Del
crepé y la muselina
a las acciones heroicas
Crónicas de José María Cordovez
Moure
TABLA DE CONTENIDO:
INTRODUCCION
EL CONTADOR DE COMO SE BAILABA, SE VESTIA, SE COMIA Y OTROS
ACONTECERES PROSAICOS
MORALISTA DE BUEN HUMOR
"LOS CRIMENES DE DON PEPE CORDOVEZ"
SU
VIDA, SU MEJOR ESCUELA
DE
LAS GRANDEZAS Y FLAQUEZAS
UNA
OBRA PARA LA HISTORIA
SU
VIDA, SU MEJOR ESCUELA
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Ediciones de las
Reminiscencias de José María Cordovez Moure. |
Como escritor costumbrista, se
moldeó Cordovez Moure en el movimiento de El Mosaico, cuyo periódico fue la expresión
de aquellos intelectuales que se decidieron a escribir lo más fielmente posible acerca de
las costumbres resultantes del proceso de mestizaje en estos territorios. Animaba este
esfuerzo la intención de hacer resaltar lo propio frente a lo que se leía aquí sobre
las costumbres de otras latitudes, particularmente de Inglaterra y Francia.
Antes de Cordovez Moure habíanse
distinguido retratistas de costumbres como Caicedo Rojas y Guarín, José Joaquín Borda,
Ricardo Silva, Emiro Kastos, Eugenio Díaz, José María Vergara y Vergara y Luis Segundo
de Silvestre, entre otros. Las crónicas de todos ellos y las de quienes escribieron hasta
los primeros decenios de este siglo, son bien diferentes de la crónica moderna, que ha
convivido con el cine primero, y después con la televisión.
Además, porque los escritores de antaño
se ocupaban en pequeñas cosas. Para ser fieles, no podía ser de otra manera. No podían
registrar más que el acontecer provinciano de una sociedad que aún conservaba casi
intactas las estructuras coloniales del dominio latifundista y clerical, del estancamiento
que hacía que todas las manifestaciones sociales tuvieran la dimensión de lo pequeño y
parroquial.
A pesar de todas las crisis políticas y
de ciertos avances, la rutina y el tedio eran signo de la época, de lo que resultaba que
muchos de los sucesos fueran poco menos que pintorescos. Y no era que los escritores
escogieran situaciones triviales y asuntos insignificantes sobre los cuales escribir: la
vida transcurría en un estrecho universo en el que la mitad de su gente gastaba casi toda
su vida comiéndose a la otra mitad. Este ambiente lo plasmó José María Cordovez con
singular maestría a lo largo de su obra, tan llena de minucias y anécdotas sobre sucesos
cotidianos.
No se contaba Cordovez Moure entre los
que miraban el mundo desde una miope perspectiva, derivada de una holgada posición
sedentaria. Por el contrario, tuvo que luchar de muchas maneras por el sustento, incluso
laborando en el campo. Fue su padre, Manuel Antonio Cordovez, un inmigrante chileno y
acaudalado comerciante, patrocinador del arte. Cuando José María contaba tres años de
edad, decidió su padre trasladarse con toda la familia a Santafé en busca de un mejor
futuro para su negocio, después que la quiebra de la casa de Judas Tadeo Landínez,
intermediario financiero de aquellos tiempos y precursor de los escándalos de nuestros
días, ocasionara la ruina de don Manuel Antonio.
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| Firma de José María
Cordovez Moure. |
Años más tarde fue
cuando el joven José María, de diecisiete años, debió hacerse cargo del sostenimiento
de su familia que, además de sus padres, la integraban once hermanas. Primero, se
aventuró en el negocio de la quina, que lo llevó a inhóspitas selvas. Fracasado en esta
aventura, llegó hasta Quito en plan de comerciante, pero tampoco tuvo suerte. De regreso
al país ingresó en la burocracia oficial, en la que permaneció durante 45 años,
muy a su pesar, según se desprende de lo dicho a alguien que le sugirió trabajar con un
pariente rico:
Vamos por partes, señor Sáenz, nos
apresuramos a contestar. Me cree usted tan estúpido que yo prefiera permanecer, no digo
en el empleo actual, pero ni en la presidencia de la república, si tuviera medios de
ganar la vida sin correr las contingencias anexas a los que se convierten en fósiles y se
consumen en las oficinas públicas 17.
