El
Santuario de la Peña *
Beatriz Caballero
Fotos: Alberto Sierra y William Núñez
Mapa: Marta Raquel Herrera
LA APARICION DE LAS IMAGENES
El 10 de agosto de 1685, Bernardino
Rodríguez de León "vio un resplandor muy grande y extraordinario que no era de la
luz natural del día" 1, en los cerros orientales de
Bogotá, y al acercarse descubrió que se trataba de una imagen de la Virgen con el Niño
en brazos, san José y dos ángeles, todos sobre una roca. Inmediatamente a esas imágenes
se les atribuyeron características sobrenaturales, con el argumento de que ningún ser
humano hubiera podido treparse a pintar esas peñas sin caerse, y menos aún sin que se
supiera de ello en Santafé, donde no se tenía conocimiento, en la época, de la
existencia de ningún artista capaz de crear semejante obra.
Acontecimiento como este resultaba
extraordinario en la Nueva Granada, el cual tenía un solo precedente: la aparición de la
Virgen en Chiquinquirá, que había cumplido su primer centenario el año anterior. Sin
embargo, Cordovez Moure asegura que un preso español mandó a esculpir a la Virgen de su
devoción en un enorme bloque de piedra y ordenó ponerlo en los cerros altos que dominan
a Bogotá; que lo treparon hasta donde fue posible y allí tuvieron que dejarlo abandonado
2.
EL PROTAGONISTA DEL MILAGRO
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Vista posterior de la
Iglesia restaurada. Al fondo la Ermita y la Cruz.
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Cuenta Juan Agustín Matallana que
Bernardino "tomó fiado un poco de pan y de alfandoque que le sirviese de fiambre en
su camino" y se fue a recorrer los montes; "apretado de la sed [...] encontró
en un lugar muy angosto y pendiente una piedra redonda como pilita llena de agua muy clara
y cristalina, que naturalmente provocaba a beber de ella" 3,
y de calmar la sed de Bernardino producida por el alfandoque, pasó a aliviar las
calamidades de los peregrinos, pues de esa misma fuente es el agua milagrosa que llevan
del santuario.
Como en los cuentos de hadas, los
protagonistas de los milagros son de origen humilde. Bernardino proviene de un
complicadísimo enredo genealógico: hijo de Juana de Vera y Pedro Chaves; nieto de Juan
Rodríguez de León, quien, por obra y gracia de su matrimonio con Juana, le dio su
apellido y se convirtió en su padre putativo.
Se dice que tenía "el vicio de
recorrer montes [. . . ] registrar campos [. . . ] encontrar algún tesoro con qué salir
de su miseria . . . " 4. Su oficio era el de platero de
oro y posteriormente, de paso, el de guaquero. Pero al seguir leyendo con detenimiento el
libro del padre Struve Haker, nos encontramos con que Bernardino no era tan pobre
labriego, pues tenía casa, tenía solar y tenía indios, con quienes peleó una noche que
lo atacaron a cuchillo. Parece también que Bernardino sólo un tiempo después de su
hallazgo dio a saber de las tales piedras milagrosas, a las cuales les mandó construir
una ermita su vecino el bachiller y jesuita Francisco García Villanueva, quien se erigió
en patrono y capellán, y además se sabe que cuatro años antes había comprado esclavos
adolescentes angoleños, a pesar de que desde 1679 existieran las cartas de libertad de
los esclavos.
LOS MILAGROS
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Estado en el que se
encontraba la Iglesia de la Peña cuando se inició
su restauración en agosto de 1885.
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Motivo de especial emoción para
los creyentes fue el que el Niño Jesús sostuviera en la mano una granada que, según le
dijo Nuestro Señor a una monja cuyos escritos reproduce Matallana, "¿vosotros no
habéis reparado en la fruta coronada y la unión de los granos de la granada? [. . . ] y
así como la granada es la fruta coronada y reyna entre las frutas, así, esta ciudad de
Santafé, es para Dios la Reyna entre las hijas, la predilecta, la preferida y más
querida" 5. Ella misma cuenta que, en una ocasión en que
hubo una esterilidad muy grande en los pueblos inmediatos, invocaron a Nuestra Señora de
La Peña, y ésta los socorrió "con abundante cosecha, por cuyo motivo, según he
conocido, vienen los indios con más frecuencia desde entonces a visitarla anualmente los
días de carnestolendas" 6. A continuación la monja
cuenta de sus temores por sus escritos, que a ella misma le parecen "embustes,
engaños del demonio o ardides de mi cabeza" 7.
Y como el testimonio de esta monja
su nombre no nos es revelado Matallana recogió otros que dan fe acerca de las
cualidades milagrosas de las imágenes de la Virgen de La Peña al ser invocada en
momentos de dificultad; la mayoría son casos de personas que se tropiezan y caen entre
las rocas y desfiladeros de los cerros, empezando por sus capellanes.
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Actuales imágenes de la
Virgen de la Peña restauradas
por última vez por Pedro Laboria en 1740. |
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"Subía un día el Capellan
Br. Don Dionisio Perez á cumplir sus deberes en la Ermita de arriba, y llegando á un
paso muy estrecho y peligroso, fatigado el Caballo en que iba no podia arribar, y comenzó
á temblar: entonces el Capellan no pudiendo evitar el peligro se apeó por el lado de lo
alto, y al instante se despeñó el Caballo, y el Presbítero asustado subió á dar las
gracias á nuestra Señora" 8.
