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Apenas
una Anunciación
Vida y obra de Carlos Correa
Libe de Zulategi
Museo de Antioquia, Medellín, 1988, 208 págs., ilustrado
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Al mismo tiempo que el Museo de
Antioquia, por enésima vez en su centenaria existencia, anuncia el cierre inminente de
las salas por dificultades económicas, lanza al mercado nuevos libros de buena factura
editorial, hasta se diría que lujosos frente a su expuesta condición de indigente. Pero
pronto el lector atento descubre que se trata, apenas, de un modesto lujo material.
No hay mejor motivo que la pobreza para que una institución se excuse ante la sociedad
que la creó y le asignó funciones vitales para la preservación de su patrimonio
cultural. Por eso no hay que considerar anómalo que el museo publique algunos libros casi
por primera vez en un siglo de vida, a pesar de sus exiguos recursos. Exiguos, no sólo
por el hecho cierto de que la sociedad lo abandonó a su suerte, sino, sobre todo, porque
el museo, por el contrario, abandonó a la sociedad que le dio vida y a la cultura
antioqueña que debería preservar y nutrir. Las directivas se separaron de los estamentos
vivos y se dedicaron a proteger una dirección inepta e ineficaz amparada a la sombra
gorda de Botero. Los políticos, de quienes depende la subsistencia de muchas entidades
públicas, tampoco le tienen interés al museo, tal vez porque los cuadros no ponen votos,
ni los puestos potenciales, por su número reducido, tampoco.
El segundo libro de la serie Vida y Obra
está dedicado a Carlos Correa. Pintor, grabador, ceramista, activista político e
incansable autocrítico, Correa nació en Medellín en 1912, lo cual lo hace
contemporáneo de Débora Arango, con quien configuró la avanzada de la pintura
colombiana en los cuarenta. De joven, Correa empezó estudiando música, arte que luego
cambió por el dibujo, siguiendo el consejo de un profesor. A la vez abandonó la música
para ganarse la vida retocando negativos en un taller de fotografía.
Tiempo después reanudó su interés por la pintura, estudió con Pedro Nel Gómez, y más
adelante, hacia 1933, empezó a pintar por su cuenta. Desde entonces realizó diversas
exposiciones con muy poca fortuna económica. Destruyó en 1938 las obras de su período
"socialista", presentó una Anunciación desnuda y en estado de gravidez
al Salón Nacional, causando un gran escándalo que la prensa liberal y conservadora
propagó según sus intereses ideológicos, al punto que puede considerarse este cuadro
como el más polémico en la historia del arte colombiano. Posteriormente trabajó temas
indigenistas, vinculándose al movimiento Bachué. En 1949 se radicó en Cali, realizó
dos series de grabados en los años cincuenta y continué participando en algunas
exposiciones hasta cuando regresó a Medellín, ciudad donde falleció en 1984.
El libro que ofrece el Museo de Antioquia
es en realidad apenas - un catálogo incompleto y casi arbitrario, que recopila
artículos y una amplia selección desordenada de noticias, comentarios de prensa y
entrevistas. La obra se cierra con una transcripción de la cronología de Correa, tomada
fielmente del diccionario de Carmen Ortega Ricaurte.
Se evidencia que la autora optó por la vía más fácil para hacer este libro, evitando
el trabajo que se anuncia en el título y en la presentación, quedando una promesa
incumplida. Juntó materiales de aquí y de allá, escribió unas pocas e incompletas
páginas, pasó por alto una obra fundamental para cualquier trabajo sobre Correa, como es
el libro de Juan Friede, y no investigó ni los escritos de Correa ni otros que sobre
éste se escribieron en la época. Es decir, el lector tiene entre manos, otra vez, una
parte de la materia prima, mal cocinada en el calor de los afanes que da la urgencia de
las letras de molde.
La compilación se abre, infaltable, con
un artículo de Darío Ruiz Gómez, "Carlos Correa: el arte como itinerario de
vida", donde en tres páginas y medía, ya conocidas, el autor se lanza, como de
costumbre en sus textos de diverso género, a una especulación ilustrada y lírica. De
ella puede salvarse el hecho de que es el único texto donde se hace una breve referencia
a los grabados de Correa, que, a pesar de su importancia, no merecieron ninguna
consideración especial, distinta de unas reproducciones mal referenciadas al final.
A continuación se encuentra un fragmento de Germán Rubiano Caballero, entresacado de un
artículo suyo más amplio, escrito para la Historia del arte colombiano de Salvat.
De una simpleza atroz, no se entiende para qué se reproduce, siendo fácil el acceso a
él en la citada Historia, y porque en realidad no agrega nada, restándole espacio
a un posible texto de mayor aporte e interés, que el lector se queda esperando en vano
hasta el final.
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En el artículo "Carlos Correa, una
influencia rebelde", la autora vuelve a lugares comunes sobre Correa, cita de nuevo a
Rubiano, cita las noticias de prensa que integran el resto del libro, recuerda un par de
episodios sueltos, menciona de pasada que Correa escribió un librito llamado La carta
al papa, no sabemos ni en qué año ni de qué trata, y, rápidamente y saliendo mal
del paso, le da cabida, por fortuna, a un artículo serio, bien documentado y bien
escrito, pero incompleto, porque Walter Engel lo elaboró cuando apenas Correa tenía
treinta años y todavía le restaban más de cuarenta de actividad artística.
Por su claridad conceptual y su
estructura histórica, el artículo de Engel es un magnífico ejemplo de cómo se debió
hacer este libro sobre Correa. Sin desestimar los hechos, la cronología y la biografía,
ofrece simultáneamente una visión sobre la obra del artista, revela los fundamentos de
lo que podríamos llamar su "estética", considera sus conflictos personales
internos y analiza los elementos compositivos y plásticos que informaban hasta el momento
la producción del artista. Muestra por éste un gran respeto y admiración, todo ello
acompañado por una lúcida conciencia crítica y un afán divulgativo.
Como ya se mencionó, las demás páginas albergan diversas noticias de prensa y algunas
entrevistas verdaderamente interesantes. La mitad de estas páginas están destinadas a
presentar una documentación que el mismo Correa recogió y prologó, sobre la polémica
que causó su Anunciación, el polémico cuadro que pintara en una pensión de
Bogotá con dinero prestado por Juan Friede en 1941. Allí se pueden seguir bien las
discusiones morales, políticas y estéticas a que dio lugar. La documentación es de gran
interés para el investigador, y de menor para el lector común; desafortunadamente, no
está fechada en forma adecuada ni ordenada cronológicamente, al igual que sucede con los
restantes comentarios de prensa incluidos más adelante, varios de los cuales son
prescindibles por insulsos o repetitivos.
Aunque no es el libro que se
anuncia, se trata de un catálogo que de ninguna manera es desdeñable. Pero que roba,
quién sabe por cuánto tiempo, la posibilidad de publicar el libro que la obra y la
personalidad de Correa merecen. Si la selección de los textos analíticos es pobre hasta
el límite de lo intolerable, por las razones anotadas, la recopilación de artículos de
prensa mantiene a flote la nave, así sea al lector a quien le toque procesar como pueda
este crudo cargamento.
La publicación prematura que hace el Museo de Antioquia, es apenas un punto de partida
para una investigación que queda pendiente, agregándose así, aun después de muerto, un
eslabón más a la larga cadena de contrariedades que le tocó en suerte a este combativo
e inquebrantable pintor.
SANTIAGO LONDOÑO V.
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