Cotidianidad y fiesta en el municipio de Talaigua
Relatos de la gente

TABLA DE CONTENIDO:

INTRODUCCION
ESPIRITU DEL AGUA, ESPIRITU BURLON
UNA FORMA DE VIDA
EL MUNDO DE LO FESTIVO
FAROTAS, INDIOS, NEGRITOS Y   DISFRACES
"SAN ROQUE, EL CHIQUITO, EL MILAGROSO"
"...YO VI DEL TIGRE, YO NO LO VI..."

 

"SAN ROQUE, EL CHIQUITO, EL MILAGROSO"

"Patrón de nuestro pueblo, san Roque, que apreciamos todos y creo que lo aprecian en la región, y san Roque es el verdadero para nosotros... Cansados, pedimos a nuestro san Roque que nos alivie, él nos oye y nos ayuda..." 25.

"Gloria a ti, venturoso san Roque, pastor de la Iglesia nacido, ruega por nosotros bienaventurados, para que nos libres de las pestes y el pecado" 26.

El día del baile de la Gigantona, se escucha en la calle la llegada de la banda. Empieza la fiesta patronal; Ramón Carrera y Chovi se han preparado para bailar la Gigantona. Llega la banda en un camioncito, y la multitud va a encontrarla en medio de voladores y en una cabalgata. Se inicia el baile de la Gigantona; los preparativos para tener abundante chicha de maíz ya se habían hecho. Se está preparando comida para todos; se tienen bollos de yuca con anís, coco y queso; se hacen casadillas y la Gigantona baila con la banda por todo el pueblo, en medio del ron y de la pólvora.

La Gigantona es el icono de la celebración, es la imagen que luego se convertirá simbólicamente en san Roque, el santo patrono, al cual le han rezado novena previa.

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Las Farotas es una danza de 12 pasos: entresacada faroteando,
perillero sacado, crucero en forma de x, saludo, de frente,
petición, crucero, sencillo, perulero entremetido, sombrilla,
perulero recogido al compás del tambor. Talaigua Nuevo.

"Anteriormente la fiesta la hacía el pueblo y todavía, pero anteriormente se entusiasmaban porque el tipo tenía su cosecha y le iba a pedir la colaboración para la fiesta y no se negaba [...] porque siempre el campesinado por ahí con sus cosechas se entusiasma en una fiesta, porque tiene para sí lo que es más o menos para parrandiar" y ponerse lo nuevo, "el estrén" 27.

Sobre la imagen relatan: "ahora es que está el tiesto ese, pero el propio, propio san Roque es el más pequeño; ese es el patrón del pueblo, ese al que le van a hacer la fiesta; pero ese nuevo lo compraron y nosotros no lo queremos. Es el chiquito, el patrón de nosotros. Uno ya no quiere ese tipo, uno quiere ese hombre chiquito, ese que está allá... es muy milagrosísimo, lo que usted le pide se lo da". Es la tradición oral la que se refiere constantemente a la validez del santo chiquito y relata cómo en varias ocasiones de incendio y creciente "el pequeño" ha detenido las calamidades.

La banda acompaña a la Gigantona y luego a la imagen del santo en su procesión y en su misa: desempeña un doble papel religioso y popular, es la misma Gigantona hecha san Roque en el desenvolvimiento de la fiesta. Llega el día del santo, y con alborada se abren las celebraciones y la banda recorre las calles. Es la hora de la gran misa en honor del santo patrono; es la hora del encuentro y hay que madrugar para coger puesto, pues la gente llena el templo y sus alrededores a la hora de la celebración. Se dan cita, con motivo de la fiesta patronal, todos los que han llegado de afuera; estrenan vestidos de múltiples colores, y así como ellos se engalanan, san Roque aparece en el anda, al lado izquierdo del altar, con su sombrero de plata, su bastón y su calabazo de plata. Adornado de flores, que han enviado desde Bogotá y Barranquilla algunos talaigueros para cumplir una manda al santo patrono. Misa concelebrada, y la banda que irrumpe con el himno nacional. Misa, en la que se concentran bautizos, primeras comuniones, matrimonios y hasta confirmaciones, es la verdadera fiesta de la unidad. Antes de la celebración y al terminar ésta, se ven niños vestidos como el santo, que hacen o prestan una manda. A la vez, los feligreses y creyentes relatan diversos tipos de milagros del santo y se escuchan relatos que hablan del oro que tenía y que ha desaparecido. Cuentan que la imagen estaba llena de brazos, manos y calabazos hechos de oro. Termina la misa, la banda arranca con un porro y los voladores suenan. La gente sale y se dirige a todos los espacios alrededor de la iglesia a comprar raspado, a ver las carreras de caballos, a mirar y comprar ropa en los muchos puestos de mercancías que han llegado a Talaigua con motivo de las festividades. Toda clase de juegos de azar: ruletas, anillos y apuestas; y las fondas: puestos de comida que se colocan en el marco de la plaza, al frente de las casas en las cuales se ha pedido permiso previo. Hay personas de afuera y del municipio. La fiesta es la expresión de la abundancia, y en las mentes de la gente aún permanecen los versos que anualmente entonan en la novena al santo patrono. El resto del día, hasta la hora de la procesión, se pasa a tocar el santo, a sobarlo con un pañuelo o con un algodón, con velas o con la misma piel, para obtener de él sus gracias. Cuentan cómo a su fiesta llegan muchos de otras partes a pedirle sus favores; lo importante es tocarlo, acercarse a él.