El padre Struve, que llegó a Colombia
evadiendo la segunda guerra europea, también consideró milagro de la Virgen el haberle
dado a saber el paradero de sus padres y hermanos, de quienes había perdido el rastro,
motivo por el cual se había puesto al servicio del santuario. Y en su diario reprodujo
varias narraciones más de gentes agradecidas con ella por haber recibido sus favores:
"Vino el domingo anterior Servando
Ruiz para contar al capellán el siguiente relato: que su madre Rosario Cagua v. de Ruiz
había estado enferma en cama ya por 8 meses, y los últimos 15 días estuvo ya paralizada
enteramente de modo que humanamente ya no se pudo esperar ninguna curación. Mandó
entonces subir a su hijo al santuario para que pagara unos 8 años de cofradía que estaba
debiendo; el hijo, consolado en este santo templo rogó por una muerte cristiana y
tranquila de su madre, y cuando bajó, la encontró muerta, sin haber sufrido ella mayor
sufrimiento. Subió otra vez para dar las gracias a la Virgen. Para que conste. El
capellán: Ricardo Struve Haker" 9.
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Corte arquitectónico de la
Iglesia
de la Peña. |
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Corte de la Ermita de la
Peña.
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- Venia de una Estancia á Santafé un hijo
de Doña Maria Cotrina llamado Agustin, y habiendo dado á un macho una palmada en la
anca, este le correspondió con una coz en la cara que le partió las narices en términos
que le quedaron colgadas del labio de arriba: á vista de tan fiero daño, invocaron á
nuestra Señora de La Peña, y al instante se las volvieron á su lugar cosiendole el
cutis; y aunque padeció seis meses, al fin quedó enteramente bueno solo con las señales
á manera de una eme perfecta. Lleváronlo á la Ermita, y velaron dos dias á nuestra
Señora en acción de gracias, quedando todos persuadidos de que por ella habia
enteramente sanado.
- Juana Silva, se hallaba tan desesperada de
una reuma y dolor en la cara, que ya no sabia que hacersé: en tal agitación se aplicó
una piedrecita reliquia de la de nuestra Señora, y le rogó,si era su gusto, le diera
salud y al instante se quitó el dolor, y la dexó buena y sana; y al dia siguiente subió
á La Peña y mandó decir una Misa en acción de gracias.
- El año de 1729 por partir un pedazo de
panela para darle a un niño, se cortó una niña el dedo pulgar, y lo dividió en dos
partes por arriba de la coyuntura, con el dolor dió gritos, á estos salió la madre,
vió el hecho, tomó con ligereza el pedazo del dedo é invocando a la Virgen Santísima
de La Peña, lo puso en su lugar, y la niña quedó contenta, buena, y sana, y con la
señal para testificar el milagro.
- Al punto que un Negro descargaba un
furioso golpe con una hacha sobre Pablo Benites, que dormia muy descuidado de tal suceso,
despertó, llamó á la Virgen de La Peña, y evadió el golpe, y agradecido fué á
visitar á su bienhechora.
- En Cáli trabajaba un mozo en una mina, y
sin advertir se halló de golpe con una piedra muy grande encima, en tal positura que sus
compañeros no podian librarlo; y apurados le aconsejaron llamara á la Virgen Santísima
de La Peña de Santafé, y apenas lo executó rodó la piedra por sí sola, y lo dexó
libre, y sin daño alguno, por lo que en breve vino á pié á visitar y dar gracias á su
libertadora, prometiendola ser siempre su devoto. 10
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Antiguo óleo de Nuestra
Señora de la
Peña, pintado por Pedro Figueroa, a
devoción del presbítero D. D. Juan
Agustín Matallana en 1817. |
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La sagrada familia de la
Peña, pintado
por Gregorio de Arce y Ceballos. |
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"Verdaderos retratos de
las milagrosas
imágenes de Jesús, María y José en su
advocación de la Peña 1886"
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LA VIRGEN SE VIENE ABAJO
El bachiller García Villanueva, primer
capellán de La Peña, dejó dicho en su testamento que todas las limosnas y dineros
recogidos en el santuario debían utilizarse en la construcción de una ermita. Y no fue
una sino cuatro las que a lo largo de los años se levantaron, y más de cuatro las
reparaciones y restauraciones que le siguieron haciendo sus diversos capellanes.
Lo primero fue separar cuidadosamente las
imágenes de la roca donde estaban "delineadas", lo cual estuvo a cargo del
cantero Luis de Herrera, quien también las pulió, y cuando terminó de colocarlas se
apareció un ave, cuenta la leyenda. Luego las montaron en andas y echaron a andar
seguidas de toda una procesión, cuando unas piedras estrechas le cerraron el paso.
