El Santuario de la Peña *

Beatriz Caballero
Fotos:  Alberto Sierra y William Núñez
Mapa:  Marta Raquel Herrera

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LA APARICION DE LAS IMAGENES

El 10 de agosto de 1685, Bernardino Rodríguez de León "vio un resplandor muy grande y extraordinario que no era de la luz natural del día" 1, en los cerros orientales de Bogotá, y al acercarse descubrió que se trataba de una imagen de la Virgen con el Niño en brazos, san José y dos ángeles, todos sobre una roca. Inmediatamente a esas imágenes se les atribuyeron características sobrenaturales, con el argumento de que ningún ser humano hubiera podido treparse a pintar esas peñas sin caerse, y menos aún sin que se supiera de ello en Santafé, donde no se tenía conocimiento, en la época, de la existencia de ningún artista capaz de crear semejante obra.

Acontecimiento como este resultaba extraordinario en la Nueva Granada, el cual tenía un solo precedente: la aparición de la Virgen en Chiquinquirá, que había cumplido su primer centenario el año anterior. Sin embargo, Cordovez Moure asegura que un preso español mandó a esculpir a la Virgen de su devoción en un enorme bloque de piedra y ordenó ponerlo en los cerros altos que dominan a Bogotá; que lo treparon hasta donde fue posible y allí tuvieron que dejarlo abandonado 2.

EL PROTAGONISTA DEL MILAGRO

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Vista posterior de la Iglesia restaurada. Al fondo la Ermita y la Cruz.

Cuenta Juan Agustín Matallana que Bernardino "tomó fiado un poco de pan y de alfandoque que le sirviese de fiambre en su camino" y se fue a recorrer los montes; "apretado de la sed [...] encontró en un lugar muy angosto y pendiente una piedra redonda como pilita llena de agua muy clara y cristalina, que naturalmente provocaba a beber de ella" 3, y de calmar la sed de Bernardino producida por el alfandoque, pasó a aliviar las calamidades de los peregrinos, pues de esa misma fuente es el agua milagrosa que llevan del santuario.

Como en los cuentos de hadas, los protagonistas de los milagros son de origen humilde. Bernardino proviene de un complicadísimo enredo genealógico: hijo de Juana de Vera y Pedro Chaves; nieto de Juan Rodríguez de León, quien, por obra y gracia de su matrimonio con Juana, le dio su apellido y se convirtió en su padre putativo.

Se dice que tenía "el vicio de recorrer montes [. . . ] registrar campos [. . . ] encontrar algún tesoro con qué salir de su miseria . . . " 4. Su oficio era el de platero de oro y posteriormente, de paso, el de guaquero. Pero al seguir leyendo con detenimiento el libro del padre Struve Haker, nos encontramos con que Bernardino no era tan pobre labriego, pues tenía casa, tenía solar y tenía indios, con quienes peleó una noche que lo atacaron a cuchillo. Parece también que Bernardino sólo un tiempo después de su hallazgo dio a saber de las tales piedras milagrosas, a las cuales les mandó construir una ermita su vecino el bachiller y jesuita Francisco García Villanueva, quien se erigió en patrono y capellán, y además se sabe que cuatro años antes había comprado esclavos adolescentes angoleños, a pesar de que desde 1679 existieran las cartas de libertad de los esclavos.

LOS MILAGROS

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Estado en el que se encontraba la Iglesia de la Peña cuando se inició
su restauración en agosto de 1885.

Motivo de especial emoción para los creyentes fue el que el Niño Jesús sostuviera en la mano una granada que, según le dijo Nuestro Señor a una monja cuyos escritos reproduce Matallana, "¿vosotros no habéis reparado en la fruta coronada y la unión de los granos de la granada? [. . . ] y así como la granada es la fruta coronada y reyna entre las frutas, así, esta ciudad de Santafé, es para Dios la Reyna entre las hijas, la predilecta, la preferida y más querida" 5. Ella misma cuenta que, en una ocasión en que hubo una esterilidad muy grande en los pueblos inmediatos, invocaron a Nuestra Señora de La Peña, y ésta los socorrió "con abundante cosecha, por cuyo motivo, según he conocido, vienen los indios con más frecuencia desde entonces a visitarla anualmente los días de carnestolendas" 6. A continuación la monja cuenta de sus temores por sus escritos, que a ella misma le parecen "embustes, engaños del demonio o ardides de mi cabeza" 7.

Y como el testimonio de esta monja —su nombre no nos es revelado Matallana recogió otros que dan fe acerca de las cualidades milagrosas de las imágenes de la Virgen de La Peña al ser invocada en momentos de dificultad; la mayoría son casos de personas que se tropiezan y caen entre las rocas y desfiladeros de los cerros, empezando por sus capellanes.

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Actuales imágenes de la Virgen de la Peña restauradas
por última vez por Pedro Laboria en 1740.

