Noches de Cartagena
Cartagena
Hernán Díaz
Fondo Educativo Interamericano. Bogotá,
1983
Hernán Díaz es el más
importante fotógrafo colombiano. Perteneciente a una generación que en literatura está
representada por García Márquez, en pintura por Obregón, en arquitectura por Martínez
Sanabria, en política por Belisario Betancur, Hernán Díaz ha sido corresponsal de Time,
de Fortune, de Life, de Monitor; fue fotógrafo del Christian Science Monitor; fue el
primer fotógrafo colombiano de quien el Museo de Arte Moderno de Bogotá organizó una
muestra individual representó a Colombia en la Bienal de Venecia y ha ejercitado la más
productiva labor profesional, pedagógica y creativa en la fotografía colombiana.
La bibliografía de Hernán Diaz
comprende una lista larga que comienza por Seis artistas colombianos, realizado
conjuntamente con Marta Traba en 1963, y culmina con un libro documental de denuncia sobre
la destrucción de los cerros orientales de Bogotá, Diario de una devastación. Su
opus máxima, hasta ahora publicada, es, sin embargo, este espléndidamente presentado
volumen sobre Cartagena que ahora editó el Fondo Educativo Interamericano.
Lo primero que habría que anotar sobre
este libro, es que en él se incluyen imágenes tan conocidas, en afiches y diferentes
publicaciones, que se diría que estas fotos de Hernán Díaz son ya parte del acervo
común de la imaginería nacional. Nuevas visiones, ya establecidas como una forma natural
de la belleza colombiana.
Pero el libro va más allá. Pareciera
que Cartagena es un tema que los artistas, llámense fotógrafos o historiadores, sólo
abordaran como un acto de amor. El prologuista de este libro, Belisario Betancur, advierte
uno de los aspectos más notorios de Hernán Díaz así: "Desde cuando, muy joven,
Hernán Díaz se reveló como uno de los mejores fotógrafos de Colombia, siempre ha sido
motivo de admiración la versatilidad con que se enfrenta a un repertorio temático
múltiple, desconcertantemente variado: el autor de hondos retratos de mujeres hermosas y
de niños atónitos, de paisajes y de bodegones (cuesta trabajo desprenderse de estas
engañosas analogías con la pintura), de joyas y del detalle o del conjunto de una
arquitectura". Y esta versatilidad, que le permite hallar las imágenes que tomará
su cámara como si fuera un trabajo poético, transformará la visión: "lo que
Hernán Díaz consigue no es recuperar el recuerdo sino inventarlo, dar forma y presencia
a seres y lugares que habíamos percibido borrosa o imperfectamente, o al menos, sin el
rigor de su mirada de artista".
Una visión personal; una visión en los
dos sentidos de la palabra: imagen percibida por el ojo y, también, alucinación, sueño.
Una ciudad personal, que se recorre con el rigor y la finura de un poeta. Díaz, además,
es buen prosista, y en hermoso prólogo nos presenta una especie de representación
fantasmal; ahí está él mismo, el artista, el fotógrafo, el poeta, haciendo carne las
palabras de otros poetas, de Salinas y de Cavafis.
La introducción de Hernán Díaz a este,
su antológico libro sobre Cartagena, es como el cuaderno de bitácora de un poseso, que
circula por su personal Cartagena de la mano del azar, de la mano de la música. Un
recorrido iluminante, de hechizado: "De pasar por aquí, Ulises no habría
regresado". Una voz de cierta prosaica cordura, equivocada por definición, nos
diría que estas apariciones fantasmales que el fotógrafo describe en su prosa, son
apenas fantasías del artista, delirios nocturnales. El desmentido vendrá después, a lo
largo de estas, alrededor de cien, magistrales fotografías.
Fotografías que trazan un itinerario
espiritual y visual, que construyen una nueva mitología. Allí están los escenarios más
ilustres de la ciudad, castillos y murallas, conventos e iglesias, edificios del clero o
del Estado, escenarios de un encantamiento más profundo, que Hernán Díaz revela: las
frutas y el mar, la belleza de las negras, el reverberante y bullicioso gentío, los
hombres y mujeres humildes, sus casas y sus ropas, formando parte de un paraíso visual
descubierto, inventado, como se inventa el recuerdo, por Hernán Díaz.
Si en el plano de su materia temática,
Hernán Díaz reelabora el lenguaje visual de un lugar privilegiado, de por sí hermoso,
en el plano de la creación fotográfica el trabajo de Hernán Díaz es ejemplar y se
inscribe dentro de la mejor tradición clásica en la fotografía. Por la originalidad de
su visión, lo que ha hecho Hernán Díaz con Cartagena es análogo a lo que hace setenta
años hizo Alfred Stieglitz con su Nueva York.
D.J.A. |