Entonces allí, bajo una enramada de paja, en el mismo cerro conocido después como el
Alto de la Cruz, por la cruz que allí se dejó en memoria, se inició el culto a la
Virgen de La Peña el domingo de Quincuagésima o carnestolendas de 1686. Después las
imágenes "se aclararon con el arte, se distinguieron, pulieron, embarnizaron, y
vistieron" 11 y quedaron convertidas en unas estatuas de
bulto con un peso de treinta arrobas, o sea de 750 libras. Un terremoto hizo caer esta
ermita en 1714. Entonces Dionisio Pérez de Vargas, segundo capellán, ordenó levantar
una capilla con paredes de calicanto y techo de paja, donde celebró la primera misa el 16
de diciembre de 1715, capilla que se vino al suelo también. (En esa época a Santafé la
sacudían fuertes terremotos con mucha frecuencia. El del "año del ruido" de
1785 no se sabe qué repercusiones tuvo en La Peña, pero con seguridad se hizo sentir. La
Virgen de Guadalupe también se caía a cada rato. Algunos vivían con los pelos de punta,
como el presidente Velasco,. que el 9 de marzo del mismo año de la aparición, al cabo de
media hora de oír un ruido constante, de sentir olor a azufre y el aire enrarecido,
creyó que se trataba de descargas de artillería en una conjura contra él y salió a
recorrer la ciudad, rodeado de sus hombres armados, en busca del enemigo). Hubo, pues, que
construir otra capilla más sólida, que se inauguró el 1o. de diciembre de 1716.
Adornaron las imágenes con vestidos, sombreros y alhajas, las bajaron en andas, y fueron
recibidas en medio del júbilo popular, con voladores y chirimías, como si se tratara de
la Sagrada Familia en persona. En 1722 el bachiller De Mesa Cortés, la volvió a
inaugurar y le hizo un nuevo camarín, y encargó en 1740 a Pedro Laboria, reconocido
artista de la época, de la refacción de las imágenes. A Vásquez Ceballos se le debe el
hermoso cuadro, fiel copia que hizo basándose en bocetos elaborados cuando todavía las
imágenes se encontraban en el Alto de la Cruz. También dejó un san Joaquín y otros
cuadros de santos y motivos bíblicos.
EL PAPA APRUEBA
Para seguir con los fenómenos naturales
haciéndoles la segunda a los sobrenaturales, el cometa Halley pasó por Santafé del 26
de abril al 18 de mayo de 1750, año en que José Hilario López expulsó del país a los
jesuitas y en que el papa Benedicto XIV expidió una bula mediante la cual aprobaba la
Cofradía de Nuestra Señora de La Peña, que se había erigido en 1717, y concedía a los
cofrades indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados. Y ordenó "establecer
el día de la fiesta de Nuestra Señora con aprobación del Ordinario sin facultad de
poderlo variar jamás, por lo que quedó aprobado y fixó para siempre el Domingo de
Quincuagésima... " 12. "La Cofradía de Nuestra
Señora de La Peña tiene por objeto principal el de sostener y aumentar en el Santuario
de la virgen de dicha advocación el culto divino [
] Al lado de esta finalidad
principal, los cofrades acostumbraban y han de seguir la costumbre de dedicarse a obras de
caridad, especialmente en el campo espiritual " 13.
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El reverendo Padre Ricardo
Struve,
capellán por muchos años de la Iglesia
de la Peña, escribió voluminosos diarios
en los que se basó gran parte de esta
investigación.
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Las limosnas de los cofrades y
devotos son las que han contribuido materialmente al sostenimiento de La Peña. Como dice
Struve, a propósito de una de las tantas obras emprendidas por él, "con esto
aumentará la subida de gente allá, con esto aumentan los ladrillos y quizá también las
limosnas, porque por todo esto Dios y la Virgen darán más gracias y la gracia de Dios
sirve para lo que uno quiera" 14.
En lo que atañe a sus patronos, sus dos
historiadores están de acuerdo en que poco se preocuparon, a excepción de García
Villanueva y los Pérez de Vargas, que fueron los primeros. Los Garay, que los sucedieron
y duraron treinta años, no hicieron más que poner pleitos para no perder las rentas de
La Peña. Uno estuvo preso por una deuda de tres mil pesos; otro, para comprobar que era
hijo legítimo, presentó la partida de bautismo de un muerto y el otro murió loco en un
convento 15. "¿Cómo cuidarán, como deben, los
Patronos que solo sirven de referir los derechos, y jamás se acomiden a barrer la
Iglesia, ó á encender una vela?" 16.
"Llamábase Patrono una persona
moral o física que por haber fundado o dotado con ciertos bienes, como fincas, o
elementos del culto, como cálices u ornamentos, una Iglesia o Capilla, reclamaba con base
en disposiciones positivas del derecho de ese entonces ciertas prerrogativas, honores y
ventajas en cuanto a las Iglesias fundadas o dotadas por ellos" 17.
Afortunadamente para el santuario, los sucedió José Luis Carbonell, quien llegó a poner
orden en el santuario junto con el aconductado capellán Juan Gualberto Caldas.
