Detrás de la Iglesia vienen los antioqueños
El crédito y la economía, 1851-1880
Richard Preston Hyland
Banco Popular. Bogotá, 1983.
A mediados del siglo XIX,
los defensores de un ideal liberal soñaron con ver al Valle del Cauca convertido en una
"economía de mercado, con sus bienes de consumo, numerario y prácticas
crediticias", pero lo que realmente existía en el Valle era una sociedad señorial
fundada sobre la propiedad agraria de haciendas, revestida ésta de carácter sagrado.
José Hilario López impulsa la
abolición de la esclavitud, la desamortización de bienes de manos muertas y la cesión
parcial de terrenos ubicados en zonas históricas de ejidos. Frente a estos ataques, los
intereses de la Iglesia y los terratenientes se entrelazaron, buscando nuevas formas
laborales de crédito, luego de la redención de censos, poniendo en movimientos fuerzas
nuevas y las viejas que se sentían golpeadas por las decisiones del gobierno central.
Dentro de este marco, Hyland se centra en
el estudio de la evolución de la estructura del crédito desde 1851 hasta la creación
del Banco del Cauca, en 1873. Analiza los efectos de la redención de censos de 1851 y de
la desamortización de todos los bienes de manos muertas en 1861.
Muestra cómo las redenciones de 1851 en
el Valle fueron escasas y cómo los grandes conflictos de ese año y del precedente
tuvieron su origen fundamental en el desequilibrio social que causaba la abolición de la
esclavitud como signo de desmoronamiento del orden social existente. Explica cómo la
redención de los censos cambió el sentido de las inversiones hacia el comercio en las
ciudades y el levante de ganado con pastos artificiales, buscando realizar inversiones
seguras en una época de incertidumbre, originando un período de auge (1855-1861) de la
economía vallecaucana coincidente con la derrota del melismo por la alianza
conservadora-gólgota y la asunción de Mallarino.
En 1861, se dispone la desamortización
absoluta, sobreponiéndose al matiz anticlerical de la reforma de 1851 el interés
económico. En el Valle del Cauca, la desamortización aligeró de deudas a los grandes y
medianos capitales y dio lugar a un grupo de intermediarios y agiotistas. La medida
socavó las bases más profundas de la estructura en la cual la Iglesia y la ideología
religiosa eran factores cohesionantes y legitimadores de toda una mentalidad de orden y
jerarquías.
El vacío del crédito eclesiástico fue
cubierto por las redes internas de crédito de antioqueños y extranjeros. Al final del
período aparece el Banco del Cauca, que organizará el crédito regional, la red
telegráfica y los proyectos de camino de Cali a Palmira, del ferrocarril de Cali a
Buenaventura y de la navegación de vapor por el río Cauca. Todo esto parecía afirmar la
sabiduría de la desamortización, concluye el autor norteamericano, con cierto íntimo
sentimiento de nostalgia por el pasado. Un mundo señorial parecía morir para dar paso a
uno moderno. Sabemos, no obstante, que en este desarrollo a saltos que nos caracteriza
nunca mueren del todo los mundos anteriores y, quizás, lo que más lentamente cambian son
las mentalidades.
M.G. |