 

"Subía un día el Capellan Br. Don Dionisio Perez á cumplir sus deberes en la Ermita de arriba, y llegando á un paso muy estrecho y peligroso, fatigado el Caballo en que iba no podia arribar, y comenzó á temblar: entonces el Capellan no pudiendo evitar el peligro se apeó por el lado de lo alto, y al instante se despeñó el Caballo, y el Presbítero asustado subió á dar las gracias á nuestra Señora" 8.

El padre Struve, que llegó a Colombia evadiendo la segunda guerra europea, también consideró milagro de la Virgen el haberle dado a saber el paradero de sus padres y hermanos, de quienes había perdido el rastro, motivo por el cual se había puesto al servicio del santuario. Y en su diario reprodujo varias narraciones más de gentes agradecidas con ella por haber recibido sus favores:

"Vino el domingo anterior Servando Ruiz para contar al capellán el siguiente relato: que su madre Rosario Cagua v. de Ruiz había estado enferma en cama ya por 8 meses, y los últimos 15 días estuvo ya paralizada enteramente de modo que humanamente ya no se pudo esperar ninguna curación. Mandó entonces subir a su hijo al santuario para que pagara unos 8 años de cofradía que estaba debiendo; el hijo, consolado en este santo templo rogó por una muerte cristiana y tranquila de su madre, y cuando bajó, la encontró muerta, sin haber sufrido ella mayor sufrimiento. Subió otra vez para dar las gracias a la Virgen. Para que conste. El capellán: Ricardo Struve Haker" 9.

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Corte arquitectónico de la Iglesia
de la Peña.

 

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Corte de la Ermita de la Peña.
  • Venia de una Estancia á Santafé un hijo de Doña Maria Cotrina llamado Agustin, y habiendo dado á un macho una palmada en la anca, este le correspondió con una coz en la cara que le partió las narices en términos que le quedaron colgadas del labio de arriba: á vista de tan fiero daño, invocaron á nuestra Señora de La Peña, y al instante se las volvieron á su lugar cosiendole el cutis; y aunque padeció seis meses, al fin quedó enteramente bueno solo con las señales á manera de una eme perfecta. Lleváronlo á la Ermita, y velaron dos dias á nuestra Señora en acción de gracias, quedando todos persuadidos de que por ella habia enteramente sanado.
  • Juana Silva, se hallaba tan desesperada de una reuma y dolor en la cara, que ya no sabia que hacersé: en tal agitación se aplicó una piedrecita reliquia de la de nuestra Señora, y le rogó,si era su gusto, le diera salud y al instante se quitó el dolor, y la dexó buena y sana; y al dia siguiente subió á La Peña y mandó decir una Misa en acción de gracias.
  • El año de 1729 por partir un pedazo de panela para darle a un niño, se cortó una niña el dedo pulgar, y lo dividió en dos partes por arriba de la coyuntura, con el dolor dió gritos, á estos salió la madre, vió el hecho, tomó con ligereza el pedazo del dedo é invocando a la Virgen Santísima de La Peña, lo puso en su lugar, y la niña quedó contenta, buena, y sana, y con la señal para testificar el milagro.
  • Al punto que un Negro descargaba un furioso golpe con una hacha sobre Pablo Benites, que dormia muy descuidado de tal suceso, despertó, llamó á la Virgen de La Peña, y evadió el golpe, y agradecido fué á visitar á su bienhechora.
  • En Cáli trabajaba un mozo en una mina, y sin advertir se halló de golpe con una piedra muy grande encima, en tal positura que sus compañeros no podian librarlo; y apurados le aconsejaron llamara á la Virgen Santísima de La Peña de Santafé, y apenas lo executó rodó la piedra por sí sola, y lo dexó libre, y sin daño alguno, por lo que en breve vino á pié á visitar y dar gracias á su libertadora, prometiendola ser siempre su devoto. 10
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Antiguo óleo de Nuestra Señora de la
Peña, pintado por Pedro Figueroa, a
devoción del presbítero D. D. Juan
Agustín Matallana en 1817.
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La sagrada familia de la Peña, pintado
por Gregorio de Arce y Ceballos.
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"Verdaderos retratos de las milagrosas
imágenes de Jesús, María y José en su
advocación de la Peña – 1886"

LA VIRGEN SE VIENE ABAJO

El bachiller García Villanueva, primer capellán de La Peña, dejó dicho en su testamento que todas las limosnas y dineros recogidos en el santuario debían utilizarse en la construcción de una ermita. Y no fue una sino cuatro las que a lo largo de los años se levantaron, y más de cuatro las reparaciones y restauraciones que le siguieron haciendo sus diversos capellanes.

