Boletín Cultural y Bibliográfico.  Número 1Volumen XXI,   1984


 

Muchos datos, pocas tesis

Historia del periodismo colombiano
Antonio Cacua Prada
Ediciones Sua. 2a. Ed.Bogotá, 1983

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Si el título de Revista del Centenario se queda corto para la summa porfinana, la denominación de Historia del periodismo colombiano es excesiva para la segunda edición de una especie de catálogo en progreso de nuestras publicaciones periódicas.

No hay aquí una narración coherente de los avatares del periodismo colombiano, ni tampoco un ensayo interpretativo —ya técnico, ya literario, ya político, ya gráfico—; no hay algo aquí que pueda llamarse historia.

Estas formas de historia —narración o interpretación— ciertamente sacrifican parte de la información y no utilizan todos los datos acumulados por el investigador y sus ayudantes, pero ganan en claridad y fluidez, son más uniformes en el tratamiento de los temas y, en todo caso —aun en el caso de las historias cuantitativas, que es mucho decir—son, si se quiere, más "periodísticas" y, por lo tanto, se dejan leer más fácilmente: pero el libro, en cuanto a esto, sólo permite recalar en algunas citas.y en algunos temas tratados monográficamente, más trabajados, sobre algunas publicaciones escogidas.

Pero esto último es la excepción, porque lo que aquí se llama historia es una enorme, creciente, desordenada e irregular acumulación exhaustiva de datos. Su ambición sería registrar todos, íntegramente todos los periódicos y revistas colombianos, uno tras otro, por orden de aparición, con la taxativa lista de sus colaboradores, directores, formato, fecha de fundación y número de entregas, datos que parecen ser los esenciales para el recopilador.

Este, por supuesto, es un trabajo faraónico, pero no constituye más que una primera etapa, la primera, de la labor del historiador. Vale la pena advertirlo, ya que este libro es utilizado como texto en las facultades de periodismo. Vale la pena advertirlo como lección útil a los estudiantes: este es un buen ejemplo de un mal título. Y ya que estamos en los ejemplos, en cuanto a diseño, salvo la cubierta, también es un modelo de mal diseño: a la pesadez de la lectura contribuyen casi todos los elementos gráficos utilizados: la cicatería de los márgenes, los bruscos cambios de materia con intertítulos de igual valor, la blancura bond del papel: todos aunados como elementos de repulsa, como dificultad y no como ayuda para el lector o consultante.

Tratando este libro como lo que es, como un catálogo en progreso, vale la pena comenzar anotando su principalísimo mérito, que tiene la ventaja de atenuar sus fallas: la llamada Historia del periodismo colombiano es la fuente principal y obligada de consulta sobre la materia; aún más, es la fuente única. En este sentido, se trata de un trabajo pionero, cuyo material es útil como labor adelantada para el inventario y como fuente cuando alguien emprenda la tarea de escribir la historia del periodismo colombiano.

Como inventario, adolece de algunas fallas, unas ciertamente insalvables, como la perspectiva —común en casi todos los trabajos realizados en Colombia— enfocada desde Bogotá y la tierra nativa del respectivo investigador. El ejemplo concreto, aquí, es que este inventario mayor desconozca el inventario regional de periódicos y revistas que, para Antioquia, realizó Gilberto Zapata Cuéncar y los que realizó Aureliano Gómez Olaciregui sobre la prensa de Barranquilla en los siglos XIX y XX. El fondo del problema radica en que este tipo de catálogos se ejecutan más racionalmente dividiendo el trabajo geográficamente, y estableciendo puntos de avanzada con investigaciones monográficas.

Otro defecto de este catálogo consiste en la forma de presentar los hechos sobresalientes de cada publicación; está bien, como dato arqueológico, que se dé, por ejemplo, la dirección de ciertas publicaciones desaparecidas; pero estaría mejor si se informara también la dirección de periódicos y revistas que aún subsisten. El ejemplo me sirve para anotar la irregularidad de la información; acaso unificando la encuesta se logrará más uniformidad y más interés en los datos que los cientos de revistas que en este país han sido.

Si este libro no es una historia, sin duda él mismo tiene una importancia histórica: "nuestra sostenida iniciativa de la creación de una hemeroteca, se hizo realidad gracias al Banco de la República que fundó la hemeroteca Luis López de Mesa", declara en nota preliminar el autor. Y en verdad que en los quince años que median entre la primera y segunda edición de este libro, han surgido en el país diversas iniciativas por la conservación ordenada de los periódicos y revistas colombianos.

DARÍO JARAMILLO