Boletín Cultural y Bibliográfico.  Número 1Volumen XXI,   1984

 

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Europa dictaba la moda (en Imágenes y recuerdos, Barcelona, 1978).

La mujer santafereña en el siglo XIX
PATRICIA LONDOÑO
Historiadora de la Universidad de Antioquia.

TABLA DE CONTENIDO


BUENO Y CASTO EL PENSAMIENTO
TODAS A CUIDARSE
PARA ENTRETENER EL OCIO
RUTINAS, CASAS, PATIOS Y COSTURAS
TIEMPO PARA TODO

REUNIONES Y TERTULIAS
NO TODO ERA "HOGAR, DULCE HOGAR"
BAILES Y PASEOS
OTRAS CLASES, OTROS OFICIOS
¿QUE NO SE TRABAJABA?
Y... LAS QUE SE LEVANTABAN LA FALDA

Las primeras décadas del siglo XIX fueron para la nueva república de Colombia un período inestable, marcado por continuos conflictos políticos y guerras civiles. Aunque se dieron las luchas de Independencia, la primera mitad del siglo tuvo carácter conservador. Se fue conformando una nueva capa dirigente con ideología que oscilaba entre el iluminismo y el romanticismo. A mediados del siglo, a pesar de la pobreza dejada por la guerra, el país empieza a moverse a un nuevo ritmo. El comercio internacional cobra mayor intensidad y se orienta hacia Inglaterra y, en proporciones menores, hacia Estados Unidos.

El país vio llegar los barcos de vapor, los ferrocarriles, los comerciantes, viajeros y diplomáticos extranjeros. Con la regularización del servicio de vapores en el río Magdalena, los miembros de la élite fueron a Europa y a Norteamérica. Al volver trajeron nuevos hábitos culturales, nuevos conceptos sobre el gusto y los fueron implantando lentamente en Bogotá.

En esta ciudad se vive creciente actividad: se abren bancos y almacenes y la élite imita a Europa en su afán de sentirse unida al progreso. Si antes se llevaba una existencia ordenada y tranquila y se vivía confortable pero modestamente, ahora "viajeros y diplomáticos que llegaban por primera vez a Bogotá observan que dentro de la tradicional sobriedad en los consumos, el gusto por el bienestar y aun el lujo de tipo europeo se introducen en las casas de los bogotanos acomodados". 1

Junto con la necesidad económica de obtener maquinaria, herramientas, instrumentos de trabajo, la clase rica se fue obsesionando por estar al día con la moda europea. Demandaba productos franceses e ingleses: muebles, alfombras, vajillas, telas, encajes, adornos, vinos, aceites, dulces.

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Vista panorámica de Bogotá (grabado de Riou, en L’Amérique Equinoxiale, de Edouard André, París, 1877)

Hasta llegar la segunda mitad del siglo Bogotá todavía era un pueblo grande 2 en el que la mayoría de las casas constaban de un solo piso. Jaime Jaramillo nos ofrece una rápida descripción de la ciudad en estos años: "los mendigos abundaban en las calles y el aseo era tan deficiente como en las ciudades de la Edad Media. Las aguas negras iban por el centro de las calles y sólo los sábados se hacía limpieza de las    inmundicias". 3

En 1850 hubo una epidemia de cólera, en 1856 otra de fiebre amarilla. Hasta 1840 los servicios municipales eran nulos, no se habían enlozado las aceras, faltaba empedrado en las calles y la basura de las casas se echaba en pozos pestilentes. Sólo las tres principales calles del comercio tenían alumbrado. Los burros deambulaban por ahí comiendo desperdicios en la noche y dormían en la plaza de Bolívar, donde se hacía el mercado. 4

Como centro de la cultura y de la riqueza, la capital apenas empezaba a sobrepasar a Popayán y Cartagena. Pero al iniciarse la segunda mitad del siglo Bogotá cambia su fisonomía urbana. Se empiezan a construir casas cómodas y elegantes, siguiendo modelos ingleses y franceses. De manera burlona el costumbrista José María Vergara y Vergara fechaba cambios significativos en la sociedad bogotana así: ¡en 1813 se recibía invitación a una tertulia con chocolate, en 1848 se ofrecía café, y en 1865 era una invitación a tomar el ! 5 En el período colonial habían subsistido usos y formas de la sociedad hidalga, modificada por el contacto con indios y negros. EI sacudón político de la Independencia trajo elementos del mundo rural a las ciudades. La clase dominante en Santafé era una especie de nueva burguesía criolla, era la gente "decente" entre ruralizada y embelesada por el encanto europeo. 6

