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García
Márquez regresa al periodismo
Noticia de un secuestro
Gabriel García Márquez
Grupo Editorial Norma, Santafé de Bogotá, 1996, 336 págs.
Con la aparición de Cien años de
soledad, se precipitó un proceso de lectura hasta ese momento insólito en Colombia
y en muchos países latinoamericanos. Sin embargo, la fuerza del libro, la decidida
aceptación por parte de un público cada vez más numeroso, abrieron los cauces
suficientes para que la novela se instalara, como en su propia casa, a todos los niveles.
Una vez que se oyeron los primeros comentarios entusiastas de quienes la leyeron,
generaron una avalancha de lectores ávidos de conocer, pero sobre todo de leer, a este
desconocido escritor. Así fue como la primera edición se agotó muy pronto, siendo este
el despertar de los millones de lectores que seguirían desde entonces la obra de nuestro
premio Nobel colombiano.
A partir de este momento, el entusiasmo y
la curiosidad por la obra de García Márquez sigue creciendo. Es más, ese entusiasmo y
esa curiosidad aumentan con cada uno de sus nuevos libros, y por eso no es de extrañar
que Noticia de un secuestro, que hizo su aparición en la Feria Internacional del
Libro en Bogotá, durante el mes de mayo de 1996, se anunciara desde mucho antes. Ya el
periódico español, El País, del 10 de marzo de 1995 publicaba lo siguiente:
"Gabriel García Márquez guarda en secreto de qué acontecimiento se trata, lo que
ha provocado una mayor expectación sobre el libro. En la novela aparecen también
personajes de la vida real como el antiguo capo del cartel, Pablo Escobar, aunque
no es el protagonista" 1. Y, en el mes de septiembre del
mismo año en la ciudad de Madrid, el escritor aprovechó el taller que dictó a doce
periodistas representantes de diferentes países para hablar del reportaje y basar parte
de su discusión en el material que constituiría su nueva obra.
De ninguna manera es extraño en primer
lugar que con un poco más de un año de anticipación se anunciara el nuevo libro, ni
tampoco es una sorpresa que se considerara como novela, ya que en diferentes latitudes del
mundo muchos de sus lectores creerían que ésta era otra de las famosas creaciones
fantásticas del escritor y seguramente que la harían parte del tan mal llamado
"realismo mágico". Lo que no se puede ignorar es que Noticia de un
secuestro es un libro escalofriante, tanto para sus lectores colombianos como para
aquellos que están al corriente de lo que en las últimas dos décadas, ha vivido
Colombia con el flagelo del narcotráfico, toda la violencia, y las secuelas que éste ha
dejado por donde quiera que ha pasado impregnando el país como si se tratara de una
condición natural. Como bien lo dice el escritor, esto "es sólo un episodio del
holocausto bíblico en que Colombia se consume desde hace más de veinte años" 2.
Es de sumo interés anotar aquí que la
primera columna periodística escrita por Gabriel García Márquez, y, conocida bajo el
nombre genérico de "Punto y aparte", publicada por el periódico El Universal,
de Cartagena, el 21 de mayo de 1948, comienza de la siguiente manera: "Los habitantes
de la ciudad nos habíamos acostumbrado a la garganta metálica que anunciaba el toque de
queda" 3: con esas pocas palabras podemos apreciar el
estado del país, un ambiente de zozobra, de poca paz y tranquilidad. En la misma columna
nos dice: "Un largo silencio duro, concreto, que se iba metiendo en cada vértebra,
en cada hueso del organismo humano, consumiendo sus células vitales, socavando su
levantada anatomía... Hundidos en él sólo oíamos el ruido rebelde, impotente de
nuestra repiración" 4. Parece que casi medio siglo más
tarde, cuando García Márquez vuelve al periodismo, el país se encuentra en el mismo
estado de zozobra y violencia, o, quizá peor, y un pueblo callado que lo único que puede
hacer es consumirse en el silencio, en el que cada día es más y más difícil el poder
respirar, y en el que parece que ya ni siquiera existe célula alguna de rebeldía.