LAS CARNESTOLENDAS
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El día que se volvió a
Alemania, Struve, regaló al
Padre Leonardo Ramírez
esta imagen que llevó
consigo durante años. |
Este nombre tan sugestivo, del que
dice Ortega Ricaurte: "las infalibles y borrascosas carnestolendas [. . . ] que
dejaban dos o tres muertos, varios heridos y, con el tiempo, un notable aumento de
población" 18, significa todo lo contrario de las
carnes flacas de la Cuaresma que se avecina. Porque, como ya se dijo, corresponden al
domingo de Quincuagésima, anterior al miércoles de Ceniza. Y en las vecindades de La
Peña se celebraban carnavales como se hace en tantos lugares y culturas en esta ocasión:
en Los Laches, el Guavio, Alto Egipto, El Chorrerón, barrios encaramados en los cerros y
al pie de la carretera de circunvalación, donde se refugiaron rezagos de población
indígena y sectores de los más pobres y primitivos de la ciudad. De ahí que sus fiestas
resultaran tan calientes. Toldos con fritanga, venta de chicha, juegos de suerte y de
cañas, riñas y carreras de gallos o chirriaderas; la tarasca, la ballena, los mampuchos
y los gigantes; juegos de bolos, bisbís y turmequé; toros de rejón por las calles y la
vacaloca con sus cachos encendidos; voladores y fuegos artificiales, bailes al son de
flautas y tambores . . . Las carnestolendas de La Peña, como tantas otras celebraciones
nuestras, debían de tener un origen indígena y pagano que la Iglesia quiso combatir, y
también les montó una festividad católica encima en sustituto, formando un rito mestizo
en el que se funden las dos culturas. De igual manera que sobre cada templo indígena se
construyó una iglesia.
Las carnestolendas, pues, no sólo
espantaban o atraían a los cachacos santafereños que las frecuentaban clandestinamente,
sino que preocupaban también a la Iglesia, conservadora del santuario y su milagro. Pero
de ningún modo ésta prohibía las fiestas en sí, sino la venta de chicha, por ejemplo.
En 1694 así lo hizo y por edicto, bajo pena de excomunión, el arzobispo don fray de
Urbina; lo tuvo que revocar al poco tiempo poniendo en consideración que la chicha era el
principal alimento de la clase pobre. En 1706 el arzobispo Cosío y Otero prohibió los
arcos y las corridas de gallos y toros por las noches; y la prohibición de estas últimas
la levantó el presidente Córdoba. Struve no se quedó atrás: se dedicó a una intensa
campaña de moralización cristiana de las costumbres de sus feligreses, atacó el libre
concubinato, predicó la unión familiar y luchó incansablemente contra la embriaguez, a
la que consideraba un vicio fatal.
"¿Es pecado embriagarse? Sí, es
pecado: venial, cuando no se pierde la razón de un modo total, aunque sí se llega a
hablar tonterías, reírse como un bobo, tambalear un poquito en el camino. Pero la
embriaguez es pecado mortal cuando se llega a perder totalmente el uso de razón por
algunas horas" 19.
Cordovez Moure es muy gráfico en la
descripción de las carnestolendas:
"[
] no quedaba bebida
fermentada que no saliera a la luz en esos tres días; pero especialmente la chicha que se
bebía en las Carnestolendas, convertida en agua, bastaría para devolver el hético río
San Agustín a su primitivo estado; y como los efectos diuréticos de esa bebida son
apremiantísimos, quedaba el camino convertido en verdadero fangal de espantosa fetidez
[
] esos lugares eran un solo volcán atizado por el exceso del licor, las escenas
escandalosas de los jugadores, y mas que todo por los actos de impureza de que se hacía
ostentación. Después de las seis de la tarde quedaban convertidos esos extramuros de la
ciudad en inmenso lupanar. Por lo regular, cada noche de Carnaval costaba la vida a varios
de los concurrentes, sin contarse el gran número de puñaladas y palizas que se daban,
las más de las veces a infelices, que en nada habían ofendido a los desconocidos
agresores" 20.
Cuando el padre Caldas, en 1853, cambió
la fecha de las fiestas de la Virgen para evitar los desórdenes de las carnestolendas, no
cayó en cuenta de que estaba quebrando la bula del papa y dejando a la gente sin
indulgencias. Pero la costumbre fue más fuerte, y la fiesta popular, el carnaval, se
siguió celebrando. El cura pedía plata para conservar las imágenes, circulaba
invitaciones, hacía cuanto podía por mantener vivo el culto: todo fue en vano. Tuvo que
doblegarse y volver a la Quincuagésima, "al ver sus fiestas uno o dos años
desiertas" 21.
LA VIRGEN PATRIOTA
La historia del país ahora se vuelca
sobre las guerras de independencia con el Libertador a la cabeza; la gente no tiene tiempo
sino para hacer la guerra; y La Peña y la misma Virgen quedan envueltas en ella. En 1805
fue nombrado capellán el presbítero José Ignacio Francisco Alvarez, y por esa época se
quejó de la rebeldía de los capellanes de La Peña el párroco de Santa Bárbara,
Nicolás Cuervo. No en balde estaría el cura Alvarez entre los 38 firmantes del Acta de
Independencia proclamada el 20 de julio de 1810. Cuando él se dedicó de lleno a la
actividad política, que lo llevó a la muerte, asumió la capellanía el padre Juan
Agustín Matallana, también perseguido por los españoles y quien nunca recibió
nombramiento oficial pero fue uno de los mayores divulgadores e historiadores de La Peña.