Después de la Independencia, teóricamente la sociedad estaba formada por individuos iguales, pero en la práctica sólo se aumentó de manera limitada el número de los "iguales". El abismo entre artesanos, trabajadores y la clase alta seguía existiendo.

Las tertulias fueron un eficaz instrumento para moldear las nuevas ideas y las nuevas costumbres. Se hablaba en ellas de negocios, de política, de modas, de literatura y arte. Pero hasta la forma y función misma de estas reuniones fue cambiando a lo largo del siglo, así como también cambiaban el teatro, los bailes, las comidas, las ropas.

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El mercado en Bogotá (grabado de Riou, en L´Amérique Equinoxiale, de Edouard André, París, 1877).

Mientras tanto los pobres, los de "ruana", mantenían un estilo de vida aparte, conservaban en su cultura material elementos más propios, de fuerte influencia indígena. Desgraciadamente, la información sobre ellos es menor. Sólo algunas veces despertaron la atención o curiosidad de algún viajero o costumbrista, por su pobreza, su vida primitiva o pintoresca, pero en general eran otros sectores sociales y otros asuntos sobre los cuales escribían los observadores y cronistas.

En los diarios y revistas de la época, las crónicas de viajeros extranjeros y los cuentos costumbristas, las referencias a la vida cotidiana de las mujeres, a sus actitudes o a su participación en la sociedad son saltonas, a veces borrosas y, por lo tanto, el resultado que aquí presento es como un rompecabezas incompleto. Escogí algunas descripciones y las ubico tentativamente en el lugar que, creo, les corresponde en el retrato.

Como se verá, es mucho más clara la imagen del reducido número de mujeres de las clases llamadas entonces "acomodadas" o "decentes", porque se escribió más acerca de ellas que sobre la mujer media, aquella que numéricamente predominaba, y porque los testimonios proceden de personas de esa primera clase.

Entre la mujer descrita por Steuart 7 en 1836. que recorría descalza las calles de Bogotá y que al atardecer se sentaba pacientemente a frotarse los pies con piedras a la orilla del río que atravesaba la ciudad, y una dama vestida al estilo inglés, que envía tarjetas a selectas amistades invitándolas a tomar el té en su casa, hay una distancia cultural enorme.

¿Cómo vivían las distintas clases de mujeres santafereñas? ¿Qué gamas de ideales femeninos coexistían en el siglo pasado? Las descripciones, tanto escritas como pictóricas, presentan visiones marcadas por prejuicios de extranjeros, por un afán moralista o didáctico que los lleva a acomodar los hechos o por la exageración satírica. Por esto sus visiones son limitadas, parciales,  pero también por esto son valiosas para discernir algunos de los valores, ideas y actitudes que se tenían en ese tiempo. Con este doble propósito las utilizo aquí: como fuentes descriptivas y como indicadores de mentalidad.

BUENO Y CASTO EL PENSAMIENTO

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Costurera (en el semanario El Progreso, Bogotá, 1886).

En los cuadros de costumbres descritos por José María Vergara y Vergara 8  se encuentran referencias a las actividades que desempeñaba la mujer de la élite bogotana y, sobre todo, al comportamiento que la sociedad esperaba de ella.

Por la forma como fue recibida la obra de Vergara, aclamada por la sociedad, cabe suponer que su visión es utilizable como termómetro de la mentalidad del sector social en que el autor se desenvolvía. Representa la opinion de aquella parte de la clase dirigente, conservadora y moralista, que ama la religión, la patria, la familia y que frente a los cambios de mitad del siglo suspira por otras épocas en que los valores eran más estrictamente vigilados.

En Consejos a una niña, 9 carta escrita a la recién nacida Elvira Silva Gómez —hermana del poeta José Asunción—, se encuentra una buena recopilación del ideal femenino que la clase acomodada tenía en Santafé.