Cae la tarde. Ya han montado los castillos en el parque, enfrente de la iglesia. Ya se ha terminado de acicalar la imagen con las flores, y las campanas anuncian la hora de la procesión. La banda ha entonado la serenata antes que san Roque se asome a la puerta principal de la iglesia. El Padre dice: "Les anticipo que este año no voy a ser yo el que voy a cuidar el santo. Los que llevan el anda y aquellos que organizaron la festividad deben cuidar esta hermosa reliquia, no dejar que a la mitad de la procesión caiga en manos de los borrachos, porque puede pasar un verdadero sacrilegio, que sería desastroso para este municipio. Cuidado con un sacrilegio, ¡ay! Si el anda del santo cae en manos de los borrachos... Las mandas que hagan se pueden verificar en el centro de la procesión; no puede pasarse por debajo del anda, como acostumbran algunos que se acuestan en el suelo, porque se expone a la caída del santo y de los que lo llevan".

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Danza de indios civilizados, Talaigua Nuevo.
Baila Teowaldo Bermúdez. Talaigua Nuevo,
1985.


Sale san Roque, arranca la procesión y, así como relata la tradición, el santo lleva un paso de marcha de danza, al igual que la Gigantona baila por el pueblo. Acompañado de la banda, que interpreta música clásica, las velas, la gente, la imagen del santo, los borrachos, los que hacen las mandas, todos toman parte en la gran procesión. Se oyen los rezos entonados por los feligreses, la pólvora suena y describe imágenes mágicas que acompañan la silueta de la luna que va sobre la cabeza de san Roque, al cual se le han encendido las bombillas del anda y se ha convertido como una imagen en trance. Deja una estela de gracia por donde pasa; va recorriendo todo el pueblo, pasa frente a la Antillana, frente al cementerio, al lado de la corraleja, él visita su grey. En el transcurso de su recorrido, vemos cómo se dan curso las mandas ofrecidas por los creyentes. A la entrada de la Iglesia, el atrio está alumbrado de velas y la gente lo aplaude. La banda permanece afuera y de repente prenden los dos castillos en los cuales se verán imágenes del santo y de una chalupa en medio de círculos, triángulos, líneas, luces, cohetes multicolores. La gente se integra al sonido y a la luz, la vacaloca arranca y la multitud va y viene. La procesión ha terminado y la gente se traslada hacia otros espacios festivos.

Cuenta la tradición que, cuando era la hora de los salones, la gente se iba a sus casas, comía y se arreglaba para salir. La abuela de Fernell relata: "...esos salones (salones es una cosa redonda, no toda la plaza), no había ese salón parroquial, sino nada más iglesia. En ese pedazo entonces hacían puntal, palo y después le ponían guaduas así alrededor, dos y tres hileras pero en redondo; le dejaban sus puertas, una allá y otra aquí. Entonces le hacían como unas crucetas, así, de palitos, y las pintaban. Luego, en cadenetas picaban el papel, lo enredaban en el salón, le ponían un palo en el centro y de ahí enredaban las cadenetas. Las friteras, y las rifas de dulces, las mesas con dulces variados venden para grandes y niños. La banda de música la montaban en una tarimona... y a las niñas, y a las jóvenes, las ponían ahí, pongamos, allá en la esquina, le hablaban a la dueña de la casa: ¿me va a dar para que aquí se arreglen las jóvenes? Entonces iban los cabezas del salón a pedir las hijas a sus mamás. Ya ella iba con todo, con perfume, los coloretes, los pintalabios, con su canasta, o si tenía maleta; su petatillo. Entonces lo depositaban a donde las iban a arreglar y buscaban dos o tres mujeres —las cabezas del salón— para que ellas las arreglaran. Era con mucho orden, y el cabeza de la fiesta las sacaba de ahí, del salón. Ya estaban los taburetes y allí las sentaban... y de ahí el cabeza de fiesta le decía a la banda que tocara tres piezas como mazurca y un tango y este valse. Entonces cogía las niñas y le daban vuelta al salón paseándolas, paseándolas, y la música acá, tocando. Después de eso, entonces el cabeza de fiesta, como eran cuatro cabezas de fiesta, iba cogiendo de una en una y se la iba dando al parejo... era él, el que comenzaba a bailar con una sola; una pieza bonita: una mazurca, un valse y una polca..." 28 "ponían una tinaja, con mucho orden, un tinajero y sus tazas para que las jóvenes no tuvieran que salir. Ahí mismo agua para tomar... tomen agua... Llevaban un pañuelo para los dulces, y el parejo les decía: pida usted, señorita, lo que necesite... Llenaban unos pañuelos grandes y se lo entregaban a la mamá que estaba mirando a las hijas... No se veía vulgaridad... Vea si las mamás, yo recuerdo que hacían viaje a llevar el pañuelo a la casa llenito de dulces 29. A las seis de la mañana, cogían esas niñas y se agarraban con los hombres una-uno como una cabuya; entonces le daban vuelta como una malla, la música tocando la malla, y luego, bailando la malla, iban entregando las jóvenes..." 30.

