El clic-clic: observador nada imaginario
Historia de la fotografía en Colombia
Eduardo Serrano
Museo de Arte Moderno y 0p Gráficas.
Bogotá, 1983
Luego de una
investigación que se prolongó durante tres años, el Museo de Arte Moderno de Bogotá
entrega esta paquidérmica edición ampliamente ilustrada, que acompaña a la exposición
del mismo nombre.
Merece reconocimiento la iniciativa de
recuperación, conservación y difusión de los registros fotográficos que remiten a la
apariencia del pasado colombiano y acercan al conocimiento e interpretación de su
evolución, cuyos alcances y limitaciones intentaré señalar después del siguiente
recuento somero de los ocho capítulos que conforman su cuerpo principal.
Primeros experimentos
La noticia del surgimiento del
daguerrotipo procedimiento primitivo para fijar imágenes sobre chapas metálicas
acondicionadas para activarse por efectos del sol llega temprano a Colombia.
Fue el barón Jean-Louis de Gros,
diplomático francés, quien se instauró como precursor de esta otra manera de capturar
la realidad, poco después que el mundo europeo se asombrara ante la innovadora técnica.
Uno de los pocos daguerrotipos que se conservan de este explorador de paisajes,
investigador y coleccionista, conocido sobre todo como pintor, es una bella imagen de la
calle del Observatorio, que data de 1842.
Luis García Hevia, 1816-1887, también
se escapa de la pintura para sumergirse en la práctica de la daguerrotipia, continuando
como fotógrafo activo después de la partida del barón Gros hacia su Francia natal.
La posibilidad de perdurar en un retrato
conduce a la élite provinciana a los patios del artesano, que les plasmaba sus propios
rostros con la magia del sol y unos cuantos líquidos misteriosos. Así, mientras
permanecían aun para nuestras miradas actuales las aspiraciones de belleza,
espiritualidad e inteligencia de aquellos habitantes de la sabana, reflejados sobre
papeles amarillentos, el retratista importaba técnicas para mejorar su alquimia, entre
las cuales los efectos decorativos que realzaban a sus clientes.
El daguerrotipo en la Nueva Granada
La fotografía empieza a generalizarse en
Europa dando lugar al género de los daguerrotipistas viajeros, artistas ambulantes que
recorrieron el mundo seducidos por su gusto aventurero o contratados por casas editoras
para ilustrar los libros de viajes. Colombia cautivó la atención de varios de estos
pescadores de imágenes que recorrieron con sus cámaras y aparejos las principales
ciudades del país, trayendo consigo elementos para diferenciarse de los demás que
empezaban a constituirse en competidores.
Así, F. Goñi, primero en enfocar
nítidamente el campo comercial, introduce las cajas de tafilete, urnas de madera y
cuero repujado donde se preservaban y resaltaban los daguerrotipos; E. Sage ya utiliza en
1847 colores tenues sobre sus copias para añadirles una mayor dosis de realismo; Federico
Martiner promueve las reproducciones de imágenes sin la ayuda del sol; Alejandro Lacointe
ofrece tomar sus fotografías a domicilio; Emilio Herbruguer retrata grupos hasta de ocho
personas y promete efectuar su trabajo en diferentes tamaños; G. Frendentheil entrega sus
copias sobre placas metálicas, vidrio, papel, lienzo y madera.
John Armstrong Bennet, ciudadano
estadounidense, es el fundador de la primera Galería de la Daguerrotipia. La concepción
de su oficio como empresa comercial lo lleva a idear efectivas tretas publicitarias
persistiendo en la práctica de retratar difuntos iniciada por A. Lacointe,
con la cual se consigna una curiosa actitud frente a la muerte, un vano intento de retener
la imposible presencia vital de los cadáveres.
George Crowther se especializa en la
confección de dioramas, que eran pinturas de paisajes con efectos lumínicos especiales;
Fermín Isaza se convierte en el primer daguerrotipista de la Nueva Granada.
Otros cultores anónimos de esta extinta
vocación contribuyeron a conformar la colección que sobrevive para narrar desde sus
tiempos los ideales de vida y muerte de la sociedad neogranadina.
