Cafeteros y cafetales del
Líbano
María C. Errazuriz
Universidad Nacional, Bogotá, 1986,382 págs.
Este libro de la geógrafa María C. Errazuriz forma parte de la colección que
en buena hora está editando la Universidad Nacional. No es necesario explayarse aquí en
lo positivo que es para el primer centro de enseñanza universitaria del país la
publicación de numerosas obras inéditas y algunas reediciones destacadas. Baste señalar
que es un paso más en el necesario acercamiento de la universidad a la realidad del
país.
Cafeteros y cafetales del Líbano constituye un buen ejemplo del aporte
de la geografía a las ciencias humanas y de la articulación entre estas distintas
disciplinas. Todo ello en el contexto de un estudio local: el del municipio del Líbano,
situado en el noroeste del departamento del Tolima. El libro consta de cuatro grandes
partes, las dos primeras más históricas que el resto, siendo el estudio de los
acontecimientos contemporáneos el núcleo de la publicación. La primera sección es una
apretada síntesis histórica de la economía cafetera municipal hasta los años
cincuenta. En la segunda parte se estudia el impacto de la Violencia en la vida del
Líbano. El proceso de tecnificación local introducido por la aplicación de la variedad
caturra es trabajado en la tercera parte. Finalmente, en la última sección del libro se
estudia la explotación cafetera en el Líbano de hoy en día, para concluir con una breve
tipología de las unidades productivas y sus perspectivas futuras. El lector encontrará
en esas páginas un exhaustivo análisis, llegando casi hasta el cansancio, de los
distintos sistemas de contratación de la mano de obra, beneficio del café única
fase industrializada de la economía cafetera, comercialización y crédito, todo en
el contexto de los cambios tecnológicos adelantados en los años setenta. La novedad del
texto radica en mostrar cómo las transformaciones técnicas tienen profundas
consecuencias sociales.
Según describe María C. Errazuriz, en los años setenta se generalizó en el Líbano
el cultivo de la variedad caturra, que hizo que el municipio pasara del vigésimo lugar en
la producción cafetera nacional al quinto en el lapso de pocos años. La autora señala
al Líbano como una especie de planta piloto de cultivo de la nueva variedad.
Paralelamente al incremento de la productividad, se presentan profundas consecuencias
sociales, que obviamente serán diferentes según los grupos sociales vinculados a la
actividad cafetera. La disminución de cultivos de pancoger, la sustitución del trabajo
familiar por trabajo asalariado, la dificultad de acceso al crédito y a una tecnología
avanzada, muestran indudablemente que los cambios ocurridos en los setenta tienden a
debilitar las explotaciones cafeteras minifundistas y familiares, fortaleciendo la mediana
y gran empresa cafetera. Cafeteros y cafetales del Líbano no es, en consecuencia,
un frío estudio sobre las supuestas bondades de una nueva tecnología en el cultivo del
grano. Por el contrario, allí se describe minuciosa y objetivamente las diversas
implicaciones de dichos cambios.
El hecho de trabajar un proceso local tiene sus ventajas, pues se puede ilustrar
empíricamente, hasta la saciedad, las transformaciones de todo tipo. Sin embargo, el
localismo en el análisis conduce a conclusiones de dudosa generalización. Para subsanar
esta dificultad, la autora intenta moverse, sin mucho éxito, entre el polo nacional y el
local, especialmente en las primeras secciones del libro. Donde mejor se observa este
intento es en el análisis del funcionamiento de la Federación de Cafeteros que, aunque
general, es de gran interés. Particularmente llama la atención la tesis esbozada en el
libro acerca de la "neutralidad" de la Federación en el conflictivo período de
la Violencia. De ser cierta esta hipótesis, el papel de la Federación adquiriría una
nueva dimensión en la historia del país, y de paso replantearía aquellas perspectivas
que ven una politización exagerada en todas las instituciones nacionales en dicho
período.
Mirando en conjunto la publicación, salta a la vista la debilidad de la primera parte,
pues se trata de una apresurada síntesis de procesos históricos nacionales y locales,
apoyada exclusivamente en fuentes secundarias. Ello es explicable en la medida en que el
núcleo de la investigación era el período más contemporáneo. En consecuencia, el
aporte del libro de María Errazuriz radica no tanto en el análisis histórico, cuanto en
las consecuencias de los recientes cambios tecnológicos. Por ello no dudo en calificar a Cafeteros
y cafetales del Líbano como un completo texto sobre la explotación cafetera
en uno de los principales municipios productores del preciado grano. El rigor empírico y
el tratamiento cuantitativo de las variables debe elogiarse, así como la minuciosidad en
el análisis de los distintos componentes de ese complejo tejido que es la economía
cafetera. Sus conclusiones proyectivas, que señalan el debilitamiento de las pequeñas
explotaciones familiares, siguen vigentes a pesar de que la coyuntura cafetera haya
variado en los últimos meses.
MAURICIO ARCHILA N.