Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

Un libro inflado que describe porcentajes


Las sombras arbitrarias.
Violencia y autoridad en Colombia
Myriam Jimeno, Ismael Roldán
Editorial Universidad Nacional, Santafé de Bogotá, 1996, 208 págs.


Hay libros cuyo título tiene muy poco que ver con su contenido. Son posibles dos casos extremos: que el contenido rebase al título y éste quede corto para revelar la calidad de una obra, o que el título sea tan ambicioso que no tenga ninguna relación con el pobre contenido de un libro. Esto último sucede con el libro que ahora reseñamos, pues eso de Sombras arbitrarias más parece el nombre de una obra de ficción literaria, y precisamente este texto tiene de todo menos riqueza literaria. Así mismo, el subtítulo Violencia y autoridad en Colombia, tampoco se corresponde con el contenido, puesto que lo que allí se efectúa es una simple encuesta empírica, bastante limitada desde todos los puntos de vista, que solamente cobija a un sector de Bogotá. Por esto resulta bastante pretencioso y sorprendente que, a partir de este microestudio estadístico, se pretenda hablar de un tema tan amplio y complejo como el de violencia y autoridad en Colombia.


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Para ser mucho más precisos, los autores del texto, —cuya hoja de vida académica y profesional anunciaba un resultado de más calidad y rigor— deberían decirnos desde el título mismo que sus pretensiones no iban más allá de un típico estudio de caso. Porque, precisamente, este libro no es más que eso, como se constata fácil y rápidamente, consultando los anexos metodológicos. En efecto, allí se nos dice que esta investigación empírica se basó en las encuestas realizadas a 264 personas en el breve lapso de un mes. Las personas entrevistadas pertenecen al "estrato bajo" —categoría en sí misma de dudosa calidad— de la ciudad de Bogotá. Esas personas asisten a las consultas del centro de salud del hospital San Juan de Dios. Lo sorprendente del caso es que de una muestra tan limitada y tan localizada geográfica y socialmente se halla podido producir un libro.

El libro, simplemente, resultó de las pretensiones explicativas a partir de la antropología y la psiquiatría, las profesiones de los investigadores principales. Y decimos pretensiones explicativas, puesto que tanto en la Presentación como en la primera parte, titulada Violencia y sociedad, se hacen una serie de consideraciones teóricas bastante confusas, en las que al final no queda clara la perspectiva adoptada por los autores. Es, simplemente, una presentación erudita de las tesis de diversos antropólogos, sociólogos y psiquiatras, a la manera de los manidos marcos teóricos, sin que se establezca cabalmente en qué postura interpretativa se sitúan los investigadores.

En la segunda parte (págs. 33-53), Agresión y violencia en un sector social bogotano, se hace una simple descripción de los resultados estadísticos de la investigación. Lo paradójico es que se ahonde tanto en el recuento de los resultados de la muestra estadística, y que se le dediquen 20 páginas cuando, al final del libro, se presentan dos aburridos e insulsos anexos con los resultados de la encuesta, que ocupan casi la mitad del texto (págs. 137-206). Aunque los autores dicen que los incorporaron como uno de los métodos de investigación a las historias de vida, en realidad esta técnica queda tan marginada que casi desaparece del proceso, o por lo menos aparece en una forma ostensiblemente marginal en los resultados de la investigación. Lo que predomina es la fría encuesta estadística. Si, en lugar de eso, se hubieran reproducido con todo detalle los testimonios de las personas entrevistadas, se hubiera obtenido mucho más de lo que se logró, ya que por lo menos se hubieran publicado las voces de sectores pobres que nunca son escuchados por ningún medio de comunicación.

Lo que medio salva del completo naufragio al libro comentado son la tercera y cuarta partes, en las que, aunque por momentos se siguen comentando los resultados estadísticos —que parece haberse convertido en una manía de los investigadores—, se intentan establecer relaciones y explicaciones, aunque éstas no trasciendan el ámbito puramente familiar de las personas entrevistadas, que han sido víctimas o protagonistas de acciones violentas o de agresión. Y aun aquí los resultados son tan evidentes, que no habría sido necesaria una investigación de esta naturaleza, para descubrir lo evidente: que existe una notable violencia intrafamiliar en los hogares colombianos; que predomina la descomposición juvenil y la formación de bandas; que los colombianos no creen en la autoridad del Estado; que los policías participan en algunas de esas bandas y que ayudan a robar; que las personas tienden a refugiarse en el individualismo como respuesta a las agresiones; que predomina la violencia de los maridos contra sus mujeres y de éstas contra los hijos, etc. Resultados de esta naturaleza ya habían sido detectados por estudios menos pretenciosos, pero más vivos y apasionados, como los de Alonso Salazar y algunos de Alfredo Molano y Arturo Alape. Lo que quiere decir que los autocalificativos de científicos no son suficientes para lograr investigaciones serias, con resultados satisfactorios.


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En conclusión, este es un libro inflado, puesto que del total de sus 208 páginas tenemos que 2 están dedicadas al currículum de los autores, 70 están consagradas a la presentación de dos anexos estadísticos, 10 se ocupan de la bibliografía, 23 abordan el dichoso marco teórico y 20 se consagran a la descripción de lo dicho en los anexos. Así tenemos, entonces, que 125 páginas del libro son aditivas y que tranquilamente habrían podido ser suprimidas. En síntesis, en cuanto extensión, el libro, de 208 paginas, realmente se reduce a 80, y eso examinándolo, como les gusta a sus autores; es decir, en términos puramente cuantitativos. Pero si vamos más allá, encontramos que los investigadores no inscriben para nada las acciones violentas y las agresiones individuales y familiares dentro de marcos sociales, condiciones laborales, deterioro económico, etc. Es como si esas acciones pudieran explicarse a partir de sí mismas, sin ningún nexo con contextos sociales y culturales muy particulares. Por ejemplo, los autores del texto hubieran logrado algo más significativo si se hubieran planteado el problema de indagar sobre las condiciones de vida de las personas del "estrato bajo", incluso aprovechando con más rigor las historias de vida, que en este caso fueron notablemente descuidadas.

Para terminar, sorprende en verdad que una investigación tan limitada y con resultados tan pobres haya recibido el Premio Nacional de Ciencias de la Fundación Alejandro Ángel Escobar. Esto lleva a pensar acerca del nivel de clientelismo intelectual y científico que ha llegado a predominar en nuestro medio o de la dudosa calidad de los premios que se conceden.

RENÁN VEGA CANTOR