Una
metáfora alemana del caos
Kolibri / Bilder und Gedichte aus
Kolumbien
Edgar Plata
Express Edition, Berlín 1986. 96 Págs.
Si el descubrimiento de un ser
americano (particularmente el anterior indígena centroamericano) se logró, para nuestra
literatura, con la ayuda de descubrimientos europeos, aquí podemos decir que, a su vez,
el hombre urbano (ya no necesariamente el europeo) se descubre en el rostro vacío y
ultrajado de ese ser americano. Se recuerda que el colibrí es un ave exclusivamente
americana, que sólo una flora nectárea y abundante lo posibilita y es casi solar. Tiene
sesgo mitológico en las tradiciones precolombinas de Centroamérica, especialmente en la
náhuatl y la cakchiquel, al lado del gran quetzal, la guacamaya, el turpial o la lechuza,
no gratuitamente: el sentido del tesoro, es decir, aquella posesión de objetos especiales
que delata al noble y al protegido de los dioses, está dado, en los códices que resumen
las tradiciones mencionadas, por la variedad y abundancia del color; de ahí que las
plumas de ciertas aves posean un valor mítico e iniciático. En los anales de los
Cakchiqueles hallamos la siguiente frase, de los guerreros de la tribu. "He aquí
nuestras plumas: yo soy el que sabe". El nombre del ave, pues, como título del
libro, es suficientemente sugerente de una realidad que no necesita revisiones ni
abanderados de asfalto.
Por tanto, es otro el propósito y otra
el alma del libro de Edgar Plata, poeta bogotano nacido en 1950 y radicado actualmente en
Hamburgo. Otro propósito y otra alma diferentes del hacerse voz de las raíces
supuestamente culturales de la Indoamérica. Yo pienso más bien que, haciendo honor al
texto alemán, la mirada lanzada sobre lo americano es extranjerizante, aún como voz de
protesta o de admiración por los elementos del Nuevo Mundo: una aparente simbólica de
"lo indígena colombiano" confunde al comentarista alemán *,
quien, además, se resigna a no entregarnos las razones de asociación con elementos de
otras culturas, orientales y africanas. De esta manera, se comenta inexactamente de
términos como: Cajamarca, entendida en alusión equivocada o equívoca a la ciudad
de los Incas en que fue atrapado Atahualpa por Pizarro como la composición de
"Kasse" y lo que al verbo "merken" se refiere, es decir, dándole a la
palabra el sentido que Plata presenta en el poema como juego morfológico: los
civilizadores marcan a los hombres (indígenas) como cajas (mercancías); así también
ocurre con el poema "Ein Kleines Pferd aus Ráquira", sobre el cual el
comentarista se permite anotar que dicho caballito de barro es el símbolo de los
colombianos (hoy por hoy reemplazado por el caballito de acero de Lucho Herrera); el doble
sentido del juego semántico también trastorna al comentarista, porque el poema
"Vamos al Grano" no pretende centrarse en el grano de café como símbolo
nacional, sino, precisamente, en deshacerse de él para ir a la verdad del asunto, para
"ir al grano", ver "al país / sembrado de muertos" (el comentarista
analiza un campo semántico que va de "Kern" a "Kaffee", pretendiendo
darle valor de centro angularidad cultural al importante producto de
exportación). Unidad simbólica, pues, no existe respecto de Colombia ni de América como
entidades culturales. Sin embargo, en el eclecticismo, ese intento de definición de la
marginalidad por razones étnicas, la asociación de símbolos es coherente y cabe,
incluso, la denuncia social, propia del aprendizaje del hombre urbano. Un buen ejemplo de
eclecticismo y de símbolos carentes de contexto y caóticos lo tenemos en el título de
uno de los buenos poemas del libro: "En Bogotá, Dionisio que sueña resucitado viaja
en canoa a la estrella Panamoti como si fuera un habitante de la isla de Dobu en Nueva
Guinea". Sólo el ajeno a cualquier mito concluiría: "¿Quién es, quién no
es?". Aunque el empleo horizontal de símbolos independientes también lo encontramos
en la manera de las viñetas o "Bilder" que acompañan a cada poema
(incluyéndose al final un apéndice sobre la diversa procedencia cultural de los
elementos de diseño empleados por el autor), éstas ofrecen mayor unidad, mayor
conciencia de la tradición pictórica sobre la que se trabaja, ésta sí, creo yo, de
acentuado aspecto precolombino: su perficialidad, lineabilidad, geometrismo, acumulamiento
de las figuras, sensacionalismo por acumulamiento e ideograma distinguible.