Lo primero fue separar cuidadosamente las imágenes de la roca donde estaban "delineadas", lo cual estuvo a cargo del cantero Luis de Herrera, quien también las pulió, y cuando terminó de colocarlas se apareció un ave, cuenta la leyenda. Luego las montaron en andas y echaron a andar seguidas de toda una procesión, cuando unas piedras estrechas le cerraron el paso. Entonces allí, bajo una enramada de paja, en el mismo cerro conocido después como el Alto de la Cruz, por la cruz que allí se dejó en memoria, se inició el culto a la Virgen de La Peña el domingo de Quincuagésima o carnestolendas de 1686. Después las imágenes "se aclararon con el arte, se distinguieron, pulieron, embarnizaron, y vistieron" 11 y quedaron convertidas en unas estatuas de bulto con un peso de treinta arrobas, o sea de 750 libras. Un terremoto hizo caer esta ermita en 1714. Entonces Dionisio Pérez de Vargas, segundo capellán, ordenó levantar una capilla con paredes de calicanto y techo de paja, donde celebró la primera misa el 16 de diciembre de 1715, capilla que se vino al suelo también. (En esa época a Santafé la sacudían fuertes terremotos con mucha frecuencia. El del "año del ruido" de 1785 no se sabe qué repercusiones tuvo en La Peña, pero con seguridad se hizo sentir. La Virgen de Guadalupe también se caía a cada rato. Algunos vivían con los pelos de punta, como el presidente Velasco,. que el 9 de marzo del mismo año de la aparición, al cabo de media hora de oír un ruido constante, de sentir olor a azufre y el aire enrarecido, creyó que se trataba de descargas de artillería en una conjura contra él y salió a recorrer la ciudad, rodeado de sus hombres armados, en busca del enemigo). Hubo, pues, que construir otra capilla más sólida, que se inauguró el 1o. de diciembre de 1716. Adornaron las imágenes con vestidos, sombreros y alhajas, las bajaron en andas, y fueron recibidas en medio del júbilo popular, con voladores y chirimías, como si se tratara de la Sagrada Familia en persona. En 1722 el bachiller De Mesa Cortés, la volvió a inaugurar y le hizo un nuevo camarín, y encargó en 1740 a Pedro Laboria, reconocido artista de la época, de la refacción de las imágenes. A Vásquez Ceballos se le debe el hermoso cuadro, fiel copia que hizo basándose en bocetos elaborados cuando todavía las imágenes se encontraban en el Alto de la Cruz. También dejó un san Joaquín y otros cuadros de santos y motivos bíblicos.

EL PAPA APRUEBA

Para seguir con los fenómenos naturales haciéndoles la segunda a los sobrenaturales, el cometa Halley pasó por Santafé del 26 de abril al 18 de mayo de 1750, año en que José Hilario López expulsó del país a los jesuitas y en que el papa Benedicto XIV expidió una bula mediante la cual aprobaba la Cofradía de Nuestra Señora de La Peña, que se había erigido en 1717, y concedía a los cofrades indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados. Y ordenó "establecer el día de la fiesta de Nuestra Señora con aprobación del Ordinario sin facultad de poderlo variar jamás, por lo que quedó aprobado y fixó para siempre el Domingo de Quincuagésima... " 12. "La Cofradía de Nuestra Señora de La Peña tiene por objeto principal el de sostener y aumentar en el Santuario de la virgen de dicha advocación el culto divino […] Al lado de esta finalidad principal, los cofrades acostumbraban y han de seguir la costumbre de dedicarse a obras de caridad, especialmente en el campo espiritual " 13.

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El reverendo Padre Ricardo Struve,
capellán por muchos años de la Iglesia
de la Peña, escribió voluminosos diarios
en los que se basó gran parte de esta
investigación.

Las limosnas de los cofrades y devotos son las que han contribuido materialmente al sostenimiento de La Peña. Como dice Struve, a propósito de una de las tantas obras emprendidas por él, "con esto aumentará la subida de gente allá, con esto aumentan los ladrillos y quizá también las limosnas, porque por todo esto Dios y la Virgen darán más gracias y la gracia de Dios sirve para lo que uno quiera" 14.

En lo que atañe a sus patronos, sus dos historiadores están de acuerdo en que poco se preocuparon, a excepción de García Villanueva y los Pérez de Vargas, que fueron los primeros. Los Garay, que los sucedieron y duraron treinta años, no hicieron más que poner pleitos para no perder las rentas de La Peña. Uno estuvo preso por una deuda de tres mil pesos; otro, para comprobar que era hijo legítimo, presentó la partida de bautismo de un muerto y el otro murió loco en un convento 15. "¿Cómo cuidarán, como deben, los Patronos que solo sirven de referir los derechos, y jamás se acomiden a barrer la Iglesia, ó á encender una vela?" 16.

"Llamábase Patrono una persona moral o física que por haber fundado o dotado con ciertos bienes, como fincas, o elementos del culto, como cálices u ornamentos, una Iglesia o Capilla, reclamaba con base en disposiciones positivas del derecho de ese entonces ciertas prerrogativas, honores y ventajas en cuanto a las Iglesias fundadas o dotadas por ellos" 17. Afortunadamente para el santuario, los sucedió José Luis Carbonell, quien llegó a poner orden en el santuario junto con el aconductado capellán Juan Gualberto Caldas.

LAS CARNESTOLENDAS

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El día que se volvió a
Alemania, Struve, regaló al
Padre Leonardo Ramírez
esta imagen que llevó
consigo durante años.