También hay relatos de las que nunca fueron a los salones, por ser de las que tenían más distinción, y a ellas les hacían bailes de sala y se invitaba a gente de mejor condición: "Pero ahora están esas casetas, que son las que lo han echado a perder. Eso ha sido la desgracia más grande... Ahora es puro vallenato, pura salsa Sasone, puro pick up" 31.

También en estas fiestas patronales se realizaban los fandangos. La gente, con haces de espermas, bailaba en círculo alrededor de una banda, "pura música de viento", encaramada en una tarima enfrente de la iglesia. Era un baile donde todo el mundo bailaba. Este baile también lo opaco la caseta y el pick up. La caseta reemplazó al fandango y a los salones: es en ella donde la gente se reúne a bailar en estas fiestas, pero en 1986 se realizó, después de mucho tiempo, un fandango en la plaza y todo el mundo bailó.

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Farotas

A san Roque lo acompañan las corralejas, tradicionales de la región, construidas ahora cerca del cementerio, y antes detrás de la iglesia. En ellas, cada día de toros, hay un señor que los presta o vende para la tarde. En esa ocasión era Mamerto Quevedo quien ofrecía la recepción antes de la corraleja. Se contratan toreros de la sabana, lo mismo que picadores. La banda asiste al rito, y sus integrantes se colocan en los extremos del palco. En el ruedo rectangular, sólo hay hombres; todos beben ron Tres Esquinas. Salen las tandas de toros, voladores, banda, capotes, nubes de polvo, y todos pendientes de los animales. El ganadero tira dulces, ron y plata en los momentos críticos de la lucha toro-espectador activo. Una vez terminado el ritual, la fiesta se continúa en las casetas y enramadas que se han construido a lo largo de la calle que comunica el cementerio, la corraleja y la iglesia. Seis, siete u ocho, que han sido instaladas y han transformado totalmente el espacio de la comunidad. El pick-up suena veinticuatro horas al día, al igual que las fondas venden comida todo el día. El tiempo cotidiano se cambia por fiesta y comida, acompañados del sonido propio. Los espacios de las casas que pertenecen a la calle se reviven en esta época, y en cada casa se construye una fiesta propia en el espacio delimitado por la luz de un foco.

San Roque continúa hasta la última corraleja. Cada noche las gentes se envuelven más en el ron y en la cerveza. Después de esa última noche, el santo esperará 365 días para volver a transformarse en Gigantona e inaugurar una nueva versión de las fiestas en su nombre y entrar bailando con la gente y la banda a recorrer su espacio.

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Ramona Ruiz Quevedo.
cantadora de chandé de
Talaigua Viejo que con su
voz y su canto mántrico nos
lleva al mundo mágico de
Talaigua. 1987.

"... YO VI DEL TIGRE, YO NO LO VI..." 32

El chandé es un baile cantado que se realizaba en época de pascua del Niño Dios. "La gente de antes tenía cantos distintos a los de hoy, y todavía se oyen por ahí". Las diversas versiones recogidas dan el 25 de noviembre como el día en que se realiza el primer chandé. Se reúnen cantadoras, cantadores y bailadoras en torno al tambor, la tambora, las palmas y los mirones y se amanece cantando y bailando. Para algunos, este día es solo el anticipo, el aviso de que en las venideras pascuas de navidad sí habrá chandé. Es como el anuncio para que las cantadoras, junto con los tamboleros, se preparen para la celebración. Para otros informantes, el chandé se inicia desde esa fecha y se efectúa todas las noches hasta el 6 de enero.

Para el 24 de diciembre se ponía el chandé en la plaza, frente a la iglesia, se recogían las cantadoras y se encontraban en la plaza con los tambores, se llevaba un Niño Dios, pero éste era sólo un pretexto para cantarle al amor, a los pájaros, a los animales.

El chandé es oscuro, nada más un mechoncito para alumbrar "el baile chandé" en la plaza, del 24 de diciembre al 6 de enero, con varasanta llena de hormigas: bailaba, pagaba o se amarraba a la varasanta. Las cantadoras pagaban, como mandas al niño Dios, cantar toda la fiesta del chandé. Así lo relata Fernell Matute al hablar de su tía y de su abuela, que figuran entre las cantadoras antiguas de Talaigua, junto con una tal Flora, del siglo XIX y principios del XX, al igual que con Asunción Arévalo, Ramona Iturriaga, Silvia Montera, María Eusebia Durán, Ramona Ruiz, María Mármol, Minga la Perillona, entre otras. Estas mujeres cantaban toda la noche: pañuelito amarrado, anís estrellado para chupar y su anís para tomar. En la rueda se respondían los versos, bailaban de a una pareja, pero participaban todas. Eran entre quince y veinte parejas en cada chandé. La gente se vestía común y corriente. Las señoras de edad con polleronas, que se usan desde antiguos tiempos, "porque se podían agachar y no se les veía nada; ahora se agachan y se les ve la asadura".

