El arte de narrar
 


 

El arte de narrar

Los infiernos del jerarca Brown
Pedro Gómez Valderrama
Colección Literaria, Ediciones Fundación Simón y Lola Guberek.
Vol. 2. Bogotá, 1984

Ha sido recibida con mucho entusiasmo la colección literaria de la Fundación Simón y Lola Guberek. Ciertamente viene a llenar un vacio en publicaciones de esta naturaleza. Entre los cinco títulos aparecidos en la primera serie, se destaca el propósito de compilar y rescatar tantas obras que andan por ahí como fantasmas sin que a veces ni sus autores se apiaden de ellas, lo mismo que el interés de abrir brecha con escritores de las últimas generaciones.

Los infiernos del jerarca Brown, es de esos libros sin pretensiones que se han ido creando y armando a lo largo de muchos años, casi sin sospecharlo. De allí su marcada vitalidad y su carácter de testimonio del escritor, sus búsquedas y sueños en manifestación del constante oficio literario. La obra se remonta a materiales del año 48 con bellas páginas sobre París, apuntes sobre un curso de humanidades del 55 al 57, la crónica Los infiernos del jerarca Brown del 60, un ensayo sobre Cyril Connolly del 75, el tiempo en la novela europea del siglo XX del 79, notas sobre la muerte de Federico García Lorca del 80 y el oficio de escritor del 81. Lo anterior, más una traducción de Ezra Pound, aparecida inicialmente en la revista Eco a mediados de los años setenta. Lo fundamental de este libro es su auténtico reflejo de una vida literaria; constituye uno de esos pocos volúmenes que se convierten en depositarios de la vida del escritor. Por ello, esta compilación puede ser una excelente clave para conocer y ahondar en los elementos de la obra de Pedro Gómez Valderrama. Allí se encuentra el germen de su narrativa, lo mismo que de su tarea de ensayista; tiene el privilegio de abarcar las distintas etapas creativas del autor. Este libro nos descubre plenamente al poeta y al artífice, al hombre que ha hecho de su oficio el centro de su vida, una pasión permanente. También en estas páginas se muestra al insaciable lector que busca en la literatura otra forma de la verdad. En las obras de Pedro Gómez Valderrama conviven los fantasmas del arte con los de la vida y los de la historia; ello se encuentra bocetado en Los infiernos del jerarca Brown.

Quiere decir que lo vivencial es el rasgo más característico del libro en cuestión. Y ello se da como elemento paralelo a la recopilación e historiografía que hace en los cuentos y la novela de Pedro Gómez Valderrama un ser entre bambalinas denominado el Maese. Así lo llama el autor en su primer libro de cuentos. Dicho personaje es el investigador y cronista del pasado; parece el narrador que en tercera persona acopia los hechos a la manera del arqueólogo para armar la historia; esta constituye su signo y destino, su misión es testimoniar para que la historia se escriba. Lo anterior se manifiesta desde aquel ensayo magistral y que es esencialmente un libro narrativo, Muestras del diablo (1958), y se afianza y consolida en El retablo de maese Pedro (1967), donde el citado personaje toma carácter de contexto. En Los ojos del burgués (1970) y La procesión de los ardientes (1973), el Maese se ratifica en su vuelo por la imaginación y la historia. Sin embargo, es en La otra raya del tigre (1976), donde este contexto del Maese se funde en mayor grado con la vida; allí imaginación y realidad son dos líneas que se encuentran. Esta novela tiene su antecedente directo en Los infiernos del jerarca Brown. Ambos protagonistas vienen de otra cultura y a su vez encarnan la vida y la conjunción de América y Europa. Quiere decir que el Maese estudioso y recopilador se une con su cultura al Jerarca o a Geo von Lengerke como la vida enfrentada a un continente por hacer. Y ello en una forma de totalización lograda a través de la poesía.

La poesía es otro factor esencial en Los infiernos del jerarca Brown, como lo es en las demás obras de Pedro Gómez Valderrama. Por ejemplo, los personajes son demonios en aras de plenitud y de allí su identidad con la leyenda. Así pueden leerse en el libro citado las crónicas de París. Todo encuentro espacial corresponde a un recorrido vital y, en el caso de París, este se hace a través de la cultura y la vivencia; digamos de paso que el narrador ve esta ciudad transformada en mujer.

En los aspectos enunciados, queda claro que hay una base conceptual en las obras de Pedro Gómez Valderrama. Su arte de narrar corresponde también a un decir, o sea que el concepto o la significación es un elemento central en sus libros. Además de lo anterior, el autor es un ensayista. Así lo demuestran textos de Los infiernos del jerarca Brown como El oficio de escritor, Notas sobre el tiempo en la literatura europea del siglo XX y El maestro de la columnata de la noche, que son dignos del escritor que hay en Muestras del diablo. Estos ensayos constituyen otra faceta de este libro y a través de ellos se nos reitera el maestro que hay en Pedro Gómez Valderrama; estos aúnan experiencia, conocimiento y racionalidad a modo de luces que hacen puente entre varias generaciones de escritores. El autor ejerce un magisterio real por su proximidad y apertura hacia los escritores colombianos posteriores y los jóvenes que empiezan a consolidar una obra. El enfoque de estos ensayos es orientador para los nuevos valores hacia los cuales él siempre está atento.

ALONSO ARISTIZÁBAL