Un examen concienzudo de la historia
colombiana, nos lleva en este trabajo a decir una vez más que la obra de nuestro querido
escritor Gabriel García Márquez, tanto la periodística como la de ficción, sigue
nutriéndose del fenómeno de la violencia que ha prevalecido en el país desde el
período colonial y que en el siglo actual aumenta cada vez más en una proporción
desenfrenada. En el caso de Noticia de un secuestro, García Márquez dedicó
muchísimo tiempo a recoger esta información, darle coherencia y estructurar este
reportaje de 336 páginas, que, como dijimos anteriormente, es escalofriante para los
lectores compatriotas, que están familiarizados con los nombres y apellidos de muchos de
los protagonistas; de aquellos que tuvieron la suerte de sobrevivir a esta odisea de
angustia y horror, o de los que no fueron tan afortunados y murieron durante el tiempo de
su secuestro. La misma reacción de angustia tendrán los colombianos residentes en otras
partes del mundo donde tan pocas noticias se reciben de Colombia, y no podemos dejar de
mencionar la reacción de sorpresa, que muchos de los Constituyentes sentirán al
leer este libro, ya que en el tiempo que cumplían sus funciones, ignoraron las
negociaciones que, por medio de Alberto Villamizar, mantenía el gobierno para que se
llevara a cabo la entrega de Pablo Escobar.
Para García Márquez, "un buen
reportaje es aquél en el que el redactor de un diario recoge la noticia y la explora
hasta sus últimas consecuencias" 5. No hay duda de que
éste fue el objetivo de su trabajo, y que como entrevistador no quedó satisfecho
solamente con las anécdotas contadas por los secuestrados, sino que su trabajo se
extendió haciendo una investigación minuciosa en los archivos de la policía, el
ejército y el gobierno. Se familiarizó con el diario de Diana Turbay, y también logró
penetrar hasta el interior de las familias que tuvieron que vivir día a día la zozobra
de no saber en qué momento se les avisaría de la muerte de alguno de sus seres queridos.
Familias que también lucharon y mantuvieron la esperanza de volver a ver estas víctimas,
regresar a sus hogares, y así dar por terminada la pesadilla de aquel trágico episodio
colombiano.
Episodio sucedido durante los años 1990
y 1991, siendo presidente del país César Gaviria. El señor Pablo Escobar, dueño de una
de las más grandes empresas internacionales, "el tráfico de drogas", decidió
que su mejor arma era, no solamente acabar con personajes colombianos como en el caso del
líder liberal, Luis Carlos Galán, sino que en nombre de lo que llamó la defensa de los
Extraditables: "Preferimos una tumba en Colombia a una celda en los Estados
Unidos" (pág. 30), Escobar decidió buscar la atención del gobierno
colombiano, atemorizando al pueblo con una serie de secuestros realizados por los
cabecillas del narcotráfico. "Nada ha caído tan explosivamente como el libro de
García Márquez... Este libro es ante todo la demostración inequívoca y fehaciente de
todo lo que Pablo Escobar hizo y deshizo, para evitar como fuera la extradición de
nacionales a Estados Unidos. Empezando por la de él mismo" 6.
En su afán de defensa contra la extradición no se valió solamente de los secuestros
sino que también, siendo el tiempo en que la Asamblea Nacional Constituyente se
encontraba reunida, logró sobornar a algunos de sus miembros para que votaran en contra
de la extradición.
Noticia de un secuestro, por lo
que se refiere a la Asamblea Nacional Constituyente, ha sido verdaderamente una sorpresa,
una bomba, no solamente para los lectores en general, sino también para los
Constituyentes que se jugaron la vida, sin saber que el gobierno negociaba la entrega de
Pablo Escobar. Como bien lo narra García Márquez, las negociaciones con Escobar se
lograron a través de los Ochoa, y Escobar se entregó el mismo día que la Constituyente
aprobaba la no extradición. "La posición del gobierno había sido derrotada en la
Asamblea Nacional Constituyente, donde acababa de aprobarse la no extradición de
nacionales por cincuenta y un votos a favor, trece en contra y cinco abstenciones en una
primera instancia que sería ratificada más tarde" (pág. 325). Hoy, en el país se
habla nuevamente de la extradición, y en su columna periodística del 3 de julio de 1996,
DArtagnan analiza la situación sobre este escabroso tema y haciendo referencia al
libro de García Márquez se pregunta ¿por qué la gran mayoría de los Constituyentes
votaron por su prohibición?:
¿Por qué lo hicieron? Algunos por
convicción ideológica. Otros por susto. Y otros más por soborno, según Pastrana...
Sólo trece miembros votaron sí (es decir en favor de la extradición, que curiosamente
hoy invocan como revisable algunos columnistas antes adversos a la aplicación de este
instrumento), y, de tales trece, cinco lo hicieron con mucho carácter y a voz en cuello,
corriendo, obviamente, toda clase de peligros y amenazas. Fueron María Mercedes Carranza,
Iván Marulanda, Antonio Galán, Carlos Lemos Simmonds y Gustavo Zafra Roldán. Cinco
berracos, cuando estar en pro de la extradición era difícil; no como hoy, cuando muerto
Escobar y con los Rodríguez tras las rejas, la cosa sin duda resulta más fácil 7.