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María Eusebia Durán
conocedora de las plantas
medicinales de la región,
cantadora y bailadora de
Chandé. 1985.

Matilde Pérez, cantadora de Talaigua Viejo, tiene por arte doblar tabaco. Este arte es la presencia de las calillas, calillonas y tabacos en toda la región. Libia de Basanta nos relata cómo antes se llegaba a Talaigua Viejo y no se veía a nadie en las calles; ni hombres, ni mujeres, ni niños, porque esto era un pueblo de dobladores de tabaco. Ellas, las mujeres como Matilde o como Ramona Ruiz, son las que cogen el tabaco, lo cortan y arreglan para tener listas las capas, la tripa, el jamiche y la paja, para sentarse en el patio o en la cocina a doblar tabacos. La paja se la ponen en el centro -- es una varillita muy fina ---,para que el tabaco no quede muy apretado, y luego revientan con la uña sobre la mesa las pepitas del uvito, de donde sale una goma natural con la que pegan una a una las calillas que salen de sus manos. Matilde nos relata cómo ella es capaz de doblarse un mil de calillas al día. También se escuchan relatos de las que doblan hasta dos miles al día. Algunas familias de dobladoras de tabaco lo cultivan; otras lo compran en hojas, las ponen a secar y las preparan con el humo durante el tiempo de secado. Como el tabaco y el alcohol pertenecían al control del gobierno, estas industrias eran de contrabando y el resguardo llegaba y decomisaba el tabaco y, junto con él, el ñeque o ron destilado en alambique, que se guarda en múcuras o cántaras de color verde. Pero la gente tenía avisadores, que contaban cuando venía el resguardo; de tal forma que al llegar no encontraban ni una sola calilla o, como narra María Ester Ramos, de Talaigua Nuevo: "Yo derramaba ese ron que me daba por los tobillos, pero ellos no encontraban nada".

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María Brígida Navarro. 1985.

" ..... La Perillona, esa vieja sí cantaba, oyó, y canta todavía esa Minga Perillona, ¡uf!, hombre, esa vieja cantando un chandé aquí en Talaigua" 33

Había cantadores, como Sebastián Padilla, quien recuerda: "lo grande es que uno cante y le contesten bien, ellos ayudan mucho... Son importantes las respondonas y el baile y los instrumentos, todo... Sin la tambora el baile no sirve... Cuando era el tiempo de la fiesta, pues era la pascua, era cuando yo cantaba en la plaza... Mientras yo no estaba en la fiesta, la fiesta no servía... Cuando uno está cantando, toma unos tragos para estar inspirado... La iguana era un canto muy desbaratado, muy entusiasta, porque se volvían locos... Eso no puede durar mucho tiempo, pero sí como una hora, y cuando la gente está más alevantada dura más... La verdolaga por el suelo, recoge verdolaga, por el suelo... El tigre es más sereno... Son unos bailes desbaratados y bonitos... El bailador se va al suelo y hace maravillas, y sígale... ¡mierda!, y esos bailadores se arrastran, ¡qué verraco baile tan mañoso...! Hay versos, son composición que uno compone". 34

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Miguel Pérez Dávila, símbolo
de una raza.
Talaigua Nuevo, 1986.

Las tamboras las construye gente de la región: Prisco Castro, la familia de Asdrúbal Padilla o Cástulo Acuña, quien dice: "Estos instrumentos los hago yo. Hay muchas especies de madera con que se pueden hacer. Se llaman unas campano, otras se llaman tolú, otras naranjuelo, otras bancos, etcétera, etcétera. Estos son productos míos, que yo aprendí de por sí mismo, y tocar tambor lo aprendí por coincidencia de nuestros abuelos, desde que estaba niñíto, muy pequeñito, ellos nos ponían. Esto es tradicional allá para todos los diciembres. Así que ellos nos ponían y ahí amanecíamos al pie de ellos... Aquí tenemos ese otro instrumento que también lo hago yo: se llama tambora, y éste se llama tambor" 35 Para el cuero usan piel de venado, de tigre o de saíno.

María Eusebia Durán de León, otra cantadora, relata que ella cantaba y bailaba en compañía de Sebastián Padilla, en los chandés de la plaza, cuando venía la Totó y armaban pascuas bien animadas; y antes, cuando cada año se realizaba el chandé.

Dice ella:

el primer día del chandé se cantaba:
vamos amigos, vamos todos a bailar
a la pascua del niño Dios
a la plaza a cantar...
Mujeres, mujeres, todos vamos
allí, vamos a la plaza, al baile,
para bailar el Niño Dios..."
36

María Mármol es también cantadora de chandé y compositora. Al casarse, dejó de ir a "esas parrandas". Maneja la cocina tradicional con sabiduría y gusto; es llamada para cocinar en ocasiones especiales. Sus pasteles, propios de las fiestas navideñas, son reconocidos entre los talaigueros, así como su pescado guisado, su arroz con coco, sus ensaladas y sus dulces: la pasta de coco, el dulce de fríjol, de ñame y de yuca. Ella transcribe esa magia culinaria en sus composiciones, de las que, según ella dice, a veces se acuerda y a veces no, pues no sabe leer ni escribir. Al igual que Champadilla, que relata que desde pequeño, cuando iba encima del burro, iba componiendo. María Mármol, entre sonidos de la televisión, empieza a entonar:

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" Toto La momposina, su
camino seguimos y con su
canto vibramos".
Medellín. 1983.