El primer cargo en la administración lo
obtuvo mediante el apoyo del general José María Obando, pariente de su madre, Josefina
Moure. Entre otros cargos, fue agente fiscal de la nación e inspector de ferrocarriles,
reconocedor bancario y custodio de las minas de Muzo, visitador de los consulados
colombianos en Europa y América, subsecretario del ministerio del Tesoro y, después,
ministro del ramo. Simultáneamente, desempeñó ad honórem las sindicaturas del hospital
de San Juan de Dios y del convento del Buen Pastor. También fue cónsul general de Chile
en Bogotá y enviado diplomático a Lima y uno de los fundadores de la Academia Colombiana
de Historia, en 1903.
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Retrato de José María
Cordovez
Moure. |
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Buena parte de sus avatares en la
burocracia quedaron consignados en sus Recuerdos autobiográficos. De la misma
manera, sus andanzas en el negocio de la quina y sus viajes a Quito y a Lima fueron
registrados en interesantes relatos donde cuenta acerca de la brega de la extracción de
lo que era el oro de la época, y sobre la vida y la gente de aquellas dos capitales. En
su autobiografía se aprecian además otros recorridos y peripecias en la vida de este
escritor que tampoco escapó a la curiosidad de formar parte de la masonería, bastante
mal vista en esos días. Sus viajes como cónsul los refiere en la sección de las Reminiscencias
que tituló Un viaje a Europa, en el que presenta al lector una detallada
visión de los lugares por donde pasó y donde residió. Están aquí presentados Nueva
York, Londres, París y otras ciudades de Bélgica, Holanda, Alemania, Suiza, Italia,
España y Haití. Es ésta una crónica de viaje detallada y vivaz, que debió de
reemplazar bien al cinematógrafo en los días en que este medio apenas comenzaba.
Del autor de las Reminiscencias se
ha dicho que no poseía vasta cultura intelectual. De esa que se regodeaba en el cultivo y
contemplación del espíritu aprisionado en métricos versos, parece que no la tuvo. En
cambio, se compenetró como pocos con el alma de su época y participó de todos los
sucesos grandes y pequeños de su tiempo. Conoció de la vida que llevaban no sólo las
clases con poder, sino también los labriegos, los artesanos y todos aquellos sectores que
conformaban el pueblo raso.
En cuanto a su erudición, no puede
considerarse poca, a juzgar por las referencias históricas universales y de los
escritores clásicos, que hace reiteradamente en sus escritos. Cordovez Moure tenía una
de las más amplias visiones que posibilitaba la época.
Aspecto curioso del escritor de los
recuerdos de Santafé y Bogotá es el hecho de que en toda su obra poco devela de su
propia vida personal. Ni siquiera en sus Recuerdos autobiográficos ofrece al
lector detalles de su existencia familiar, ese don Pepe que en todas las ocurrencias y
vidas se entremetía, inclusive en la de quienes hicieron nuestra historia patria.
DE
LAS GRANDEZAS Y FLAQUEZAS
Las crónicas de carácter histórico
ocupan amplio espacio de las Reminiscencias de Santafé y Bogotá. Allí discurren
aparejados hechos importantes con extravagancias y sorprendentes pequeñeces. Por ejemplo,
de José María Melo registra una de sus excentricidades, en donde se ve que las manías
de los dictadores americanos se remontan al siglo pasado:
Melo tenía dos magníficos caballos: uno
zaino retinto y otro bayo overo, y una preciosa vaca que tenía la rareza de la piel
flotante, que le arrancaba del cuello hasta la ubre. Estos tres animales puede decirse que
constituían la pasión favorita del futuro dictador, quien gozaba al verlos en su salón
de recibo, cuando se miraban reproducidos en los espejos, haciendo genuflexiones y otros
movimientos para cerciorarse de que eran ellos mismos los que se veían 18.
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Miniaturas de José
María
Domínguez 1830 aprox. |
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Los aspectos pintorescos de nuestra
historia, que tanto se complacía Cordovez Moure en contar, no solamente eran elementos de
aquellos sucesos de poca monta, sino que también fueron característica de hechos
relacionados con las grandes transformaciones económicas y políticas. Estos detalles
pintorescos constituyen la otra cara de las grandes acciones progresistas de los
estadistas de entonces; faceta que mostró el autor de las Reminiscencias en sus
escritos sobre los grandes personajes del siglo pasado y los avatares de las numerosas
guerras civiles.
