Un libro inflado que
describe porcentajes
Las sombras arbitrarias.
Violencia y autoridad en Colombia
Myriam Jimeno, Ismael Roldán
Editorial Universidad Nacional, Santafé de Bogotá, 1996, 208 págs.
Hay libros cuyo título tiene muy poco
que ver con su contenido. Son posibles dos casos extremos: que el contenido rebase al
título y éste quede corto para revelar la calidad de una obra, o que el título sea tan
ambicioso que no tenga ninguna relación con el pobre contenido de un libro. Esto último
sucede con el libro que ahora reseñamos, pues eso de Sombras arbitrarias más
parece el nombre de una obra de ficción literaria, y precisamente este texto tiene de
todo menos riqueza literaria. Así mismo, el subtítulo Violencia y autoridad en
Colombia, tampoco se corresponde con el contenido, puesto que lo que allí se efectúa
es una simple encuesta empírica, bastante limitada desde todos los puntos de vista, que
solamente cobija a un sector de Bogotá. Por esto resulta bastante pretencioso y
sorprendente que, a partir de este microestudio estadístico, se pretenda hablar de un
tema tan amplio y complejo como el de violencia y autoridad en Colombia.
Para ser mucho más precisos, los autores del texto, cuya hoja de vida académica y
profesional anunciaba un resultado de más calidad y rigor deberían decirnos desde
el título mismo que sus pretensiones no iban más allá de un típico estudio de caso.
Porque, precisamente, este libro no es más que eso, como se constata fácil y
rápidamente, consultando los anexos metodológicos. En efecto, allí se nos dice que esta
investigación empírica se basó en las encuestas realizadas a 264 personas en el breve
lapso de un mes. Las personas entrevistadas pertenecen al "estrato bajo"
categoría en sí misma de dudosa calidad de la ciudad de Bogotá. Esas
personas asisten a las consultas del centro de salud del hospital San Juan de Dios. Lo
sorprendente del caso es que de una muestra tan limitada y tan localizada geográfica y
socialmente se halla podido producir un libro.
El libro, simplemente, resultó de las
pretensiones explicativas a partir de la antropología y la psiquiatría, las profesiones
de los investigadores principales. Y decimos pretensiones explicativas, puesto que tanto
en la Presentación como en la primera parte, titulada Violencia y sociedad, se hacen una
serie de consideraciones teóricas bastante confusas, en las que al final no queda clara
la perspectiva adoptada por los autores. Es, simplemente, una presentación erudita de las
tesis de diversos antropólogos, sociólogos y psiquiatras, a la manera de los manidos
marcos teóricos, sin que se establezca cabalmente en qué postura interpretativa se
sitúan los investigadores.
En la segunda parte (págs. 33-53),
Agresión y violencia en un sector social bogotano, se hace una simple descripción de los
resultados estadísticos de la investigación. Lo paradójico es que se ahonde tanto en el
recuento de los resultados de la muestra estadística, y que se le dediquen 20 páginas
cuando, al final del libro, se presentan dos aburridos e insulsos anexos con los
resultados de la encuesta, que ocupan casi la mitad del texto (págs. 137-206). Aunque los
autores dicen que los incorporaron como uno de los métodos de investigación a las
historias de vida, en realidad esta técnica queda tan marginada que casi desaparece del
proceso, o por lo menos aparece en una forma ostensiblemente marginal en los resultados de
la investigación. Lo que predomina es la fría encuesta estadística. Si, en lugar de
eso, se hubieran reproducido con todo detalle los testimonios de las personas
entrevistadas, se hubiera obtenido mucho más de lo que se logró, ya que por lo menos se
hubieran publicado las voces de sectores pobres que nunca son escuchados por ningún medio
de comunicación.
Lo que medio salva del completo naufragio
al libro comentado son la tercera y cuarta partes, en las que, aunque por momentos se
siguen comentando los resultados estadísticos que parece haberse convertido en una
manía de los investigadores, se intentan establecer relaciones y explicaciones,
aunque éstas no trasciendan el ámbito puramente familiar de las personas entrevistadas,
que han sido víctimas o protagonistas de acciones violentas o de agresión. Y aun aquí
los resultados son tan evidentes, que no habría sido necesaria una investigación de esta
naturaleza, para descubrir lo evidente: que existe una notable violencia intrafamiliar en
los hogares colombianos; que predomina la descomposición juvenil y la formación de
bandas; que los colombianos no creen en la autoridad del Estado; que los policías
participan en algunas de esas bandas y que ayudan a robar; que las personas tienden a
refugiarse en el individualismo como respuesta a las agresiones; que predomina la
violencia de los maridos contra sus mujeres y de éstas contra los hijos, etc. Resultados
de esta naturaleza ya habían sido detectados por estudios menos pretenciosos, pero más
vivos y apasionados, como los de Alonso Salazar y algunos de Alfredo Molano y Arturo
Alape. Lo que quiere decir que los autocalificativos de científicos no son suficientes
para lograr investigaciones serias, con resultados satisfactorios.
En conclusión, este es un libro inflado, puesto que del total de sus 208 páginas tenemos
que 2 están dedicadas al currículum de los autores, 70 están consagradas a la
presentación de dos anexos estadísticos, 10 se ocupan de la bibliografía, 23 abordan el
dichoso marco teórico y 20 se consagran a la descripción de lo dicho en los anexos. Así
tenemos, entonces, que 125 páginas del libro son aditivas y que tranquilamente habrían
podido ser suprimidas. En síntesis, en cuanto extensión, el libro, de 208 paginas,
realmente se reduce a 80, y eso examinándolo, como les gusta a sus autores; es decir, en
términos puramente cuantitativos. Pero si vamos más allá, encontramos que los
investigadores no inscriben para nada las acciones violentas y las agresiones individuales
y familiares dentro de marcos sociales, condiciones laborales, deterioro económico, etc.
Es como si esas acciones pudieran explicarse a partir de sí mismas, sin ningún nexo con
contextos sociales y culturales muy particulares. Por ejemplo, los autores del texto
hubieran logrado algo más significativo si se hubieran planteado el problema de indagar
sobre las condiciones de vida de las personas del "estrato bajo", incluso
aprovechando con más rigor las historias de vida, que en este caso fueron notablemente
descuidadas.
Para terminar, sorprende en verdad que
una investigación tan limitada y con resultados tan pobres haya recibido el Premio
Nacional de Ciencias de la Fundación Alejandro Ángel Escobar. Esto lleva a pensar acerca
del nivel de clientelismo intelectual y científico que ha llegado a predominar en nuestro
medio o de la dudosa calidad de los premios que se conceden.
RENÁN VEGA CANTOR
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