuenta comenzó a
formar parte de esta historia".
De ahí que no sea gratuito que este
texto tenga dos tipos de lectores ideales: aquél que coincide con el lector de El
maravilloso viaje de Rosendo Bucurú en la medida que accede y se integra al mundo de
la ficción, compartiendo la aventura del héroe; otro, que al tiempo que se identifica
con la acción, puede alejarse de ella y observar la manera en que se construye: durante
su lectura acompañará no ya a los héroes sino al autor, en la aventura de escribir. A
la manera de Michael Ende en La historia interminable, Rubiano Y. construye un
universo literario a base de literatura.
La afirmación anterior alude tanto a los gestos metaficticios que abren y cierran la obra
-"El autor [...] notó que la hoja estaba por concluir y [...] encontró la palabra
fin" -, como al tipo de personajes que pueblan Una aventura en el papel. Estos,
según el narrador, provienen de otras obras literarias o se relacionan de alguna forma
con la letra impresa: han sido escritores o su vida ocupó a historiadores y biógrafos.
En el cuento convergen Felipe Marlo, personaje de novela de detectives; la princesa
trapecista Plaerdemivida, que ha salido de Tirante el Blanco; Lope de Aguirre y el
cuentista Jarms, ahora inventor. Todos ellos van tras una obra donde inscribirse, al igual
que los personajes en busca de autor de Pirandello. Como Borges, Rubiano Vargas parte de
la intertextualidad, real o imaginada, para conformar el relato.
Las convenciones del cuento infantil son transformadas por este autor, quien las desplaza
hacia las de la novela detectivesca. Pero esta última también se transgrede: con los
elementos de suspenso coexisten los de "antisuspenso"; Felipe Marlo es un
antihéroe de gabardina arrugada, que se queda dormido en plena misión y odia los finales
felices; el General no es el enemigo terrible sino un viejito triste y senil; sus esbirros
son unos personajes vestidos como saltamontes. Rubiano V. emplea descripciones breves y
caricaturescas, apuntes humorísticos, que desmitifican en una sola línea las figuras de
héroes y villanos.
En otra ocasión mencioné que los
caminos forjados en Colombia por la literatura infantil se alejan, cada vez más, de la
tradición europea (Boletín Cultural y Bibliográfico, núm. 14). Esta distancia se ha
ganado mediante la recuperación de nuestros mitos y leyendas o, como en el caso de Román
y Rubiano, incorporando a las narraciones elementos nativos; sus obras presentan
referentes con los cuales el niño colombiano está o debería estar familiarizado. De
allí que uno de los protagonistas de Una aventura sea caribeño y no un príncipe
de ojos azules. En el universo de Rubiano se encuentran la historia del Viejo y el Nuevo
Mundo (Lope de Aguirre con personajes del presente), en un contexto selvático donde aún
existen los vestigios de la ciudad colonial. En la Hacienda del General conviven los
ritmos del jazz con los de la cumbia, así como en El maravilloso viaje, al lado
de los espíritus mágicos, se hallan especies de nuestra fauna y flora: chigüiros,
armadillos, jaguares y tigrillos, guaduales y caracolíes.
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Otros son los rumbos que toma Alfonso
Lobo Amaya con La tortuga desdentada, fábula rimada cuya sencillez hace pensar que
está orientada hacia un lector muy joven. La fábula ejemplarizante ha sido una fórmula
Tradicional para la formación ética del niño; por eso la pregunta a la obra de Lobo
Amaya es por qué, siguiendo los pasos de su tortuga, se quedó en los tiempos de Esopo.
No parte este comentario de la creencia en el "progreso" del arte: las formas
cambian, se acogen a la tradición del pasado, instauran nuevas pautas -, la objeción
está en que asimilar los cánones sin un aporte propio resulta anacrónico y simplista.
Cuando se ha advertido que muchos autores. colombianos - Jairo Aníbal Niño, Pilar
Lozano, Fanny Buitrago- exploran nuevas posibilidades para llegar al público infantil,
proponen valores que alimenten una tradición propia en un género que empieza a
desarrollarse, es sorprendente hallar que un premio nacional de literatura infantil
(Raimundo Susaeta 1987), se haya otorgado a una obra que si, por una parte, está
(obedientemente) bien escrita, por otra, en nada enriquece dicha tradición.
En la fábula, la aventura en la acción no es el elemento esencial: se trata más bien de
provocar una aventura moral que oriente el comportamiento del lector. ¿Pero hacia dónde
se le conduce? Si se persigue a la tortuga de Lobo Amaya, se va a la moraleja del deber
cumplido. Ella, junto con sus hijos, se dirige al bautizo del oso juguetón y llega
puntual porque, contrariamente a los otros animales (la zorra, la urraca, el gato),
emprende el camino con anticipación, sin entretenerse en juegos o conversaciones. Pienso,
por comparación, en la elefantica Margarita de Rosa Caramelo (Editorial Lumen,
1976); en ese animal de color gris y no rosado como el de sus congéneres: en la
"desobediente" Margarita que prefiere revolcarse y divertirse antes que cuidar
sus vestidos y comer las flores que la volverían rosada. A diferencia de La tortuga
desdentada, Rosa Caramelo pone en cuestión las arbitrarias coordenadas culturales que
limitan el ludismo infantil.
Lo que sucede en la obra de Lobo Amaya es
la prolongación de los lineamientos éticos que preservan un abstracto sentido del orden.
Las propuestas de Celso Román y Roberto Rubiano, en cambio, apuntan hacia la
transformación de los valores, aspecto que hasta ahora he abordado en el plano estético.
En el ético, cada uno de ellos, partiendo del esquema maniqueo del relato infantil,
enfrenta instancias que se relacionan directamente con nuestro presente. Pese a los
niveles de fantasía que están en movimiento, la aventura de los artistas, del detective
y la de Rosendo, tienen que ver con la época actual: en ambos hay una preocupación por
lo social (los personajes de Román, por ejemplo, son de extracción popular o campesina)
y una intención de cambio. El enfrentamiento que se lleva a cabo en Una aventura en el
papel es el de la libertad imaginativa y el de la libertad individual contra las
tendencias represivas encarnadas en el militar mítico; así mismo, se presenta al poder
como una fuerza artificial y frágil sustentada, más que por el anciano, por aquéllos
que están a su servicio. Igual ocurre con El maravilloso viaje de Rosendo Bucurú: allí
la lucha contra la ambición es realmente la entablada entre el concreto (los hombres de
la ciudad) y la naturaleza. Junto con el estímulo de la imaginación del lector, Román
busca que este establezca una comunicación efectiva y práctica con lo "no
humano"; que respete, proteja y valore un espacio en vías de extinción.
ALICIA FAJARDO M.
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