Vino así de improviso
cómo va a saber uno que el más común de los sentimientos
sirva igualmente de refugio a divinidades avasallantes,
mientras parado en una esquina de La Playa
echaba una ojeada a los titulares de la tarde
y un cielo radiante, sin una nube, fijo
entre los altos edificios, abrigaba una promesa igual para todos.
Vino un sentimiento disfrazado entre tantos otros,
y yo sin darme cuenta que aquél que apuntaba
entre mi actitud descuidada,
entre el simple dejarme vivir
que a esta hora me impulsaba a estar entre la gente,
disfrutando de su bullicio y color,
fuera el que de repente,
mientras creías pensar en otras cosas, en fuegos fatuos,
sin un anuncio una ola en el océano,
me diera un instante de anonadante belleza.
¡Fuera el que me diera un instante de fulminante verdad!
ELKIN RESTREPO
El café estaba a un lado, sobre la planicie, en el camino de regreso.
El jeep se detuvo y bajamos a beber una cerveza.
De repente nos dimos cuenta que la luz más vasta que hacía rato
difundía la tarde era ya la noche.
Una noche clara y llena de luces como la mirada de Dios.
Nos paramos a contemplarla.
Por momentos, allí fuera, el campo parecía alejarse hacia una soledad más blanca.
Sobre el horizonte, Marte acompañaba el recuerdo dorado de la luna
Como si una mano nos serenara, dejamos de hablar.
ELKIN RESTREPO