Recomienda Vergara a la niña Elvira para cuando sea mayor: "Haz bueno y casto tu pensamiento; llénalo de piedad y de dulzura, ofrécelo en tributo y sacrificio incesante a Dios ..." 10 . "El hombre hombre tiene la iniciativa para labrar su dicha y la de su mujer y para labrar también su infelicidad y la de ella; pero la mujer tiene una misión más suave, más propia de su delicadeza, de su sensibilidad y de su pudor. Su misión consiste en aceptar y seguir el bien y rechazar el mal". 11

Y más adelante agrega: "Para mayor apoyo de la debilidad femenina creó Dios un modelo y un espejo de mujeres en su madre. Criada en el silencio del hogar, como ave en el silencio del bosque; humilde y pudorosa el día que se le notificó su dicha; relinda y laboriosa en la vida de familia; intercesora, benévola y humilde, sufriendo silenciosa y resignada cuando le tocó la prueba del martirio; silenciosa y también resignada cuando llegó la de su gloria; por ella y en ella fue rehabilitada la mujer, fuera de ella no hay salvación posible para la mujer". 12

Los papeles del hombre y de la mujer están claramente diferenciados y la sociedad espera de ambos actitudes muy diferentes: "Señora, tenéis un hijo de quien se habla mucho y una hija de quien no se habla nada: este es el mejor elogio que se puede hacer de una cristiana, y yo te lo recomiendo para que trates de merecerlo. Para el hombre el ruido y las espinas de la gloria; para la mujer las rosas y el sosiego del hogar; para él, el humo de la pólvora; para ella, el sahumerio de alhucema. Él destroza, ella conserva; él aja, ella limpia; él maldice, ella bendice; él reniega, ella ora". 13

La mujer debe ser, pues, al mismo tiempo débil y fuerte. Debe someterse a la cadena del matrimonio, que es una cadena de flores, pero ésta es su única posibilidad de reinar.

Para Vergara el lugar propio para la mujer es el hogar; allí puede estar adecuadamente protegida y allí puede cumplir su misión de complementar al hombre. Por ley natural al hombre le corresponde la acción y a la mujer la sumisión. En obedecer este mandato divino debe ella encontrar su felicidad, y su peculiar fortaleza espiritual la adapta a esta función.

Imitar a María, recluirse en lo doméstico, adornar el hogar con suavidad y diligencia, ser apoyo para el hombre: esto era lo que la sociedad le pedía a la mujer. 14

La mujer pura y dócil es la más apreciada. Se elogian las virtudes femeninas de la castidad, la simpleza, la modestia, la obediencia, el orden, la piedad. Subyace la idea de que la mujer puede ser fuente de todo bien o de todo mal. Si se educa y encauza, protegiéndola de las tentaciones, puede ser de gran fortaleza moral; pero si se deja desprotegida, expuesta al mundo, puede caer en la intemperancia, la locuacidad y la inconstancia.

TODAS A CUIDARSE

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Joven bogotana (grabado de Riou, en L´Amérique Equinoxiale, de Edouard André, París, 1978

La palabra clave es, pues, la protección. La mujer debe permanecer la mayor parte del tiempo vigilada; si sale sólo lo hará bien acompañada por sus familiares o criados, mientras que al hombre le corresponde pasar la mayor parte del tiempo afuera.

Cordovez Moure coincide en este punto. Dice: "abrigamos a este respecto la más profunda convicción de que al especialísimo culto que profesan nuestras mujeres a la Virgen Inmaculada se debe que el tipo moral que las distingue sea acabado modelo de abnegación, desinterés y pureza de costumbres". 15

Y, efectivamente, al repasar otras alusiones en crónicas de viajeros, diarios y literatura costumbrista, encontramos que el mundo doméstico absorbe la mayor parte del tiempo, interés, capacitación y atención de la mujer en las clases altas de Santafé.

