El otro país desconocido


Selva adentro. Una historia oral de la colonización del Guaviare
Alfredo Molano
El Áncora Editores, Bogotá, 1987, 138 págs.


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Un país inédito emerge y se desarrolla hoy en las gigantescas extensiones, antaño baldías, de la Amazonia y la Orinoquia, tradicionalmente olvidadas por un país históricamente volcado sobre su espinazo andino. La gesta colectiva y anónima de la colonización inicial de estos territorios, muchas veces insalubres y hostiles, y sobre esa base los fenómenos contemporáneos de la generalización de la economía "invisible" de la marihuana y de la coca y de la extensión de la guerrilla rural, que asume muchas veces funciones que el Estado no ha cumplido en estas regiones marginadas, son fenómenos sobresalientes de nuestro acontecer, que aborda con penetración y base documental indudable el sociólogo Alfredo Molano, en el libro aquí comentado. Superando un enfoque meramente periodístico, sensacionalista o anecdótico, niveles predominantes en el tratamiento de estos importantes fenómenos socio-económicos, culturales y políticos en el país, Molano realiza un amplio y esforzado estudio de campo en la zona del Guaviare, entrevistando intensivamente a colonos, inmigrantes, guerrilleros, comerciantes y, en general, a los actores que dan vida y configuración particular a la compleja dinámica vivida en esos lejanos y, hasta hace muy poco, exóticos territorios. El autor combina el análisis "sistemático" con la crónica viva y amena, "en la que el analista se torna de alguna manera también actor", para buscar reconstituir, en primer lugar, los procesos de poblamiento de la parte occidental del departamento del Meta y de la ribera del río Guaviare y su zona actual de influencia.

De este modo, Molano reconstruye el primer ciclo de la ocupación productiva de estos territorios, la "colonización rapaz", explotación predatoria del territorio selvático realizada en busca del caucho, desde comienzos del presente siglo y que significará el comienzo del reconocimiento y poblamiento inicial de estas regiones periféricas, con las secuelas de la explotación múltiple del colono, mediante el sistema del "endeude" y la ausencia de una verdadera economía estable de colonización. Una etapa intermedia, constituida por la caza de animales salvajes, cuyas pieles alimentaban un muy lucrativo mercado en el exterior, será sucedido por el ciclo de la "Violencia" en los decenios del cuarenta y cincuenta, en los cuales miles de campesinos expulsados de sus zonas de origen, por el efecto conjugado de fuerzas políticas y económicas, buscarán reconstituir sus sueños de tierra propia, trabajo, seguridad y autonomía en esas remotas pero, para estos seres desarraigados e itinerantes, promisorias regiones de colonización.

Uno de los puntos más interesantes del libro que aquí se reseña estriba en la diferenciación establecida entre la colonización espontánea, de base campesina, similar en sus características más importantes a diferentes procesos ocurridos en otras zonas del país, y la denominada colonización armada, que se vincula indisolublemente con los procesos de violencia agraria ocurridos particularmente en el nordeste del Tolima y en la región del Tequendama, en Cundinamarca, desde el segundo decenio del presente siglo. El autor reconstruye el proceso masivo de emigración organizada en el mencionado período de la violencia, desde estas regiones andinas hacia el cañón del río Duda y su posterior expansión hacia el río Guayabero, el alto Ariari, El Pato, el alto Caguán y, por ineluctable lógica geográfica, hacia la sierra de la Macarena. De este modo, este campesino expresará formas de organización social sui géneris y una dirección política muy particular, factores decisivos y, hasta ahora, insuficientemente analizados, para explicar el radio de acción posterior de un grupo guerrillero como las Farc, en esas zonas de colonización.

