Exportaciones
no tradicionales en Nueva Granada.
El caso del gigante Cano (1792)
La historiografía ha recogido con
entusiasmo la preocupación "científica" de los ilustrados gobernantes y
funcionarios españoles del último tercio del siglo XVIII.
La notoria curiosidad por el conocimiento
no estuvo, sin embargo, exenta de frivolidad, donde la obsecuente intención de satisfacer
los deseos reales abrieron caminos a la arbitrariedad e inclusive al aventurerismo.
En el plano de las artes la academia
expresa un testimonio cabal del "despotismo ilustrado" donde lo despótico
primó sobre lo ilustrado y los proyectos de la catedral de Popayán o el palacio de los
virreyes de Santafé de Bogotá se frustraron en la burocracia y la intolerancia
cortesana.
El caso que vamos a abordar hoy es más
elocuente en lo que significaba para los funcionarios de la corona la vida de sus
súbditos, que podía llegar en casos especiales a ser un objeto de simple curiosidad y
trapicheo, eso sí, envuelto con una supuesta preocupación "científica".
Por la documentación que se conserva en
el Archivo General de Simancas, en España, sabemos que en febrero de 1792 el virrey de
Nueva Granada, Ezpeleta, se había enterado de que en la parroquia de Guadalupe
"había un mozo de pocos años llamado Pedro Antonio Cano, de gran estatura".
La curiosidad del virrey motivó que
ordenara al corregidor de Vélez "que procuraran reducirlo a venir a esta capital a
verse conmigo". La utilización del término "reducirlo" implica algo más
que mera negociación y convencimiento por persuasión.
Cuando los indígenas fueron
desarraigados y se formaron las "reducciones", ellas procedían de la idea
compulsiva de "reducirlos a policía"; es decir, a control y, por ende, a
"polis" (ciudad o pueblo).
Al parecer, el corregidor de Vélez
"le hizo esta insinuación que surtió el deseado efecto" y, hallándose el
virrey en Zipaquirá, "se me presentó el referido Cano cuya estatura resultó ser
mayor de lo que se había dicho, pues en la edad de 21 años medido descalzo, se halló
tener 7 pies, 5 pulgadas, 3 líneas de Burgos, siendo por otra parte de buena proporción
y agradable fisonomía".
Pedro Antonio Cano mediría entonces el
equivalente de 2,27 metros aproximadamente, mientras que su hermano Miguel Antonio
"que parece le domina y sigue en su compañía" medía solamente 1,90 metros.
El virrey comentó que el rey
"tendría mucho gusto en ver a ese mozo, que puede llamarse gigante" y decidió
enviarlo a España al cuidado del capitán de la compañía de Caballería de Guardia don
Veremundo Ramírez de Arellano.
El traslado del pobre mozo, configurado
ya en un objeto de curiosidad, no se hizo sin algún resguardo que demuestre la fina
delicadeza de nuestras autoridades coloniales. Por un lado, lo dejaron ir con su hermano,
agregaron al séquito de exportaciones no tradicionales un "hermoso y raro" loro
amarillo que se destinaba (sin segundas intenciones) a la reina y finalmente se decidió
compensar a la familia del gigante.
Los Canos eran diez hermanos, y Pedro
Antonio, el penúltimo de ellos, se dedicaba a la agricultura. Preocupado el virrey por la
familia, solicita al rey y a su "natural generosidad" se le paguen cuatro reales
diarios, "para compensarles con este auxilio el natural sentimiento que habían
tenido de desprenderse de su hijo".
No se trata de una "compra" del
gigante, sino simplemente de arriendo, mientras Su Majestad tomaba conocimiento de este
singular producto americano. Es más: se entendía que, en caso de que Pedro Antonio Cano
quisiera quedarse en España (o el rey así lo dispusiese), "sería preciso traer a
su familia para que aquél nunca desee volver a su país".
Demás está decir que la presencia del
gigante en Europa ayudaría a alimentar aquellas versiones que desde el abate Pauw, Raynal
y Robertson insistían en presentar nuestro continente como una fábrica de
monstruosidades.