La mayoría de las revistas y periódicos impresos en la capital y dirigidos a mujeres, que circularon en el siglo XIX 16, se ocupan en temas relacionados con el destino doméstico de ellas: los deberes de las casadas, la educación de los hijos, modas, costura, culinaria. Se incluían biografías de mujeres célebres, que eran por lo general madres de personajes del mundo de la política o de las letras. Todos estos temas giran alrededor de las funciones de la mujer como reina de un pequeño mundo donde ella podía realizar sus instintos y deseos. ¿No era, pues, un adorno, un apoyo espiritual, un manojo de sentimientos? Al fin y al cabo, la mejor de las mujeres era la que "hacía feliz al esposo y a sus hijos apartando al uno del vicio y guiando al otro a la virtud". 17

PARA ENTRETENER EL OCIO

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Un día de Huracán  (en Imágenes y recuerdos, Barcelona, 1978).

Si se mezclaba algo de "lecturas amenas y entretención intelectual" era para acompañar el ocio de las mujeres, ocio que debía transcurrir dentro de la casa. Como lo expresaban RIJ y FAR en la presentación de su periódico La Mujer, en 1895: "Sabemos que las lecturas para las jóvenes en nuestro país deben ser plácidamente cortas, sencillas, inocentes pero capaces de conmover el corazón sensible y de llenar los sueños de su imaginación".

Dos de las publicaciones para las mujeres, El Domingo de la Familia Cristiana (1889-1890) y La Mujer, "revista quincenal redactada por señoras y señoritas" (1878-1881), fueron dirigidas por una mujer, doña Soledad Acosta de Samper, y a la segunda la compusieron, casi exclusivamente, colaboraciones escritas por mujeres.18   Aunque minoría, por lo menos hubo un grupo de mujeres que no se conformaron con los límites de interés que se habían trazado para su sexo: por ejemplo, doña Soledad Acosta de Samper (1833-1913), vivió en distintos países de Europa y América, entre los cuales Estados Unidos, habló varios idiomas, fundó dos revistas femeninas y escribió artículos en diversos periódicos de la capital. Además hizo traducciones y escribió novelas, impresiones de viaje, biografías, libros de historia, sobre la moda, la política, etc. 19

La Mujer, fuera de incluir temas sobre el hogar, la moda, consejos morales a señoras y señoritas, trae una sección de la participación de las mujeres en la historia universal, información acerca del movimiento feminista que se adelantaba en Europa y en Estados Unidos, consideraciones sobre la mujer y el trabajo, noticias internacionales, información sobre literatura y teatro. Sobresale en medio de las demás publicaciones de su género por el tono diferente de sus artículos. No se dirige a las mujeres como a menores de edad. Sostiene en sus editoriales y artículos de fondo que, fuera de atender sus obligaciones domésticas, las mujeres deben tener otro oficio, ser socialmente útiles, interesarse por el resto del mundo. Como ella lo dice: las mujeres, al igual que los hombres, también deben trabajar, porque trabajar es ser feliz. Aun las mujeres con comodidad lo deberían hacer, porque así no se sentirán fastidiadas y no fastidiarán. Así su vida tendrá algún objeto y tendrán independencia personal. 20

Advierte que existe el peligro de volverse masculina al ser de sobra independiente. Aconseja no manifestar aquella independencia a los demás y buscar oficios que no impidan "gobernar la casa", como les sucede a las que se van de artistas. Pero repite una y otra vez que no es conveniente ocuparse demasiado en el trajín doméstico, porque entonces "se fatigará al marido, se cansará a las visitas y se molestará a todos con sus penas y trabajos domésticos".  21

RUTINAS, CASAS, PATIOS Y COSTURAS

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Corsé de Moda (en Imágenes y recuerdos, Barcelona, 1978).

Las casas eran grandes y espaciosas, la administración de los oficios domésticos requería mucha dedicación: las comidas siempre se preparaban en la casa y eran muy elaboradas, el arreglo de la ropa también era complicado. Fuera de esto, había que atender el jardín en los patios, dedicarle tiempo a la costura, a veces a la música.