A su vez, las corrientes de colonización "espontáneas", posibilitadas entonces por la rigidez de la estructura dual del latifundio y del minifundio en otras zonas del país, y por la germinal penetración de las relaciones capitalistas en el campo, convergirán con las corrientes de la colonización armada para permitir la ocupación estable de una amplia zona situada entre la Orinoquia y la Amazonia colombiana. Molano demuestra cómo el previsible estancamiento de estas zonas de colonización hacia los años sesenta, privadas de vías de comunicación y condenadas entonces a la precaria economía del autóconsumo, es superado de manera paradójica, con el comienzo del cultivo de la marihuana, a comienzos de la década del sesenta y, particularmente, con la extensión del cultivo de la coca, desde la segunda parte de ese decenio. Estos cultivos, con su extraordinaria rentabilidad y su adecuación a la economía del colono, supondrán una emigración masiva de trabajadores, aventureros, avivatos, comerciantes y desempleados de la ciudad y el campo, en busca de este nuevo El dorado, trastornando los datos demográficos, económicos, sociales y culturales de amplias zonas periféricas del territorio nacional.

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Molano describe, a partir de un amplio registro oral, en una región aún sin historia escrita, las diversas fases por las que ha pasado el cultivo de la coca —su inicial difusión, su auge, depresión y recuperación—, realizando un perceptivo cuadro social de esta forma de actividad económica. De este modo, más allá de cualquier condena moralista o también ambigua apología de este vasto y complejo fenómeno social, el autor se esfuerza por develar el complejo tejido de intereses que se construye a través de tan fabuloso y multilateral negocio, involucrando muy diversos actores que viven a expensas, se lucran indirectamente o toleran esta forma de economía y de vida ilegales. Colonos viejos y nuevos, comerciantes, narcotraficantes, funcionarios del Estado y miembros de las fuerzas armadas, políticos de diversa filiación y guerrilleros, son todos actores sociales que conviven en la zona, entrando en complejas y, a veces, cambiantes relaciones de colaboración y enfrentamiento. Por ello mismo, el maniqueísmo de uno u otro signo, el epíteto, la apología o la condena rotundas, no bastan para comprender este país subterráneo, que convive, desconocido y malinterpretado, junto al presuntamente considerado "país real". La misma existencia, en muchas de estas regiones de colonización, de una legalidad consuetudinaria y de un acaecer socio-político sui géneris, tampoco descriptible en términos simplistas o unilateralmente reactivos, debería obligar al lector y a quienes, en el Estado o la sociedad civil, poseen alguna responsabilidad en la conformación de nuestro propio destino nacional (a partir de análisis como el realizado en el libro aquí comentado), a destruir esquemas mentales, mitos y preconceptos, para poder comprender esta inédita y, potencialmente, explosiva realidad.

Por lo demás, estos fenómenos tan bien analizados en el texto investigativo de Molano, no son privativos de la región del Guaviare. Para quien, como el autor de las presentes líneas, ha tenido una experiencia investigativa en muchos aspectos análoga, en otra región de la Amazonia (Jaime Eduardo Jaramillo, Leonidas Mora y Fernando Cubides, Colonización, coca y guerrilla, Bogotá, Universidad Nacional, 1986), son impresionantes y aleccionadores los paralelismos y coincidencias con las etapas y características más significativas del proceso de colonización, en las regiones analizadas por Molano. Economía extractiva y predatoria, caza y pesca, violencia y colonización campesina, economía de la coca, práctica ausencia del Estado, presencia guerrillera, depredación ecológica, son, en efecto, fenómenos comunes a una vasta porción del territorio nacional.

Acaso tratar de explicar con ponderación, rigor y acervo documental la génesis de estos procesos, su dinámica actual, los diversos intereses de los actores que en ellos participan, el curso actualmente previsible de los acontecimientos, etc., pueda estimular un verdadero debate nacional en la prensa, la universidad, los partidos políticos, el Estado y sus diversos estamentos, los gremios, las organizaciones sindicales y populares, que contribuya a superar la dramática y peligrosa polarización y el maniqueísmo en la interpretación y valoración de estos sucesos, y que coadyuve a viabilizar una solución de todos los problemas generados en estas zonas, la cual, consultando los más altos intereses nacionales, así como los de los principales sectores sociales implantados en forma duradera en estas regiones, impida que desde allí se contribuya a encender la chispa de una conflagración nacional de consecuencias imprevisibles, que llegue a comprometer, por varios decenios, nuestro porvenir como Estado y comunidad nacional.

JAIME EDUARDO JARAMILLO J.