La parte "científica" que
prepara el virrey Ezpeleta para la presentación en sociedad del joven Cano está
integrada por un retrato, "que aunque no esté exacto en cuanto a la fisonomía, por
no haber aquí pintores acostumbrados a este ejercicio lo está respecto a las medidas sin
disculpar un punto". También se acompañaba una "relación abreviada" que
transcribimos y que acompaña al retrato.
Al rey le pareció muy adecuada la
iniciativa del virrey, que le permitiría conocer "un vasallo suyo de talla tan
prócer", y no menos interesado estuvo en el "hermoso loro", al cual
"no podría dársele más noble y correspondiente destino que el de ofrecerse a la
Soberana de los mismos dominios que presentan tan varias y singulares producciones".
El gigante y el loro cubrían así el
imaginario exótico de la Nueva Granada en la "ilustrada" concepción de nuestro
paternalista monarca.
Gigante y loro embarcaron en Cartagena en
la fragata de guerra Santa Águeda, que comandaba Juan Antonio Gartel, quien para hacer
méritos ante virrey y rey donó los costos de alimentación y traslado de los hermanos
Cano, del capitán Ramírez de Arellano y, obviamente, del loro.
El 16 de julio de 1792, nuestro gigante
llegará a Cádiz con el "loro amarillo y encarnado", mientras Ramírez de
Arellano tomó las providencias para que vistiesen adecuadamente a ambos hermanos y
esperaba el coche para trasladarlos a Madrid.
Sabemos que en octubre de 1792,
probablemente en el tercer centenario del descubrimiento de América, el rey tuvo el
impactante episodio del "encuentro de dos mundos" cuando Pedro Antonio Cano lo
visitó en el palacio de San Ildefonso. Sabemos que todo fue con "su real
agrado", por lo que deducimos que nuestro gigantesco embajador no hizo ni historias
ni reclamos. Desconocemos si la reina se sintió conmovida por el loro amarillo y si, como
muestra de condescendencia, nos devolvieron el gigante.
Lo que sí parece haber tenido mejor
trámite fue la "compensación" a los padres por aquel "natural
sentimiento" que se solía tener en estas tierras entre padres e hijos. Aquellas dos
ausencias fueron recompensadas, por la generosa decisión del virrey, con cuatro reales
diarios, la mitad de lo que percibía un artesano calificado en aquella época...
Desde entonces los términos de
intercambio no nos favorecen; la pérdida de dos americanos agigantados para regocijar el
inquieto e "ilustrado" espíritu de la corte no parece adecuadamente compensado.
Encima, el loro fue de ñapa.
RAMÓN GUTIÉRREZ
Relación abreviada que acompaña al
retrato del gigante de Guadalupe de la provincia de Vélez en el Nuevo Reino de Granada
Suele no ser muy raro en todas las
regiones del Mundo, y en todos los siglos ver renovado de tiempo en tiempo el agradable
espectaculo de algunos hombres de extraordinaria estatura que desvanecen las dudas acerca
de la existencia de los gigantes sobre la tierra, sin la necesidad de recurrir a
interpretaciones violentas para torcer a otros sentidos voluntarios, y aun demasiadamente
impropios, las expresiones literales de las sagradas escrituras. En la Historia de la
Conquista de este Reino se refiere que en las batallas de Opón en la Provincia de Velez
mataron los Conquistadores algunos Gigantes retirados por los Indios antes que la
curiosidad de los nuestros pudiera informarse de su verdadera medida para trasmitir a la
posteridad el autentico testimonio de tan curiosa noticia, que por acá no tiene mas apoyo
que el unanime consentimiento del pequeño exercito del General Quezada.
Mas equivocas son las pruebas que
pretenden deducir los Naturalistas y curiosos de los huesos de extraordinaria magnitud
hallados aqui, a imitacion de los de otras regiones, en los campos que llaman de los
Gigantes en la Provincia de Neyba, y a una legua de esta Capital, cuyos fragmentos se han
llevado a España en distintas ocasiones. Su actual estructura incompleta no permite los
recursos que suministra la osteologia para descubrir la verdadera forma de los huesos
humanos; quando por otra parte sus desproporcionadas dimensiones confirman mas bien
pertenecer a otros cuerpos de animales que a hombres incomparablemente mas altos que
Goliat; y aun tal vez mayores que Og, el unico que sobrevivió a toda la raza de los
Gigantes antiguos.
