Sin Freud y con fe
en la familia
Familia. Introducción a la psicoterapia familiar
Francisco Cobos
Universidad Nacional, Bogotá, 1986, 115 págs.
El tema de la familia siempre ha sido apasionante. Lo
más curioso es que desde los mismos textos bíblicos el discurso sobre esta institución
cobra un sentido patético.
"El primer asesinato de las Escrituras es el de un
hermano: extraña historia la de Caín y Abel. Podemos ver en ella los caprichos de Dios,
su aspecto no bondadoso, o el misterio según el cual sus vías son impenetrables...
¿Qué significa esa historia donde dos hermanos aportaron cada uno su ofrenda, y donde,
sin que se nos dé la mínima explicación, uno es aceptado y el otro no, y éste se
vuelve entonces contra su hermano y lo mata? ¿Qué significa esta historia?".
Con ese interrogante, el psicoanalista Daniel Sibony
inició en Brujas una conferencia cuyo contenido remitía, entre otros, al problema del
parentesco, como un pretexto para hablar de la experiencia analítica. Muchos otros
estudiosos del psicoanálisis han formulado desgarradores interrogantes sobre la familia y
sobre su crisis.
Por eso dicho tema, visto desde las distintas formaciones
discursivas, ha sido tan controvertido. A él se llega desde muchos ángulos: basta
recordar la obra de Engels, las de los clásicos de la antropología, buscando leyes
universales como la de la prohibición del incesto, la familia vista desde la moral, hasta
llegar a la sencilla sentencia de que la familia es la célula de la sociedad. Todos los
saberes que han tenido que ver con el hombre de una u otra manera han dado su diagnóstico
y tejido una curiosa red de discursos sobre la familia.
Cuando aparece un libro sobre los problemas de la familia,
el lector ávido de encontrar sorpresas siente un interés inusitado por preguntarse:
¿Qué se dirá de nuevo?
Este es el caso del libro La familia. Introducción a la
psicoterapia familiar, de Francisco Cobos, publicado por la Universidad Nacional, que
tiene como intención transmitir las experiencias terapéuticas a un público de una
sociedad que, como lo afirma el autor, le da a la estructura familiar una trascendencia de
primer orden, y en las que las condiciones económicas requieren metodologías de
tratamiento de extrema eficiencia.
Al enfrentar la lectura de esta obra, uno se da cuenta de
que su contenido polemiza con los pilares teóricos del psicoanálisis freudiano,
especialmente cuando el autor expone el problema del instinto apoyándose en un concepto
biológico de las emociones en el ser humano. Hay en la obra una idea del hombre como
cuerpo fisiológico que asimila a la psiquis.
Encontrarán los psicoanalistas que no han revisado las
bases teóricas de Freud, un buen material para entablar una fuerte polémica con el
autor, especialmente sobre la visión que éste tiene sobre la psiquis, al darle la
posibilidad de ir ascendiendo en una escala de logros y superaciones que mide la
normalidad y anormalidad. Ante esta tesis gritaron los freudianos: ¿Dónde está la idea
del retorno sobre sí mismo, permanente y cotidiano, que el psicoanálisis maneja? ¿Acaso
la psiquiatría no lo reconoce?
Una dedicación constante a la investigación psiquiátrica
y al ejercicio profesional han moldeado de manera firme y sin vacilaciones una defensa de
su "quehacer" de terapeuta.
El autor concede a éste el papel de ser quien organiza las
disfunciones de la familia trabajando con los individuos que la conforman, mediante un
esquema metodológico que concibe a la familia como un sistema compuesto por subsistemas.
A pesar del tono supravalorativo del ejercicio de dicha
profesión, hay un rasgo de honestidad profesional en este libro que lleva a sus lectores
a pensar si no es más provechosa la acción de los hombres que creen que la de los que
fríamente saben.
No cree entonces el autor de este libro en el negro
presagio que profetizaba David Cooper en su libro La muerte de la familia, cuando
sugería que, a través de la socialización del niño, la familia latinoamericana está
llevando al grupo social a una normatividad esencialmente conformista, cuya
simiente autodestructiva conducirá finalmente a la desaparición del núcleo familiar
contemporáneo. Para Cobos, la familia latinoamericana no tiende a desaparecer, sino que
está en tránsito de ajustar su capacidad de transformación a las nuevas circunstancias,
ejerciendo la mutabilidad propia de la organización familiar.
El libro del doctor Cobos habla a la época de la biología
y la genética: para los que crean en la necesidad de aceptar el carácter biológico de
las funciones mentales, ésta es una obra de gran interés; para los que no crean, valga
esta oportunidad editorial para enriquecer la polémica, ya que su autor tampoco cierra
las compuertas de la duda y el diálogo cuando al finalizar su libro dice: "La
fantasía que pueden tener los miembros de la familia y algunas veces el terapeuta,
pertenece no al dominio de las metas terapéuticas, sino que en sí misma es un síntoma
que debe ser sometido al proceso terapéutico". En fin de cuentas, hasta los textos
bíblicos anuncian una profunda crisis de dicha institución,. que hace pensar que ésta
nació enferma.
MANUEL RESTREPO YUSTl |