 

Este nombre tan sugestivo, del que dice Ortega Ricaurte: "las infalibles y borrascosas carnestolendas [. . . ] que dejaban dos o tres muertos, varios heridos y, con el tiempo, un notable aumento de población" 18, significa todo lo contrario de las carnes flacas de la Cuaresma que se avecina. Porque, como ya se dijo, corresponden al domingo de Quincuagésima, anterior al miércoles de Ceniza. Y en las vecindades de La Peña se celebraban carnavales como se hace en tantos lugares y culturas en esta ocasión: en Los Laches, el Guavio, Alto Egipto, El Chorrerón, barrios encaramados en los cerros y al pie de la carretera de circunvalación, donde se refugiaron rezagos de población indígena y sectores de los más pobres y primitivos de la ciudad. De ahí que sus fiestas resultaran tan calientes. Toldos con fritanga, venta de chicha, juegos de suerte y de cañas, riñas y carreras de gallos o chirriaderas; la tarasca, la ballena, los mampuchos y los gigantes; juegos de bolos, bisbís y turmequé; toros de rejón por las calles y la vacaloca con sus cachos encendidos; voladores y fuegos artificiales, bailes al son de flautas y tambores . . . Las carnestolendas de La Peña, como tantas otras celebraciones nuestras, debían de tener un origen indígena y pagano que la Iglesia quiso combatir, y también les montó una festividad católica encima en sustituto, formando un rito mestizo en el que se funden las dos culturas. De igual manera que sobre cada templo indígena se construyó una iglesia.

Las carnestolendas, pues, no sólo espantaban o atraían a los cachacos santafereños que las frecuentaban clandestinamente, sino que preocupaban también a la Iglesia, conservadora del santuario y su milagro. Pero de ningún modo ésta prohibía las fiestas en sí, sino la venta de chicha, por ejemplo. En 1694 así lo hizo y por edicto, bajo pena de excomunión, el arzobispo don fray de Urbina; lo tuvo que revocar al poco tiempo poniendo en consideración que la chicha era el principal alimento de la clase pobre. En 1706 el arzobispo Cosío y Otero prohibió los arcos y las corridas de gallos y toros por las noches; y la prohibición de estas últimas la levantó el presidente Córdoba. Struve no se quedó atrás: se dedicó a una intensa campaña de moralización cristiana de las costumbres de sus feligreses, atacó el libre concubinato, predicó la unión familiar y luchó incansablemente contra la embriaguez, a la que consideraba un vicio fatal.

"¿Es pecado embriagarse? Sí, es pecado: venial, cuando no se pierde la razón de un modo total, aunque sí se llega a hablar tonterías, reírse como un bobo, tambalear un poquito en el camino. Pero la embriaguez es pecado mortal cuando se llega a perder totalmente el uso de razón por algunas horas" 19.

Cordovez Moure es muy gráfico en la descripción de las carnestolendas:

"[…] no quedaba bebida fermentada que no saliera a la luz en esos tres días; pero especialmente la chicha que se bebía en las Carnestolendas, convertida en agua, bastaría para devolver el hético río San Agustín a su primitivo estado; y como los efectos diuréticos de esa bebida son apremiantísimos, quedaba el camino convertido en verdadero fangal de espantosa fetidez […] esos lugares eran un solo volcán atizado por el exceso del licor, las escenas escandalosas de los jugadores, y mas que todo por los actos de impureza de que se hacía ostentación. Después de las seis de la tarde quedaban convertidos esos extramuros de la ciudad en inmenso lupanar. Por lo regular, cada noche de Carnaval costaba la vida a varios de los concurrentes, sin contarse el gran número de puñaladas y palizas que se daban, las más de las veces a infelices, que en nada habían ofendido a los desconocidos agresores" 20.

Cuando el padre Caldas, en 1853, cambió la fecha de las fiestas de la Virgen para evitar los desórdenes de las carnestolendas, no cayó en cuenta de que estaba quebrando la bula del papa y dejando a la gente sin indulgencias. Pero la costumbre fue más fuerte, y la fiesta popular, el carnaval, se siguió celebrando. El cura pedía plata para conservar las imágenes, circulaba invitaciones, hacía cuanto podía por mantener vivo el culto: todo fue en vano. Tuvo que doblegarse y volver a la Quincuagésima, "al ver sus fiestas uno o dos años desiertas" 21.