Después fue patrono Luis Carbonell, hermano de José María, el de la Expedición
Botánica, otra víctima de Morillo. Los soldados de Nariño subían a pedir la victoria y
a encomendársele a la Virgen. El 23 de diciembre se hizo una restauración de la capilla
y fue reinaugurada con la presencia de los presidentes de la Nueva Granada y de García
Rovira. En 1815 se celebró una misa de gracia con el general Bolívar. En 1816 Morillo
mandó clausurar el santuario y poner preso al cura Alvarez, en vista de que las imágenes
milagrosas estaban cargadas del lado de los patriotas. La Virgen tomaba partido. Así lo
asegura Raúl Silva Holguín, cuando el valle del Cauca se lanzó en pos de su
independencia con una bandera azul celeste y blanca, orlada de plata: "como los
ejércitos de la Libertad confiaron a la Virgen María su victoria, es muy posible que
escogiera su sagrado manto como bandera" 22.
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Facsímil de la bula papal
mediante la cual Benedicto
XIV aprueba la cofradía de Nuestra Señora de la
Peña en 1750 y concede indulgencia plenaria y
remisión de todos sus pecados a los cofrades. |
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Hay curas patriotas y curas
realistas. En tanto, por un lado, el obispo don Salvador Jiménez de Enciso, "prelado
belicoso y revoltoso, el cual de su tesoro contribuyó a vestir a los soldados del rey y
de paso, con singular fervor por los negocios terrenales, lanzó excomunión contra el
traidor Bolívar " 23, por el otro, el 9 de
agosto de 1819, unos capuchinos huían con Sámano, con el rabo entre las piernas,
espantados por Bolívar, como los que salieron desterrados del santuario para los vientos
cortantes y helados de La Peña.
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Facsímil de la primera
edición que incluye
la versión de la novena a la Virgen de la
Peña. Publicada por el capellán Agustín
Matallana en 1815. |
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Solicitud de donación para
las festividades hecha
por el capellán Juan G. Caldas. Está tachada la
palabra carnestolenda, porque éstas fueron
prohibidas en 1853. |
LIOS DE TIERRAS
Las tierras que pertenecen al
santuario las regalaron los señores Marcos, José y María Melo el 19 de marzo de 1723, y
están comprendidas entre las quebradas del cerro de Manzanares y Guadalupe y la que baja
al lado de Fucha. También parece que de una mina de carbón, El Chorrerón, que el
capellán Hurtado hizo todo lo posible por recuperar de manos de Carlos Sáenz y Sixto
Barriga, quienes la habían tomado en arriendo por veinticuatro pesos al año, jamás
pagaron y, a pesar de que perdieron el pleito, tampoco la devolvieron. Luego vino el
tatequieto del general Mosquera a la Iglesia en 1861, con su decreto "sobre
desamortización de bienes de manos muertas", mediante el cual todas las propiedades
eclesiásticas eran expropiadas y pasaban a la nación. (Hay que tener en cuenta que en
1830 la Iglesia poseia las dos terceras partes de las casas de Bogotá en misiones,
haciendas y colegios). Por esto en 1870, La Peña, avaluada en $ 800, entró en subasta
pública. La compraron los señores Manrique y Laverde en $ 2.500, en representación de
un inglés de apellido Sayer, que la quería para agrandar sus potreros y de pesebrera
para sus caballos. Ese mismo año saltó un señor Eustacio Díaz a pedirle cuentas al
padre Hurtado acerca de una limosna de mil pesos. En 1871 la curia archivó el caso de La
Peña, porque se le estaba poniendo complicado. En 1872 Hurtado no le reconoció mejoras a
un señor Garzón, con quien tenía un pleito civil; hay un enredo de un papel que no le
quiere recibir, dizque porque, como era 10 de agosto, se había quedado hasta tarde en la
iglesia. En fin, en 1873 alguien recordó que La Peña era algo más que un lío de
tierras y mandó imprimir en las prensas de Nicolás Gómez una "novena en obsequio
del glorioso mártir san Lorenzo, elegido patrón de la ermita de las imágenes de La
Peña por haber sido halladas dichas efigies el día del santo, viernes 16 de agosto de
1685" 24.
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| Cuadro sobre la aparición
de las imágenes realizado por Gonzalo Ariza en 1947, aún se encuentra en la Peña. |
En 1877, se estableció en
el concordato que se pagara una suma a quienes fueran "dueños" de los bienes de
la Iglesia rematados: la mitad del predio de la compra y un documento. Sayer estaba en
arreglos con la curia en cuanto a La Peña, y en 1878 se la venderá a Bendix Koppel,
gerente de la "Compañía de alumbrado por medio del gas", esta vez en dos mil
pesos. Pero al cura Hurtado no le llegó ni un centavo. Molestó tanto en la curia, que
debieron de desesperarse con él y archivaron el caso del todo. Hurtado se sentía un
absoluto guardián de La Peña.
En 1895 la compañía cayó en cuenta de
que el decreto de desamortización de bienes no incluía "ni la Iglesia ni la casa
cural ni las anexidades de estos dos edificios" y le devuelve a la Virgen su iglesia,
la casa cural y un solar. Y en 1912 le devolvió otro pedazo pero, en comparación con la
totalidad del terreno que le legaron en un principio los hermanos Melo y en consideración
de Struve, "apenas bastan estos tres lotes para dar pasto al caballo del
capellán" 25.
