Boletín Cultural y Bibliográfico. Número 46.   Volumen XXXIV - 1997 - editado en 1998
 

El valor de la tradición


Real Colegio Mayor y Seminario de San Bartolomé: colegiales de 1605 a 1820. Nobleza e hidalguía
Instituto Colombiano de Cultura Hispánica, Santafé de Bogotá, 1996, 1044 págs.


Esta obra es sin duda una exaltación del centro educativo que preparó y hoy en día continúa preparando dentro del mejor rigor académico, científico y moral, a toda una generación de hombres ilustres, procedentes, en ese entonces, de todos los rincones del país, España, Venezuela y en menor grado de México, Panamá, Cuba y Puerto Rico.

Es también un homenaje a las vidas de sus alumnos y de sus parientes, la mayoría de los cuales se distinguieron como luchadores por nuestra libertad y soberanía. Es quizá éste el mejor aporte que puede hacer esta publicación al estudio de nuestra sociedad en la época de la Colonia y de la influencia española en dicho período.

La genealogía de un total de 2.241 colegiales citados en estricta sucesión cronológica; la exaltación de don Bartolomé Lobo Guerrero, como fundador del Colegio, y del general Francisco de Paula Santander, como uno de los más ilustres bartolinos; la transcripción de los documentos textuales de la fundación del claustro y los apartes correspondientes a las Leyes y Reales Cédulas que incidieron en su vida institucional, son el apoyo a innumerables historiadores que ven enriquecidas con este trabajo las diversas obras sobre la Compañía de Jesús y la del Colegio mismo.

Desde el punto de vista editorial, la obra es de muy buena calidad, con un trabajo iconográfico valioso y un cuidadoso empaste.

No obstante, la consulta y localización de la información allí contenida no es siempre fácil, pues hay muchos datos que no son recuperables a través de los dos únicos índices que presenta. Lamentablemente, la obra carece de una introducción explicativa y de instrucciones para el uso de dichos índices.

Esto último es de vital importancia, pues para localizar a una persona, es necesario ubicarla primero en el índice onomástico y de allí tomar un número de orden que deberá ser buscado dentro del índice numérico de fichas que remite finalmente a la página donde se encuentra referenciada la persona.

Este índice numérico parece, a primera vista, inoficioso (se ve simplemente como una secuencia del 01 al 2241), pero finalmente se descubre su utilidad, pues la obra repite, antecedidos de ceros, algunos números que permiten localizar exclusivamente a los colegiales de Antioquia y que obviamente se encuentran en partes diferentes del contenido. Este habría podido eliminarse si el índice onomástico remitiera a la página en la que aparece citado el colegial. Figuran, además, algunas abreviaturas, tales como: [ANT], [EXP], [BAR], que no tienen explicación de lo que representan.

Los anexos 3 y 4 registran una información completa sobre los rectores del Colegio antes y después de la expulsión de los jesuitas, que no es recuperable a través de ninguno de los dos índices mencionados. Como la presentación es cronológica, el lector desprevenido se ve obligado a revisar página a página estos anexos para localizar a alguien.

Una valoración del buen trabajo iconográfico que presenta el libro podría haberse dado con un índice alfabético que permitiera localizar a los personajes que incluye y, de ser posible, a los artistas realizadores de los retratos. Solamente los trabajos provenientes del Museo Nacional tienen este dato —lo presentan como pie de foto— mas no los de la Galería del Colegio ni de la Catedral, la Biblioteca Nacional, la Academia de Historia o el Museo del 20 de Julio.

Sorprende, además, que un libro que debió ser objeto de una cuidadosa revisión bibliográfica no presente una bibliografía exhaustiva al final. Se limita a relacionar como notas de pie de página los textos consultados.

Por último, y como dato curioso, existe otro libro, editado por el Instituto conjuntamente con el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en 1994, en dos volúmenes, que cuenta con un índice onomástico de fácil consulta, listas y gráficos por lugares de procedencia de los personajes (herramienta útil para la historia regional), lista cronológica de rectores, índice de láminas e inclusive descripción de los escudos de armas, que bien habría podido ser tomado como punto de referencia en la preparación del libro que nos ocupa y que podría haber eliminado varios de los inconvenientes que mencionamos anteriormente y que enriquecerían este material que con seguridad proporcionó beneplácito y elementos valiosos a la comunidad historiadora del país y del extranjero.

MARGARITA MUÑOZ CARDONA
Bibliotecóloga