Analizando la cita anterior tendremos que
decir que Colombia no es más que un país de paradojas, donde se suceden los hechos más
inverosímiles y para conocerlos, tenemos que esperar a que aparezca una nueva obra de
nuestro Nobel de Literatura que nos dé la oportunidad de conocer la verdad de los hechos
preocupantes, ya que lo que se conoce por medio de la noticia oficial no es más que lo
que a los beneficios e intereses políticos conviene propagar.
García Márquez, en Noticia de un
secuestro, con gran maestría, lleva a Maruja Pachón para que rescate de su memoria
los episodios tan minuciosos y dolorosos de esos seis meses de pesadilla, "ciento
noventa y tres días desde la noche en que la secuestraron" (pág. 306), y de los
cuales ella "no quiso conservar ningún recuerdo de aquel pasado atroz que proponía
borrar de su vida". Es sólo de lógica que la protagonista central de este episodio
quisiera olvidar tanto los sufrimientos físicos como la tortura psicológica a la que fue
sometida, el poco respeto por la vida humana, la insensibilidad sin límite. Episodios y
anécdotas dolorosas de recordar y contadas con gran emoción. Recuerdos de las durezas de
sus secuestradores quienes al mismo tiempo eran las únicas personas capaces de hacerle
aquellos meses de suplicio un poco más llevaderos. Seres contradictorios, como es el caso
de aquel médico que la asiste cuando se encuentra enferma y le dice: "Me
siento la persona más avergonzada del mundo por tener que verla a Ud. en esta situación.
Quiero decirle que estoy aquí por la fuerza. Fui muy amigo y partidario del doctor Luis
Carlos Galán, y voté por él. Ud. no se merece este sufrimiento, pero trate de
sobrellevarlo. La serenidad es buena para su salud". Maruja apreció sus
explicaciones, pero no pudo superar el asombro por su elasticidad moral" (pág. 135).
En el proceso de acercamiento,
investigación y análisis de esta obra nos encontramos con diversos elementos de la
violencia, diversas manifestaciones del clima reinante en el país, variadas expresiones
de los protagonistas y algunos de los diálogos que a primera vista parecen cifrados, y
que hacen referencia a ese clima de zozobra política, de tensión social, de crisis moral
por la que atraviesa el país. Estos elementos están bien trabajados con el uso de las
técnicas del gran periodista que García Márquez siempre ha sido, a las que añade por
otra parte las de gran cuentista.
Magistralmente, todos los hechos de esta
tenebrosa tragedia se van entrelazando con un lenguaje cuidadoso, frases cortas y una
descripción minuciosa hasta de los más ínfimos detalles como bien se puede observar en
aquel episodio donde se narra el encuentro del cadáver de Marina Montoya, abandonado en
uno de los potreros al norte de Santafé de Bogotá:
Estaba casi sentada en la hierba
todavía húmeda por una llovizna temprana,...El cadáver tenía la cabeza cubierta por
una capucha acartonada por la sangre seca, puesta al revés, con los agujeros de la boca y
los ojos en la nuca, y casi desbaratada por los orificios de entrada y salida de seis
tiros disparados desde más de cincuenta centímetros, pues no habían dejado tatuajes en
la tela y la piel (pág. 149).
Y, como si la realidad de aquella escena
no fuera suficiente para el lector, García Márquez continúa con la narración del
impacto que el cadáver ocasiona a aquella vendedora de flores que después de haber
matriculado a su hija en una escuela cercana, se encuentra con la escena descrita
anteriormente: "El cadáver le impresionó por la buena calidad de la ropa interior,
por la forma y cuidado de sus manos y la distinción que se le notaba a pesar del rostro
acribillado" (pág. 150).