EL ROBO DE LAS ALHAJAS
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Estado en que se encontraba
la Ermita. |
Mientras Mosquera y Obando jugaban
coclí por todo el país y los curas de La Peña estaban dedicados a pelear sus tierras,
en el santuario se robaron las alhajas de la Virgen, como lo denunció el padre Juan
Gualberto Caldas el 13 de junio de 1843: "cruces de esmeraldas, de perlas, rosarios
de cuentas de oro y su cruz en filigrana, gargantillas de perlas y aguacaticos de
esmeraldas, pulseras de perlas finas, plata y oro, cadenas y estrellitas de
adorno
" 26. Más lo cálices, la custodia, los
ornamentos y utensilios del culto; los vestidos, túnicas, mantos y sombreros de viaje de
la Virgen, con largas plumas blancas; las camisitas del Niño Jesús. Todo lo que recibió
por inventario Tomás Pérez de Vargas en 1574. Entre donaciones de patronos y fieles, la
Virgen alcanzó a reunir cincuenta piezas preciosas.
Cuando logró rescatar de la curia las
joyas donde se le había ordenado que las depositara, en 1877 el cura Hurtado se las dio a
guardar a su hermano José María y en algún documento dejó constancia de que lo hacía
para que las alhajas no corrieran peligro. Pero apareció un José María Hurtado, hermano
suyo o que se hizo pasar por tal, que desapareció todas las joyas, alteró el testamento
del Hurtado honrado y se puso a fiscalizar al nuevo capellán Eugenio Martínez. Cuando
éste fue a pedirle las alhajas de la Virgen, José María no sólo no se las quiso
entregar, sino que lo tildó de ladrón del tesoro. Tuvo entonces que ir el inspector IV
de la policía municipal. José María negó primero todo, pero finalmente entregó los
ornamentos y una corona, alegando que era todo cuanto tenía. El inspector se dedicó a
rondar la casa y encontró debajo de la cama de Hurtado un baúl que contenía un cofre
tapado, en el que se hallaban las joyas, aunque ya no aparecieron las más finas. El
señor inspector las confiscó.
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9a. semana de trabajo. |
En 1888 hay noticia de que el
arzobispo sabe en manos de quién están las alhajas, y de que en 1891 le pidió al
inspector IV de policía, Abelardo Concha, una lista de las joyas. Este contestó que eso
era reserva del sumario y que las alhajas habían sido depositadas en la tesorería
municipal, donde se perdieron para siempre. El padre Struve, que es quien revela poco a
poco y en desorden este caso policiaco, termina diciendo: "la investigación siguió
su curso conforme a las costumbres, es decir, terminó en nada" 27.
¿Se quedó con las alhajas Abelardo Concha, inspector IV de policía? ¿A qué manos
pasaron? ¿Dónde están hoy?
REINA DE LA PAZ
Quién sabe qué más cosas sucedieron en
La Peña, pues los archivos se quemaron en la curia el 9 de abril y las pesquisas de
Struve y las mías tienen que pegar un brinco hasta la guerra de los Mil Días. Subieron
los colombianos en peregrinación, con el presidente Marroquín y el arzobispo a la
cabeza, a pedirle a la Virgen que bendijera la paz entre los liberales y los
conservadores.
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| 11a. semana de trabajo. |
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Vigésima semana de trabajo. |
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Estado final de la
restauración. |
Dicen que Cristo
fue liberal
yo no le endoso
tamaño mal.
Si habló de un reino
Cristo, Señor,
¿no fue tanto
conservador...?
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Fiestas en el Alto de la
Cruz para celebrar la restauración.
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El país estaba arruinado, pero el
capellán Rosendo Pardo no tuvo inconveniente en vestir el santuario con cosas traídas de
Europa. Hay que anotarle su interés por la vida del santuario transcurrida antes de su
capellanía y la edición de un libro sobre su historia pero que realmente es una copia
del de Matallana.
Fue el único capellán que tuvo el
coraje de vivir en La Peña; a todos los sacaba corriendo el frío. Así fue con los
capuchinos, a quienes él mismo les hizo entrega en 1906, a pesar de las intervenciones
del arzobispo Bernardo Herrera Restrepo y de los de la Compañía de Gas. Bajaron el
cuadro de Vásquez Ceballos al convento de la Concepción, donde se instalaron y a donde
trasladaron las fiestas de la Virgen, encargándose ellos mismos, con esto, de separarlas
de las carnestolendas.
Sin embargo, éstas se quedaron arriba y
allá siguieron llegando generaciones de poetas y amanecidos a desenguayabar, y algunos a
sustraerle secretos a la mismita estatua de la Virgen, como cuentan de Eduardo Santos, de
Laureano Gómez y de Belisario, quien, lo mismo que Bolívar en la Independencia, y
Marroquín en los Mil Días, subió y la reinauguró en 1985, cuando andaba negociando la
paz con los guerrilleros.
VIDA MARIANA
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Santuarios de la Peña,
Guadalupe y Monserrate.