Para mediados de siglo, las fuerzas
antagónicas habían madurado hasta fundar sus respectivos partidos políticos. Los
adversarios del estancamiento colonial se agrupaban en el partido liberal, aunque muy
pronto éste se vería escindido en dos fracciones principales: los gólgotas o radicales,
aferrados a la defensa del libre cambio, y los draconianos, voceros de los
gremios artesanales. Por su parte, la Iglesia y los latifundistas cerraron filas en torno
al partido conservador, el que tampoco escaparía a la división, esta vez entre
históricos y nacionalistas. El debate sobre los grandes temas del porvenir no se dio
únicamente en los recintos del Congreso, sino que se agudizó frecuentemente hasta
producir las numerosas guerras civiles de envergadura nacional y de carácter regional que
ensangrentaron al país hasta 1902.
A don Pepe Cordovez le tocaron los
primeros destellos del progreso propiciado por el desarrollo comercial: una gran actividad
ferroviaria empezaba a reemplazar los otrora escabrosos caminos para bestias, se
regularizó la navegación en barcos de vapor por el río Magdalena, se levantó una
ferrería en la población de Samacá, se inició la excavación del canal de Panamá por
la compañía francesa, se terminó el tendido de un tranvía de mulas entre Bogotá y
Chapinero, se inauguró en la capital una pequeña central telefónica dotada de veinte
líneas, y un cable submarino había enlazado el país con el mundo. Cordovez Moure se
mostró partidario entusiasta de estos progresos. No obstante, su actitud frente a otros
cambios que se operaban por esos años tiene varias facetas. Acerca de su filiación
política no existe mucha claridad, por su proceder contradictorio frente a ciertos
sucesos. No estaba ligado directamente a los intereses de la tierra o del comercio, y
aunque no perteneció en ningún momento al partido conservador, tampoco fue un decidido
partidario de los cambios radicales impulsados por los liberales, especialmente aquellos
que involucraron a la Iglesia y sus clérigos.
Fue así como Cordovez Moure se
pronunció en contra de las medidas liberales que tendían a contrarrestar la enorme
influencia ideológica y política de los curas, educadores de las conciencias no
solamente desde el púlpito sino también en la educación pública secundaria y
profesional, y predicadores muchas veces en contra de las reformas.
En la parte de sus Reminiscencias llamada
Mártires de ogaño, Cordovez Moure opina:
Desde el año de 1843 empezó la
hostilidad a la Iglesia Granadina por medio de leyes arbitrariamente contrarias al
espíritu y letra del Concordato que regía entonces. [
] A no dejar duda, [estas
medidas revelan] el principio de la tendencia de la fracción liberal conocido con
el calificativo de gólgota, primero, y después radical, a tomar por la
vía peligrosa del sectarismo religioso en abierta oposición con el antiguo liberalismo
que siempre fue creyente católico 19.
En cuanto a las disposiciones sobre el
poder económico de la Iglesia, principal terrateniente de la época, Cordovez Moure
también se muestra en desacuerdo. Los decretos expedidos por el gobierno de Tomás
Cipriano de Mosquera sobre tuición, en el que se exigía previo juramento de sumisión al
poder civil para ejercer el sacerdocio, y el de desamortización de los bienes de manos
muertas, que disponía la expropiación sin indemnización de los latifundios de la
Iglesia, agudizaron la guerra civil de 1860, en la que el clero tuvo participación muy
activa. Cordovez Moure comenta sobre las repercusiones de dichos decretos, no sin un toque
de humor irreverente:
Pasado el estupor del primer momento,
no quedó al clero otro recurso que el oponer fuerza de inercia hasta donde lo permitieran
las circunstancias; pero como el general Mosquera sostenía que su misión era la de
reformar prácticas añejas y corregir abusos, convocó a su casa de habitación al
arzobispo de Bogotá, al bondadoso señor Herrán, y a los prelados de los conventos de
esta ciudad, con el fin de discutir el medio de hallar un avenimiento con las dos
potestades [
] En el salón principal de la casa, perteneciente en la
actualidad al Banco de Bogotá, recibió el general Mosquera, vestido de gran uniforme
militar y rodeado de sus principales tenientes, al Ilustrísimo señor Herrán y a los
prelados de los conventos, quienes, como es de presumirse, hacían la figura de tímidos
corderos en medio de Lobos 20.
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"Personajes de
antaño", última crónica de
Cordovez Moure aparecida en Cromos
el 29 de junio de 1918.
