Cultura
radical a 30 grados
Aquí nadie es forastero.
Testimonios sobre la formación de una cultura radical: Barrancabermeja 1920-1950
Mauricio Archila
Ediciones Cinep, serie Controversia, números 133-134, Bogotá, 1986.
Con sus doscientas páginas, este
libro del profesor de la Universidad Nacional de Colombia e investigador del Cinep
Mauricio Archila se inserta de lleno en un álgido debate, en desarrollo desde hace algún
tiempo en el campo de la historia y, por necesaria extensión, en el de las ciencias
sociales en su conjunto: el de las fuentes, las técnicas y el significado social de
ambas.
Durante demasiado tiempo se ha reservado
la cientificidad para aquella historia que se fundamenta en los documentos escritos,
supuestamente los únicos portadores de fidelidad a los hechos, de objetividad y
rigurosidad, lanzando al limbo de la prehistoria o de la leyenda a la de las sociedades o
sectores sociales ágrafos de ayer y de hoy.
En concreto y para sociedades como la
nuestra, con sus elevados índices de analfabetismo entre los sectores populares que hacen
difícil cuando no imposible su producción, conservación, disposición y utilización de
materiales escritos, esa clase de historia implica la exclusión del pueblo del campo
histórico, convirtiendo éste en exclusivo coto de caza para los acontecimientos,
personajes, ideas, concepciones y juicios de las clases dominantes, detentadoras plenas de
la escritura en todas sus implicaciones.
Frente a tal situación, se ha ido
abriendo campo la utilización de la tradición oral en el quehacer histórico. Pero
también aquí el debate continúa. Archila deslinda campos con aquellos que quieren hacer
de la historia oral sólo una forma, un mecanismo más para "ensanchar la base de la
historia", utilizándola únicamente como una técnica, una fuente para ello.
Por el contrario, su propósito es abrir
el camino para que irrumpa en la historia la voz de los humildes, para que también su
historia, la de su resistencia, sus luchas, sus aspiraciones y sus juicios tenga cabida.
En palabras del autor, se trata de "hacer la historia de los de abajo" y no
sólo la de los de arriba.
Este propósito colorea con una luz nueva
la importancia de la historia oral; implica, incluso, un modo diferente y nuevo de hacer
la historia, a tal punto que haya sido necesario advertir al lector, en el comentario de
la cubierta, que ello se hará "sin perder el rigor del análisis".
Pero Archila intenta ir más allá, pues
su interés no es el de realizar un trabajo académico en aras de un mayor desarrollo de
su disciplina; no, su idea y propósito es que la historia de la resistencia popular en el
pasado sirva a las luchas presentes de ese pueblo, las ilumine y fortalezca. Así, se
trata de una verdadera recuperación de la historia, de una historia de la cual el pueblo
ha sido, en gran medida, desposeído por la historia oficial.
Y esa recuperación no puede hacerla el
investigador en forma individual y solitaria; es preciso que se haga en forma compartida
con esas clases subordinadas. Sin que baste con que aquél se haga el vocero de éstas;
ambos lados de la ecuación deben aportar en forma creativa, ambos necesitan poner en
juego toda la especificidad de su propia subjetividad en aras de un interés común, no
negando tal subjetividad, no tratando utópica y vanamente de dejarla de lado, sino
teniendo conciencia clara de ella y sacándole todo el partido posible, haciéndola
elemento central de la metodología de trabajo.
Archíla acepta que la fuente oral es
subjetiva; ¿pero acaso no lo es también la escrita? Se trata de la subjetividad de los
poseedores de la palabra frente a la de los poseedores del signo escrito. Es una
subjetividad frente a otra. Citando a Imelda Vega, nos dice que "toda aproximación a
la verdad histórica es parcial, parcializada, hipotética y provisional".
Aquí se introduce el concepto de
circularidad, de intercomunicación entre las dos fuentes, la oral y la escrita, pues cada
una de ellas permea a la otra, incide en ella, la tiene en cuenta y toma de ellas diversos
elementos. Es erróneo, pues tomarlas como puras e independientes en una sociedad como la
nuestra.
