En sentido inverso
Colonización colombiana de los Estados Unidos: dos estudios pioneros


Acculturation process of colombian inmigrants into the american culture in Bergen County, New Jersey. Tesis para ED. D. (Doctor of Education) The State University of New Jersey.
New Brunswick, 1980.
José G. Baldassini.
Ann Arbor University Microfilms International, 152 págs.

Factors influencing the emigration of colombian professionals to the United States.
Tesis para Ph. D. (Education Higher) The Catolic University of America, Washington, 1970.
Lucía V. de Hill.
Ann Arbor University Microfilms International, 165 págs.


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Las acciones de carácter educativo y los procesos migratorios y de aculturación que constituyen parte del tejido binacional colombo-estadounidense delimitan el espacio en el cual convergen estos dos trabajos.

Desde sus perspectivas particulares, Baldassini y Hill ofrecen estos análisis, que tienen en común el enfoque comportamentalista, como intento de conocimiento de un núcleo humano de gran importancia para Colombia. Vale la pena mencionar que actualmente dos millones de personas de origen colombiano viven en los Estados Unidos, una parte de las cuales —aún no precisada— carece de legalización de su condición de inmigrantes. Se entiende, por ello, que estos estudios constituyan un valioso punto de partida para posteriores indagaciones con miras a reconstruir la historia de los "nuevos colonos". Se precisa rebasar los enfoques de índole coyuntural que se reducían, sea a buscar la repatriación de cerebros fugados (comienzos de los años 70), sea a señalar la situación difícil de la "colonia colombiana" en la presente época.

No hay que olvidar tampoco que encerrando el proceso delineado se halla la antinomia de identidad cultural, para cuya definición el mismo desarrollo demográfico es básico pero no definitivo. La determinación de la aculturación recíproca que están experimentando los dos núcleos poblacionales, plantea, al margen de estas consideraciones, la latinoamericanización de los estadounidenses a través de la población de origen hispano, sea simultáneamente o en forma desfasada con la "penetración cultural" en países como el nuestro.

El contexto de las dos tesis es muy claro al respecto: hacia 1965 los Estados Unidos ofrecían ampliar oportunidades de trabajo a los inmigrantes latinoamericanos. Aunque ninguno de los dos autores lo señala, cabe concluir que en la mentalidad colombiana, se arraigó masivamente este atractivo, suficientemente por el

expansionismo propogandístico previo al crecimiento de las comunicaciones binacionales, a través de las cuales el "american way of life" fue canalizado mediante mensajes asimétricos tan manidos como los que hoy trae el satélite.

La investigación de Baldassini traza un recuento ilustrativo del patrón de inmigración para la colonia colombiana de Hackensack (que representaba en 1978, con unos tres mil miembros, la mayor colectividad de origen hispanoamericano de esta pequeña ciudad del estado de Nueva Jersey). De un primer inmigrante en 1960, una familia—de las 35 reconocidas como residentes allí— extendió, ‘hasta 1974, a unos treinta parientes y amigos la cadena de apoyos necesarios para su traslado. A partir de 1975 hubo drásticos cambios en la reglamentación del gobierno estadounidense con relación a los inmigrantes, limitación que no logró en lo substancial reducir la población hispanohablante en Estados Unidos. Hacia 1977 se calculaba que diez millones de personas componían legalmente esa minoría. En ella, los colombianos representaban el cuarto país de origen, después de México, Puerto Rico y Cuba.

A Hill, por su parte, no le preocupó investigar tanto la cantidad cuanto la calidad de este "producto de exportación", y por ello recoge datos sobre la experiencia y el nivel educativo de los ochenta mil inmigrantes colombianos del período 1955 a 1968. Destaca cómo la cuarta parte se hallaba en el nivel profesional universitario, y señala que un tercio de los 3.900 profesionales que inmigraron entre 1961 y 1968, eran médicos y paramédicos, seguidos por ingenieros y educadores. Se preocupa centralmente por la inmigración del quinquenio 1964-1969 que representó el 25% de la mano de obra colombiana de alto nivel.