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LA VIRGEN PATRIOTA

La historia del país ahora se vuelca sobre las guerras de independencia con el Libertador a la cabeza; la gente no tiene tiempo sino para hacer la guerra; y La Peña y la misma Virgen quedan envueltas en ella. En 1805 fue nombrado capellán el presbítero José Ignacio Francisco Alvarez, y por esa época se quejó de la rebeldía de los capellanes de La Peña el párroco de Santa Bárbara, Nicolás Cuervo. No en balde estaría el cura Alvarez entre los 38 firmantes del Acta de Independencia proclamada el 20 de julio de 1810. Cuando él se dedicó de lleno a la actividad política, que lo llevó a la muerte, asumió la capellanía el padre Juan Agustín Matallana, también perseguido por los españoles y quien nunca recibió nombramiento oficial pero fue uno de los mayores divulgadores e historiadores de La Peña. Después fue patrono Luis Carbonell, hermano de José María, el de la Expedición Botánica, otra víctima de Morillo. Los soldados de Nariño subían a pedir la victoria y a encomendársele a la Virgen. El 23 de diciembre se hizo una restauración de la capilla y fue reinaugurada con la presencia de los presidentes de la Nueva Granada y de García Rovira. En 1815 se celebró una misa de gracia con el general Bolívar. En 1816 Morillo mandó clausurar el santuario y poner preso al cura Alvarez, en vista de que las imágenes milagrosas estaban cargadas del lado de los patriotas. La Virgen tomaba partido. Así lo asegura Raúl Silva Holguín, cuando el valle del Cauca se lanzó en pos de su independencia con una bandera azul celeste y blanca, orlada de plata: "como los ejércitos de la Libertad confiaron a la Virgen María su victoria, es muy posible que escogiera su sagrado manto como bandera" 22.

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Facsímil de la bula papal mediante la cual Benedicto
XIV aprueba la cofradía de Nuestra Señora de la
Peña en 1750 y concede indulgencia plenaria y
remisión de todos sus pecados a los cofrades.

Hay curas patriotas y curas realistas. En tanto, por un lado, el obispo don Salvador Jiménez de Enciso, "prelado belicoso y revoltoso, el cual de su tesoro contribuyó a vestir a los soldados del rey y de paso, con singular fervor por los negocios terrenales, lanzó excomunión contra el ‘traidor Bolívar’ " 23, por el otro, el 9 de agosto de 1819, unos capuchinos huían con Sámano, con el rabo entre las piernas, espantados por Bolívar, como los que salieron desterrados del santuario para los vientos cortantes y helados de La Peña.

 

 

 

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Facsímil de la primera edición que incluye
la versión de la novena a la Virgen de la
Peña. Publicada por el capellán Agustín
Matallana en 1815.
Solicitud de donación para las festividades hecha
por el capellán Juan G. Caldas. Está tachada la
palabra carnestolenda, porque éstas fueron
prohibidas en 1853.


LIOS DE TIERRAS

Las tierras que pertenecen al santuario las regalaron los señores Marcos, José y María Melo el 19 de marzo de 1723, y están comprendidas entre las quebradas del cerro de Manzanares y Guadalupe y la que baja al lado de Fucha. También parece que de una mina de carbón, El Chorrerón, que el capellán Hurtado hizo todo lo posible por recuperar de manos de Carlos Sáenz y Sixto Barriga, quienes la habían tomado en arriendo por veinticuatro pesos al año, jamás pagaron y, a pesar de que perdieron el pleito, tampoco la devolvieron. Luego vino el tatequieto del general Mosquera a la Iglesia en 1861, con su decreto "sobre desamortización de bienes de manos muertas", mediante el cual todas las propiedades eclesiásticas eran expropiadas y pasaban a la nación. (Hay que tener en cuenta que en 1830 la Iglesia poseia las dos terceras partes de las casas de Bogotá en misiones, haciendas y colegios). Por esto en 1870, La Peña, avaluada en $ 800, entró en subasta pública. La compraron los señores Manrique y Laverde en $ 2.500, en representación de un inglés de apellido Sayer, que la quería para agrandar sus potreros y de pesebrera para sus caballos. Ese mismo año saltó un señor Eustacio Díaz a pedirle cuentas al padre Hurtado acerca de una limosna de mil pesos. En 1871 la curia archivó el caso de La Peña, porque se le estaba poniendo complicado. En 1872 Hurtado no le reconoció mejoras a un señor Garzón, con quien tenía un pleito civil; hay un enredo de un papel que no le quiere recibir, dizque porque, como era 10 de agosto, se había quedado hasta tarde en la iglesia. En fin, en 1873 alguien recordó que La Peña era algo más que un lío de tierras y mandó imprimir en las prensas de Nicolás Gómez una "novena en obsequio del glorioso mártir san Lorenzo, elegido patrón de la ermita de las imágenes de La Peña por haber sido halladas dichas efigies el día del santo, viernes 16 de agosto de 1685" 24.

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Cuadro sobre la aparición de las imágenes realizado por Gonzalo Ariza en 1947, aún se encuentra en la Peña.

En 1877, se estableció en el concordato que se pagara una suma a quienes fueran "dueños" de los bienes de la Iglesia rematados: la mitad del predio de la compra y un documento. Sayer estaba en arreglos con la curia en cuanto a La Peña, y en 1878 se la venderá a Bendix Koppel, gerente de la "Compañía de alumbrado por medio del gas", esta vez en dos mil pesos. Pero al cura Hurtado no le llegó ni un centavo. Molestó tanto en la curia, que debieron de desesperarse con él y archivaron el caso del todo. Hurtado se sentía un absoluto guardián de La Peña.

En 1895 la compañía cayó en cuenta de que el decreto de desamortización de bienes no incluía "ni la Iglesia ni la casa cural ni las anexidades de estos dos edificios" y le devuelve a la Virgen su iglesia, la casa cural y un solar. Y en 1912 le devolvió otro pedazo pero, en comparación con la totalidad del terreno que le legaron en un principio los hermanos Melo y en consideración de Struve, "apenas bastan estos tres lotes para dar pasto al caballo del capellán" 25.