Pero también en el campo de la cultura
opera el fenómeno de la circularidad. La cultura popular no es tampoco pura, y menos
socialista; ella está teñida por la influencia de la cultura de las clases dominantes.
Esta idea es de gran importancia para el trabajo que nos ocupa, pues para su autor hablar
de formas de resistencia remite de inmediato al campo de la cultura como el contexto en el
cual se libran las luchas económicas y políticas, siendo necesario definir los conceptos
de popular y de cultura popular que constituyen el objeto de la
historia que se hace "desde abajo".
Aceptada, pues, la premisa de la
circularidad cultural, la afirmación de que la resistencia de las clases subordinadas es
permanente e histórica ofrece un camino para emprender el análisis, caracterizando la
cultura popular como "contradictoria, inestable, imprecisa y en constante
cambio". Con esta guía se adentra en el objetivo específico de este libro: el de
seguir los comienzos, el desarrollo y el debilitamiento de una cultura popular en Barranca
constituida teniendo como fundamento la implantación de la explotación capitalista del
petróleo por parte de la empresa estadounidense Tropical Oil Company.
La base de sustentación de su trabajo
son veintiuna entrevistas realizadas a antiguos obreros y empleados de la empresa, a
maestros, comerciantes, periodistas y políticos de la ciudad. Previniéndonos de antemano
sobre sus limitaciones, pues hay cosas que se olvidan, se reprimen o se
niegan, la memoria de los protagonistas, seccionada y reordenada por Archila, hace
desfilar ante nuestros ojos la vertiginosa transformación de la antigua aldea en
campamento y, después, en ciudad, deteniéndose en la caracterización de la familia,
casi inexistente en un comienzo, la juventud, la mujer y la religión, la discriminación
racial y, elemento de importancia, la leyenda negra sobre Barranca y su peso ideológico
en los esfuerzos de los sectores dominantes de la ciudad por conformar una
"sociedad".
Concluye el texto con la definición de
la cultura popular barranqueña como una cultura radical, que no socialista, la cual
cuestiona elementos centrales del sistema de dominación imperante en Colombia en esa
época; sin ser consistentemente anticapitalista, cosa que aparece con nitidez aun en las
entrevistas de los militantes del partido comunista, sí es antiimperialista,
anticentralista y con la solidaridad del trabajo como su eje, como se observa en la
peculiaridad que allí revistieron los acontecimientos del 9 de abril de 1948,
debatiéndose, al mismo tiempo, entre el cosmopolitismo derivado del origen múltiple de
sus pobladores y de la presencia de la empresa extranjera, y el regionalismo proveniente
de su contexto santandereano.
La nacionalización de la Troco marca el
comienzo de una "nacionalización" de la cultura radical, de un debilitamiento
de la misma y de su paulatina integración a las características culturales más amplias
del país.
Pero la tarea de Archila no termina con
el libro. Si el objetivo de esta recuperación histórica es "dar seguridad al pueblo
en sus recuerdos", cosa que es "de por sí un aporte [. . .] a las luchas de
resistencia" de hoy, se hace imperativo un proceso de devolución de sus resultados,
planeado a través de talleres, seminarios, canillas, etc., para así hacer real lo que el
pueblo expresa cuando "liga el pasado remoto con lo reciente", tal como lo
muestran las diversas entrevistas.
Aquí se encuentra, tal vez, el más
importante interrogante sobre la metodología de la investigación, sobre la manera como
Archila hizo operativo aquello de hacer la historia en forma compartida con las clases
subordinadas. Pues si ello fue así, ¿por qué es necesario "devolver" los
resultados? Si se obtuvieron en forma compartida, ¿por qué ellos no quedaron en manos de
los protagonistas que prestaron su voz al trabajo, sino sólo en las de Archila? Desde que
Orlando Fals Borda lo planteara por primera vez como una de las piedras angulares de la
investigación-acción, el problema sigue sin resolver: el papel de producir los
resultados de la investigación sigue siendo exclusivo del intelectual investigador.
LUIS GUILLERMO VASCO URIBE |