Noticia de un secuestro, ante
todo, tiene una misión de denuncia de los problemas sociales y de la poca protección
facilitada por el Estado, para amparar a todo ciudadano y defender su derecho a disfrutar
de la libertad y seguridad personales. Indagando en el lenguaje y en las técnicas del
relato, el escritor nos permite ver esa realidad dolorosa, un presente colombiano casi
obscuro, una Colombia prohibitiva que vive en una constante inseguridad. Los tormentos
psíquicos y físicos a que estuvo sometida Marina Montoya, terminando en la muerte, son
solamente un ejemplo de lo que los ciudadanos colombianos confrontan ante la ola de
violencia y la industria del secuestro que se ha convertido en una "de las grandes
transnacionales" (pág. 54), como bien la define el autor que a través de toda la
obra no se resiste a incluir sus propios comentarios y juicios. En relación a la
responsabilidad de Colombia ante el tráfico de drogas García Márquez en una forma muy
acertada y sin necesidad de extenderse demasiado, entrega esta carga a sus lectores:
Colombia no había sido consciente de
su importancia en el tráfico mundial de drogas mientras los narcos no irrumpieron en la
alta política del país por la puerta de atrás, primero con su creciente poder de
corrupción y soborno, y después con aspiraciones propias. Pablo Escobar había tratado
de acomodarse en el movimiento de Luis Carlos Galán, en 1982, pero éste lo borró de sus
listas y lo desenmascaró en Medellín ante una manifestación de cinco mil personas. Poco
después llegó como suplente a la Cámara de Representantes por un ala marginal del
liberalismo oficialista, pero no olvidó la afrenta, y desató una guerra a muerte contra
el Estado, y en especial contra el Nuevo Liberalismo. Rodrigo Lara Bonilla, su
representante como ministro de justicia en el gobierno de Belisario Betancur, fue
asesinado por un sicario motorizado en las calles de Bogotá. Su sucesor, Enrique Parejo,
fue perseguido hasta Budapest por un asesino a sueldo que le disparó un tiro de pistola
en la cara y no logró matarlo. El 18 de agosto de 1989, Luis Carlos Galán fue
ametrallado en la plaza pública del municipio de Soacha a diez kilómetros del palacio
presidencial y entre dieciocho guardespaldas bien armados (pág. 29).
García Márquez, con el balance que
siempre le ha caracterizado, plantea dentro de esta crónica que ningún drama humano es
unilateral, porque si bien tanto los secuestrados como sus familias son víctimas, al otro
lado de la moneda los sicarios son seres humanos con sus pasiones y sentimientos, residuos
de una sociedad que les ofrece muy poco para salir de sus angustias y miserias. Resultados
de hogares, donde desde pequeños lo único que han visto es un estado de violencia que
poco a poco les ha llevado a no controlar sus propios impulsos y donde viven acosados por
los miedos y las dudas. Un ejemplo de estos jóvenes resentidos contra una sociedad lo
tenemos en los guardias que vigilan el grupo de Hero Buss, "Todos eran jóvenes. El
menor de ellos podía tener quince años y se sentía orgulloso de que ya se había ganado
un premio de ópera prima en un concurso de asesinatos de policías de a dos millones cada
uno" (pág. 68). Jóvenes sin ningún ideal de vida a no ser el de estar listos para
matar cuando son manejados por gentes sin escrúpulos, como aquel hombre que entra al
cuarto donde se encuentran Marina, Beatriz y Maruja: "...un jefe bien vestido, con un
corpachón, empacado en un metro con noventa abrió la puerta de una patada y entró en un
cuarto como un ventarrón. Su traje implacable de lana tropical, sus mocasines italianos y
su corbata de seda amarilla iban en sentido contrario de sus modales rupestres. Les soltó
dos o tres improperios a los guardianes, y se ensañó con el más tímido cuyos
compañeros llamaron Lamparón. Me dicen que usted es muy nervioso le
dijo, pues le advierto que aquí los nerviosos se mueren " (págs.
58-59).
Lo que encontramos con la lectura de este
libro, es una historia dramática, en la que se juega con las vidas en una forma
despiadada, personajes reales, desdichados en un cautiverio, pagando crímenes que no han
cometido. Los delincuentes encerrados en un mundo rastrero, porque no conocen otro donde
puedan concebir una manera mejor de vida. El mundo que se encuentra dentro de toda esta
crónica esta plagado de dudosos valores y con casi nada de apertura para buscar y
encontrar alternativas más positivas. Víctimas de un Estado, que hace lo mínimo para
que se aprenda a respetar el derecho a la vida. Derecho que cualquier ser humano debe
tener. En el caso de los secuestrados, ellos son usados para que aquellos pocos que tienen
el poder del dinero del narcotráfico puedan mostrar su poder. En el caso de los jóvenes
sicarios son arrastrados al crimen y la delincuencia porque no tienen oportunidad para
sobrevivir. Muchos, confundidos, se apoyan y refugian en las oraciones al Divino Niño,
viven en un fatalismo absoluto, y, "Las disculpas que se daban a sí mismos por su
oficio abominable era ayudar a su familia, tener motocicletas, y velar por la felicidad de
la madre, que adoraban por encima de todo y por la cual estaban dispuestos a morir.