EL ROBO DE LAS ALHAJAS

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Estado en que se encontraba la Ermita.

Mientras Mosquera y Obando jugaban coclí por todo el país y los curas de La Peña estaban dedicados a pelear sus tierras, en el santuario se robaron las alhajas de la Virgen, como lo denunció el padre Juan Gualberto Caldas el 13 de junio de 1843: "cruces de esmeraldas, de perlas, rosarios de cuentas de oro y su cruz en filigrana, gargantillas de perlas y aguacaticos de esmeraldas, pulseras de perlas finas, plata y oro, cadenas y estrellitas de adorno…" 26. Más lo cálices, la custodia, los ornamentos y utensilios del culto; los vestidos, túnicas, mantos y sombreros de viaje de la Virgen, con largas plumas blancas; las camisitas del Niño Jesús. Todo lo que recibió por inventario Tomás Pérez de Vargas en 1574. Entre donaciones de patronos y fieles, la Virgen alcanzó a reunir cincuenta piezas preciosas.

Cuando logró rescatar de la curia las joyas donde se le había ordenado que las depositara, en 1877 el cura Hurtado se las dio a guardar a su hermano José María y en algún documento dejó constancia de que lo hacía para que las alhajas no corrieran peligro. Pero apareció un José María Hurtado, hermano suyo o que se hizo pasar por tal, que desapareció todas las joyas, alteró el testamento del Hurtado honrado y se puso a fiscalizar al nuevo capellán Eugenio Martínez. Cuando éste fue a pedirle las alhajas de la Virgen, José María no sólo no se las quiso entregar, sino que lo tildó de ladrón del tesoro. Tuvo entonces que ir el inspector IV de la policía municipal. José María negó primero todo, pero finalmente entregó los ornamentos y una corona, alegando que era todo cuanto tenía. El inspector se dedicó a rondar la casa y encontró debajo de la cama de Hurtado un baúl que contenía un cofre tapado, en el que se hallaban las joyas, aunque ya no aparecieron las más finas. El señor inspector las confiscó.

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9a. semana de trabajo.

En 1888 hay noticia de que el arzobispo sabe en manos de quién están las alhajas, y de que en 1891 le pidió al inspector IV de policía, Abelardo Concha, una lista de las joyas. Este contestó que eso era reserva del sumario y que las alhajas habían sido depositadas en la tesorería municipal, donde se perdieron para siempre. El padre Struve, que es quien revela poco a poco y en desorden este caso policiaco, termina diciendo: "la investigación siguió su curso conforme a las costumbres, es decir, terminó en nada" 27. ¿Se quedó con las alhajas Abelardo Concha, inspector IV de policía? ¿A qué manos pasaron? ¿Dónde están hoy?

REINA DE LA PAZ

Quién sabe qué más cosas sucedieron en La Peña, pues los archivos se quemaron en la curia el 9 de abril y las pesquisas de Struve y las mías tienen que pegar un brinco hasta la guerra de los Mil Días. Subieron los colombianos en peregrinación, con el presidente Marroquín y el arzobispo a la cabeza, a pedirle a la Virgen que bendijera la paz entre los liberales y los conservadores.

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11a. semana de trabajo. Vigésima semana de trabajo. Estado final de la restauración.

Dicen que Cristo
fue liberal
yo no le endoso
tamaño mal.
Si habló de un reino
Cristo, Señor,
¿no fue tanto
conservador...?

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Fiestas en el Alto de la Cruz para celebrar la restauración.

El país estaba arruinado, pero el capellán Rosendo Pardo no tuvo inconveniente en vestir el santuario con cosas traídas de Europa. Hay que anotarle su interés por la vida del santuario transcurrida antes de su capellanía y la edición de un libro sobre su historia pero que realmente es una copia del de Matallana.

Fue el único capellán que tuvo el coraje de vivir en La Peña; a todos los sacaba corriendo el frío. Así fue con los capuchinos, a quienes él mismo les hizo entrega en 1906, a pesar de las intervenciones del arzobispo Bernardo Herrera Restrepo y de los de la Compañía de Gas. Bajaron el cuadro de Vásquez Ceballos al convento de la Concepción, donde se instalaron y a donde trasladaron las fiestas de la Virgen, encargándose ellos mismos, con esto, de separarlas de las carnestolendas.

Sin embargo, éstas se quedaron arriba y allá siguieron llegando generaciones de poetas y amanecidos a desenguayabar, y algunos a sustraerle secretos a la mismita estatua de la Virgen, como cuentan de Eduardo Santos, de Laureano Gómez y de Belisario, quien, lo mismo que Bolívar en la Independencia, y Marroquín en los Mil Días, subió y la reinauguró en 1985, cuando andaba negociando la paz con los guerrilleros.

VIDA MARIANA

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Santuarios de la Peña, Guadalupe y Monserrate.
Durante la restauración, de la Ermita de la Peña, los materiales,
incluso el agua, tuvieron que subirse en helicóptero.