Talaigua, tierra querida, yo te vengo a saludar,
y el que llega a este puerto
jamás te puede olvidar.
Tararara, tararira, tararir,
Talaigua y sus mujeres
Las gentes muy popular
Bailando esta melodía
jamás te puedo olvidar...
Talaigua, tierra querida,
de un cielo tan tropical,
el que llega a este puerto
jamás te puede olvidar...

Sus referencias a los chandés muestran cómo era el fin de estas celebraciones: "Sí, todas las noches, sí, eso era todas las noches que cantaban esos chandés, hasta el día 6 de enero, que era el día de los reyes. Esa era la última cuando ya amanecían —con la . . .¿cómo le decían a eso? todo el personal, con la tambora y este verso: ‘adiós, señoras, que ya nos vamos, la chicha la tomamos y el guarapo lo dejamos, adiós, señores...’ "

Fernell Matute explica emocionado cómo era el chandé en la época de su abuela y de su tía, que eran cantadoras, y él le hacía de tamborero a su abuela: "pasaban la noche chupando anís estrellado, con el pañuelo amarrado al cuello y tomando ron", o entona con orgullo y emoción Los tres golpes chandé tradicional de la región, o toca la caña de millo, haciendo cada vez revivir las tradiciones.

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Fernell Matute Lobo, puerta de
entrada a la comunidad y
fuente de conocimiento y
experiencia sobre la vida en
Talaigua. 1985.

El grupo de Cantadoras y Bailadoras de Chandé de Talaigua Viejo, bajo la cabeza de la señora Ramona Ruiz —o la "vieja Ramos", como le dicen cariñosamente en la comunidad—, constituye un grupo casi familiar en cuyo seno, como nos lo relató Cástulo Acuña, se pasa por tradición familiar el universo de este baile que se le dedicaba al Niño Dios en la pascua de navidad. Es un grupo que mágicamente lleva en su espíritu, así como el del tabaco, la proyección de este universo, en el cual los elementos vitales provenientes de las diversas etnias que llevan en su sangre se reflejan, se recrean y se transmiten.

Un espacio que reúne el baile y el canto, el sentido maravilloso del tabaco, del ron, de una fiesta en la que se sincretizan las celebraciones de santa Catalina, los sonidos de los tambores, las palmas y el baile. Permanece en la memoria del colectivo la fiesta del chandé, en la cual se revive el universo sagrado tras la voz de unas cantadoras, en cuyo canto se remiten a las fuerzas mántricas de muy largo durar y de muy hondo sentir. Son trances y caminos que hacen llevar en el alma el canto de María Eusebia Durán, de María Mármol, de Fernell Matute, de Ramona Ruiz, y tras ellas la vida cotidiana y festiva de una comunidad de agricultores y pescadores, cantores de su ambiente y emisarios de un legado indígena, negro y español y de un conocimiento de su medio en el cual se mezclan lo cotidiano y lo festivo, para lograr un equilibrio en la distribución de su tiempo anual y construir un calendario anual en el que se entremezclan tiempos de trabajo y tiempo de fiesta. En el que se desarrolle una forma propia de conocimiento de su ambiente y se tengan presentes todos los conocimientos tradicionales para construir una "comunidad anfibia: Talaigua" . 37

 

Referencias bibliográficas

ATENCIO, Jaime; CASTELLANOS, Isabel, Fiestas de negros en el norte del Cauca: Las adoraciones del niño Dios, Cali, Departamento de Publicaciones de la Universidad del Valle, 1982.

CRESSWELL, Robert y otros, Outils d’enquete et d’analyse anthropologiques, París, 1976.

DELGADO, Ramiro, Informe práctico de etnografía, Medellín, Universidad de Antioquia, 1985.

DELGADO, Ramiro, "Talaigua, comunidad anfibia", muestra visual y catálogo realizada en la Cámara de Comercio de Medellín entre el 19 de mayo y el 18 de junio, dentro del ciclo Vida y Cultura en el río Magdalena.

DELGADO SALAZAR, Ramiro, Material de las idas a terreno desde 1985 hasta 1987 (fotográfico y sonoro).

DELGADO SALAZAR, Ramiro, Programas de radio en las emisoras de la Universidad de Antioquia, de la Universidad Pontificia Bolivariana y en la Emisora Cultural de la Cámara de Comercio, realizados entre 1985 y 1987.

DELGADO SALAZAR, Ramiro, artículos en los periódicos El Mundo y El Colombiano sobre la comunidad de Talaigua publicados en El Mundo Semanal.

DELGADO SALAZAR, Ramiro, proyecto de trabajo de campo titulado "La Fiesta en el municipio de Talaigua, en el departamento de Bolívar, y sus elementos socioculturales", presentado al departamento de antropología de la Universidad de Antioquia, 1986.

ELIADE, Mircea, Lo sagrado y lo profano, Barcelona, Editorial Labor, 1981.

FALS BORDA, Orlando, Historia doble de la Costa, t. 1: Mompox y Loba, Bogotá, Carlos Valencia Editores, 1979.