Las casas generalmente tenían muchas habitaciones, dos patios, sala, comedor espacioso, despensa, cuarto de costuras y de "rebujo", cuarto de criadas, cuarto de ropas, carbonera y, en el patio interior, se tenía huerta y gallinero. Hacia mediados del siglo se impulsa la construcción de casas más cómodas y elegantes. Por esa época visita la capital el arquitecto inglés Thomas Reed (1845-1855).  22

El arreglo y aseo de la casa corría a cargo de varias "sirvientas" o criadas. 23  La función de la señora era entonces "despachar" los oficios o asignar tareas a éstas para el aseo, la preparación de alimentos, el arreglo de ropas y el cuidado de los niños. Era común tener tres o cuatro criadas fuera de mensajero. Dice el viajero francés Mollien en su libro Viaje por la república de Colombia: "La cocina es siempre de grandes dimensiones y esto menos por la cantidad de platos que se cocinan que por el número de sirvientes inútiles que allí se congregan". 24

En 1830 el diplomático francés Le Moyne describía la cocina de una familia como primitiva: había una piedra de moler cacao para hacer el chocolate, dos o tres piedras en el suelo para encender el fuego, ollas de hierro y barro, parrillas y sartenes, cántaros, paila de cobre para los dulces, tinajas con agua para beber. Al lado de estos utensilios primitivos o locales, había vajillas de loza importadas de Europa o de Estados Unidos. A medida que avanza el siglo, más y más se van introduciendo los usos y el lujo europeos. Cuando se tienen invitados especiales, se empieza a contratar cocineros extranjeros. 25

José María Cordovez Moure, en sus relatos Crónicas de antaño, describe así la rutina de la mujer santafereña: madrugan para ir al templo 26, conversan en la puerta de la iglesia y van a casa a "despachar" el almuerzo. Después de la siesta se dedican a enseñarles a las niñas costura, bordado, cuidado de flores, canto, a las lecturas religiosas o a realizar visitas. También salían de compras. Las tiendas se abrían de 9 de la mañana a 12 del día y de 3 a 6 de la tarde. A esta hora todo el mundo se iba a sus casas, las calles quedaban vacías. No había cafés o restaurantes, como en las capitales de Europa. Las familias y amistades se reunían en las casas en veladas, durante las cuales se tomaba el chocolate, se jugaba a las cartas, se conversaba, después de haber rezado el rosario presidido por el padre de familia o, en su ausencia —que era bien común—, por la madre.

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Un año en la corte, (dibujo de Antonio Urdaneta, grabado por Antonio Rodríguez, en el Papel Periódico Ilustrado, Bogotá, 1881).

Como sólo pocas calles disponían de alumbrado, al salir de noche había que portar un farolito o, si quien salía era una mujer, hacerse acompañar de un criado que llevaba el farolito. 27

A veces las hijas se quedaban en casa y recibían la visita de sus galanes. Estas visitas se realizaban siguiendo todas las "normas de la buena educación y cultura en las maneras". "Los jóvenes llegaban a tratar con decorosa intimidad, bajo la mirada protectora de sus padres y hermanos, a la señorita que podía llegar a ser su compañera en la vida". 28

Desde los primeros años se distingue la educación que deben recibir varones y niñas. Nos dice Cordovez Moure: "Crecidos los hijos, van los varones al colegio; pero las niñas, por lo regular, no se apartan de la madre, quien les enseña la vida práctica y hacendosa del hogar, donde aprenden, en vista del ejemplo que es el mejor maestro, todo el cúmulo de quehaceres domésticos que hacen aptas a las colombianas para emprender el camino incierto de la vida, con la mirada fija en el cielo que las inspira y consagradas en absoluto al cumplimiento de los deberes consiguientes al puesto en que las ha de colocar su buena o mala fortuna". 29

Algunas mujeres se educan con las religiosas. Aprenden a leer y a escribir bien y además aprenden lo relativo a la vida en familia y también a rezar y a cantar. Así entrenadas, estas niñas, cuando se convierten en amas de casa, consideran que su deber ante la sociedad y ante Dios es encargarse personalmente de todo lo concerniente al hogar y a la familia: supervisar los asuntos culinarios, el aseo, el vestir, la práctica de los deberes religiosos.

TIEMPO PARA TODO

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Antiguo modo de conducir los cadáveres (litografía de Ramón Torres Méndez, Bogotá, circa 1850-1870).