Para el Primer Congreso Mariano Nacional, en 1919, los capuchinos sacaron una Breve historia sobre el santuario. Después de ellos, se hicieron cargo de él los cistercienses, desde 1933 hasta 1935; a estos los sacaron los ladrones. Luego llegaron las Misioneras de la Inmaculada, que fueron traídas de Medellín por doña Margarita Holguín y Caro, pintora y patrona de la parroquia de Santa María de los Angeles. En 1936 ellas, a su vez, la entregaron a las Siervas de la Sagrada Familia, y La Peña pasó a depender de la parroquia de Egipto hasta 1948. Hubo que cerrar una escuela que tenían, por falta de alumnos, y volverla albergue de huérfanas primero y después de "bobitas", a las que monseñor Ismael Perdomo iba a visitar y llevar medallitas. Cuando en 1942 se estaba organizando el Segundo Congreso Mariano Nacional, se propuso de patrona a la Virgen de La Peña, pero como que el santuario les pareció muy pobre y alegando como disculpa el paro de los ferroviarios, aplazaron el Congreso y después coronaron a la Virgen del Carmen. Por esta época, el culto de la Virgen se hallaba muy disminuido, el santuario abandonado, el vecindario peligrosamente frecuentado. Lo último que se sabe de La Peña antes que llegara Struve Haker, en 1944, es que dos policías la cuidaban de los rateros.

OTRO REDENTOR

El padre Struve se movió sin descanso para sacarla adelante, y lo logró. Se fue a vivir allá y, naturalmente, se llenó de gripes y anginas, pero revivió el culto a la Virgen y sometió el santuario a una intensísima vida religosa. Realizó un inmenso trabajo social en los barrios vecinos, del cual queda constancia en sus abundantes publicaciones. Se dedicó también a hacer conocer el santuario por cuanta forma y medio de propaganda pudo, entre ellos una dramatización en el teatro Colón, una película, una guía en inglés con ocasión de la Conferencia Panamericana de 1948. Invitó a colaborar en la reconstrucción de las ermitas al batallón guardia presidencial (63 soldados, cargando tres ladrillos cada uno). Un 8 de diciembre la visitó, en una peregrinación mariana, monseñor Emilio de Brigard. En 1945 Nuestra Señora de La Peña fue nombrada patrona de las vocaciones sacerdotales, y desde entonces en un corazón de plata se inscriben los nombres de los seminaristas. El padre alemán también montó un taller de carpintería siguiendo los pasos de su predecesor Hurtado, que era carpintero y fabricó algunos muebles de la iglesia. Formó grupos de jóvenes. Proyectó cine. Organizó un museo. Sembró árboles. Llevó al maestro Gonzalo Ariza a que pintara varios cuadros y a que retocara los de Vásquez Ceballos. Formó una colección de mariposas nocturnas de los alrededores. Y escribió, y escribió, y escribió...

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Página del diario de Struve, 1947 en el
que registra la donación de Ariza.
En el diario de Struve se consignan con relatos fotos y estadísticas,
la historia de el Santuario de la Peña y sus feligreses.


LA VIOLENCIA

La violencia que asoló al país desde finales de los años cuarenta se refleja vivamente en el diario de Struve. No tanto la violencia política —que también se siente , cuanto la de la vida diaria y cotidiana, resultado de la miseria. Ambiguamente se habla de la peligrosidad de La Peña, la cual se precisa en noticias de prensa de la crónica roja, como las siguientes:

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En este tiempo de zozobra los hombres subían a esconderse al monte para que no los cogieran para el servicio militar, que tanto temían, dice Struve. En esta época también trataron de robar La Peña varias veces, causaron daños en la ermita del Alto de la Cruz y el ambiente general del vecindario estaba caldeado.

"Hoy se entró en el Santuario un soldado que había desertado de su puesto en las tareas que efectúa continuamente el batallón de Guardia presidencial en los alrededores del Santuario, para robar la arquilla del S. Párroco de Ars; pero se le descubrió y acosado por testigos confesó su delito. El capellán le dio los consejos del caso y lo dejó libre" 28. "En Los Laches [. . . ] un hombre se trajo una noche una muchacha para vivir con ella en la pieza [. . . ] En el camino de subida tomaron; a unos cinco metros de la pieza, fuertes dolores cogieron a la muchacha y la botaron al suelo entre gemidos. El hombre le dio patadas para que no hiciera escenas en el camino público. Más tarde se bajó al retén, en vista de que los dolores aumentaron sin cesar. Cuando llegó con dos policías, la muchacha ya se había estirado muerta! Los vecinos no llamaron sacerdote porque ¿cómo, estando ella en pecado mortal? " 29.