FRIEDEMANN, Nina S. de, Carnaval en Barranquilla, Bogotá, Editorial La Rosa, 1985.

FRIEDEMANN, Nina S. de, "Cine documento: una herramienta para investigación y comunicación social", en Revista Colombiana de Antropología, Bogotá, t. XX, 1976, págs. 307-534.

FRIEDEMANN, Nina S. de; AROCHA, Jaime, De sol a sol, Editorial Planeta, 1986.

MALDONADO, Luis, Religiosidad popular, nostalgia de lo mágico, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1975.

OCAMPO LOPEZ, Javier, Las fiestas y el folclor en Colombia, Medellín, Bedout, 1985.

STRAVINSKI, Igor, Poética musical, Madrid, Taurus, 1983.

 

NOTAS:

1 Orlando Fals Borda, Historia doble de la costa, t. 1: Mompox y Loba, Bogotá, Carlos Valencia, Editores, 1979, pág. 21B.

2 Estrofas de la canción Talaigua, mi tierra, música y letra de Carlos Mancera. Se ha convertido en el himno del municipio

3 Estrofas de la canción El origen de mi pueblo, cuyo autor es Carlos Mancera. Valga esta nota para hablar de la diferencia entre Talaigua Nuevo y Talaigua Viejo, en palabras de don Darío Martínez. "Todos eran de allá. La desunión de estos dos pueblos vino a raíz de la desunión de Bolívar y Santander. Cuando Bolívar y Santander se desunieron, como que tuvieron la diferencia de partido, y entonces el conservador quedó allá en el pueblo aquel, que era el viejo, y el liberal salió para acá...", diferencia ésta aún vigente.

4 Relatos de Fulvia Cuello y José Canedo, Talaigua, 1986.

5 Gerardo Reichel-Dolmatoff, citado por Fals Borda, op. cit., pág. 33B.

6 Relatos de Sebastián Padilla, José Canedo y otros, Talaigua, 1986 y 1987.

7 La aguadera es una canastá que se fabrica tejiendo un bejuco llamado catabre, el cual se ahoga en el río para suavizarlo. Las aguaderas se usan para guardar diversos tipos de cosas, desde comida hasta ropa, a la vez que se colocan por parejas a cada lado del sillón de los burros, para transportar. Maximino Galindo es fabricante de aguaderas o aguateras, como también se escucha decir.
A propósito del burro, fuera de ser el animal por excelencia para el transporte de cosas y de personas, dio origen a la tradición del burreo, y transcribo algunos apartes sobre esto: "ahí no tiene peligro el muchacho que comience a desaguar ahí... si no va a sufrir del desarrollo. Eso empieza casi a la edad de ocho, nueve años, ahí comienza, no hay problema, es muy normal... grandes también, con mujer y todo, van a la burra... que la burra tiene más gusto que ella".

8 Relatos de Sebastián Padilla, sobre su vida como marinero en el río Magdalena, Talaigua, 1986- 1987. Con la quema del buque David Arango, en enero de 1961, frente a Magangué, se dio por terminada la navegación comercial por el río Magdalena.

9 Relatos de María Ester Ramos, natural de Talaigua, nacida en 1901, con veintidós hijos, casada con Calixto Turiso, Talaigua, 1986-1987.

10 Cieno es un barro menudito proveniente del río Magdalena, que se utiliza para hacer una mezcla con boñiga, empleada en la construcción de las paredes de las casas.

11 Relatos de Clímaco Canedo, esposo de Hilda Mendoza, quien nos dice que hay que hacer de todo un poco: ganadería, agricultura, comercio, enseñanza. Miembro de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) y trabajador de la campaña Camina, Talaigua, 1986.

12 Relatos de Sebastián Padilla, natural de Talaigua.

13 Relatos de Ramón Carrera —amistosamente, Ramón Pelotas— natural de Talaigua. En los carnavales baila como farota.

14 La viuda es la forma más propia para comer el pescado en Talaigua, a pesar de que se come también frito, arrollado, guisado o en tortas. Ser invitado a una viuda representa entablar un lazo de amistad muy fuerte. Además, tiene gran significado la presencia del pescador en su realización. Los pescadores cocinan su propio alimento, tanto en su casa como en el playón. Transcribo a don Darío, cuando nos dice: … "pescado, lo preparaba en el playón, no necesitaba de sirvienta, uno mismo cocinaba y se hace divinamente". Talaigua, 1986.

15 El galapacho es un plato que se hace con la carne del galápago. Se guisa y luego, con huevos, se prepara en tortilla. Es propio de semana santa y de los días anteriores a ésta. El galápago vive en las ciénagas y a veces en el río.

