Del
pincel a la pluma
Escritos artísticos.
Francisco Antonio Cano.
Ediciones Extensión Cultural Departamental.
Colección Breve, Medellín, 1987, 260 págs.,ilustrado.
El arte antioqueño nace con
Francisco Antonio Cano (Yarumal, 1865-Bogotá, 1935) y alcanza su culmen con
Fernando Botero. Por supuesto que antes de Cano existieron pintores en Antioquia, aunque
casi todos ellos estén hoy perdidos en el olvido. Estos predecesores tuvieron carácter
de artesanos y no de artistas. Cano es el primero que asumió su tarea como profesión
exclusiva, y es el primero que viaja al exterior con el único propósito de asimilar una
formación académica extranjera. Vivió y sobrevivió con su trabajo dirigido a un
mercado estrecho, poco dinámico, de gustos obtusos y avaro con el artista nacional y en
general con el arte, y contribuyó a la formación de una conciencia artística en la
sociedad y a la educación de un conjunto de futuros pintores y dibujantes, entre los
cuales se destacan Ricardo Rendón, Gabriel Montoya, Humberto Chaves, Horacio Longas y
Marco Tobón Mejía, entre otros.
Además de pintor, coeditor de revistas
ilustradas e incansable dibujante, Cano fue escultor. Su busto de Atanasio Girardot, hoy
mal conservado en la plazuela de la Veracruz en Medellín, fue uno de los primeros bronces
fundidos en Colombia, en los talleres de Robledo, allá por el año 1911.
Empujado por su inquieta inteligencia y
por obra de las circunstancias, también tomó la pluma, sin abandonar los pinceles ni el
cincel, y escribió críticas y comentarios artísticos, "solamente valido de mi
adoración a lo bello y con objeto de contribuir siquiera a que se despierte el interés
por lo que yo amo, pero con la seguridad de que un mes más tarde, si mucho, habré de
desear borrar lo escrito", según confesó a Carlos E. Restrepo en carta escrita en
París en 1899.
A pesar de sus cautelas, Cano realizó
una apreciable tarea de escritor, si bien no fue muy extensa, pero que se constituye en
documento indispensable para entender el arte de su época. Según informó su hijo León
Cano en entrevista de 1965, el maestro compuso una novela, que se perdió. En el momento
de su fallecimiento, preparaba un libro sobre el arte colombiano, del cual hoy tampoco se
sabe nada. Dos importantes cuadernos, en manos de un comerciante de antigüedades de
Manizales, contienen notas de viaje, reflexiones y dibujos, hasta hoy inéditos. Y
presumiblemente en archivos familiares deben de existir algunos otros manuscritos.
Aparte de estas obras, Cano escribió y
publicó diversos ensayos, que han sido recogidos en su totalidad en el libro Notas
artísticas, prologado y compilado con esmero por Miguel Escobar Calle, con el
objetivo de "rehacer la huella que dejó Francisco Antonio Cano como crítico de
arte; como protagonista y a la vez testigo de su época y del arte de su país; y como
constancia de magisterio intelectual, de vida artística y de actitud moral".
El libro está integrado por tres partes.
En la primera se encuentran veinticuatro textos, tres entrevistas y un fragmento del
testamento del autor. Los textos fueron escritos por el pintor entre 1896 y 1934. La
segunda parte ofrece un conjunto de informaciones no exhaustivas sobre Cano y su obra,
así como una bibliografía básica, y por último, se incluyen más de treinta
reproducciones de dibujos, bocetos y grabados, que complementan las reproducciones de los
avisos de prensa que Cano publicó al principio de su carrera para promocionar sus clases
de dibujo o las lápidas de mármol que fabricaba para poder subsistir, junto con
caricaturas de Leudo y Rendón, entre otros.
Cano inició sus labores de comentarista
y crítico de arte con un artículo sobre una Virgen pintada por Ricardo Acevedo Bernal,
publicado en la revista El Repertorio en 1896, cuando contaba 31 años. Le siguió un
ensayo más extenso sobre la catedral de Medellín (1898), en proceso de construcción,
donde hizo gala de conocimientos de historia de la arquitectura y de sus elementos
estéticos, a pesar de que nunca cursó estudios académicos formales. Ese mismo año
viajó a París, gracias a un dinero otorgado por el Congreso. Desde la capital francesa
sostuvo correspondencia con su amigo y futuro presidente Carlos E. Restrepo; cuatro de
estas misivas se encuentran reproducidas en el libro que comentamos. Nada de la bulliciosa
y agitada vida artística y política del París de aquellos años parece haber tocado a
Cano, embebido en sus estudios académicos y en la observación de los clásicos en los
museos.
Ya en Medellín en 1902, promocionó por
la prensa la creación de una academia de dibujo, y publicó ensayos sobre Epifanio Garay
(1903), Andrés de Santamaría (1903 y 1904), dictó conferencias en el Centro Artístico (1905)
y escribió un detenido análisis sobre la Segunda Exposición Artística e Industrial
celebrada en Medellín en 1905. Tobón Mejía(1906 y 1917), la Sociedad de Mejoras
Públicas (1917), Miguel Díaz Vargas (1930), Acevedo Bernal (1934) y Roberto Pizano
(1934), fueron los otros artistas que ocuparon la atención de Cano.
En la sección referida a la
información sobre el artista, se encuentra un valioso ensayo biográfico de Manuel Uribe
Angel, publicado en 1899 en El Espectador. Así mismo están incluidos textos de Darío
Ruiz, Eladio Vélez y Luis Pinto.
Notas artísticas es un libro que
saca a la luz pública una faceta casi inédita de uno de los pintores colombianos más
importantes de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Hombre de múltiples actividades,
Cano encarnó el ideal del humanismo y del arte renacentista en la Colombia decimonónica,
y vivió la dramática transición que significó para el país y su cultura pasar de un
siglo al otro. Dominio de la técnica y de los principios académicos del oficio,
confianza en el arte como instrumento de la belleza y del engrandecimiento del mundo y del
hombre, voluntad didáctica, consagración y disciplina, fueron sus atributos más
notables, que hoy sería difícil encontrar en un artista contemporáneo, más ocupado en
manejar el éxito y las relaciones públicas.
En medio de su acendrado ademicismo,
Francisco Antonio Cano se permitió valorar, e incluso practicar casi en secreto, el
impresionismo, que fue la corriente más moderna que pudo aceptar. El cubismo, los
monigotes sintéticos de Pepe Mexía, nunca cupieron en su órbita artística.
Situado en la tradición occidental de
los artistas que nos han legado sus textos, desde Leonardo, renacentista por excelencia,
hasta Dubuffet y Tápies entre los contemporáneos, Cano inauguró, con sus textos, una
menor pero necesaria costumbre en Antioquia. Desde Pedro Nel Gómez, Eladio Vélez y
Gómez Jaramillo, hasta Félix Angel, los artistas paisas, de una manera u otra, no han
desdeñado la palabra para explicar su obra, sus circunstancias, o para polemizar,
criticar o dejar testimonio.
Rescatando del olvido estos materiales, Notas
artísticas revaloriza la obra y la personalidad de Canito, como lo llamaron
cariñosamente sus contemporáneos, y plantea la necesidad de recuperar su obra plástica,
por tratarse de un artista fundamental en la historia del arte antioqueño.
SANTIAGO LONDOÑO V. |