En la misma Provincia de Velez se ha
dexado ver en dichos dias el Joven Campesino Pedro Antonio Cano, natural de la Parroquia
de Guadalupe, cuya estatura merece ser mencionada en la lista de los Gigantes de nuestro
Siglo. Su edad de veinte y un años promete todavia algun aumento en longitud, para que no
la disminuya en la apariencia de regular enbarnecimiento que debe adquirir con la edad. La
presente no la ha sacado de la regular estatura de sus Padres casi igual a la de sus
hermanos segun la relacion del que le viene acompañando, y a quien excede dicho Gigante
en un pie 3. pulgadas 4 y un tercio lineas. Es el penúltimo de sus diez Hermanos, y se ha
criado sano y medianamente robusto en el exercicio y labores del Campo; cuya ocupacion mas
ordinaria del azadón en sus comunes tareas unida al cansancio de su corpulencia por el
frecuente agobiamiento del cuerpo le han hecho perder todo aquel aire y gentileza de mejor
educacion y exercicio.
Haviendolo medido con todas las
precauciones necesarias se há hallado su altura de 7, pies 5, pulgadas 3, lineas medida
castellana, y la de su hermano 6, pies 1, pulgada 10 dos tercios. Todas las medidas
particulares tomadas para la formacion del retrato manifiestan que su crecimiento,
advertido por sus Padres desde los quince años en adelante, no ha sido proporcional a
todas las partes de su cuerpo, ni correspondiente a las comunes estaturas de la mejor ni
aun de la mediana proporcion: pues se nota desde luego la desproporcion de los extremos
inferiores comparados con la longitud del medio cuerpo hasta la coronilla; aunque por otra
parte sus brazos y manos corresponden mejor a sus piernas y pies.
Tampoco era razon perder la
oportunidad de comparar el peso de nuestro Gigante con las proporciones señaladas por el
exacto y elocuente Naturalista el Conde de Buffon segun las estaturas posibles, y los
diversos estados de gordura. En efecto se ha encontrado tan justo el peso proporcional,
que admira el tino conque ha sabido fixar sus proporciones en la historia del hombre;
porque haviendo señalado el peso de 220. libras por primer termino entre los mas proximos
limites de flaco y grueso en el cuerpo de 6. pies medida de París; siendo justamente este
el termino que más conviene a nuestro Gigante con exclusion de los tres restantes grueso,
muy grueso, y demasiadamente grueso; le corresponde por el calculo el peso de 233 y tres
cuartos libras del peso total de 9. arrobas y 11. libras que se han regulado por la ropa
precisa y muy ligera conque entró al peso.
MEDIDAS PARTICULARES
Pies
Pulg
Lins
Desde la nariz del pelo al
0.
2.
3.
alto de la coronilla
Desde la raiz del pelo al
2.
7.
5.
centro del ombligo
Desde el centro del ombligo
4.
7.
7.
a la punta del pie
ALTURA TOTAL
7.
5.
3.
Desde el ombro a la punta
1.
8.
2.
del codo
Desde el codo a la muñeca
1.
3.
4.
Desde la muñeca a la punta
0.
10.
6.
del medio
De ombro a ombro
1.
7.
8.
De cadera a cadera
1.
4.
2.
El arca del pecho en circulo
3.
8.
10.
La cadera en circulo
3.
7.
10.
Desde el jamon ala rodilla
2.
2.
2.
Desde la rodilla ala planta
2.
5.
8.
del pie
Desde el talón ala punta del
1.
2.
9.
dedo grueso
Ancho del pie entre juanete y
0.
5.
10.
dedo menor
Ancho de la rodilla
0.
6.
2.
De tobillo a tobillo
0.
4.
4.
Ancho de la muñeca
0.
3.
0.
Ancho de la pantorrila
0.
6.
2.
Santafé 19 febrero de 1792.
Nota:
Que los anchos que se expresan de la
pantorrilla, muñeca, etc. se han tomado por medio de dos tablas colocadas en lineas
paralelas, cuya distancia ha dado las medidas.
JOSÉ DE EZPELETA.
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