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Pese a que Cordovez Moure se
mostró opositor a las medidas contra el poder clerical dictadas por el gobierno de
Mosquera, en la práctica lo apoyó al colaborar en la defensa de Bogotá cuando ésta fue
atacada por la conservadora guerrilla de Guasca, el 4 de febrero de 1862. Cordovez
justifica su participación en esta acción armada en defensa del gobierno liberal, en sus
Recuerdos autobiográficos:
Entre los diversos actos de la vida que
nos han causado remordimiento se cuenta el de haber tomado parte activa en aquella
emergencia, en la que nada nos iba ni venía, y, antes bien, mediaban poderosas razones
para alejarnos de toda contienda que acarreara peligro de muerte: éramos el único apoyo
de nuestros padres y hermanos, nos ocupábamos en trabajo de campo que nos proporcionaba
los recursos apenas suficientes para atender las necesidades de nuestra familia, y, en
consecuencia, no nos pertenecíamos; pero pudo más el deseo egoísta de figurar como
patriotas de ocasión, y nos presentamos en el edificio de San Bartolomé a correr con las
contingencias de aquella aventura 21.
El remordimiento de Cordovez Moure parece
deberse a lo que cuenta más adelante en este relato de la toma de Bogotá por los
conservadores:
Expuestos a los proyectiles que el
enemigo nos enviaba de la casa consistorial y de la esquina del palacio de San Carlos,
pronunciamos la fatídica palabra equivalente a una sentencia de muerte, porque tuvimos la
desgracia de herir a uno de los del grupo indicado, que cayó del alto andén de las
galerías al piso de la plaza, debatiéndose en las convulsiones de la agonía, en tanto
que los compañeros huyeron dejándolo abandonado. En vista de aquella escena de horror,
experimentamos la sensación de remordimiento que debe atormentar al homicida enfrentado a
su víctima. Arrojamos el maldito fusil que nos había servido de medio para dar muerte a
ese infeliz, y no volvimos a ejecutar ningún otro acto ofensivo en aquel combate 22.
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Miniatura de José María
Domínguez 1830 aprox.
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Al final, Cordovez Moure no
permitió que en el parte de los liberales triunfantes lo registraran como uno de los
patriotas de la batalla, para evitar, según él, las represalias a las que estaba
expuesto en su trabajo de campo.
En la parte de su obra titulada Una
epopeya militar, acerca de la campaña militar de 1862, quedan plasmados, al mismo
tiempo, las grandezas y flaquezas de este importante acontecimiento y de quienes lo
protagonizaron. Al comienzo de este relato, Cordovez Moure muestra la talla de estadista
de Tomás Cipriano de Mosquera:
Con la actividad que caracterizaba al
general Mosquera en todos sus actos, lanzó ejércitos al norte, sur y occidente de la
República en persecución de las huestes legitimistas, "quemó las naves" al
promulgar los decretos sobre tuición (20 de julio); expulsión de los jesuitas (21 de
julio); desamortización de los bienes de manos muertas (9 de septiembre); afrontó una de
las situaciones más difíciles y complejas que se ha dado en impulsar un hombre de
Estado: adoptó el glorioso nombre de Colombia en vez del de Confederación Granadina, que
llevó la República hasta el 24 de septiembre de 1861, y extinguió las comunidades
religiosas (5 de noviembre del mismo año) 23.
En Una epopeya militar, Cordovez
Moure también destaca el valor de los liberales de la capital, quienes, inferiores
numéricamente en una tercera parte a los conservadores, se batieron durante casi tres
días en condiciones desventajosas, atrincherados en el convento de San Agustín, donde
resistieron hasta la llegada del general Mosquera.
Compaginados con estas acciones heroicas,
sucedían otros hechos sorprendentes de improvisación, como el siguiente contado por
Cordovez Moure:
No transcurrieron muchos días sin que
toda la parte oriental de Cundinamarca fuera el territorio que dominaba la guerrilla, por
lo cual resolvió el general Mosquera enviar dos expediciones, por el norte y por el sur,
a batirla entre dos fuegos; pero el supremo dictador de la guerra "no contaba con la
huéspeda". [
] De las Antillas, a su paso por Europa, envió el doctor
Manuel Murillo Toro el primer armamento que pudo comprar, y que se componía de dos mil
fusiles de piedra y caja amarilla. Apenas llegó a Facatativá se armó el ejército con
ellos.
