Eros, ¡presente!
Instrucciones para la
nostalgia
Miguel Méndez Camacho
Domingo E. Taladriz, impresor.
Buenos Aires, 1984
"Miguel Méndez Camacho (Cúcuta,
Colombia, 1942). Abogado, periodista, profesor de humanidades e ideas políticas, es
actualmente ministro consejero de la embajada de Colombia en Buenos Aires. Ha publicado
dos libros de poemas: Los golpes ciegos (1968) y Poemas de entre-casa (1971)
y dos libros de crónicas y reportajes: Papeles (1978) y Perfil y palote (1983).
Instrucciones para la nostalgia recoge algunos de los poemas publicados".
La anterior noticia figura en la página
91 de esta selección de 37 poemas escritos por este poeta de Cúcuta.
Una nota sobre Hárold Alvarado Tenorio
es buen lugar para enunciar lo que, a falta de nombre y reflejando una cómica
analogía con lo que describe podríamos llamar la cultilatiniparla de los poetas
colombianos de los setentas. Y una nota sobre Miguel Méndez Camacho es terreno abonado
para referirse al segundo rasgo común de estos poetas: el tema erótico. Se diría que
estos poetas van de la cita bibliográfica a la cita erótica, fluctúan entre la letra y
la carne.
En un país católico y rural, con rudos
mecanismos de condena social para cualquier actividad sexual fuera del matrimonio, la
poesía erótica era materia clandestina. Las primeras reivindicaciones del erotismo
postulado tanto en el campo político como en el de la creación literaria, datan de los
cincuentas y, en concreto, de la revista Mito y de Jorge Gaitán Duran. Después los
nadaístas, lectores de Henry Miller y dados al escándalo, escribieron poemas tan
desenfadados como los de Jotamario. Los poetas de los setentas vivirán una Colombia
urbanizada, donde los hechos físicos de hacinamiento y promiscuidad y el derrumbamiento
de tabúes y sanciones sociales son los hechos de los cuales la abundante y muy explícita
poesía del amor físico es una pálida manifestación. Adicionalmente, de diferentes
maneras, según cada poeta, la relación carnal es tomada como única reivindicación,
territorio exclusivo de la felicidad, libre de la peste de la desolación, única forma de
éxtasis, única luz entre la total obscuridad:
LA SOLEDAD
Si miramos el rostro de la amada
y cerramos los ojos
para palparlo luego en la memoria
el fantasma del miedo nos traiciona.
Por eso los amantes
no se dan nunca nada el uno
al otro
y las manos que recorren los cuerpos
no persiguen la piel
sino el olvido de la futura soledad.
Y las caricias se prodigan
no a los cuerpos
sino al vacío de la ausencia
al temor de quedar sin
compañía.
Así sea como exiguo,
efímero paraíso. Inevitable el recuerdo de Jorge Gaitán Durán en la poesía de
Méndez.
Miguel Méndez Camacho es
un pesimista sensual, lleno de afectos familiares. Él es una excepción que desvirtúa el
cultismo de los poetas de su generación y un buen ejemplo de tratamiento de lo erótico.
Su tono es coloquial, económico y, en este sentido, opuesto a la exuberancia surrealista
de Roca. Sus recursos formales provienen de Neruda, a quien homenajea entusiasmado en Don
Pablo:
Señor, doctor, don,
excelentísimo,
máster, míster, monsieur, su señoría
don neftalí, don pablo, don neruda.
Conste que no me burlo es el respeto disfrazado de risa pero no lo soporto no le permito
tamaña humillación
tan grave ofensa
como escribirle un verso a la cebolla
y hacerlo bien.
Yo en cambio soy tan
torpe en el oficio
que no puedo hilvanar más de tres versos
para decirle a la mujer que vivo
esas cosas hermosas que usted
malgasta
en congrios, alcachofas, perros muertos,
insectos y cebollas.
Maldito usted, don Pablo,
que utiliza palabras y las deja inservibles.
Así mismo, con ese tono
suyo directo y accesible, les canta a sus padres, a sus poetas tutelares, Gaitán Durán y
Cote Lamus, y al paisaje del llano en uno de sus más logrados poemas, Corozopando, que
termina:
Y digo que este llano
es una ruina
de algo que no existió.
De algo caído desde abajo
sin llegar hasta el fondo.
D.J.A. |