16 Nina S. de Friedemann, Carnaval en Barranquilla, Bogotá, Editorial La Rosa, 1985, pág. 14.

17 Relatos de Teowaldo Bermúdez —amistosamente, Chovi—, natural de Talaigua. Talaigua, 1985-1987.

18 De doce a trece pasos tienen las farotas, dicen los diversos relatos, pero aún no se han conocido sus nombres totalmente. Los faroteros dicen que ellos mismos no saben los nombres, pero que distinguen los ritmos sonoros para cada cambio. Los conocen auditivamente. Sobre la real significación de esta danza bisexual, en la que el hombre asume el papel de mujer, y así se mueve por todo el pueblo en época de carnaval, aún no se sabe nada. Sin embargo, se encuentran referencias satíricas al español por raptar las mujeres indígenas. Al mismo tiempo la caña de millo está presente en la parte organológica, lo cual muestra el elemento indígena en la estructura de la danza. Está organizada según una jerarquía interna por orden de edad, como sinónimo de experiencia y conocimiento dentro del grupo, que le permite mandar y corregir. Para ser mama se empieza desde pequeño en las farotas y se va ascendiendo poco a poco. Estas opiniones vienen de relatos de Ramón Carrera y Teowaldo Bermúdez, Talaigua, 1986.

19 Relatos de Teowaldo Bermúdez, Talaigua, 1986. Cuenta María Brígida sobre estas danzas: "Farotas, no hay mujer que se meta, el hombre resiste... se pone guayuco bien apretado para que no le brinque eso de ahí. Se bañan antes bastante y se ponen sólo menticol el día del baile para refrescarsen; baño de agua, no: el hueso está con la manteca del hueso derretida. Aquí cayeron enfermos y murieron, ya lo vieron, el difunto Matute: bailó farota o indio y se bañó al día siguiente, y otro también; no hubo medicina para eso, ya cogieron miedo". Talaigua, 1986.

20 Relatos de Ramón Carrera, Talaigua, 1986. "Se está iniciando un cuadro con los nombres de todos los faroteros del municipio, para tras ellos construir con sus relatos la historia de las farotas. Ya las farotas están saliendo en otras épocas diferentes al carnaval; ahora van a festivales y a los carnavales de Barranquilla, a Bogotá. El carnaval de Talaigua se queda sin sus elementos más importantes: las farotas. Ahí estaremos trabajando por el carnaval de Talaigua".

21 Fernell Matute Lobo, natural de Talaigua, casado con Cecilia Mancera, ambos profesores del municipio. Fue la primera persona que me permitió acercarme a la comunidad de Talaigua. Gracias a él y a su familia, se ha podido realizar la convivencia con la gente, a la vez que tras sus relatos sobre el chandé, las danzas y la vida de Talaigua he podido localizar elementos decisivos en este trabajo.

22 Relatos de Fulvia Cuello, Talaigua, 1986. A partir de sus trabajos en torno al folclor de Talaigua, ha fusionado diversos elementos en sus danzas. Por ejemplo, explica ella los elementos de la danza Maquenque y cuenta: "ritmo de chandé indígena, maestranza, mapalé negro y mapalé indígena, danza del palo y solo de tambor... ". Es mirar nuevas formas de sentir la tradición en otro momento histórico que remite a presencias indígenas, negras y europeas (españolas —y por ende árabes y francesas).

23 Leyendo a Nina S. de Friedemann en su libro Carnaval en Barranquilla, se puede decir que, por sus características, el carnaval en Tailagua se inscribe en lo que la autora llama "la zona carnestoléndica del río Magdalena", en la cual el río cumple un papel importantísimo de intercambio de gallegos, disfraces, danzas y negritos que llegan a Talaigua para carnaval, provenientes de otros pueblos y corregimientos.

24 Relatos de Eliécer Mancera, agricultor y pescador, quien tiene una jerigonza especial, para hablar tanto en familia como con quien la sepa o quiera aprenderla, y su hermana Matilde Mancera la sabe escribir. Talaigua, 1986-1987. Tras cada disfraz, tras las Pilanderas, las Rezanderas o los negritos, que son danzas y dramatizaciones propias del carnaval, se maneja un sistema en el cual lo que se canta y se recita son historias del mismo pueblo, sátiras y ridiculizaciones de los talaigueros sobre sí mismos. Los que llegan de otras partes, traen los cuentos y las historias del sitio de donde provienen. El carnaval es para saber lo que pasa, y el río se encarga de hacerlo, nos dice Alicia Turiso Quevedo, Talaigua, 1986-1987.

25 Relato de Ramón Carrera, Talaigua, 1986. En las charlas sobre la imagen de san Roque, siempre hay constante referencia a la existencia de dos imágenes: una grande, "san Roque Cachaco", y otra, el san Roque Chiquito; éste es el verdadero, para los talaigueros. Los objetos sagrados son específicos, están entronizados en el ritual y se hallan cargados de simbolismos, energía y sentido para el colectivo. No pueden ser sustituidos al albedrío, puesto que son sagrados. Se encuentran relatos sobre cuando don Segundo de la Peña regaló el san Roque grande. Fueron a sacar el Chiquito, y éste no se dejó, a causa de su peso excesivo. No lo pudieron sacar del templo, y siempre se acude a esa imagen para solicitar un favor.