Ya hacía dos días que había salido la
fuerza en persecución de la guerrilla cuando se le ocurrió al general Mosquera foguear
la tropa con el nuevo armamento en una gran parada. A la voz de "fuego por los
batallones", no estalló ni un solo tiro; los jefes creyeron que los soldados sólo
habían hecho el ademán de cargar; pero pronto salieron del error. Examinados, aunque
tarde, los fusiles, se vio que los eslabones eran de estaño. Dejamos al lector la
consideración de la sorpresa y disgusto del general Mosquera al ver que el deseado
armamento era inservible, a menos de reponer en acero la pieza indispensable para hacer
fuego, y lo más grave aún: que ya no había tiempo de prevenir a las fuerzas que, con
dichos fusiles, creían que llevaban buenas armas para combatir y que, llegado el caso,
serían derrotados, como en realidad lo fueron en el primer encuentro que tuvieron con la
guerrilla en el puente del Ají 24.
Una escena menos grave, pero que muestra
bien la condición de indigencia que se daba al lado de la valentía en estos ejércitos,
lo registra el cronista en el siguiente fragmento:
El general Mendoza pernoctó en Guasca
con su fuerza. Entre los soldados liberales iba un mulato caucano, que empezó a merodear
y tomó una olleta de cobre en una casa. Sabedor de esto el general, ordenó que
devolviera el utensilio a su dueño; pero el ratero resistió con insolencia, alegando que
el Manco Mendoza quería apropiarse la olleta. Semejante ultraje, inferido al frente de la
tropa y del enemigo, hizo necesaria una pronta y ejemplar reparación. El general Mendoza
era hombre humanitario, enemigo del derramamiento de sangre, y mandó decir al mulato que,
si no daba pública satisfacción, lo haría fusilar; pero éste era uno de los
democráticos perreristas * del Cauca, díscolo e intratable, y recibió
la intimidación con soberano desprecio, manifestando que, mientras viviera, no
devolvería la olleta.
Por la disciplina del ejército se
ejecutó a aquel desgraciado, que no quiso morir como cristiano. Lo fusilaron sentado en
una silleta [
] después de gritar, endemoniado, que dejaba la olleta al Manco
canalla 25.
No deja de llamar la atención que
estadistas de la talla de José Hilario López y Tomás Cipriano de Mosquera se hubieran
visto envueltos en rencillas poco menos que ridículas en aquellos momentos que reclamaban
su unidad. Cordovez Moure cuenta acerca de estas enemistades, a propósito de una escala
del general López en Pitayó (Cauca), donde acampaba con sus tropas, situación que
presenció el autor de las Reminiscencias por aquellos días de su trabajo en la
quina:
[
] el general López invitó a
los jefes que lo acompañaban a la frugal comida [
] Despachados los manjares [
]
alguien empezó a leer los versos publicados por José María Vergara y Vergara [
]
La lectura marchó bien hasta que el lector pronunció estas frases alusivas al general
Tomás C. de Mosquera: "Dos veces héroe y tres Libertador". ¡Quién dijo tal!
Un cañonazo no habría repercutido como el monumental viscaíno que soltó el general
López, seguido de formidable puñetazo, que desvencijó la mesa [
] Sólo
un miserable poetastro puede atreverse a calificar de héroe y libertador al fanfarrón de
"Mascachochas" gritó fuera de sí el general López. [
]
Siete años después, el general López se puso a las órdenes del aborrecido Mascachochas
26.
Muestra de que Cordovez Moure no
perteneció a la corriente radical del liberalismo, la constituye también el hecho de
que, luego de la derrota de esta fuerza, continuara en la administración pública, donde
permaneció hasta finalizar el quinquenio del general Rafael Reyes. Durante el gobierno de
Carlos E. Restrepo fue destituido, en circunstancias que lo llenaron de decepción, según
lo refiere en sus Recuerdos autobiográficos:
Queda referido en estas memorias que,
permitiéndose las reglas de cortesía que rigen hasta con las cocineras cuando no se las
necesita, apareció publicado en el Diario Oficial el decreto que nos arrojó a la calle
después de cuarenta y cinco años de servicios continuos a la República 27.