Baldassini plantea tres hipótesis relativas al proceso de aculturación de los colombianos en Nueva Jersey: el grado de aculturación que logre un inmigrante: 1) es proporcional al período de exposición a la nueva cultura; 2) obra en función de la edad del individuo, y 3) es diferente para hombres y mujeres. Tomando como muestra las 35 familias de la colonia colombiana en Hackensak, las entrevistó, cuidando que cumplieran como requisito un denso intercambio con los miembros de la cultura huésped. Las escalas de aculturación diseñadas en Miami por Szapoccknik y otros (Clínica para la orientación de la familia hispana), fueron adaptadas para su uso con individuos colombianos, después de haber sido utilizadas para observar el proceso experimentado por los cubano-estadounidenses. Por tratarse de un test psicométrico, demandó la formación de tres submuestras, a saber: adultos colombianos (150), jóvenes colombianos estudiantes de high school (68), y compañeros de éstos pero estadounidenses, las dos últimas con el fin de apreciar las diferencias generacionales. El molde incluyó dos escalas: la primera, llamada escala comportamental, comprendía veinticuatro preguntas (págs. 138-140), y la segunda, una escala valorativa (relational value orientation), para el examen del estilo relacional o de la naturaleza de las relaciones personales (págs. 141-144). La primera escala alude a las dimensiones de la aculturación relativas a aspectos más abiertos observables en el tránsito hacia una nueva cultura (lengua, costumbres, hábitos, estilo de vida). La segunda escala se sitúa en la dimensión que rodea la aceptación por el individuo de las orientaciones valorativas básicas de la nueva cultura.

Las conclusiones de Baldassini confirmaron ampliamente sus hipótesis. En primer lugar, los jóvenes colombianos aparecieron aculturándose en función lineal al tiempo vivido en Estados Unidos. Para los adultos (mayores de 18 años), en cambio se relacionaban inversamente los años de residencia y la aculturación, lo cual se explica, según el autor, por el hecho de que

[...] careciendo de tiempo y oportunidades para aprender la lengua, las costumbres y el estilo de vida [...] en la mayoría de los adultos colombianos en Estados Unidos se mantiene fuertemente la tendencia a conservar sus propias tradiciones".

Con relación a la edad, los resultados también estuvieron de acuerdo con las hipótesis. Es decir, los grados de aculturación comportamental y valorativa se incrementan en tanto la edad es menor. El autor dedujo como implicaciones el que existe una etapa crítica o rango de años para ser aculturado. Finalmente se validó la hipótesis sobre que el rápido cambio en los jóvenes colombianos acentuó el incremento de las diferencias culturales con sus padres. El matiz asociado con el sexo, de acuerdo con el cual las mujeres tienen un puntaje medio elevado en la escala valorativa, mientras el de los hombres es en promedio bajo, evidenciaría cómo para los colombianos es más difícil cambiar su sistema de valores que cambiar su comportamiento. En otras palabras, la aculturación en la escala valorativa, en función del tiempo, sólo es significativa para las mujeres en su conjunto. Pero en la aculturación comportamental general, el análisis estadístico mostró mayor intensidad de la aculturación en los hombres.

Para Baldassini estos resultados deberían arrojar luz cuando se analicen problemas que afecten a cualquier familia inmigrante, tales como el consumo de drogas, las relaciones sexuales premaritales de las hijas, el rol de autoridad del esposo y la esposa en el hogar, el aborto, etc. Colocándose explícitamente como partidario de una asimilación cultural absoluta de la minoría colombiana en el país huésped, formulaba entre otras, las siguientes recomendaciones:

El desnivel de conocimiento del idioma inglés entre padres e hijos crea una situación peligrosa [...] que puede conducir a diferencias incómodas entre generaciones dentro de una misma familia. (pág. 114]

Debe específicamente impartirse educación sobre la historia y el sistema de los Estados Unidos, como la manera de sensibilizar a los inmigrantes ante los ideales, las aspiraciones y el estilo de vida de la cultura huésped [...] A los jóvenes y adultos colombianos se les debe ilustrar acerca de sus obligaciones y derechos en el nuevo país [pág. 117].

Con relación a lo anterior, cabría preguntarse si la "mala prensa" contra Colombia aceptaría explicar la mala conducta, en Estados Unidos, de colombianos cuyas familias se han disuelto, y la disolución ha obedecido a aquellos problemas que se manifiestan en las variadas respuestas que —según el período de exposición, la juventud y el sexo— dan individualmente como miembros de la minoría nacional.

Indicación de que no se habla de los mismos colombianos, es la distribución porcentual de las categorías socioprofesionales de los entrevistados por Baldassini: 1% de profesionales, 5% de empresarios, 1 % de administradores,. 19% de oficinistas, 20% de trabajadores calificados, 20% de semicalificados y 35% de no calificados. En cambio, la señora Hill parte del supuesto de que la expansión educativa (crecimiento cuantitativo de la educación superior) no puede romper por sí sola el círculo que hace interdepender crecimiento económico nacional, disponibilidad de oportunidades de empleo y ampliación de la educación. Esta autora se propuso "identificar y analizar la naturaleza y las causas del flujo al exterior de personal profesional colombiano y las relaciones con el desarrollo nacional".

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Los enfoques económicos de la educación (teorías sobre capital humano) y de la modernización (complejidad de los sistemas económicos construidos sobre modernos fundamentos de ciencia, tecnología y administración avanzada) fueron los referentes teóricos para tratar este problema.

