Testimonios de un activista culto


Mi encuentro con la Constitución
Jaime Ángulo Bossa
Plaza y Janés, Bogotá, 1986, 478 páginas


Este volumen recoge una serie de escritos juveniles, de carácter eminentemente autobiográfico, del jurista cartagenero Jaime Angulo Bossa. Se trata del itinerario intelectual de un típico liberal de izquierda, que estuvo vinculado al comunismo criollo y al gaitanismo en los años cuarenta y que luego perteneció a la llamada "línea dura" del MRL en los años sesenta. Dicha trayectoria cubre el período formativo del autor, entre 1940 y 1953, y se traduce aquí en una compilación de documentos y recuerdos personales, intercalados con anotaciones recientes y agrupados en catorce capítulos denominados "estancias". El hilo conductor de los diferentes textos es la creciente preocupación de Angulo Bossa por el constitucionalismo como discurso político privilegiado para pensar el país desde una perspectiva que bien puede calificarse de romanticismo socialdemócrata.

104.jpg (15762 bytes)

Los desiguales materiales reunidos por el publicista de la Universidad Libre, en efecto, se caracterizan por su tono testimonial, emotivo y autojustificatorio. Y reconstruyen la primera parte de la parábola vital de una especie endémica de la cultura colombiana: el abogado de provincia, inteligente y ambicioso, que hace una brillante carrera burocrática y se desempeña con éxito comparable en la política partidista pero que se esfuerza a la vez por aparecer como hombre de letras y académico de vocación. En tal sentido, el caso de Angulo Bossa no es único. Por el contrario, la historia de los partidos tradicionales y de las clases dirigentes ofrece innumerables ejemplos de carreras como la del autor de Mi encuentro con la Constitución. En todos ellos se advierte la misma habilidosa y rentable combinación de las destrezas del litigante, los prestigios del profesor y los recursos del parlamentario. De este ecléctico ejercicio sale perdiendo la academia, que termina poniéndose al servicio de la reputación profesional o del capital electoral del personaje en cuestión. Una tal tradición, fuertemente arraigada en la profesión legal, explica que entre nosotros los profesores de derecho lo sean apenas de nombre, que el de "jurista" sea un tratamiento cortesano y no la designación de la especialidad de teórico en la abogacía, y que la disciplina jurídica se halle hoy en un estancamiento epistemológico y metodológico, reflexivo e investigativo, que se asemeja sospechosamente a la fosilización.

Con todo, el diletantismo que acaba de denunciarse —y que por lo demás es común a toda la intelligentsia nacional— no explica por completo el discreto encanto de los escritos recogidos en el libro de Angulo Bossa. Las catorce estancias ofrecen gratas sorpresas, como la tesis de grado del autor, intitulada "Ensayo sobre las revoluciones: Teoría axiológica" y transcrita en su integridad entre las páginas 204 y 245 del volumen que se comenta. Este trabajo juvenil, defendido en 1948, respira idealismo y rebeldía por todas sus frases pero acusa el desgaste del tiempo que aqueja sin remedio a las monografías de pregrado, las cuales no resisten la prueba de la relectura. Más adelante, se tropieza con un documento de mayor interés: "Simulación y contradicción en la teoría corporativa", fechado en 1953 e inédito hasta hoy. Se trata de un vibrante alegato en el cual Angulo Bossa denuncia el ideario fascista de la enmienda constitucional de Laureano Gómez, en vísperas del golpe de estado del 13 de junio. Y aunque la argumentación del jurista cartagenero se diluye con frecuencia en la retórica romántica de la vieja izquierda liberal, hay que decir que entre los cuantiosos y disímiles textos de Mi encuentro con la Constitución este es quizá el más valioso, por cuanto es uno de los pocos análisis contemporáneos de la regresiva reforma laureanista, no por derrotada menos peligrosa e inaceptable, entonces y ahora.

En conjunto, sin embargo, el libro de Angulo Bossa no tiene más que un mérito arqueológico o historiográfico, como testimonio de un activista culto que intenta convertir su experiencia política en reflexión válida sobre el constitucionalismo colombiano pero que a la postre no logra trascender el anecdotario ni ofrecer una visión realmente coherente y explicativa de la legalidad política que nos gobierna.

HERNANDO VALENCIA VILLA