UNA
OBRA PARA LA HISTORIA
La narración de sucesos históricos
integra buena parte de la obra de Cordovez Moure, muchos de los cuales remontan la
historia propiamente dicha de Santafé y Bogotá. Es así como dedica bastantes páginas a
las idas y venidas, públicas y privadas, de los generales Mosquera y Obando; por ejemplo,
las de La conspiración del 23 de mayo de 1867, que ocupan un volumen completo y
buena parte de otro. También por su pluma pasaron muchos episodios de las guerras
civiles, como la cautividad de Mariano Ospina Rodríguez en 1861 y las elecciones
presidenciales del 7 de marzo. Con igual propiedad relató hechos que no le eran
contemporáneos, como la Batalla de Ayacucho, a propósito de cumplirse cien años de este
suceso; la conspiración septembrina de 1828; y el capítulo que llamó Represalias, en
el que describe el período de "pacificación" de Pablo Morillo, el gobierno del
virrey Sámano, el fusilamiento de numerosos patriotas, como Policarpa Salavarrieta, y el
de los oficiales del ejército realista.
La validez de los escritos de Cordovez
Moure como fuente histórica ha sido muy cuestionada. Acerca de la exactitud, existen
testimonios que destacan este aspecto, como los de las dos cartas que se citan a
continuación.
Tengo que agradecerle el envío del libro
de Cordovez escribía desde Londres don Bendix Koppel a un amigo que le había
remitido el primer volumen; he gozado mucho con su lectura. Son extraordinarias su
memoria y su exactitud. Durante la revolución de Mosquera, recordará usted, estuve todo
el tiempo entre los dos ejércitos beligerantes en la Sabana, y su descripción es exacta
en todo 28.
Y la otra, enviada por Agustín Mercado
al propio Cordovez Moure:
Como testigo presencial en la
reconciliación entre el general Tomás Cipriano de Mosquera y José María Obando, que
tuvo lugar en Popayán en agosto de 1859, en casa de mi padre Ramón Mercado, puedo
asegurar que es perfectamente exacta la relación que de tal suceso haces en el capítulo
de tus Reminiscencias que lleva por título La conspiración del 23 de mayo de
1867 29.
En cambio, su fidelidad histórica ha
sido cuestionada, por ejemplo, en el capítulo Juicio y ejecución de José Raimundo
Russi y demás compañeros, en el que Cordovez Moure condena a este personaje, sin que
su culpabilidad hubiera podido ser comprobada en el juicio. En su libro Procesos
célebres y acontecimientos varios, su autor, Manuel José Esguerra Robles, dice
acerca de lo escrito por Cordovez Moure sobre este caso:
No pretendemos, bajo ningún aspecto,
hacer defensa alguna a un reo que fue sentenciado y condenado a muerte hace ya el espacio
de 96 años. Unicamente aclaramos puntos importantes
de una célebre causa histórica, fallada, al parecer, sin el estudio debido. Como
también hemos de rectificar, en el curso de nuestra narración, ciertas aseveraciones que
hace en sus Reminiscencias el señor Cordovez Moure, relativas al proceso que nos
ocupa, y que son perfectamente contrarias a la realidad de los hechos 30.
En cuanto a la historia menuda y sus
cuadros de costumbres, la discrepancia es menor. Pudiera parecer que esta crónica
detallada, sobre cosas triviales, estuviera de más como documento histórico. Pero si se
piensa que aparte de la pluma de los escritores costumbristas no existe otra manera de
conocer los pormenores de la forma como transcurría la vida de nuestros antepasados,
habida cuenta de que las imágenes de la fotografía y el cine son posteriores, resulta
entonces que estos relatos de trivialidades representan la única fuente para apreciar el
marco social de los sucesos importantes de la Colombia aldeana del siglo pasado.
Proporcionan estas obras literarias la carne y el nervio al esqueleto histórico de los
documentos oficiales, periódicos y memorias de los estadistas de la época. Los escritos
costumbristas han sido fuente de primera mano en la admirable labor de revivir la historia
en la televisión o el cine.
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| Miniatura de José María
Domínguez 1830 aprox. |
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Su obra, de calidad desigual,
aunque en general de un estilo moderno y fresco, opuesto al formalismo imperante por
aquellos días y que en sus mejores páginas recuerda la prosa cervantina, posee innegable
valor. De Cordovez Moure dice Elisa Mújica que se halla entre los principales
historiadores de la Bogotá del siglo pasado, junto con Pedro María Ibáñez y Eduardo
Posada.
Heredero de una tradición española que
cultivaron de manera maestra Cervantes, Quevedo y Lope de Vega, don Pepe maneja un
magnífico sentido del humor que lo coloca en primera fila entre los cultores de la
llamada "chispa de los cachacos", al lado de personajes como Fray Lejón y Klim.
