El que nunca se debió morir
Queremos tanto a Julio
20 autores para Cortázar
Edición preparada por Hugo Niño
Editorial Nueva Nicaragua. Managua, 1984
Había sido pensado para que él lo
leyera. Como un acto de amor: "Este libro dice el pretexto editorial no
es, pues, un homenaje; ni el libro de Cortázar, ni bastante menos: es una conspiración
impúdica para dejar conocer todo lo que uno siempre sintió pero jamás se atrevió a
publicar acerca de un gran hombre al que por eso queremos tanto, pretextando este modelo
para decirle gracias, Julio".
Ninguno de los veinte que aquí escriben
pensó que se muriera algún día, como indican ciertas apariencias y la telefoto de su
entierro. Son testimonios y cartas sobre él, y para él. Para él. Uno no cree que la
gente que ama pueda morirse y por eso llega a desear su muerte, como sucede aquí, en la
única alusión de todo el libro a la muerte de Cortázar. Escribe Tomás Borge:
Carol me llamó una
noche para hablar a solas. Tenía fuertes dolores en los huesos; con manos llenas de
misterio y ojos dulces me comunicó el secreto de que le quedaban pocos meses de vida.
Lo que me conmovió y me
conmovió más, cuando aquel secreto fue develado por el drama, fueron sus palabras:
"Quisiera que Julio muriera primero que yo para evitarle el dolor de mi muerte".
Un libro vital y hermoso, que corrobora,
con veinte testimonios de sus amigos, el amor que le tenemos tantos que no lo conocimos.
Y, antes de hacer un recuento de los otros diecinueve, es forzoso transcribir el más
bello y el más corto de todos ellos, debido a Augusto Monterroso y titulado Innumerables
razones:
Queremos tanto a
Julio: buen plural. Efectivamente, mi mujer Bárbara Jacobs y yo queremos mucho a |