Inicios de la fotografía
El invento de Daguerre pronto
encontró sustitutos más rápidos y eficientes, como el calotipo o talbotipo, de escasa
utilización en vista de la traba impuesta por su patente, sucedido por el ambrotipo,
procedimiento para reproducir negativos sobre vidrio humedecido con colodión, y el
ferrotipo que utiliza el mismo principio reemplazando el vidrio por laminillas metálicas.
La reducción en los costos de obtener
fotografías resultante de estos inventos, permitió a un público menos pudiente
reconocerse frente a las copias sacadas ya no sólo para conmemorar ocasiones relevantes
sino también para satisfacer el gusto enorme de saberse detenido en un lugar donde el
tiempo no transcurre mas.
Más adelante las copias sobre papel
iniciaron el desplazamiento ya definitivo del ambrotipo y el ferrotipo. La empresa
periodística creada por los hermanos Jerónimo y Celestino Martínez en Bogotá, es la
pionera de esta técnica.
La Comisión Corográfica, en su intento
de registrar las variadas regiones colombianas, contrata a destacados dibujantes. Uno de
ellos, Manuel María Paz, empieza a valerse de la fotografía como medio para dibujar sus
versiones de los sitios recorridos.
La tarjeta de visita
Documento elocuente para describir la
sociedad de la última mitad del siglo pasado, es la tarjeta de visita, cuya
popularización se vio favorecida tanto por las facilidades de la época para las
importaciones, como por el encuentro con un método que reducía la inversión en tiempo y
materiales mediante el fraccionamiento del negativo en diez partes.
Este especimen de retrato encuadrado en
un formato de 10 x 6 cms. lo utilizaron personajes influyentes en los destinos del país y
ciudadanos comunes interesados en figurar en los álbumes familiares, en los cuales se
acostumbraba a adherir las cartulinas impresas, al lado de las tarjetas de personajes, que
entonces se editaban para el público.
Las primeras tarjetas se limitan al
registro escueto de la figura humana. Más adelante los estudios se van poblando de
mobiliario y accesorios. El cliente representa un papel ante la cámara predeterminado por
él mismo o sugerido por el fotógrafo, acorde con el impacto buscado.
Otros temas aluden a oficios comunes para la época, a paisajes o plantas ornamentales.
Un revelador registro del país
Paralelo al desarrollo de la tarjeta
de visita se da el de la fotografía estereoscópica, basada en el fenómeno del
binocular, mediante el cual dos imágenes vistas separadamente por cada ojo se fusionan en
una sola, ofreciendo el efecto de unidad.
La encendida conciencia patriótica,
nutrida en el pasado siglo por la presencia continua de enfrentamientos políticos, se
reflejó en la fotografía, que entonces empezó a interesarse por los acontecimientos y
lugares que hablaron de "la Patria". Con esta mira, los fotógrafos trasladan
sus aparatosos equipos a las plazas, a los sitios de las catástrofes, a las nuevas obras
de infraestructura y los paisajes regionales.
La alegoría fue otra simpática
expresión que conquistó los corazones nacionalistas de la época. En un ambiente de
ensoñación, la fantasía del operador de la cámara divagaba alrededor de mantos,
insignias y guirnaldas que aderezaban a damiselas con la mirada perdida, rindiendo así
homenaje a lo que simbolizara la "gloria" de la patria.
El tema del progreso inundó al país de
imágenes como vapores sobre el río Magdalena, puentes, plazas y edificios públicos, que
luego empezarían a aparecer en publicaciones como el Papel Periódico Ilustrado, engendro
del adinerado artista bogotano Alberto Urdaneta, y El Gráfico.
Los fotógrafos de provincia persiguen
con sus cámaras apreciables estampas comarcanas, destacándose Luciano Rivera, de Buga;
Luis Felipe y Jeneroso Jaspe, que cuentan con el escenario privilegiado de la Cartagena
decimonónica; Quintilio Gavossa, quien captura el tono de la arquitectura bumanguesa,
poblada de bestias y gentes recorriendo sus calles pedregosas; Melitón Rodríguez, de
Medellín, sin duda uno de los artistas más destacados por su calidad técnica y
composición, ya como reportero, cronista, retratista y recopilador de paisajes y oficios
rurales y urbanos, y Henry Duperly entre cuyos trabajos resaltamos el de Henry Warner
atravesando el salto de Tequendama, y el incendio de las galerías de Bogotá.