Pero la fidelidad histórica y la calidad
formal no son los únicos aspectos controvertidos de los escritos de don Pepe. Es la suya
una obra contradictoria, producto de un carácter también contradictorio. Este autor no
vacila en mezclar hechos menudos con sucesos importantes, temas agradables con cuadros
rayanos en lo macabro.
Juzgar históricamente a Cordovez Moure
es complicado. Si se pretende situarlo en alguna de las corrientes políticas de su
convulsionada época, a juzgar por su obra, el resultado es complejo. Se declara decidido
partidario del progreso, pero a renglón seguido se lamenta de la situación que este
progreso ha producido; al hacer un balance entre Santafé y Bogotá, el autor se queda con
la primera. Masón y mosquerista, pero poco amigo de los idearios liberales franceses,
retomados por los radicales criollos, a la vez que ferviente católico y clerical.
Burócrata de larga data, pero de espíritu abierto y aventurero. Es el tipo de personaje
que reúne en sí los más disímiles adjetivos. En fin de cuentas, lleno de virtudes y de
flaquezas, con una aguda curiosidad y un gran sentido del humor, que le impide incluso
tomarse a sí mismo en serio, Cordovez Moure es fuente obligada de todos aquellos que
quieran acercarse a la historia de Santafé y Bogotá en el siglo pasado.
NOTAS:
1 Luis Augusto
Cuervo, Boletín de Historia y Antigüedades, julio-agosto, 1944, pág. 667.
2 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias de Santafé y Bogotá, Bogotá, Biblioteca
Popular de Cultura Colombiana, 1946, vol. X., págs. 221-222.
3 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, "Recuerdos autobiográficos",
Bogotá, Librería Americana, 1913, serie VIII, pág. 8.
4 José María
Cordovez Moure, Reminiscencias Bogotá, Librería Americana, 1899, serie I, págs.
3-10.
5 Ibid.,
págs. 26-27.
6 Ibid.,
págs. 99-104.
7 Ibid.,
págs. 61-62.
8 José María
Cordovez Moure, Reminiscencias. . . Bogotá, Librería Americana. 1900, serie II,
págs. 389-391.
9 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Librería Americana, 1899,
serie 1, págs. 65-69.
10 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, "Recuerdos
autobiográficos", Bogotá, Librería Americana, 1913, serie VIII, pág. 446.
11 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Librería Americana, 1899,
serie 1, págs. 61-62.
12 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Biblioteca Popular de
Cultura, 1941,Tercera edición, págs. 19-21.
13 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias..., Bogotá, Biblioteca Popular de Cultura,
1942, vol. II, sexta edición, págs. 276-278.
14
José María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Librería Americana,
1899, serie 1, pág. 215.
15 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, "Recuerdos autobiográficos",
Bogotá, Librería Americana, 1913, serie VIII, pág. 64.
16 Juan
Luis Panero, Prólogo de Reminiscencias
, Bogotá, Círculo de Lectores,
1985, pág. 5.
17 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Círculo de Lectores, 1985,
pág. 432.
18 Ibíd.,
págs. 146-147.
19 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Biblioteca Popular de
Cultura, 1942, vol. II, pág. 40.
20 Ibíd.,
págs. 46-47.
21 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, "Recuerdos
autobiográficos", Bogotá, Librería Americana, 1913, serie VIII, págs. 297-298.
22 Ibid.,
pág. 303.
23 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, Bogotá, Círculo de Lectores, 1985,
págs. 261-265.
24 Ibíd.,
pág. 264.
25 Ibíd.,
pág. 263.
26 José
María Cordovez Moure, Reminiscencias
, "Recuerdos
autobiográficos", Bogotá, Librería Americana, 1913, serie VIII, pág. 527.
27 Ibíd.,
pág. 586.
28 Daniel
Samper Ortega, Senderos, núm. 20, septiembre de 1935, pág. 121.
29 Idem.
30 Manuel
José Esguerra Robles, Procesos Célebres y acontecimientos varios, Bogotá,
Editorial ABC, 1947, pág. 94. (Nota de pie de página de Reminiscencias de Santafé y
Bogotá, Bogotá, Círculo de Lectores, 1985, pág. 145).
* Provino este término
porque la gente levantisca del valle del Cauca solía usar el látigo llamado perrero. |