Durante la restauración, de la Ermita de la Peña, los materiales,
incluso el agua, tuvieron que subirse en helicóptero. |
Para el Primer Congreso Mariano
Nacional, en 1919, los capuchinos sacaron una Breve historia sobre el santuario. Después
de ellos, se hicieron cargo de él los cistercienses, desde 1933 hasta 1935; a estos los
sacaron los ladrones. Luego llegaron las Misioneras de la Inmaculada, que fueron traídas
de Medellín por doña Margarita Holguín y Caro, pintora y patrona de la parroquia de
Santa María de los Angeles. En 1936 ellas, a su vez, la entregaron a las Siervas de la
Sagrada Familia, y La Peña pasó a depender de la parroquia de Egipto hasta 1948. Hubo
que cerrar una escuela que tenían, por falta de alumnos, y volverla albergue de
huérfanas primero y después de "bobitas", a las que monseñor Ismael Perdomo
iba a visitar y llevar medallitas. Cuando en 1942 se estaba organizando el Segundo
Congreso Mariano Nacional, se propuso de patrona a la Virgen de La Peña, pero como que el
santuario les pareció muy pobre y alegando como disculpa el paro de los ferroviarios,
aplazaron el Congreso y después coronaron a la Virgen del Carmen. Por esta época, el
culto de la Virgen se hallaba muy disminuido, el santuario abandonado, el vecindario
peligrosamente frecuentado. Lo último que se sabe de La Peña antes que llegara Struve
Haker, en 1944, es que dos policías la cuidaban de los rateros.
OTRO REDENTOR
El padre Struve se movió sin descanso
para sacarla adelante, y lo logró. Se fue a vivir allá y, naturalmente, se llenó de
gripes y anginas, pero revivió el culto a la Virgen y sometió el santuario a una
intensísima vida religosa. Realizó un inmenso trabajo social en los barrios vecinos, del
cual queda constancia en sus abundantes publicaciones. Se dedicó también a hacer conocer
el santuario por cuanta forma y medio de propaganda pudo, entre ellos una dramatización
en el teatro Colón, una película, una guía en inglés con ocasión de la Conferencia
Panamericana de 1948. Invitó a colaborar en la reconstrucción de las ermitas al
batallón guardia presidencial (63 soldados, cargando tres ladrillos cada uno). Un 8 de
diciembre la visitó, en una peregrinación mariana, monseñor Emilio de Brigard. En 1945
Nuestra Señora de La Peña fue nombrada patrona de las vocaciones sacerdotales, y desde
entonces en un corazón de plata se inscriben los nombres de los seminaristas. El padre
alemán también montó un taller de carpintería siguiendo los pasos de su predecesor
Hurtado, que era carpintero y fabricó algunos muebles de la iglesia. Formó grupos de
jóvenes. Proyectó cine. Organizó un museo. Sembró árboles. Llevó al maestro Gonzalo
Ariza a que pintara varios cuadros y a que retocara los de Vásquez Ceballos. Formó una
colección de mariposas nocturnas de los alrededores. Y escribió, y escribió, y
escribió...
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Página del diario de
Struve, 1947 en el
que registra la donación de Ariza. |
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En el diario de Struve se
consignan con relatos fotos y estadísticas,
la historia de el Santuario de la Peña y sus feligreses. |
LA VIOLENCIA
La violencia que asoló al país desde
finales de los años cuarenta se refleja vivamente en el diario de Struve. No tanto la
violencia política que también se siente , cuanto la de la vida diaria y
cotidiana, resultado de la miseria. Ambiguamente se habla de la peligrosidad de La Peña,
la cual se precisa en noticias de prensa de la crónica roja, como las siguientes:
En este tiempo de zozobra los
hombres subían a esconderse al monte para que no los cogieran para el servicio militar,
que tanto temían, dice Struve. En esta época también trataron de robar La Peña varias
veces, causaron daños en la ermita del Alto de la Cruz y el ambiente general del
vecindario estaba caldeado.
"Hoy se entró en el Santuario un
soldado que había desertado de su puesto en las tareas que efectúa continuamente el
batallón de Guardia presidencial en los alrededores del Santuario, para robar la arquilla
del S. Párroco de Ars; pero se le descubrió y acosado por testigos confesó su delito.
El capellán le dio los consejos del caso y lo dejó libre" 28.
"En Los Laches [. . . ] un hombre se trajo una noche una muchacha para vivir con ella
en la pieza [. . . ] En el camino de subida tomaron; a unos cinco metros de la pieza,
fuertes dolores cogieron a la muchacha y la botaron al suelo entre gemidos. El hombre le
dio patadas para que no hiciera escenas en el camino público. Más tarde se bajó al
retén, en vista de que los dolores aumentaron sin cesar. Cuando llegó con dos policías,
la muchacha ya se había estirado muerta! Los vecinos no llamaron sacerdote porque
¿cómo, estando ella en pecado mortal? " 29.