Puesto que el libro no nos ofrece
los datos necesarios, debemos suponer es indiferente que el autor es a la vez
el traductor. Lo que no es indiferente es cuál es el original y cuál la traducción.
Aquí traigo a cuento mis referencias al "comentarista alemán", que presento
como un comentarista desubicado por tratar de esclarecer aspectos de una simbólica
inexistente. El comentarista hace las veces de comentarista de traducción (española), a
juzgar por el tipo de anotaciones referentes a coloquialismos usados en español,
coloquialismos que resultan muchas veces sospechosos respecto del eclecticismo simbólico;
por otra parte, el adorno y la sutileza de expresión son más palpables en la que desde
ahora se me antoja traducción española: lo que el texto alemán planta narrativamente
creando mundo, el español lo convierte en epíteto descriptivo: un "der
den Menschen hasst" por un "rencoroso al hombre" que distrae de la
complejidad de los atributos de Jórai, o un "IHM ms Gesicht schreie" por
"que en su rostro nocturno... / llama", cuando el sentido de denuncia del poema
nos habla claramente de un "gritar a la cara", sin atributos de ese rostro, pero
sí del que grita, que es temerario, que desafía, porque "grita a la cara" de
los íconos-símbolo del poder imperial las palabras que lo denuncian; otro ejemplo: lo
que es simplemente un evento festivo ("feierliche Handlung") se convierte en
"Celebración y Pala-brota", alusiva, ésta última, a la palabra
"Freiheit", que en el texto alemán es tanto más sugerente cuanto que no está
señalada vulgarmente por el título; otro ejemplo (válido para todos los dobles sentidos
lingüísticos y sociológicos): "La Casa en el Aire" nos rememora la clásica
pieza de Escalona, pero no alude a ella, aunque sí a una que ahora sueña el desposeído
para un mañana y que será la misma que hoy habita el terrateniente. La oposición
hierro-aire parece obvia, pero no en el texto español, porque el sentido no es el de una
casa que, siendo de hierro, no puede sostenerse en el aire; la casa en el aire ya existe
porque está como tejida en el aire por el sueño (piénsese en la conversión de la
paronimia alemana schweben-weben en el juego semántico español de colgar-tejer); la casa
del terrateniente existe por aquella de sueño, pero en el pasado: la oposición es de
tiempo el sueño prefigurando el futuro, la utopía no de objeto:
Em Haus schwebt in der Luft
Morgen
werden wir im Haus unserer Träume wohnen,
das lächerlich
vormals
das vergitterte Haus
des Grundbesitzers war
("Una casa suspendida en el
aire":Mañana / viviremos en la casa de nuestros sueños / la que, ridículamente, /
fue ayer / la fortaleza del terrateniente).
Como si fuera profecía el poema "El
Otro", la "versión" española del libro Kolibri parece ser "la
otra", la que es mirada de "cada uno", isla, mirada anárquica y no
mirada colectiva sobre Colombia y el continente americano: "Piraña / o
montaña marina / mi país. / / Avido / o indolente. / / Mínima / metamorfosis sísmica /
o / monstruo oceánico / sin forma. / / Isla / que somos cada uno / de nosotros".
OSCAR TORRES DUQUE
NOTAS:
* Se advierte aquí que
no se da, en los créditos del libro, noticia alguna sobre quién sea el comentarista
alemán que al final, a modo de apéndice de notas, explica algunos datos referentes a lo
latinoamericano, indoamericano, colombiano, o, eventualmente, sobre figuras de otras
tradiciones culturales, orientales o africanas. De igual manera, no hay referencia a
un posible traductor - la versión es bilingüe - . Aquí somos del parecer de que
se trata del propio autor, quiien sería, además, el comentarista alemán. |