Protagonista: Medellín
Agua de luto
Jaime Espinel
Universidad de Medellín,
Medellín. Vol. 35, 1982
Con agua que no ahogue y
vino que no trastorne cualquiera hace buen mundo.
Macedonio Fernández
Marginalidad dentro de la marginalidad,
podría sentenciarse sobre la obra narrativa de Jaime Espinel. Pues si en algún momento
el nadaísmo fue medianamente marginal, en su seno había, como en un bolsillo secreto,
otra marginalidad: escritores casi inéditos como Espinel o como Cachifo Navarro, gestaban
una obra mucho más silenciosa que la de sus compañeros del grupo nadaísta, y, quizás,
con relación a la escasa narrativa del movimiento, más ambiciosa.
Los dos libros de Jaime Espinel fueron
publicados mucho tiempo después que pasara el tropel nadaísta. En el 75 publicó su
primer libro de cuentos: Esta y mis otras muertes, y, más recientemente Agua
de luto (1982). Sin embargo, la obra de Espinel no resulta lo suficientemente
conocida, no obstante ser punto relevante en la casi siempre monótona llanura narrativa
del país.
Un tono acezante recorre estos cuentos de
Agua de luto, algo que reproduce el acelerado corazón de la ciudad, y que se
siente en cada uno de sus siete cuentos. El personaje central de estos cuentos de Espinel,
en realidad, es la ciudad. Una ciudad poblada de fantasmas, a la sombra del fantasma de
Gardel. Hombres que escasamente ríen, porque ya han recibido, como en el poema de Brecht,
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