Cada uno de los menesteres en que debía ocuparse la señora tenía mil recovecos y compliques. Las comidas eran muy elaboradas; la ropa, diferente según la hora del día y la ocasión; las invitaciones, las visitas y los usos sociales, cada uno tenía su rito. En 1830 anota Chamberlyane: "Las damas reciben generalmente el nombre de una santa con día en el calendario. La etiqueta exige que ese día los amigos y relacionados la visiten o le dejen su tarjeta. Una omisión en este sentido es considerada como una falta contra las buenas maneras y algo más: equivale a una renuncia a las relaciones de amistad, para cuya reanudación es indispensable una excusa o una satisfacción".  30

Cuando se trataba de dulces o platos especiales, la señora misma los preparaba. A comienzos del siglo era muy raro entre las clases altas comprar alimentos preparados; se tomaba casi como una profanación del hogar.

La mujer se consideraba soberana absoluta de su pequeño mundo, hasta el punto de convertirse casi en la única autoridad dentro del hogar. Tanto Mollien como Cordovez traen satíricas alusiones al poder de las matronas en esta sociedad patriarcal: "Así es que con frecuencia se aplica el refrán que dice ‘donde manda capitán no manda marinero’, pero siempre que el marinero sea el marido, es decir, que corran a cargo de éste las fatigas y el cuidado del hogar y que abdique de la punta de la calle para adentro, de prerrogativas de amo y señor absoluto en favor de la esposa". 31

Otra de las preocupaciones femeninas giraba alrededor del traje. El vestir se consideraba asunto colectivo de las hembras de la familia, y aun de las amigas más íntimas. Juntas salían a comprar y a escoger tela y estilo. Se distinguía radicalmente entre la forma de vestir dentro y fuera del hogar y entre las personas jóvenes y de edad. En la casa se vestía con sencillez, pero cuando se recibían o se hacían visitas se usaban los más elegantes atavíos. 32

Las publicaciones para mujeres dedicaban siempre una sección a la moda. Informaban sobre los usos en Europa y aconsejaban sobre la manera de vestir en cada ocasion. Por lo escaso de las ilustraciones, se debía recurrir a una larga prosa para describir cada vestido.

 

1   Jaime Jaramillo Uribe,"Etapas y sentido de la historia de Colombia", en Colombia hoy rec. por Mario Arrubla, Bogotá, Ed. Siglo XXI, 1978 (págs. 15-51), pág. 33. (regresar 1)

2  En 1838 tenía 30.000 habitantes. J. Steuart, Bogotá in 1836-7 Being a Narrative of an expedition to the capital of New Granada and a Residence There of 11 months, Nueva York, Harper & Brothers, 1838, pág. 112. (regresar 2)

3   Jaramillo Uribe, op.cit. pág. 34. (regresar 3)

4   Salvador Camacho Roldán, "Bogotá en 1849", en Las maravillas de Colombia, col. dir. por Enrique Congrains Martín, t. 1, Bogotá, Ed. Forja, 1979, págs. 127-141, pág. 134. (regresar 4)

5   José María Vergara y Vergara, Las tres tazas y otros cuadros, Bogotá, Biblioteca Aldeana Colombiana, Ed. Minerva, SA., 1936. págs. 13-45. (regresar 5)

6   José Luis Romero, Latinoamérica, las ciudades y las ideas, Buenos Aires, Ed. Siglo XXI, 1976, págs. 119-159. (regresar 6)

7   Steuart, op. cit., pág. 134.  (regresar 7)

8    Escritor bogotano (1831-1872), fundador y miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, colaborador de varios periódicos, historiador de la literatura colombiana. Perteneció a la tertulia El Mosaico, junto con los autores de María y Manuela.   (regresar 8)

9    Vergara y Vergara, "Consejos a una niña", en op.cit., págs. 120-130.  (regresar 9)

10    Idem, pág. 124  (regresar 10)

11    Idem, pág. 123.  (regresar 11)

12    Idem, pág. 124.  (regresar 12)

13    Idem, pág. 125.  (regresar 13)

14   Las lecturas aconsejadas a las mujeres amplían la difusión de este "ideal". Se leyó, por ejemplo, del jesuita V. Marchal La mujer como debe ser y otros libros similares como La mujer, La mujer fuerte, vendidos en la agencia La Mujer, de Fernando Romero, localizada detrás de la catedral. (regresar 14)

