Marx y
el Bolívar de Marx
Bolívar y Marx,
dos enfoques polémicos
Carlos Uribe Celis
Tercer Mundo, Bogotá, 1986
El más reciente
libro de Carlos Uribe Celis, es en realidad, la presentación simultánea de dos trabajos
que, originalmente, aparecieron por separado, como que su elaboración obedeció a
distintos propósitos y circunstancias. "Marx contra Bolívar ¿biografía o
alegato?" es un ensayo escrito dentro del más circunspecto estilo académico al uso
en nuestros días, y fue preparado, expresamente, para una publicación de universidad. En
tanto "Marx, el hombre" no es otra cosa que la versión escrita, adaptada para
su publicación por el autor, de una conferencia dictada en Bogotá a propósito del
centenario de la muerte de Marx. Por supuesto, la diferencia de tono entre un escrito
elaborado para la lectura y el estudio solitario y silencioso de los académicos y otro
compuesto para ser leído en voz alta ante un auditorio en el que no cabe pensar el que
todos puedan ser iniciados, es cosa que salta a la vista. Por ello, la observación que al
respecto hace nuestro autor no resulta, para nada, superflua y, por el contrario, parece
muy oportuna, pues quizá sólo la esperada satisfacción que puede manar de la lectura de
la biografía de Marx nos sirve de necesario estímulo para atravesar las primeras cien
páginas del libro, que parecen resentirse de aquella frialdad de los trabajos académicos
actuales que, en su pretensión de objetividad, quedan tan colmados de referencias y notas
al pie de las páginas, como para justificar la risueña calificación de Julián Marías,
quien ve en ellos verdaderas "casas de citas".
Ello no obstante, el
libro de Uribe Celis es una obra bien interesante acerca del tema propuesto. El que este
autor se ocupe del hombre Marx, más que de sus teorías o de su ideario convertido en
escuela de pensamiento, es una labor que cuadra en buena forma con nuestro talante
hispánico y romántico y que torna la lectura más agradable de lo que resulta la de
otras "biografías" europeas; más aún, incluso, que algunas redactadas por los
propios amigos del autor de El capital. Además, la primera advertencia, fruto de
la adivinación de los vericuetos y andanzas que podrían correr sus ideas, convertidas en
doctrina por sus epígonos, partió del propio Marx cuando protestó, en carta a un su
amigo, en estos términos: "Yo no soy marxista".
Y acaso, también, el
estilo objetivo hipertrofiado del texto que examina la muy tendenciosa microbiografia de
Marx sobre Bolívar halle plena justificación, habida cuenta de la necesidad de una
refutación pormenorizada de un escrito donde la abundante cantidad de errores, falacias e
imprecisiones sólo rivaliza con el tono solemne y enfático con que se pronuncian.
Efectivamente, el texto marxista sobre el Libertador garantizará perdurablemente para el
creador del materialismo histórico el muy dudoso honor de ser el campeón de la causa del
antibolivarismo. Al escribir aquel opúsculo, el célebre pensador de Tréveris parecía
hondamente penetrado de aquel espíritu que ejemplificaba el Indio Uribe, cuando decía
que no bastaba con insultar al enemigo sino que había que ir, decididamente, más allá:
hasta la calumnia.
Con todo, lo más
interesante no es el, a pesar de ello, valioso trabajo de enumeración y refutación de
los 67 "gazapos históricos" en que incurre Marx en sólo 18 páginas que
conforman su trabajo biográfico para la New American Cyclopedia. El esfuerzo de
Carlos Uribe Celis, en la parte final de este trabajo, por situar, calibrar y desentrañar
el móvil del tremendo desaguisado, lo lleva a un terreno en el que la consideración de
diversos datos acerca de los intereses que estaban en juego en aquel momento para Marx,
luchador y militante, además de literato, permite al lector ensayar también su propia
capacidad para la aproximación psicológica.
A juicio del autor, lo
que Marx se propuso fue la destrucción del mito de Bolívar, cuya figura había alcanzado
notable dimensión en los escritos de los publicistas liberales europeos, quienes, al
igual que hicieron aproximadamente los liberales de aquende el Atlántico, le
exaltaron como ejemplo de héroe providencial y de victorioso gladiador de la lucha por la
creación de nuevas naciones, aunque sólo fuese para sepultarlo más tarde, cubriéndole
de denuestos, cuando la actuación de Bolívar pareció contrariar sus ideales y tomar el
sendero de la dictadura personal y el monarquismo. La comprensión de la esencia de la
propuesta bolivariana de regímenes patriarcales ha sido posesión de muy pocos entre ese
ejército de escritores que se han ocupado de la vida y obra de nuestro gran hombre.
Tras apuntar algunos
síntomas que delatan el notable seguidismo de Marx tras algunas de las ideas y prejuicios
de que hacía gala su maestro Hegel a la hora de hablar de estas tierras suramericanas y
de sus gentes, pero también tras señalar algunos datos que ponen de relieve cuánto de
ambición personal hubo en el ánimo libertador de Bolívar, el autor, fiel al tono
pretendidamente neutral de su escrito académico, concluye otorgando la razón a medias, a
uno y otro lado: "Uno está tentado de reconocer dice que Marx se
equivocó en todos los detalles pero no estuvo, como se ha creído con ligereza, tan
distante de la verdad en buena parte del fondo del asunto".
La biografía de Marx
ocupa la segunda parte de la obrita de Uribe Celis, y hay en ella un confeso desdén por
el trabajo teórico, por la historia y el análisis de la actividad política del gran
revolucionario germano. Lo que está en consideración es el individuo Karl Marx, y las
armas de la razón procuran acercarse aquí, a columbrar algo de los elementos de
formación de su carácter; a atisbar rasgos decisivos de su personalidad, a examinar y
mostrar el tipo de vida que llevó en diferentes momentos cruciales de su azarosa
existencia, y los avatares que debió sortear en medio de las peculiares circunstancias
porque discurrió su vida. Desfilan por estas páginas el joven mozalbete ebrio y
desaliñado, el estudioso de genial capacidad, el marido y el padre y el amigo, el
caballero victoriano que subyacía en el vigoroso iconoclasta, el genio sumido en la
miseria de su existencia londinense, el enfermo anciano y tranquilizado a fuerza de golpes
en el cuerpo y en el alma.
El autor ha echado mano,
en esta parte, de una buena colección de testimonios de contemporáneos, como también
del más o menos nutrido epistolario cursado por motivos personales, familiares,
políticos y profesionales, por el genial hombre. Pero, a más de ello, trascendiendo
aquel estilo que se queda en lo exterior, en la periferia, arriesga también, por el
camino del sentimiento y la intuición, a partir como lo expresa el mismo
autor de un conocimiento elemental (y, sin duda, más que elemental) y de un respeto
mínimo por la obra del sujeto biografiado. El texto de Uribe, para nada pretensioso, es
no obstante un discurso digno de considerarse, en medio de la ya vasta
bibliografía que sobre este tema abruma las librerías y bibliotecas de esta hora.
GERMAN A. PINTO S. |