Amantes: desiertos y jardines

Amantes
Jorge Gaitán Durán
Colección Literaria, Ediciones Fundación Simón y Lola Guberek.
Vol. 1. Bogotá, 1984

"Cuando tomo la pluma en la mano, nada puede sucederme. ¡Que tome nota el destino!"
Karl Kraus

La leyenda de Al Motamid lo señala como a un rey capaz de mirar desde Sevilla a un mismo tiempo un jardín florecido y un extenso desierto. Capacidad del poeta para captar lo oculto bajo la apariencia, la realidad subyacente, facultad adormecida que aparece y despierta tras la vigilia o el desajuste sensorial preconizado por Rimbaud.

Así, como Al Motamid, Jorge Gaitán Durán, en el más denso y logrado de sus libros de poemas: Amantes. Sensorial y vigilante, Gaitán Durán festeja en este libro los jardines del deseo, los cuerpos que "saltan como dos delfines blancos en el día", y, a contraluz, en su espalda, la sombra del guerrero que "por amor debe morir".

Rasgo acaso proveniente del romanticismo alemán, en Gaitán Durán se hace manifiesto el énfasis de quien asume su destino, de quien avizora, en medio de la plenitud de la vida y de su entusiasmo por ella, "la inhospitalidad del cielo".

Releo la Obra literaria de Jorge Gaitán Durán. Desde su primer libro de poemas, Insistencia en la tristeza (1946), dieciséis cantos de soledad, a veces aquejados de un tono lastimero, pero donde ya se encuentran los temas que para siempre lo señalarán, eligiéndolo para ser un incansable amanuense: el amor y la muerte, las vastas soledades del guerrero.

Es en Amantes donde parece concretarse mejor el deseo del poeta por encontrar la palabra que parece no haber sido buscada, que parece, mejor, predestinada al poema en una exploración que quizás trabajara con la irracionalidad de su parte, o, mejor, con un instinto que lo hace resistir lo que el propio Gaitán llamara "la invasión del olvido". Acá, en este su libro de 1958, que en buena hora vuelve a publicar la Fundación Guberek, se encuentra, a mi subjetiva manera de entender, lo mejor de la obra del poeta. Delirio voluptuoso de los amantes, erotismo que es antesala de la muerte, su transgresión contrasta con la bella expresión de Rilke para el amor: "unión de dos soledades que se respetan". En Gaitán, este amor está hecho de "dos patrias que el alba separa", y que se buscan "como dos vampiros al alzarse el día".

De tal manera, Amantes es, de sus libros de poemas, quizás el que más totaliza un mundo donde jardines y desiertos se entrelazan en una convivencia natural, y a cuyas páginas cabrían las palabras del romántico Achim von Arnim: "¿Quién puede establecer la diferencia entre el rocío del paraíso y el veneno que escupe la serpiente?".

Pequeña y gran cantera poética, diez escasos poemas verdaderamente habitados por la poesía, Amantes es un libro que, aún desglosado del resto del cuerpo de la obra de Jorge Gaitán Durán, bastaría para señalarlo como uno de los más altos momentos de la poesía colombiana, como uno de esos pocos libros cuya vigilancia del lenguaje, cuya economía de palabras, se desliga de la tradición retórica de nuestro país. Exactitud que no es, sin embargo. superficie, vacua realidad. Porque acá, en su poética, se asiste a un misterio que nace de una música interior, de un ritmo que jamás podría ser premeditado. Esta poesía puede en sus acentos repetir la expresión de Denise Levertov en su lúcido y lúdico libro El poeta en el mundo, cuando señalaba que escribir es escuchar. Gaitán escucha el pulso interior, su ritmo más hecho de silencios y de sugerencias que de sonora verbalidad. En su escindido mundo, sus oídos que escuchan voces que cantan desiertos y jardines, este amanuense de sus sueños no se detiene al examen de su dictado irracional, sólo traduce sus obsesivas atmósferas, las vecindades de la muerte que pareciera intuir su fugaz viaje por la vida.

Algo que acaso quiso ser exorcismo: la insistencia en la muerte, en ese secreto dictado que acompaña toda su obra, quizás con mayor énfasis en su último libro de poemas, Si mañana despierto (1961), algo que ya ha señalado con certeza Pedro Gómez Valderrama en su prólogo a la Obra literaria de Jorge Gaitán Durán. (1975).

A Gaitán Durán debemos los colombianos, por otra parte, el impulso de la revista Mito, fundada en 1955, momento cuando algunos hombres pudieron asomarse por esa ventana a las nuevas corrientes literarias del mundo, a una nueva estética, en un intento válido por airear el espíritu aldeano, y una fidelidad a la poesía durante su corta existencia. Para estas dos empresas, no sobra decirlo, se requiere de valor en un país al que tan bien le ajusta el proverbio persa, citado por Gaitán Durán (véase prólogo de Gómez Valderrama) antes de su muerte, a la edad de 37 años: "Si quieres que te estimen, muere o viaja".

JUAN MANUEL ROCA