Más
que aproximativo, polémico
Aproximaciones (Ensayos)
Rafael Gutiérrez Girardot
Procultura, Nueva Biblioteca Colombiana
de Cultura, Bogotá, 1986, 157 págs.
En la "Advertencia" que
coloca de prólogo, el filósofo y teórico de la literatura Rafael Gutiérrez Girardot
dice: "Bajo el título Aproximaciones un título trillado, por lo
demás se recogen en este volumen ensayos sobre historiografía literaria, sobre el
Modernismo, sobre dos teóricos de la historiografía literaria y sobre dos poetas
contemporáneos" (pág. 7). Podemos agregar, para identificar de entrada los temas,
que los dos teóricos son Lukács y Benjamin y los dos poetas Benn y Guillén
(naturalmente, Jorge). Y si nos detenemos en el subtítulo del libro, Ensayos, comprendemos
de inmediato el tratamiento que se le da a su exposición. Podría pensarse que el
subtítulo es redundante, pues el término Aproximaciones evoca en el lector
connotaciones que usualmente se le asignan al vocablo ensayo. La redundancia
reafirma las intenciones aproximativas que el autor les da a los textos reunidos, pero
también las de hacer uso de la libertad que le brinda el ensayo.
Gutiérrez Girardot cultiva con maestría
este género que se ha enraizado profundamente en la cultura latinoamericana. Hoy en día,
al menos en la tradición universitaria estadounidense, se ha querido ver en el ensayo un
género que no se aviene con la severidad propia de la investigación académica, con el
rigor del tratamiento científico. Se lo considera, por el contrario, una forma expositiva
que elude el control conceptual y metodológico, que se apoya en conocimientos
superficiales y cuyos propósitos son sólo los de la vulgarización. Es la opinión de
quienes se someten a los formalismos de las citas abundantes y de la exposición
impersonal de ideas ajenas. Pero su poder heurístico, su peculiaridad de saber situarse
en los límites, su voluntad de eludir el idiolecto para aceptar las maneras del lenguaje
público, son cualidades, entre muchas otras, que desconocen quienes han acogido
reverencialmente las formaletas de la preceptiva universitaria. El resultado es una
escritura tramposa, a menudo modular, que evita el pensamiento en favor de una
composición, aparentemente orgánica, de citas y de referencias con frecuencia
completamente extrañas al problema; que enajena toda posibilidad de comprensión al uso
de un lenguaje de escuela, esotérico y vacío.
Las mejores cualidades del ensayo son las
que hacen grata la lectura de Aproximaciones. Hombre de academia, Gutiérrez
Girardot no se permite improvisaciones ni excusas que le ahorren información sobre los
temas en que se ocupa ni mucho menos la tarea de recorrer de nuevo el camino de las
teorías que discute. Pero sus méritos no son sólo los académicos: sin renunciar al
tecnicismo cuando éste es estrictamente necesario, su lenguaje está libre de las
jerigonzas de escuela, es un lenguaje limpio que no es posible acusar de engañoso.
Los cinco primeros ensayos se ocupan del
problema de la historiografía literaria, con especial énfasis en la latinoamericana. El
nacionalismo, como criterio de apreciación de la literatura, impuesto al mundo español
por Marcelino Menéndez Pelayo, es el primer objeto de su crítica: dejar al descubierto
sus prejuicios, sus limitaciones teóricas y consecuentemente su miopía para la
comprensión de la obra literaria parece ser una de las primeras tareas de una teoría de
la historia literaria. El nacionalismo ha sido moneda corriente en los países
latinoamericanos, lo que ha obstaculizado la apreciación continental de su literatura,
como también verla dentro del contexto de la cultura europea. Y el marxismo no ha sabido,
por el esquematismo y las deficiencias teóricas de quienes en América Latina lo han
utilizado para sus análisis, corregir las desviaciones de la historiografía tradicional.
Sus propósitos catequésicos ponen el acento en aspectos ajenos a los valores propiamente
literarios: el indigenismo es indudablemente el más protuberante, una manifestación
eminentemente irracional (un racismo inverso que remite al irracionalismo, como todo
racismo). La conclusión de Gutiérrez Girardot es entonces que "una historia de la
literatura latinoamericana deberá evitar todo fraccionamiento, abandonar todo criterio
reduccionista, colocar la literatura hispanoamericana como totalidad en el contexto de la
literatura europea, a la que pertenece por sus mismos elementos" (pág. 26). El
estudio que en Aproximaciones dedica al Modernismo tiene el propósito de mostrar
que se trata en ese movimiento de la respuesta latinoamericana a un fenómeno
que nuestros países compartieron con Europa. (Al tema, Gutiérrez Girardot dedicó su
libro Modernismo, Barcelona, Montesinos, 1983).
En el estudio del problema de la
historiografía literaria, Gutiérrez Girardot busca situarse en la tradición de nuestra
precaria historia cultural. Su arraigo en el pensamiento europeo no le impide reconocerse
heredero de una línea de investigación latinoamericana: por el contrario, le ofrece
elementos necesarios para valorar y rescatar incluso obras escritas en la
región latina de nuestro continente. Teóricos e historiadores de la literatura como
Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña han hecho aportes sustantivos que, aun cuando con
frecuencia olvidados, es necesario tener siempre presentes. Su olvido obedece
fundamentalmente a los "altos costos de los derechos de importación" que
nuestra academia ha tenido que pagar en favor de modas superficialmente asimiladas.