15  José María Cordovez Moure, De la vida de antaño, Bogotá, Biblioteca Aldeana Colombiana, Ed. Minerva, S.A., 1936, pág. 122.  (regresar 15)

16 Una lista inicial comprende las siguientes publicaciones: —Los matachines ilustrado. Periódico de los muchachos y las muchachas. Imp. de Fco. Torres Amaya. 1855.
—La Caridad. Libro de la familia cristiana. Semanal, 1864-1882.
—Las Arracachas. Periódico de talla menor, pero de buena lei, sin medicinas francesas ni píldoras de Holloway. Imp. por J.A. Cualla, 1858.
—Biblioteca de Señoritas. Imp. de Ovalles y Cia. Semanal, 1858-1859.
—El Iris. Red.: José Joaquín Borda. Periódico literario dedicado al bello sexo, 1866-1868.
—El Rocío. Imp. de Nicolás Pontón y Cía. Periódico literario dedicado al bello sexo y a la juventud, 1872-1875.
—La Velada. Dír: José María Garavito. Colección de lecturas para el hogar. Periódico literario, científico, industrial y noticioso, 1880-1883.
—La Aurora. Imp. de la luz. Semanal. 1882.
—El Domingo de la Familia Cristiana. Dir. Soledad Acosta de Samper. Rev. Semanal, 1889-1890.
—La Mujer. Dirs. Ismael José Romero (RIJ) y Fernando A. Romero (FAR), 1895-1896.
—La Mujer. Revista quincenal redactada por señoras y señoritas bajo la dirección de Soledad Acosta de Samper. 1878-1881. (regresar 16)

17 La Mujer de RIJ y FAR. núm. 1, 1895, pág. 7. (regresar 17)

18   Esfuerzo similar harían en Antioquia el periódico de corta vida La Golondrina, hoja literaria y de variedades. dirigida por Juan J. Botero, el cual anunciaba en su portada: "Las publicaciones de las mujeres antioqueñas tendrán publicación preferente", aunque esto nunca se haya logrado, y en Medellín la revista mensual Letras y Encajes, publicada entre 1926-51 bajo la dirección de doña Sofía Ospina de Navarro y Teresa Santamaría. (regresar 18)

19 Gustavo Otero Muñoz, "Soledad Acosta de Samper", en Boletín Cultural y Bibliográfico, Banco de la República, vol. 7, núm. 6, 1964, págs. 1063-1096. (regresar 19)

20  La Mujer, Dir. Soledad Acosta de Samper, primer semestre, segunda Ed. 1878, pág. 82. (regresar 20)

21  Idem, pág. 87. (regresar 21)

22   Camacho Roldán, op.cit., pág. 127. (regresar 22)

23   Según Camacho Roldán (op.cit., pág. 130), en 1849 una sirvienta ganaba sesenta centavos al mes y una cocinera un peso con veinte. (regresar 23)

24   G. Mollien, Viaje por la república de Colombia en 1823, Bogotá, Biblioteca popular de cultura colombiana. s.f., pág. 17. (regresar 24)

25   Augusto Le Moyne, "El Bogotá de 1830, pintado por un diplomático francés", en Las maravillas de Colombia. t. 1, págs. 103-126. pág. 116. (regresar 25)

26   Las más ricas se hacían acompañar por dos o tres criadas que llevaban pequeños tapetes para arrodillarse en el suelo. Chamberlyane Pickett. James. "Las mujeres de Colombia en 1830", en Revista de América, Bogotá, julio de 1945,3 (7): 96-107.   (regresar 26)

27   Le Moyne, op.cit., página 119.  (regresar 27)

28   Cordovez Moure. op.cit., págs. 114-124.   (regresar28)

29   Idem, pág. 104.  (regresar 29)

30   Chamberlyane Pickett, op.cit.  (regresar 30)

31   Cordovez Moure, op.cit., pág. 114.  (regresar 31)

32  Vergara y Vergara. op.cit., pág. 44.   (regresar 32)