26 Textos del Himno a san Roque que se entona en la novena anual al santo. Talaigua, 1986.

27 Relato de Teowaldo Bermúdez, Talaigua, 1986. "La fiesta es una celebración pública, comunal. Dar y recibir, recibir y devolver, consumir y gastar, se hace siempre a los ojos de todos". Luis Maldonado, Religiosidad, nostalgia de lo mágico, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1975, pág. 283. La fiesta eclesial ha acogido en su literatura diversos ritos y celebraciones provenientes del pueblo; por ejemplo, la relación con la época de la cosecha abundante del 14 al 19 de agosto, tiempo de celebraciones. La relación campesina era dar de su propia cosecha. Pero ahora el tiempo ha cambiado.

28 Relatos de Alicia Turiso, Talaigua, 1986. Mediante estos relatos, se ha completado el grupo de los ritmos que se bailaban en el salón: pasodoble, pasillo, bambuco, danza, corrido y tango. En el salón todo era más distinguido que en el fandango, y quizá que en el Chandé.

29 Relatos de Alicia Turiso, María Mármol, Ena Quevedo, Cecilia Mancera, María Eusebia Durán y otras, Talaigua, 1986. El horizonte del dulce en Talaigua es muy amplio y muy significativo, pues está asociado a diversas festividades, como a la semana santa y a la fiesta patronal, integrados de formas diferentes. Se encuentran referencias a Santa Ana, municipio vecino, de doña Fermina González, a quien contrataban los cabezas del salón, para que preparara cientos de dulces, que eran llevados a las rifas que estaban afuera del salón, a donde se dirigían los bailadores y las bailadoras para que el hombre le brindara a ella lo que quisiera. Cuentan que las mamás que estaban afuera viendo a sus hijas bailar hacían varios viajes a la casa con el pañuelo lleno de almojábanas, cocadas, panderitos, huevitos de faldiquera, galletas, pasabocas, enyucados y casadillas, entre otros. Para semana santa, el dulce era algo más familiar: era como una forma de regalo entre las casa de amigos y familiares y vecinos y se hacían dulces más vinculados con la región; por ejemplo dulce de ñame, de fríjol, ñeche, guayaba, arroz con leche, otros.

30 Relato de Alicia Turiso, Talaigua, 1986. Tanto en el chandé como en el salón, a la mujer —que es en el primero cantadora, y bailadora en el segundo— es recogida antes de la fiesta y devuelta después de ella.

31 Se habla del "picó", pick-up: parlante muy grande con tocadiscos, en el cual se lleva la música para la fiesta en la caseta, en los bares o cantinas. Estos parlantes y equipos tienen nombre propio, y están pintados con motivos, a veces fluorescentes, y son un elemento que ha tomado lugar primordial en la fiesta en general.

32 Aparte de un chandé tradicional de la región, llamado El tigre. Según relatos los tigres en Talaigua eran cazados por afición o por peligro. Relata José Canedo que, por el año 47 ó 48, mataron el último tigre. El tigre Malibú, relata Fernell, era un tigre con manchas amarillas y muy fiero. Tal vez el mismo que en 1940 se iba comiendo a su tío Héctor, y que sólo le produjo hinchazones con su garra venenosa.

33 Relato de Rafael Naicir Martínez, Talaigua, 1987. Minga la Perillona, Dominga, vende fritos con sus hijas en los puestos en época de Fiesta y también va a Mompox a vender sus comidas. Es bailadora y cantadora de chandé, y sus hijos han estado vinculados con las farotas.

34 Relato de Sebastián Padilla, Talaigua, 1987.

35 Relatos de Cástulo Acuña, en sus presentaciones en Medellín, en junio de 1987.

36 Relato de María Eusebia Durán de León, Talaigua, 1987

37 "El río sigue...". Muchos relatos se han ido entrelazando, muchas secuencias de imágenes han sido tomadas; es un camino investigativo que, como el río Magdalena, pasa, pasa, sigue y deja su huella en la comunidad de Talaigua. Así, desde 1985, se ha ido construyendo un espacio para el acercamiento a esta comunidad, de forma bilateral y continua, en el cual el camino sólo se ha fragmentado a causa de las exigencias prácticas de la investigación (etapas metodológicas de la misma, a saber: proyecto de investigación-trabajo de campo-monografía). De la mano de María Eusebia Durán, Icho, Erlinda, Ramona Ruiz, Cecilia Mancera, María Brígida, Minga la Perillona, Rosalía Padilla, Fulvia Cuello, Alice Sampayo, Ena Quevedo, Juan Matute, Fernell Matute, Sebastián Padilla, Teowaldo Bermúdez, Ramón Carrera, Silverio Pérez, José León Iturriago, Cástulo Acuña, Rafael Naicir, Cristóbal, Erasmo Mancera y otros amigos más de Talaigua, que hemos ido haciendo a lo largo de la realización de este proyecto, se han vivido diversos momentos del ciclo anual de la comunidad (lo festivo y lo cotidiano) y se han escuchado de boca de los actores relatos de su propia historia pasada y presente, en los cuales han narrado sus experiencias, conocimientos, alegrías, tristezas, luchas y retiradas que han tenido en esta su región de Colombia: Talaigua. En el trabajo han participado Mónica Giraldo de Delgado, Anselmo Sánchez y Martín Abad, como ayudantes de trabajo de campo. El interés de la investigación se remonta a Horacio Delgado Franco e Inés Salazar de Delgado, mis padres, quienes desde muy pequeño me vincularon con las celebraciones festivas.