Al escritor dominicano le dedica una
atención especial. Podría decirse que los cuatro primeros capítulos están dedicados a
la valoración de su obra historiográfica. Juzga Las corrientes literarias en la
América hispana de "obra seminal" (pág. 85), pues nos ofrece el
germen para una auténtica historia social de nuestra literatura. Desafortunadamente,
"han sido pecaminosa e irresponsablemente desaprovechadas" (pág. 84). Dos
presupuestos de la obra de Henríquez Ureña destaca Gutiérrez Girardot, incorporándolos
a su propio análisis del problema: el tratamiento de "los períodos como totalidades
culturales y sociales" y la exigencia de estudiar la especificidad de la literatura
latinoamericana dentro del contexto de la cultura europea. Como ya lo anotamos, ambos
presupuestos los retoma el autor colombiano. Pero sus aportes no se limitan a llamar la
atención sobre los anteriores presupuestos. Uno de los problemas más delicados de la
historiografía literaria (como de cualquier región de la historiografía cultural) es el
de la periodización (Aproximaciones, cap. II). La historiografía tradicional de
la literatura latinoamericana se ha movido, a este respecto, en una confusión total: ha
habido quienes han comenzado esa historia con las culturas prehispánicas y quienes con la
obra de los cronistas. En ambos casos se parte de fenómenos completamente extraños al
campo literario: en el primero, el ámbito geográfico determina el criterio para afiliar
una obra o manifestación literaria dentro de una determinada literatura, aunque su lengua
y su expresión sean completamente extrañas al período que se estudia; en el segundo, es
el tema, el objeto, el que se tiene en cuenta para su afiliación. En ambos casos, el de
las literaturas prehispánicas y el de los cronistas de indias, estamos frente a
fenómenos que no pertenecen a la totalidad que llamamos "literatura
latinoamericana" y a la expresión que la especifica. Henríquez Ureña parte de un
principio, que podemos llamar metodológico, para fijar el comienzo de una literatura: ese
comienzo ha de fijarse con el comienzo de una sociedad nueva, que para nuestro caso está
dado por la sociedad colonial. Esa sociedad nueva se expresa en una visión del mundo,
contenida no sólo en su literatura y en su ciencia, sino además en prácticas
religiosas, en hábitos sociales, etc. De ahí que también sean documentos para su
estudio los devocionarios, los sermones, los catálogos de bibliotecas privadas, etc.
Los ensayos dedicados a Lukács y a
Benjamin guardan afinidad con los anteriores, pues se ocupan en señalar los logros de la
obra teórica de ambos escritores y del éxito en su aplicación a momentos de la historia
literaria. Son por lo demás ensayos de contraste: mientras que la valoración que nos
ofrece de Lukács es abiertamente negativa, la que hace de Benjamin es elogiosa sin
reticencias. Benjamin, "autor inclasificable", rico en matices y penetrante
siempre en sus análisis, contrasta indudablemente con las simplificaciones y el
dogmatismo de Lukács. El uno, perseguido por el nazismo hasta tener que buscar refugio en
la muerte; el otro, dispuesto siempre a hacer las rectificaciones teóricas que le
exigieron las autoridades de su partido.
Gutiérrez Girardot nos tiene habituados
a su indeclinable vocación de polemista, aun en aquellos escritos de mayor rigor
académico. Aproximaciones es un libro polémico desde su introducción. Hay que
anotar a este respecto que, aparte de las razones que lo asisten en sus críticas y
observaciones sobre autores y tendencias, en especial españoles e hispanoamericanos, es
este aspecto de su obra el que más flaquezas presenta. La polémica y la crítica tienen
indudablemente el poder de hacer avanzar una región del conocimiento, de evitar el
dogmatismo anquilosador. Gutiérrez Girardot es un autor crítico por vocación, que se
apoya en la ironía para lograr el blanco perfecto. Pero cuando la ironía es reiterativa,
pierde sus efectos literarios para convertirse en obsesión. Es entonces cuando la
crítica desciende a la camorra y al regaño. Y el argumento irremediablemente se
debilita.
La destrucción del mito de Ortega y
Gasset, por así llamarlo, es ya una idea fija en el escritor colombiano. Es un mito que
pertenece al pasado. La misma teoría de las generaciones que con tanto empeño y no sin
razón hace objeto de su crítica, hoy en día no es más que un culto a los muertos de
algunos rezagos del viejo orteguismo. Pero Ortega parece vengarse. Quizá la familiaridad
con la obra del filósofo español que le ha exigido esa tarea de la destrucción de su
mito, que a veces alcanza el matiz del programa, le ha dejado al autor de Aproximaciones
ciertos tics orteguianos, tanto en sus maneras estilísticas como en algunas actitudes
intimidadoras. Son simples tics pero de estirpe orteguiana. Con razón critica la manía
de las prioridades o antecedentes, tan aducidos en el mundo español y que Ortega y Gasset
esgrimía repetidamente para autoafirmar su sitio en la historia del pensamiento
contemporáneo; sin embargo, es frecuente que Gutiérrez Girardot descalifique un autor (a
Foucault, por ejemplo) porque algún aspecto de su obra ha tenido un antecesor, sin que
vaya más allá en el argumento.
La edición es pulcra pero no exenta de
erratas. Esto último quizá no habría que señalarlo tratándose de una edición
colombiana. La anotación tiene más bien el propósito de destacar su pulcritud. Las
erratas son ciertamente pocas, pero se hubieran podido evitar.
RUBEN SIERRA MEJIA |