En 1970 hallaba, como factores que impedían el empleo total y eficiente de los recursos humanos en Colombia, el desperdicio del talento potencial, la subutilización del talento existente y la salida al exterior de gran parte de éste. Igualmente señalaba como limitantes generales del desarrollo la escasez de capital y la baja disponibilidad de recursos humanos calificados. En su examen preliminar, la autora proponía una perspectiva tricausal para estudiar la emigración: 1) causas relacionadas con la carencia de integración entre los planes generales de desarrollo y efectivas medidas de desarrollo de los recursos humanos, 2) causas atribuibles al sistema educativo y 3) causas relativas al grado de desarrollo económico y social que experimentaba el país por entonces. La elaboración de un cuestionario destinado a parte de los cerebros fugados pretendió identificar los determinantes de la emigración. La previa asesoría de dirigentes políticos, económicos y culturales colombianos la llevaron a asimilar esos determinantes a: 1) valores, necesidades y deseos que motivaron a los profesionales a dejar su país, y 2) aspectos específicamente culturales, socioeconómicos y del ambiente político de Colombia que inducen a los profesionales a decidirse a residir permanentemente en los Estados Unidos (cáp. II). Del estudio se proyectaba extraer recomendaciones y sugerencias, para "moderar y controlar la emigración profesional, y para proveer incentivos a la repatriación de aquellos profesionales" (págs. 26-27). La entrevista se terminó con 205 profesionales colombianos residentes en cinco estados de la costa occidental, los cuales representaban las principales categorías socioprofesionales.

El capítulo II (pág. 28) suministra, apoyándose en abundante material estadístico, algunos elementos interesantes en cuanto a antecedentes del fenómeno estudiado: la evolución de las categorías de empleo y su representación en la p.e.a. colombiana, el uso dado a la mano de obra calificada y la motivación ofrecida a los profesionales egresados del sistema educativo colombiano para insertarse en los campos de actividad propios de su formación, las fuerzas que atraen (pull) y las que repelen (push) el movimiento migratorio, siendo las primeras las ejercidas por la sociedad opulenta sobre los individuos de la sociedad en desarrollo, y las segundas las asociadas con el propio desarrollo nacional, en términos de conducta política, la "crisis de participación" y, finalmente, los factores educacionales (págs. 56-96): crecimiento demográfico y alfabetización, escolaridad, absorción y capacidad de reclutamiento.

En síntesis, la autora indicaba que "el problema del desarrollo en Colombia está relacionado directamente con la carencia de un equilibrio entre el tipo y la clase [?] de mano de obra calificada que está produciendo la universidad, y el creciente incremento del desempleo de los graduados, que, al sentirse frustrados, salen al exterior en busca de empleo, causando así una pérdida de talento por el cual el país ha estado pagando" (pág. 96).

Por su parte, la encuesta actitudinal (cap. III) señalaba como jerarquía motivacional: 1) deseo por desarrollo profesional, 2) búsqueda de reconocimiento a la capacidad técnica o científica, 3) mejores oportunidades de salario y mejores empleos, y 4) mejores posibilidades para la investigación. Consecuentemente, las fuerzas pull de: 1) Necesidad de realización y excelencia profesional, 2) mejores niveles de vida en Estados Unidos, y 3) posibilidad de estudios de especialización; y las fuerzas push de: 1) carencia de estímulos, 2) bajos salarios, y 3) inhabilidad para ajustarse a la mentalidad empresarial de los administradores y de los supervisores ejecutivos.

Las últimas páginas del informe están dedicadas a la formulación de recomendaciones relacionadas con las medidas "concernientes a las directrices, educativas y económicas que han de trazar el gobierno, las instituciones educativas, las asociaciones profesionales y los grupos de interés".

La continuidad que han tenido estos procesos es menos clara: algunos latinoamericanistas gringos insisten en abordar el problema en términos de invertir el proceso de aculturación, señalando que la sociedad estadounidense tiene una dinámica que le permite inscribir en su complejidad cultural todo el aporte racial latinoamericano (ciudades bilingües, medios de comunicación en lengua española, alcaldes de origen latinoamericano, etc.). Sin embargo, para reafirmar la tesis del intercambio desigual —o asimetría cultural— no podría aseverarse lo mismo con relación a la perspectiva colombiana. Por lo tanto, lo que ha venido ocurriendo en los últimos veinte años con los colombianos radicados en Estados Unidos merece mayor atención y, en ese sentido, investigaciones de este tipo no deben quedar circunscritas a intereses aislados de graduandos universitarios, sino insertarse en esquemas institucionales como los que definen las funciones de "estudios para el desarrollo y relaciones internacionales".

Si nos atenemos a los resultados de estas tesis de doctorado en educación, la emigración de colombianos a Estados Unidos y su "norteamericanización" han obedecido a complejos desequilibrios culturales, inseparables del contradictorio proceso de desarrollo dentro de Colombia.

JOSE ERNESTO RAMIREZ.