El 9 de abril y los días que siguieron, estuvo La Peña prendida. Por el diario de Struve nos enteramos de que incendiaron la casa cural de su vecino el párroco de Las Cruces; que la "chusma (Condordia, Egipto, Guavio)" (es decir, sus vecinos) salió a incendiar y saquear; que un policía pidió refugio y permiso para guardar sus armas en el santuario; que allá llegó en calzoncillos y sobretodo, a las nueve de la noche, un padre que salió huyendo por la sacristía incendiada de la catedral; que días después aparecieron muebles, camas, puertas, estantes, estolas, ornamentos, máquinas de escribir, telas, cortinas, cuadros, y que las fueron a entregar gentes de Egipto, diciendo que se las habían encontrado; que entonces Struve amonestó a sus fieles y los exhortó a que devolvieran lo que ellos también tuvieran, pues ninguno se había acercado, garantizándoles guardar total reserva; que "por la noche vino gente a informar a las hermanas de que los vecinos del Guavio hubieran jurado perseguir al Capellán, darle muerte y poner fuego al Santuario [. . . ] El lunes las hermanas alcanzaron a llamar al ejército; subieron tres soldados, soltaron unos tiros para advertir su presencia y volvieron a bajar al Guavio a su retén, porque ahí no hay sino seis soldados para todo el barrio. Yo confío en san José y le enciendo dos cirios para que proteja el santuario" 30.

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También cuenta Struve que disminuyó la concurrencia, y hay que creerle a ojos cerrados, pues él tenía una obsesión estadística que lo condujo a llevar cuentas diarias de la llegada de devotos y visitantes, a pie y en carro. Por el contrario, en otra parte figura que "han sido últimamente numerosas las misas pagadas en acción de gracias por algún favor recibido de la Virgen de la Peña" 31.

LA PEÑA EN LA ACTUALIDAD

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Lienzo del Padre Struve mandado a pintar por él.

En 1968 Struve Haker, desgastado y enfermo, regresó a Alemania dejando el santuario en plena actividad. Los párrocos que lo sucedieron, siempre dominados por el fantasma de la inseguridad, prefirieron prestar sus servicios desde Los Laches, en proceso de urbanización, y La Peña quedó relegada al olvido y al cuidado de las Hermanitas de la Sagrada Familia. Hacia finales de los años setenta el párroco de turno se esforzó en revivir las fiestas religiosas en el mes de agosto; las carnestolendas, desde tiempos de Struve, quedaron definitivamente sepultadas. En 1981 hubo un último robo: la Virgen se vio despojada de sus coronas y el cuadro de las imágenes de Vásquez Ceballos desapareció para siempre. Los otros cuadros de los Figueroas y los restos del museo de Struve se guardaron en la casa cural. Se necesitó que llegara su actual párroco, Hernando Rojas, que lleno de entusiasmo y tesón se empeñó en sacar adelante de nuevo el santuario y movió personas e instituciones eclesiásticas y civiles hasta lograr la reciente restauración y recuperación de este histórico centro mariano de la ciudad y el país. Según él, la Virgen volvió a sonreír.

 

NOTAS:

*  Este artículo está basado en la lectura de los libros y documentos de Juan Agustín Matallana y Ricardo Struve Haker, párrocos e historiadores de la iglesia de La Peña

1 Juan Agustín Matallana, Historia metódica y compendiosa del Santuario, 1815.

2 José María Cordovez Moure, Reminiscencias de Santafé y Bogotá, t. IV, Bogotá, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1942.

3 Matallana, op. cit., pág. 2.

4 Ibíd., pág. 1.

5 Ibíd., pág. 26.

6 Ibíd.

7 Ibíd., pág. 30.

8 Ibíd., pág. 36.

9 Ricardo Struve Haker, Diario, 31 de agosto de 1946.

10  Matallana, op. cit., págs. 36, 37, 38, 39 y 40.

11 Ibíd., pág. 4.

12 Ibíd., pág. 20.

13 Struve Haker, Apuntes históricos sobre el Santuario de Nuestra Señora de La Peña, Bogotá, Ed.Lumen, 1946.

14 Struve Haker, Diario, 15 de marzo de 1947, pág. 87.

15 Struve Haker, Apuntes históricos... , pág. 47.

16 Matallana, op. cit., pág. 23.

17 Struve Haker, Apuntes históricos... , pág. 47.

18 Daniel Ortega Ricaurte, Cosas de Santafé de Bogotá, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1959.

19 Struve Haker, Ecos del Santuario, núm. 12, junio de 1947.

20 Cordovez Moure, op. cit., pág. 125

21 Struve Haker, El Santuario Nacional de Nuestra Señora de La Peña, Santafé de Bogotá, MCMIV, Imprenta Nacional de Colombia.

22 Raúl Silva Holguín, Valle del Cauca, tierra de promisión, Cali, Imprenta Departamental, 1964.

23 Joaquín Tamayo, Nuestro siglo XIX, Editorial Cromos.

24 Struve Haker, El Santuario Nacional... , pág. 300.

25 Struve Haker, Apuntes históricos... , pág. 29.

26 Struve Haker, Apuntes históricos... , pág. 22.

27 Ibíd., pág. 27.

28 Struve Haker, Diario, 16 de octubre de 1947.

29 Ibíd., 7 de noviembre de 1947.

30 Ibíd.

31 Ibíd., 8 de mayo de 1948.