Las técnicas modernas
La limitación de las primeras
cámaras para captar el movimiento, explica la ausencia de fotógrafos de acciones de
guerra (estado casi permanente en la época). Sin embargo, abundan los retratos de los
grupos armados antes y después de las batallas, las tropas en formación, las trincheras
y los fusilamientos.
El perfeccionamiento tecnológico
traducido en cámaras más simples y livianas, películas de celulosa y papel de gelatina,
fue paulatinamente asimilado por los fotógrafos criollos, algunos de los cuales habían
puesto en práctica innovaciones técnicas para su consumo personal.
Arte y fotografía.
La tradición del retrato
La enfurecida discusión que intenta
definir si la fotografía desplaza y refuta a la obsoleta e imprecisa pintura o si por el
contrario debe entenderse como una industria más, sobre la cual recuestan su ineptitud
los talentos escasos, pues su valor radicaría en el servicio que presta a la exactitud,
tarda en resolverse a favor de la sensibilidad y capacidad expresiva del usuario de la
técnica.
Esta polémica no interrumpe la
producción de fotógrafos en Colombia, y es el retrato una modalidad a la cual los
colombianos hacen uno de los mayores aportes artísticos, como lo muestran las fotos de
Duperly, Rodríguez, Benjamín de la Calle, Aristides Oriza y Demetrio Paredes, entre
otros.
Especializaciones y nuevas
actitudes
Ya en el siglo XX se presenta una
proliferación en el número de fotógrafos aficionados y profesionales, en el uso de las
técnicas y en los objetivos artísticos e informativos de la fotografía.
Surge la modalidad de la tarjeta postal
con figuras alegóricas, personajes y paisajes; el reporterismo gráfico se estabiliza
como profesión al servicio de las nuevas ediciones de periódicos y revistas y se
oficializa la utilización de la fotografía como apoyo para actividades profesionales y
científicas.
Finalizado este recuento general, el
libro presenta, como anexo, detalles de los procesos técnicos relativos a la fotografía
y una lista de fotógrafos colombianos.
Esta sucesión cronológica de datos
acerca de los exponentes y las tendencias de la fotografía en Colombia constituye una
buena aproximación histórica. No obstante, las pretensiones de abarcar de un solo
fogonazo un siglo entero del quehacer fotográfico en este variado país, logra el efecto
aplanador del flash sobre una multitud desprevenida: se pierde la profundidad, desaparecen
los matices y sutilezas, se iluminan en exceso los primeros objetos que reciben el
resplandor de la lámpara, quedando opacos aquellos que se ubican unos pasos atrás; no
hay claridad sobre lo particular y por tanto la totalidad se distorsiona.
Aun así, el texto sugiere infinidad de
posibilidades, con lo cual se resalta su importancia como punto de pártida para futuros
avances. Una historia de la fotografía es la versión de la mirada que ha tenido la
sociedad sobre sí misma, narrada desde la sensibilidad de aquellos que tuvieron en su
poder los elementos para registrar la apariencia del entorno. Es por tanto la historia de
sus gustos, de sus temores, de lo que se cree que merece recordarse y también de lo que
se omitió, con deliberación o sin ella.
Otra publicación complementaria podría
ocuparse en conceder la importancia merecida a la evolución de la fotografía en cada
región colombiana, dándole una representación a la fotografía doméstica: la de los
álbumes familiares, aquella que poco sabe de arte pero que también forma parte de la
historia; realizar una verdadera interpretación histórica aprovechando la calidad de los
ingredientes, tratando de desentrañar el carácter de cada época, el porqué de los
temas que se tratan; profundizar en las distintas modalidades y, en fin, asumir la tarea
de acuerdo con las exigencias de su magnitud.
En todo caso, el texto es de gran
interés tanto para el investigador como para el espectador desprevenido, pues ofrece
materiales para la consulta y el goce.
CRISTINA TORO |