El 9 de abril y los días que siguieron,
estuvo La Peña prendida. Por el diario de Struve nos enteramos de que incendiaron la casa
cural de su vecino el párroco de Las Cruces; que la "chusma (Condordia, Egipto,
Guavio)" (es decir, sus vecinos) salió a incendiar y saquear; que un policía pidió
refugio y permiso para guardar sus armas en el santuario; que allá llegó en calzoncillos
y sobretodo, a las nueve de la noche, un padre que salió huyendo por la sacristía
incendiada de la catedral; que días después aparecieron muebles, camas, puertas,
estantes, estolas, ornamentos, máquinas de escribir, telas, cortinas, cuadros, y que las
fueron a entregar gentes de Egipto, diciendo que se las habían encontrado; que entonces
Struve amonestó a sus fieles y los exhortó a que devolvieran lo que ellos también
tuvieran, pues ninguno se había acercado, garantizándoles guardar total reserva; que
"por la noche vino gente a informar a las hermanas de que los vecinos del Guavio
hubieran jurado perseguir al Capellán, darle muerte y poner fuego al Santuario [. . . ]
El lunes las hermanas alcanzaron a llamar al ejército; subieron tres soldados, soltaron
unos tiros para advertir su presencia y volvieron a bajar al Guavio a su retén, porque
ahí no hay sino seis soldados para todo el barrio. Yo confío en san José y le enciendo
dos cirios para que proteja el santuario" 30.
También cuenta Struve que
disminuyó la concurrencia, y hay que creerle a ojos cerrados, pues él tenía una
obsesión estadística que lo condujo a llevar cuentas diarias de la llegada de devotos y
visitantes, a pie y en carro. Por el contrario, en otra parte figura que "han sido
últimamente numerosas las misas pagadas en acción de gracias por algún favor recibido
de la Virgen de la Peña" 31.
LA PEÑA EN LA ACTUALIDAD
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Lienzo del Padre Struve
mandado a pintar por él. |
En 1968 Struve Haker, desgastado y
enfermo, regresó a Alemania dejando el santuario en plena actividad. Los párrocos que lo
sucedieron, siempre dominados por el fantasma de la inseguridad, prefirieron prestar sus
servicios desde Los Laches, en proceso de urbanización, y La Peña quedó relegada al
olvido y al cuidado de las Hermanitas de la Sagrada Familia. Hacia finales de los años
setenta el párroco de turno se esforzó en revivir las fiestas religiosas en el mes de
agosto; las carnestolendas, desde tiempos de Struve, quedaron definitivamente sepultadas.
En 1981 hubo un último robo: la Virgen se vio despojada de sus coronas y el cuadro de las
imágenes de Vásquez Ceballos desapareció para siempre. Los otros cuadros de los
Figueroas y los restos del museo de Struve se guardaron en la casa cural. Se necesitó que
llegara su actual párroco, Hernando Rojas, que lleno de entusiasmo y tesón se empeñó
en sacar adelante de nuevo el santuario y movió personas e instituciones eclesiásticas y
civiles hasta lograr la reciente restauración y recuperación de este histórico centro
mariano de la ciudad y el país. Según él, la Virgen volvió a sonreír.
NOTAS:
* Este artículo
está basado en la lectura de los libros y documentos de Juan Agustín Matallana y Ricardo
Struve Haker, párrocos e historiadores de la iglesia de La Peña
1 Juan
Agustín Matallana, Historia metódica y compendiosa del Santuario, 1815.
2 José María
Cordovez Moure, Reminiscencias de Santafé y Bogotá, t. IV, Bogotá, Biblioteca Popular
de Cultura Colombiana, 1942.
3 Matallana,
op. cit., pág. 2.
4 Ibíd.,
pág. 1.
5 Ibíd.,
pág. 26.
6 Ibíd.
7 Ibíd., pág. 30.
8 Ibíd.,
pág. 36.
9 Ricardo Struve Haker, Diario, 31 de agosto
de 1946.
10
Matallana, op. cit., págs. 36, 37, 38, 39 y 40.
11 Ibíd.,
pág. 4.
12 Ibíd.,
pág. 20.
13 Struve
Haker, Apuntes históricos sobre el Santuario de Nuestra Señora de La Peña, Bogotá,
Ed.Lumen, 1946.
14 Struve
Haker, Diario, 15 de marzo de 1947, pág. 87.
15 Struve
Haker, Apuntes históricos... , pág. 47.
16 Matallana,
op. cit., pág. 23.
17 Struve
Haker, Apuntes históricos... , pág. 47.
18 Daniel
Ortega Ricaurte, Cosas de Santafé de Bogotá, Bogotá, Academia Colombiana de Historia,
1959.
19 Struve
Haker, Ecos del Santuario, núm. 12, junio de 1947.
20 Cordovez
Moure, op. cit., pág. 125
21 Struve
Haker, El Santuario Nacional de Nuestra Señora de La Peña, Santafé de Bogotá, MCMIV,
Imprenta Nacional de Colombia.
22 Raúl
Silva Holguín, Valle del Cauca, tierra de promisión, Cali, Imprenta Departamental, 1964.
23 Joaquín
Tamayo, Nuestro siglo XIX, Editorial Cromos.
24 Struve
Haker, El Santuario Nacional... , pág. 300.
25 Struve
Haker, Apuntes históricos... , pág. 29.
26 Struve
Haker, Apuntes históricos... , pág. 22.
27 Ibíd.,
pág. 27.
28 Struve
Haker, Diario, 16 de octubre de 1947.
29 Ibíd., 7
de noviembre de 1947.
30 Ibíd.
31 Ibíd., 8 de
mayo de 1948. |