Vivían aferrados al mismo Divino Niño y la misma María Auxiliadora de sus secuestrados.
Les rezaban a diario para implorar su protección y su misericordia, con una devoción
pervertida, pues les ofrecían mandas y sacrificios para que les ayudaran al éxito de sus
crímenes" (pág. 72). Mentes jóvenes completamente confundidas que por razones
económicas han estado lejos de poder adquirir una educación que les ayude a cambiar sus
formas de vida, que les prepare para ganarla de una manera honrada. Aceptan la
criminalidad y si les da miedo acuden al Rovignol, un tranquilizante que les permite
cometer en la vida real las proezas del cine. "Mezclado con una cerveza uno entra en
onda en seguida explicaba un guardián. Entonces le prestan a uno un buen
fierro y se roba un carro para pasear. El gusto es la cara de terror con que le entregan a
uno las llaves" (pág. 72). Un conflicto social, que va creciendo bajo la piel,
minuto a minuto, hasta que finalmente revienta manifestándose en las formas más
negativas de violencia: "Todo [...] lo odiaban: los políticos, el gobierno, el
Estado, la justicia, la policía, la sociedad entera. La vida, decían, era una
mierda" (pág. 72).
En la revista Cambio 16 dice García
Márquez: "En un buen reportaje puede no haber buenos ni malos, sino hechos concretos
para que el lector saque sus conclusiones". Entonces, estos hechos concretos nos
tendrán que llevar a decir que dentro de la intimidad no hay diferencia entre los
secuestrados y los secuestradores. Los dos grupos viven con la misma angustia y el mismo
miedo de morir en cualquier momento. Un estado de desesperanza total para toda una
sociedad colombiana. Un asunto de vital importancia, porque entonces, con la lectura de
Noticia de un secuestro, tendremos que llegar a la conclusión de que el país se
encuentra en un desajuste social, donde el Estado no protege ni a los unos ni a los otros.
Ni a su clase pudiente ofreciéndoles un lugar más seguro para vivir, pero tampoco
protege a las clases desposeídas, para ayudarlos a salir de la miseria moral y física en
que viven.
"La escritura es una forma de
hipnosis", nos dice el escritor, "por eso hay que ir en puntillas, con mucho
sigilo, para no despertar del trance a quien tiene agarrado. Si parpadea se te va del
libro. Lo ideal es que cada línea tuviera suspiro". Con este pensamiento en mente,
García Márquez se ha permitido tratar este retrato de la realidad colombiana, y, el
único lunar que le encontramos a su insuperable libro, es el hecho, de que algunas de las
descripciones y detalles las vemos innecesarias en este relato donde el lector
"agarrado", se deja absorber por el drama humano y no le interesa saber que a
Rafael Pardo le gustan Los Beatles, o que se graduó en el Gimnasio Moderno, o las
corbatas que tiene, o, si el presidente Gaviria se relajaba con un vaso de whisky en sus
manos. De la misma forma los espacios geográficos están recreados con demasiada poesía,
que distrae un poco la atención y el interés de los lectores, que se encuentran tan
metidos dentro del relato en esta obra, que es otro ejemplo del talento, de la inmensa
magnitud creativa, del compromiso social y político de García Márquez, manteniendo al
mismo tiempo la independencia, la autonomía y la libertad absoluta, que siempre lo han
caracterizado como escritor y como persona. A través de este relato escuetamente nos
dice, "La verdad era que el país estaba condenado dentro de un círculo
infernal" (pág. 152).
CARMENZA KLINE
Associate Professor
Director Program in Spain
James Madison University
Notas:
1 El País, Madrid, 10 de
marzo de 1995, pág. 36.
2 Gabriel García
Márquez, Noticia de un secuestro, Santafé de Bogotá, Editorial Norma, 1996,
pág. 8. (Todas las citas correspondientes a esta obra se remiten a esta edición).
3 Gabriel García
Márquez, Obra periodística, vol. I, Textos costeños, Barcelona,
Bruguera, 1981, pág. 77.
4 Ibíd.
5 Gabriel García
Márquez, El reportaje ese invento maravilloso, El Tiempo, domingo 5 de mayo,
1996, pág. 18A.
6 DArtagnan, Hacía
la "allendización"! El Tiempo, 3 de julio de 1996, pág. 5A.
7 Ibíd.
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